Perú
Amnesia y desesperación
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El presidente peruano, Alejandro Toledo, se equilibra temerosamente, consciente de estar al borde del descalabro institucional. La permanente simpatía popular por Alberto Fujimori o Alan García sólo evidencia la agónica carencia de una generación de recambio político.
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Ya quisiera el actual y
desacreditado mandatario peruano, Alejandro Toledo, tener la popularidad de su homólogo
argentino, el aún flamante Néstor Kirchner, quien goza de una imagen positiva
del 71%. A eso se suma, según el reciente sondeo elaborado por la Universidad
Torcuato Di Tella de Buenos Aires, que el 84% de los argentinos considera que
su gobierno “sabe cómo resolver los problemas”.
Toledo no puede decir lo mismo.
Desde fines de enero pasado, Perú está sacudida por nuevas turbulencias que
obligaron, inclusive, al quinto cambio ministerial en sólo dos años y medio de
gobierno. Dado que “El Cholo” –como apodan en Perú a este ex lustrabotas– debe
entregar el poder en julio de 2006, muchos consideran la actual situación como
insostenible.
Las
encuestas públicas son definitivamente demoledoras con la actual
administración. Según un reciente estudio de la Universidad de Lima, el 90% de
los peruanos desaprueba la gestión de Toledo y el 60% prefiere que se adelanten
los comicios. Un trabajo de
la consultora Apoyo, difundido a principios de febrero pasado, detalló que el
68,6% de los peruanos cree que la democracia en ese país está en peligro. Tanto
así que un editorial publicado el pasado 11 de febrero en el principal diario
peruano, El Comercio, sugirió a Toledo “dar un paso al costado” a favor de su
primer ministro, Carlos Ferrero.
“Existen personas que siguen siendo
partidarias de interrumpir, destruir y quebrar el proceso democrático”,
denunció Ferrero el pasado 24 de ese mismo mes, a escasos nueve días de haber
asumido el debutante gabinete, de claro perfil tecnócrata. La medida ha sido
bien recibida, principalmente por el estrato alto de la población,
permitiéndole al mandatario recobrarse de un magro 7% a un 11% de popularidad.
AGONÍA
Para el director de la encuestadora Datum, Manuel Torrado, el escaso apoyo popular de Toledo se puede asemejar a “un convaleciente que sale con muletas y en silla de rueda”. Y es que la borrachera de escándalos de corrupción no es algo que se remita, exclusivamente, al pasado régimen de Alberto Fujimori y el siniestro Vladimiro Montesinos.
El primer conflicto ocurrió en octubre de 2002, cuando Toledo debió admitir –luego de 14 años de líos judiciales– que tenía una hija no reconocida. En noviembre de 2003, el entonces vicepresidente Raúl Diez Canseco renunció tras ser acusado de favorecer al padre de una amante. Sólo un mes después de ese escándalo le tocó el turno a quien fuera jefa del Consejo de Ministros, Beatriz Merino. Esa alta funcionaria dimitió después de ventilarse que nombró en un cargo público a una amiga con quien, según sus detractores, mantenía una relación sentimental.
Semanas después, las denuncias de nepotismo afectaron a otros dos ministros de su gabinete. Pero el reciente cambio ministerial fue gatillado por las acusaciones contra César Almeyda, ex asesor de Inteligencia y abogado personal de Toledo, a quien se le vincula con la red de corrupción de Montesinos.
Por si fuera poco, los tribunales peruanos ya están investigando los presuntos contactos de dos hermanos del mandatario con el publicista argentino Daniel Borobio, quien evadió la justicia limeña refugiándose en Chile. Se dice que Borobio –quien también es acusado de supuestos vínculos con Montesinos– habría servido como asesor de imagen de Toledo.
¿Pero qué ha hecho “El Cholo” para ganarse tamaño descrédito? La interrogante cobra más validez, atendiendo al informe anual de Scotiabank en el que se detalla que el producto crecerá en un 4% o 5% este año. Esa proyección está basada en el aumento de la inversión en un 2,3%, en la acumulación de un superávit monetario de 375 millones de dólares y en el control de la inflación a un nivel inferior al 9%.
