Al Qaeda
El espectáculo del terror
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Tras los pavorosos atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, George W. Bush sindicó al ya mítico Osama Bin Laden como el “enemigo número uno” de Estados Unidos, augurando su pronta captura “vivo o muerto”. Nada de eso ha ocurrido. Eso sí, al cumplirse el segundo aniversario de ese ataque, la “democratización de la violencia” se instala en el orbe.
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Nada menos que unos 12 mil restos humanos recogidos de los escombros del World Trade Center no han podido ser identificados. Pequeñas partes de éstos serán disecadas y guardadas al vacío, a la espera de que próximos avances científicos permitan determinar el ADN para asociarlas a las 1200 víctimas que los encargados no han logrado identificar (de los cerca de tres mil muertos dejados en esos atentados). Además, parte de ese macabro muestrario será enterrada en el monumento que se construirá donde hasta hace dos años se levantaban, imponentes, las Torres Gemelas de Nueva York.
La conmemoración de este aniversario fue ocasión propicia para la reaparición del multimillonario saudí Osama Bin Laden, mítico caudillo del fundamentalismo islámico de Al Qaeda.
Una grabación de un presunto vocero de la red integrista vaticinó que habrá “nuevos ataques, dentro o fuera, que harán olvidar a Estados Unidos los atentados del 11 de septiembre”. La alerta mundial ya se había instalado.
En la cinta de audio, fechada el 3 de septiembre y difundida por el canal de televisión árabe Al Arabiya cuatro días después, el supuesto portavoz Abu Abdel-Rahman al-Najdi se dirigió a los musulmanes para anunciarles que “Al Qaeda ha duplicado su capacidad. Nuestras bajas no son nada comparadas con nuestra condición ahora. Nuestras próximas operaciones mártires demostrarán lo que estamos diciendo”.
La jornada previa al 11 de septiembre, la cadena satelital de televisión Al Jazeera –la única que ha difundido en exclusiva los videos de Bin Laden– dio otro golpe al mostrar una hora de imágenes del líder absoluto de Al Qaeda, quien pasea junto a su segundo, el egipcio Ayman al-Zawahiri, por algunas rocosas montañas de Afganistán o Pakistán, luciendo bastante flaco y vistiendo un tradicional traje afgano.
Se trataría de la primera cinta audiovisual desde el 13 de diciembre de 2001, cuando apareció distendidamente celebrando los espectaculares atentados perpetrados por sus fanatizados adeptos en Nueva York y Washington.
En una declaraciones al noticiero nocturno de la cadena PBS, Donald Rumsfeld –el siempre controvertido secretario de Defensa estadounidense– reconoció ese mismo 10 de septiembre que la cinta constituía una “campaña de operaciones informativas”, tendientes a “aterrorizar y amenazar a la población”.
Quizá por eso, intentando reducir la paranoia, el rotativo estadounidense Christian Science Monitor aprovechó para destacar que “de seguro ha habido enormes éxitos en los esfuerzos por erradicar a Al Qaeda. El régimen del Taliban fue rápidamente barrido a un lado en Afganistán, privando a Al Qaeda de su base operacional. Desde entonces, unos tres mil miembros han sido detenidos y funcionarios del Departamento del Tesoro han bloqueado 140 millones de dólares de sus fondos”.
ATOLLADERO IRAQUI
Ya a principios de septiembre, el mandatario estadounidense había reconocido que Irak era “el frente central” en la guerra contra el terrorismo. Cuestión compartida por los propios grupos fundamentalistas islámicos.
Según un reciente informe del prestigioso The Washington Post, la nueva estrategia de Al Qaeda se dirige a apoyar el caos en Irak, para consolidar un verdadero punto ciego para Washington. Se habla de cerca de un millar de voluntarios musulmanes, incluidos veteranos de Afganistán, que se han infiltrado a través de las desprotegidas fronteras con Irán, Arabia Saudita, Siria y Jordania.
Así, el enigmático origen y vinculación de los recientes atentados en Irak se ve aún más enrarecido –según corresponsales en la zona–, debido a que el mismo Saddam Hussein ordenó la liberación de decenas de presos comunes en los días previos a la toma de Bagdad. Aparentemente, éstos estarían dispuestos a atentar contra las fuerzas de ocupación sólo por unos cuantos dólares.
De todos modos, tanto en el ataque explosivo contra la embajada de Jordania en Badgad como en la destrucción de la sede central de Naciones Unidas o en otros sangrientos ataques contra feligreses chiítas y sus clérigos, se evidencia –según expertos– un modus operandi de experiencia bélica.
Las palabras de Michael Ignatieff, investigador en la Kennedy School of Government en la Universidad de Harvard, fueron categóricas. En una reciente contribución al dominical The New York Times Magazine aseguró que “Irak se puede transformar para Estados Unidos en lo que Afganistán fue para el imperio soviético: el lugar donde la lucha contra la Jihad (guerra santa) islámica se ganará o perderá”. Bin Laden ya vio como el poderoso ejército soviético dejaba atrás su propio atolladero. ¿Tendrá Estados Unidos el mismo fin?
BUSH QUIERE MAS PLATA
El denominado “frente central” se está convirtiendo en un negocio bastante caro. Según el matutino USA Today, los cerca de 5 mil millones de dólares mensuales que Washington destina para las acciones militares en Afganistán y principalmente en Irak se han acercado al correspondiente promedio actualizado de 5,15 millones de dólares que el Pentágono desembolsó en la prolongada y sangrienta Guerra de Vietnam.
