Medio Oriente

Un premier sin partido

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El efectivo lobby de la minoritaria población de colonos y ultraortodoxos judíos logró entrabar el unilateral plan de reubicación de varios asentamientos ilegales enclavados en la Franja de Gaza y Cisjordania. Este traspié del primer ministro Ariel Sharon puede significar el fin de su gobierno.

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Para el cada vez más aproblemado premier israelí, Ariel Sharon, la reciente derrota electoral propiciada por los propios adherentes de su partido Likud es “solamente táctica”, advirtiendo que “desde un punto de vista estratégico es muy destructiva para el Estado de Israel”.

De esa forma reaccionó el cuestionado “Bulldozer” de la política israelí al resultado del referéndum del pasado 2 de mayo (al que estaban convocados los electores del Likud), que otorgó un 59,5% de sufragios contra el plan de Sharon y sólo un 39,7% a favor. En otras palabras, unas 60 mil personas manifestaron democráticamente su oposición a la retirada y reubicación de asentamientos judíos ilegales, amaniatando –en definitiva– la voluntad de los más de seis millones de habitantes de Israel.

Los analistas locales advirtieron que se trató, además, de una doble derrota, ya que cerca de cien mil miembros del Likud se abstuvieron de ir a las urnas.

Según al rotativo israelí de centroizquierda Haaretz, en su edición del pasado 4 de mayo, Sharon está trabajando un plan alternativo que considera sólo la evacuación de cinco asentamientos (tres en la Franja de Gaza y dos en Cisjordania), lo que constituiría la retirada de menos de una quinta parte del proyecto original.

Esa versión fue desmentida luego por el viceprimer ministro, Ehud Olmert, quien anunció al matutino conservador The Jerusalem Post que “en las próximas semanas” el gabinete podría aprobar el plan sin mayor modificación. “Los 7.500 colonos residentes en Gaza entre 1.200.000 palestinos no tienen ningún futuro y sólo podemos esperar más y más muertes entre ellos y los soldados allí desplegados (unos 2.500) para protegerlos”, declaró.

Tras el referéndum, el inoperante “Cuarteto de Madrid” –integrado por Estados Unidos, Naciones Unidas, Unión Europea y Rusia– manifestó su apoyo al plan original de Sharon, catalogándolo de “oportunidad poco frecuente” para alcanzar la paz en Oriente Medio.

 

¿ELECCIONES?

 

Pero el escenario político interno israelí ha quedado severamente resentido. El principal aliado de Sharon en su gobierno de coalición, Tommy Lapid –ministro de Justicia y máximo dirigente del centrista partido Shinui– dejó en claro que “si la extrema derecha, apoyada por los ‘halcones’ del Likud, se impone, tendremos que reconsiderar nuestra participación en el Gobierno”.

Fuentes de Shinui aseguraron al corresponsal del diario catalán La Vanguardia, Henrique Cymerman, que sin proceso de paz y sin un plan de evacuación de las colonias en los territorios ocupados, el gobierno dirigido por Sharon caerá prontamente. El mismo Lapid precisó que “el Likud es el principal partido político, pero no es todo Israel”.

 Infructuosamente el líder del Partido Laborista, Shimon Peres, esperaba con ansias una victoria de Sharon y la consiguiente salida del gabinete de los ultraortodoxos de Unión Nacional y del Partido Nacional Religioso. Y así retornar a las altas esferas de gobierno, a cargo presumiblemente del Ministerio de Exteriores, junto a Lapid y Sharon, el ya denominado “trío de octogenarios” de Israel.

Peres reiteró que “menos de 60.000 personas no tienen derecho a decidir el futuro del Estado” y solicitó nuevas elecciones en las que se decida la retirada militar de Gaza y el traslado de los 7.500 colonos.

El editorial de Haaretz del pasado 5 de mayo apuntó sus dardos en esa misma dirección: “A pesar de que ellos (los colonos) son una pequeña minoría, están altamente motivados, bien organizados, con una férrea ideología y enormes recursos financieros, algunos directamente de ministerios gubernamentales, y se conducen con una pasión mesiánica, listos para el sacrificio, incluso la vida”.

Precisamente, el controlador estatal Eliezer Goldberg denunció el pasado 5 de mayo que el propio Ministerio de Hacienda ha destinado en los últimos tres años unos 6,5 millones de dólares a la construcción de asentamientos ilegales en Cisjordania. Más de la mitad de éstos son meros “puestos de avanzada”, compuestos básicamente por una bandera israelí sobre algún monolito colocado provocativamente en territorio ocupado palestino y que el mismísimo gobierno de Sharon ha insistido –¿retóricamente?– en querer remover.

