Crisis en Ucrania

Lucha entre clanes

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La compleja pugna en la gélida ex república soviética ha ventilado nuevamente los añejos métodos de la Guerra Fría. Ciertamente, el eventual posicionamiento de una zona económica bajo control del Kremlin pondría más de una dificultad a la Unión Europea y a Estados Unidos.

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Como suele ocurrir, la hastiada “gente común” es la que hace historia en los momentos de crisis política. Y así está ocurriendo en Ucrania. Ya sucedió, por lo demás, en las multitudinarias manifestaciones del pasado 22 de noviembre, cuando pese a las frías temperaturas la población salió a las calles y terminó por colapsar la capital Kiev en protesta por el fraudulento proceso electoral que había otorgado la victoria al oficialista Viktor Yanukovich sobre el otrora funcionario soviético reconvertido en liberal Viktor Yushchenko.

En definitiva, luego de una ola de agitación popular, el criticado régimen de Leonid Kuchma y la Rada (Parlamento) aceptaron que la manipulada segunda vuelta se repetirá el próximo 26 de diciembre.

Marvin Kalb, experto regional de la prestigiosa Universidad de Harvard, asegura a Ercilla que la crisis ucraniana es “un enfrentamiento interno con implicancias geopolíticas. Un movimiento reformista está luchando contra una atrincherada vieja guardia urgida por mantener su poder y privilegio”.

 

ENIGMA

 

Como si fuera poco, la presente confrontación abunda en elementos propios de los tristes años de la Guerra Fría. Y a juzgar por la repentina deformación facial del aclamado candidato Yushchenko, manifiesta desde septiembre último, las acusaciones de envenenamiento adquirieron desde un principio alta credibilidad.

Recientes exámenes han acreditado que el abanderado opositor a la presidencia tiene un nivel de dioxina en su sangre superior seis mil veces a lo normal. Inclusive, y de acuerdo al profesor de toxicología ambiental en la Universidad Libre de Ámsterdam Abraham Brouwer –donde se analizaron las muestras enviadas desde la clínica Rudolfinerhaus de Viena–, la concentración que alcanzaría las 100 mil unidades por gramo de sangre sería el segundo caso más extremo registrado en la historia humana.

Al rostro desfigurado se agregan problemas de movilidad facial, un incesante lagrimeo en un ojo, dificultades de locución e insoportables dolores de espalda. Pero, según los médicos, los males de Yushchenko irán en retroceso… al igual que los de Ucrania, dice siempre en campaña este cabecilla de esa ambigüedad que se ha llamado “Revolución Naranja”.

Pavel Felgenhauer, un analista militar ruso, denuncia que “desde que (Vladimir) Putin asumió el poder, el envenenamiento se ha convertido en la herramienta política preferida por el Kremlin”.

Entre otros hay que incluir el caso de Yuri Shchekochikhin, un abogado y periodista liberal conocido por su cruzada anti-corrupción, que murió en julio de 2003 tras sufrir aparentemente una severa reacción alérgica. La destacada periodista del rotativo Novaya Gazeta Anna Politkovskaya –además ferviente detractora de Putin– estuvo severamente enferma con síntomas de envenenamiento luego de beber té en un vuelo desde Moscú al sur de Rusia para cubrir el secuestro de escolares en Beslán (Ercilla Nº 3250).

 

“ESTADO CHANTAJISTA”

 

“De lo que se oye hablar es de un país al que le sirvieron la independencia en bandeja cuando se desintegró la Unión Soviética, hace 13 años, pero que hasta ahora no ha empezado a construir la realidad social de un país soberano y con perspectivas democráticas –estima Timothy Garton Ash, director del Centro de Estudios Europeos en el destacado St. Antony's College, de la Universidad de Oxford–. De lo que se oye hablar es de un régimen poscomunista, encabezado por el presidente Leonid Kuchma, que ha sido manipulador, intimidatorio y corrupto (…) Lo que aquí llaman el ‘Estado chantajista’, en el que el presidente controlaba de forma directa o indirecta la mayoría de los altos cargos de la vida pública y se aseguraba la lealtad de sus subordinados porque poseía material comprometedor”.

En otras palabras, la vieja Nomenklatura intentaba no quedar relegada, desatándose lo que teóricos denominan crisis por circulación de élites.

Pero la confrontación también adquiere ribetes de pugna entre un este y sureste oficialista y pro-ruso, y una restante Ucrania deseosa por seguir, por ejemplo, los pasos de Polonia e integrarse prontamente a la Unión Europea.

