Negociaciones palestino-israelíes

Días de tensión

* Sin la presencia del Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton; el líder palestino Yasser Arafat y el primer ministro israelí, Ehud Barak, son los encargados -tras el noveno día de conversaciones- de reimpulsar la entrampada cumbre de paz en Camp David.

 

Sobre los hombros de Yasser Arafat y Ehud Barak pesa la suerte de miles de palestinos e israelíes que, en su mayoría, buscan una solución definitiva al sangriento conflicto territorial, político y religioso que sacude hace 52 años al Medio Oriente. Sin embargo, al noveno día de conversaciones, que se inauguraron el 11 de julio en Camp David (ver recuadro), una sorpresiva lluvia vaticinó el distanciamiento y estancamiento de las respectivas posturas.

El propio presidente norteamericano, Bill Clinton, tensionó aún más el ambiente al emprender viaje a Japón para reunirse con los mandatarios de los siete países más industrializados del mundo y Rusia, conocidos como G-8. Con anterioridad, al término de la octava jornada, el jefe de la Casa Blanca aplazó en 24 horas su vuelo a la isla de Okinawa para así otorgar cierto "respiro" a unas sensibles negociaciones.

Al cierre de esta edición se informó que ambas delegaciones permanecerían en suelo estadounidense y que la secretaria de Estado norteamericano, Madeleine Albright, tomaría las riendas de la mediación hasta el regreso de Clinton, programado para el 24 de julio.

DUDAS Y RUMORES

La crucial y agitada sesión, que contó hasta último minuto con Clinton como árbitro, tuvo las acostumbradas "amenazas" de abandonar el encuentro para presionar a la otra parte y las mutuas acusaciones de "falta de compromiso".

Pese a la presión que el mandatario norteamericano realizó tanto al líder palestino como israelí, la piedra de tope para un acuerdo definitivo era precisamente el epicentro de las tres religiones monoteístas: Jerusalén. La delegación hebrea defiende con fervor la "indivisibilidad" de la ciudad santa, mientras los miembros de la Autoridad Nacional Palestina reclaman la parte oriental de la localidad jerosolimitana como capital del anunciado Estado Palestino, cuya proclamación -por lo menos, unilateral- está anunciada para el próximo 13 de septiembre.

Además, las autoridades árabes no olvidan sus cartas internacionales: las resoluciones de Naciones Unidas 194 y 242 que disponen el regreso de los cuatro millones de refugiados palestinos, que se exiliaron en países vecinos cuando en 1948 se proclamó el Estado de Israel, y ordenan el retiro de los efectivos judíos del territorio anexado durante la Guerra de los Seis Días en 1967, respectivamente.

El presidente del Knesset (Parlamento israelí), Avraham Burg, calificó como "momento de la verdad" el entonces estado de las conversaciones, que se gatilló con la atractiva oferta de Barak de otorgar casi la totalidad de Cisjordania y cierto control administrativo en Jerusalén, a cambio de que Arafat aceptara los mencionados términos sobre la "capital eterna" de Israel.

Según el diario árabe Asharq al-Awsat, editado en Londres, la respuesta del septagenario cabecilla de la causa palestina fue contundente: "Aún no ha nacido el líder árabe dispuesto a renunciar a Jerusalén".

TEMIDA INTIFADA

Para evitar el probable espiral de violencia, expertos en Medio Oriente recomendaron que, a fin de llegar a un acuerdo parcial, se debería postergar el diálogo sobre el estado definitivo de Jerusalén. Fuentes israelíes aseguraron, además, que la cuestión de la soberanía de la ciudad santa es un asunto "todavía excesivamente sensible y las dos partes no están ni preparadas ni dispuestas para un acuerdo".

A juicio del rotativo The Jerusalem Post, aún no se pueden estipular con claridad las consecuencias de las aparentemente entrampadas conversaciones de paz. El premier israelí, en tanto, debe comandar un debilitado gobierno de minoría laborista y enfrentar el creciente temor de la derecha ultraortodoxa. Arafat, por su parte, intenta cuidarse de no pasar a la historia como el "traidor" de la causa palestina y controlar a la oposición fundamentalista que clama por el triunfo de la "Jihad" o guerra santa contra los judíos.

En tanto, el presidente del país más poderoso del planeta -antes de partir a la Cumbre del G-8- confesó que el encuentro palestino-israelí supera sustancialmente las anteriores conversaciones de paz sobre Irlanda del Norte y los Balcanes. "Las diferencias son muy reales, esto es muy, muy difícil", sentenció Clinton. &&&

RECUADRO:

EL PESO HISTÓRICO DE CAMP DAVID

Cerrado al público y con máximas medidas de seguridad, el lugar de descanso de los presidentes estadounidenses, ubicado en Camp David, saltó a la fama internacional cuando en 1978 y durante 12 días el mandatario Jimmy Carter medió en el primer acuerdo de paz alcanzado entre Israel y un país árabe, Egipto. Anteriormente, durante la Segunda Guerra Mundial, Franklin Roosevelt y el entonces primer ministro británico Winston Churchill planificaron en ese recinto la ofensiva aliada contra Hitler.

Con cómodas dependencias e inserto en las montañas del estado de Maryland, ese sitio ha contado además con invitados de la talla del líder soviético Leonid Brezhnev, el mariscal yugoslavo Tito, el jerarca rumano Niccolae Ceausescu y la Dama de Hierro del Reino Unido, Margareth Thatcher. &&&

Andrés Pérez González

publicado el 24 de julio del 2000 en Ercilla

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