Por lo demás, el citado editorial de Haaretz reconoció que “los asentamientos en Gaza constituyen la altura máxima de lo absurdo, con dimensiones indignantes (...) Esta ocupación amenaza la existencia del Estado. Cualquier persona razonable entiende que la situación no puede continuar por siempre sin alguna terrible explosión”.

Sin embargo, el articulista estadounidense Daniel Pipes –de diarios como The Wall Street Journal, New York Post y Jerusalem Post– no muestra mayor sorpresa por el eficaz lobby de los colonos, asegurando lacónicamente a Ercilla que “esto es bastante común en las democracias parlamentarias”.

 

SENDOS TROPIEZOS

 

Pero no sólo Ariel Sharon quedó algo dolido tras este proceso eleccionario partidista. Al parecer, según reconoce a esta revista el mismo Daniel Pipes, el controvertido mandatario estadounidense, George W. Bush, ni siquiera previó la posibilidad de un resultado adverso, cuando a fines de abril manifestó públicamente su apoyo a la retirada unilateral orquestada por Sharon. Aún así, Washington no ha quitado su beneplácito al plan israelí, calificándolo como “una valiente iniciativa y una oportunidad excepcional”.

No obstante, analistas israelíes presagiaron que las autoridades estadounidenses serán más cautas en adelante. Advirtieron, inclusive, que “el crédito de Sharon en Estados Unidos se ha agotado”.

Para mediados de mayo, el primer ministro tiene ya programado un viaje a Washington para asistir a la conferencia anual de The American Israel Public Affairs Comittee (AIPAC), poderoso grupo de lobby pro-Israel.

El analista de Haaretz Akiva Eldar cree que los intereses de Sharon y Bush entraron en una etapa de estancamiento en vísperas de las elecciones presidenciales estadounidenses, en noviembre próximo. Consultado por Ercilla, Eldar insiste en que “ahí Bush y Sharon pueden ir juntos. Sharon puede utilizar la barrera (de separación de los palestinos) para mantener a la población israelí feliz; puede además satisfacer al ‘Cuarteto’ y a los palestinos removiendo algunos ‘puestos de avanzada’ o algunos asentamientos, prosiguiendo su idea de los ‘bantustanes’ (confinando a los palestinos en ghettos, al igual que la población negra durante el apartheid en Sudáfrica), y ganando también cierto cese al fuego por razones de seguridad”.

Así las cosas, y siguiendo a la periodista israelí Sima Kadmon en las páginas de Yediot Aharonot, “Sharon es un primer ministro sin partido (...) que encabeza un gobierno cuyo único objetivo es luchar por su supervivencia”.

En esa misma línea, el prestigioso sociólogo Baruch Kimmerling, de la Universidad de Jerusalén, comenta a Ercilla que “la autoridad de Sharon está pronta a su fin... Su nombre está involucrado en demasiados escándalos de corrupción personal”.

Este académico advierte además que “el plan de retirada unilateral, según lo sugerido, no hace presumir ninguna perspectiva de avance hacia soluciones pacíficas para este conflicto”. Escépticamente, dice que “en Medio Oriente más de un año es un tiempo utópico, que hace imposible hacer ese tipo de predicciones”.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)          TORTURAS EN IRAK: “I’M SORRY”

El mandatario estadounidense se vio forzado a salir al paso de las crecientes críticas por violaciones a los derechos de los detenidos iraquíes en la prisión de Abu Gharib, paradójicamente el mismo lugar en el que el anterior régimen de Saddam Hussein ejercía sus horrores. En dos entrevistas a canales de televisión en idioma árabe, George W. Bush calificó de “aborrecibles” las torturas y humillaciones perpetradas por soldados estadounidenses (entre éstos algunos efectivos femeninos), reveladas el pasado 28 de abril por el programa “60 Minutes II” de la cadena televisiva CBS. Además reconoció que “lo que ocurrió no representa a los Estados Unidos que yo conozco”, pues éste es un país “compasivo”.

Mientras la ola de denuncias sobre atropellos cometidos por efectivos militares crece como bola de nieve, aumenta también la insistencia para que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, deje su cargo. Junto con descartar cualquier cambio de gabinete, el presidente de la hiperpotencia comentó a la prensa establecida en la Casa Blanca que insistió ante el rey de Jordania en que “lamentaba las humillaciones sufridas por los prisioneros iraquíes”, asegurándole también que se están adoptando las medidas disciplinarias correspondientes (se ha amonestado a seis altos mandos militares).

A.P.G.

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