George W. Bush ni siquiera se inmutó. “Haremos lo que haga falta hacer y gastaremos lo que sea necesario gastar para lograr esta victoria esencial en la guerra contra el terror”, declaró en un discurso televisado en la noche del pasado 7 de septiembre, cuando se vio obligado –debido probablemente a la precampaña presidencial– a justificar la solicitud de otros 87 mil millones de dólares. Esa petición se sumaría a los 79 mil millones de dólares aprobados en abril por el Congreso.
El exorbitante costo de las operaciones enmarcadas en la siempre ambigua “guerra contra el terror” inquieta a toda la clase política estadounidense, a pesar de que ésta acostumbra a uniformarse cuando aluden a intereses “patrióticos”. No obstante, el ambiente de carrera presidencial ha permitido que algunas voces estén razonablemente inquietas por el déficit presupuestario. Para el 2004 se preveía inicialmente en este punto unos 475 mil millones de dólares, los que aumentarán a 562 mil millones, acercándose peligrosamente a los 600 mil millones que constituyen el 5% del PIB, que es a su vez el límite deficitario autoimpuesto por la Casa Blanca.
Inclusive, Bush ha llegado a solicitar el esquivo apoyo de países occidentales que se opusieron a su incursión bélica en Irak. Lo que aún no está claro es si sus declaraciones tenían un dejo de autocrítica o si se trataría de una simple jugada táctica: “Reconozco que no todos nuestros amigos estuvieron de acuerdo con nuestras decisiones de aplicar las resoluciones del Consejo de Seguridad y echar a Saddam del poder. Pero no podemos dejar que las antiguas discrepancias interfieran con las actuales obligaciones”.
EL TRIUNFO DE AL QAEDA
En la década de los ochenta el académico británico Brian Keenan, quien había sido secuestrado por miembros de Hezbolá, quedó sorprendido como una y otra vez sus captores veían prácticamente hipnotizados las películas de “Rambo”. Como asevera un artículo de Christopher Dickey, aparecido a principios de julio en Newsweek, esos activistas amaban la acción y buscaban identificarse con Sylvester Stallone.
Pero no sólo eso, sino que sus sucesores –continuaba el texto de Newsweek– que terminaron estrellando los aviones comerciales repletos de ocupantes ese fatídico 11 de septiembre tenían más puesta su inspiración en las películas protagonizadas por Bruce Willis que en los ortodoxos textos del Islam. “Los terroristas se ven a sí mismos de acuerdo a una construcción mental de héroes –manifestó un experto británico en sicología terrorista, a quien Dickey no identificó–. Mira el mismo 11 de septiembre (de 2001)... Eso era puro Hollywood”.
Para el investigador francés Olivier Roy, Al Qaeda representa “una mezcla de un Islam radicalizado con un penetrante antiimperialismo moldeado por la globalización”. Así, los neoconservadores de Washington pueden estar satisfechos, ya que –siempre de acuerdo a Newsweek– se junta la vieja inspiración comunista con el islamismo en lo que se conoce como “eje del mal”. Inclusive, el también mítico y despiadado Carlos “El Chacal” habría reivindicado esa misma teoría en su libro “Islam revolucionario”, de reciente aparición.
El analista militar estadounidense Daniel Smith no comparte enteramente lo expresado por Roy. “El punto respecto al antiimperialismo debe ser sacado de la retórica, porque Al Qaeda quiere remover básicamente toda influencia no islámica en los países musulmanes”, expresa a esta revista.
Contacto también por Ercilla, en su residencia en Jerusalén, el politólogo israelo-estadounidense Michael Dahan estima que “a partir del 11 de septiembre ciertos grupos radicales han internalizado la viabilidad de las destrucciones masivas. Se ha puesto ‘de moda’ esto de que ya no se requiera de gran sofisticación, constituyendo aparentemente una táctica exitosa para estos grupos marginales”.
Eso es precisamente lo que el comentarista de Newsweek Fareed Zakaria llamó “la democratización de la violencia a gran escala”. Citando al académico Stephen Walt, de la Universidad de Harvard, “incluso unas décadas atrás si usted quería asesinar tres mil personas, debía controlar un Estado. Hoy día un pequeño grupo de personas puede hacer eso. Esa es una gran diferencia con grandes implicancias”.
También consultado por esta revista, William Hartung –investigador del World Policy Institute de Nueva York– recuerda que “durante la Guerra Fría los críticos de la política exterior de Estados Unidos decían con frecuencia que ‘si no existiera la Unión Soviética, habría que inventarla’; en el sentido de que la forma militarizada del capitalismo estadounidense funciona mejor, cuando hay un enemigo que distraiga a la población de las malas decisiones de sus propios líderes y de las inequidades de sus propias sociedades. El intento de George W. Bush por relacionar todo lo que él hace con la ‘guerra contra el terrorismo’ es similar a la mentalidad de la Guerra Fría, que trataba de justificar sus políticas por razones anticomunistas”.
Atendiendo a que el american way of life se ha visto al menos lesionado, ¿significa esto que Al Qaeda ha triunfado?
El mismo George W. Bush dijo recientemente que “el enemigo está herido, pero aún es hábil, activo y peligroso. No podemos permitirnos un momento de complacencia”. Con firmeza, Daniel Pipes –polémico y destacado columnista estadounidense especializado en Medio Oriente– expresa a Ercilla que Al Qaeda “ganará cuando asuma el control. El ganar no es una cuestión de forzar a un opositor a responder, con mayor seguridad, mayor gasto y mayores límites a las libertades personales, sino de derrotarlo”.
El problema es que la frontera entre ese tipo de respuestas forzadas y una derrota puede ser bastante difusa.
Andrés Pérez González