Así, tras la tachada segunda vuelta presidencial del pasado 21 de noviembre, pocos se atrevieron en Donezk a seguir los pasos de la mayor parte de la población de Kiev. En ese epicentro de partidarios del actual premier Yanukovich, los opositores no lograron permanecer ni veinte minutos cuando sus puestos fueron destrozados y ellos apaleados. En más de una casa de esa localidad se lee “¡Yushchenko, lárgate a Estados Unidos!”.

 

INTERVENCIONISMO

 

De acuerdo al bien informado Jane’s Intelligence Digest, el pro-ruso Yanukovich se reunió el pasado 28 de noviembre en la pujante localidad de Severodonetsk con un asistente del ex primer ministro y actual embajador ruso en Ucrania, Viktor Chernomyrdin; el alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, y 16 de los gobernadores regionales ucranianos. El punto central de la agenda era buscar mayor autonomía para la zona este y sureste de Ucrania. Anteriormente Moscú había tanteado la posibilidad de extenderles la ciudadanía rusa a quienes dominaran ese idioma como primera lengua.

Es por ello que la situación puede volverse fácilmente explosiva. “Una guerra civil ucraniana es posible, si la vieja guardia recurre a la fuerza y violencia para suprimir una victoria electoral de los reformistas. Entonces el país puede partirse literalmente por la mitad con consecuencias para Rusia que son impredecibles y muy serias”, manifiesta a Ercilla el ya mencionado Marvin Kalb, quien ha forjado además una exitosa trayectoria periodística en las cadenas estadounidenses NBC y CBS, desempeñándose como jefe de corresponsalía en Moscú.

Intelligence Digest advirtió, además, del abierto intento del Kremlin por forjar un nuevo bloque de poder económico-energético compuesto por Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajistán, que contrarrestaría la creciente influencia geopolítica de la Unión Europea y Estados Unidos.

“Los conservadores en el Kremlin están describiendo esta situación como un retorno de la Guerra Fría. En cierto sentido, es un regreso, ya que viejas actitudes están reapareciendo, pero no han alcanzado un punto crítico”, declara a nuestra revista este especialista vinculado a la Universidad de Harvard, autor entre otros libros de The Media and the War on Terrorism.

En un reciente artículo de portada, el semanario británico The Economist no vio con buenos ojos el intervencionismo ruso y denunció “el aumento de la retórica anti-occidental del Kremlin. En un exceso de hipocresía incluso para los estándares soviéticos, Putin y su ministro de Exterior, Sergei Lavrov, acusaron a Occidente de actuar en Ucrania en un intento de desestabilizar a la región”.

Scott McClellan, vocero de la Casa Blanca, negó las acusaciones aclarando que “no apoyamos a ningún candidato determinado en la elección presidencial y no lo hemos hecho hasta ahora”.

 

OLIGARCAS

 

Pese al discurso mediático predominante, lo cierto es que los dos contendientes son más parecidos de lo que se cree. La investigadora rusa Evgenia Fediakova, del Instituto de Estudios Avanzados (Idea) de la Universidad de Santiago de Chile, comenta a Ercilla que “en gran medida se trata también de la lucha entre distintos clanes económicos: Kuchma pertenece al llamado clan de Dnepropetrovsk, que formó su riqueza en petróleo, producción de tubería para oleoductos y es propietario de un imperio mediático; Yanukovich, al clan metalúrgico y carbonífero de Donbass, uno de los más poderosos e influyentes del país; y Yushchenko representa al grupo económico que controla el sector energético (eléctrico y atómico). De esa manera, antes de ver en el conflicto ucraniano una confrontación entre la democracia y autoritarismo, entre fuerzas pro-rusas y pro-occidentales, hablaría más bien de una lucha entre tres clanes oligárquicos por la conservación del dominio económico y sus intereses”.

Por cierto, siempre según Fediakova, esos clanes están estrechamente vinculados con Rusia e, incluso, el rápido crecimiento económico vivenciado en los últimos años en Ucrania se debería en gran medida a la participación de inversionistas y empresarios rusos.

Así las cosas, el candidato opositor no tendrá una labor fácil si vence este 26 de diciembre y, más aún, si asume el clamor por una Ucrania fácticamente democrática. En la compleja confrontación possoviética, eso es lo único seguro.

Andrés Pérez González

 

 

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