Venezuela

Juego de desgaste

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Al cumplirse un mes de una controvertida huelga general, la opositora Coordinadora Democrática decidió mantener la paralización sólo en la industria petrolera y avanzar en un plan de “desobediencia civil y tributaria”, que insiste en forzar la renuncia de Hugo Chávez.

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El polémico presidente venezolano quiso aprovechar inclusive el pasado Día de los Inocentes para dirigirse a la población. Dijo –bromeando este 28 de diciembre– que pensó dar un mensaje televisivo con cara “de tristeza, como regañadito y entonces decir: bueno señores, de verdad que yo me cansé de esto, me voy, aquí está la renuncia, la voy a firmar... ¡Pero no, siento tanto amor por este pueblo y esta tierra y me siento tan amado que nunca me voy a ir!”.

Al despedir un convulsionado 2002 en los alrededores de la sede de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) en La Campiña y en la céntrica Plaza Bolívar, los adeptos al mandatario azuzaban el ánimo de la oposición, proclamando “Chávez los tiene locos”. En tanto, los detractores del ex paracaidista inundaron nuevamente las autopistas del este de Caracas para volver a exigir, tras cumplirse un mes de una parcial huelga general convocada por la Coordinadora Democrática (CD), la inmediata renuncia del gobernante y la convocatoria a elecciones adelantadas.

En ese marco de candentes movilizaciones, cualquier incidente o provocación –como una anunciada marcha opositora hacia el presidencial Palacio de Miraflores– puede ocasionar el caos necesario que encienda un latente estallido social.

 

“PRISIONERO DE SU FRACASO”

 

Al cierre de esta edición se informó que la paralización sólo continuará en la estratégica industria petrolera, que aporta la mitad del presupuesto gubernamental en este quinto productor mundial de crudo. “Hay ciertos sectores, las pequeñas y medianas empresas, que abrirán porque no tienen los recursos para mantenerse cerradas, tienen que ganar dinero”, dijo Américo Martín, uno de los dirigentes de la CD.

La táctica opositora será pasar a una campaña de “desobediencia civil y tributaria”, centrada ante el referéndum consultivo fechado para el próximo 2 de febrero. La medida intenta ser otra forma de presión para terminar con la “revolución bolivariana” que, en su opinión, pretende instaurar un régimen “castro-comunista”.

El gobierno asegura que esa consulta no es vinculante, no constituyendo una vía institucional para lograr la demanda de la oposición. En una extensa entrevista concedida recientemente a Ercilla, el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz –integrante de la Mesa de Negociación y Acuerdos, facilitada por el secretario de la OEA César Gaviria– estima que “si los presidentes vivieran de la popularidad no gobiernan, no toman decisiones. En el periodo presidencial hay medidas que se deben tomar que son impopulares y si te miden en ese momento, no gobernaría nadie. Porque la popularidad no es la legitimidad, la que está otorgada por el voto popular”.

Carlos Fernández, representante de la empresarial Fedecámaras, reconoció que en esta nueva etapa la oposición analiza recurrir al artículo 350 de la Constitución. Este estipula que “el pueblo (...) desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”, una polémica inserción que –según expertos– sirve de justificación para el intento golpista de Chávez en 1992.

Se desconoce los alcances del llamado a no pagar impuestos en este país de 23 millones de habitantes, saturado de “buhoneros” (comerciantes callejeros) que estimulan una creciente economía informal.

Fernández agregó que tampoco se descarta la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente para reordenar el Estado. Para eso sólo se necesita el 15% de los electores inscritos o la aprobación del Ejecutivo o el Congreso.

El oficialismo tiene claro que camina sobre arenas calientes. “Todos los procesos de cambio son así y debemos procurar avanzar con menos trauma posible –expresa a esta revista el mencionado ministro Istúriz–. Porque aquí esto ha dividido familias, matrimonios, amistades de muchos años, eso es lamentable, porque nosotros hemos sido siempre, y debemos seguir siéndolo, un país plural”.

La evidente fractura social cuenta, también entre los dirigentes opositores, de algunas voces prudentes. Consultado por esta revista, Pablo Ortega –dirigente de la cuestionada Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV)– estima que “no puede haber exclusión de nadie, porque lo grave del país es tan profundo que necesita el concurso de todos, incluyéndolo a él... porque Chávez es prisionero de su fracaso”.

La posibilidad de un Golpe de Estado continúa presente (en abril pasado el mandatario estuvo dos días alejado del poder por un pronunciamiento militar). La “bestia negra” del oficialismo, Freddy Bernal –alcalde del neurálgico Municipio de Libertadores en Caracas– reconoce a Ercilla que “debe haber algunos militares comprometidos con el golpismo, pero no se atreven a dar el paso, porque la inmensa mayoría (de los uniformados) los va a neutralizar”.

El coordinador nacional de los satanizados Círculos Bolivarianos, Rodrigo Chaves, defiende la “concientización” de las Fuerzas Armadas –lo que la oposición acusa de “politización”– y plantea que Venezuela no sufrirá el mismo desenlace que tuvo Chile en 1973: “Creo que aquí se ha planteado algo distinto, el Ejército venezolano no es el Ejército chileno. El nuestro es uno de base popular”.

En la zona este de la capital, el general de brigada Ángel Sánchez Velasco de la militarizada Guardia Nacional –uno de los 15 oficiales en “desobediencia legítima”– asegura a esta revista que “está descartada completamente la posibilidad de que aparezca un Pinochet venezolano. Ninguno de los oficiales generales que están acá en la Plaza tiene ansias de poder, lo que queremos es salir de este régimen que está destrozando al país”.

Por su parte, el mencionado Freddy Bernal se muestra confiado y reitera: “Nosotros vamos a derrotar este paro, pero volverán en enero o marzo o julio o agosto (...) Hay muchísimo dinero e intereses para querer tumbar al presidente, hay muchas empresas que quieren volver a transformar a Venezuela en su hacienda personal y eso no lo vamos a permitir”.

Así, la consternación sacude a los venezolanos sin hallar un final a este siniestro juego del desgaste.

Andrés Pérez González

 

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