Pero ese país andino continúa con un desastroso índice de pobreza que alcanza al 54% de sus 27 millones de habitantes; 20% son indigentes. Por lo demás, un 22% ni siquiera dispone de una vivienda sólida ni de agua potable; y sólo el 45% de los trabajadores posee un empleo estable. Eso a pesar de los “salvavidas” crediticios otorgados por el Banco Mundial.
Según un editorial del influyente rotativo El País de Madrid, una de las razones de la desazón popular está en la demagogia y en la indecisión política del jefe de la agrupación Perú Posible, manifestada –por lo demás– en los reiterados cambios ministeriales. “En buena parte de esas mudanzas se ha sustituido a personas competentes por abiertos oportunistas o amiguetes del Presidente, al que la Constitución reformada por Alberto Fujimori en 1993 le otorga plenos poderes”, se lee en el artículo aparecido el pasado 24 de febrero.
Para Luis García, director del Instituto de Estudios Académicos de Lima, “el principal problema del presidente es él mismo”.
En ese enrarecido escenario, el gobernador de la región de Lambayeque, Yehude Simon, desató recientemente la ira opositora al advertir un intento de golpe cívico-militar, impulsado por la ya declarada candidatura presidencial del ex mandatario Alan García (1985-1990), el paro indefinido de los transportistas (que al cierre de esta edición tenía a Lima al borde del desabastecimiento), y en una amenaza de paralización de los docentes. “De esta manera se entiende que estamos en un país en caos”, aseveró Simon a una radio local, aclarando que “muchas manifestaciones son legítimas, pero hay partidos que se aprovechan de esa situación en el afán desesperado de adelanto de elecciones”.
OPOSICIÓN
El líder de la histórica Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Alan García, considera –por su parte– las recientes medidas de Toledo como una “estrategia dilatoria”. En una entrevista concedida al País de España, este ex mandatario estimó que “los errores básicos de Toledo han sido una mala alianza, visible desde el comienzo; un conjunto de promesas electorales imposibles de cumplir y un mal comportamiento plagado de escándalos sucesivos que involucran a las personas más cercanas (...) En Perú nos enteramos de que el sueldo asignado al presidente era de 18.000 dólares”.
Respecto a los indicadores macroeconómicos, estimó que “algunos hacen un razonamiento equivocado. Dicen que Perú es como un atleta que ha enloquecido: el cuerpo económico está muy bien y es el cerebro político el que está fallando. Falso. El cuerpo no está nada bien. Porque el crecimiento económico que presentan como gran éxito se debe básicamente al crecimiento de los precios de los metales, y la inversión que ha llegado este año se debe a los compromisos de inversión de proyectos del Gobierno de Fujimori”.
Indudablemente, Fujimori también ha
hecho gala de oportunismo político, manifestando a mediados de febrero desde
Tokio (donde se refugia de la justicia peruana, que ha solicitado su
extradición) que “es indispensable la convocatoria a elecciones generales para
elegir no sólo a un nuevo presidente, sino a un nuevo Congreso en el más breve
plazo”.
Tanto García como Fujimori dejaron tras sus años en el poder una estela de escándalos de corrupción y caos institucional. Pese a eso, un 22% y un 15% de los votantes quiere darle respectivamente a esos postulantes otra oportunidad, evidenciando que la desesperación y la amnesia se han apoderado de muchos peruanos.
A.P.G.
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(RECUADRO) ¿DESEQUILIBRIO ARMAMENTISTA?
Nuevamente la renovación de material bélico por parte de Chile ha desatado una debida inquietud entre las autoridades peruanas. El ministro de Defensa de ese país, Roberto Chiabra, salió al paso de sus propias declaraciones, precisando que es innegable que la compra de 10 aviones F-16 y cuatro fragatas holandesas produce un desequilibrio tecnológico a favor chileno. “Todo lo que signifique adquirir cosas nuevas, de nueva tecnología, produce desequilibrio. Si los dos estamos parejo y yo me adelanto en renovar, es como si nosotros tuviéramos 10 autos Toyota del año 90 y después yo renuevo cinco Toyota por cinco Mercedes (Benz)”, manifestó Chiabra, recalcando por su parte que la adquisición de dos fragatas italianas tipo Lupo responden a una necesidad de cambiar los equipos obsoletos. Las autoridades chilenas descartaron una intención armamentista, programándose para abril próximo en Lima una reunión bilateral entre ambas cancillerías.