Estados Unidos y el terrorismo

Las Torres Gemelas continúan ardiendo

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"Esta será una guerra prolongada" ha insistido en varias ocasiones el mandatario estadounidense George W. Bush. Es así como tras la caída del régimen Talibán en Afganistán, muchos se preguntan por el próximo objetivo "antiterrorista" del Pentágono. Más aún, ya que la ofensiva militar para hallar a Osama Bin Laden, al cierre de esta edición, no da resultado.

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A Estados Unidos no le fue suficiente ofrecer 25 millones de dólares a quien otorgue antecedentes que lleven a la captura (vivo o muerto) de su archienemigo, Osama Bin Laden. En las recientes semanas, la Administración Bush agregó al "ofertón" otros 10 millones de dólares por cualquier información que posibilite hallar al líder religioso de los Talibán, el mulá Omar. Pese a sendos ofrecimientos, el paradero de ambos integristas musulmanes –principales sospechosos de instigar los atentados del 11 de septiembre contra el Pentágono y las Torres Gemelas- continuaba desconocido al cierre de esta edición.

"Ellos han escapado a través de las nevadas montañas", mencionó Hazrat Ali, jefe de seguridad para Afganistán oriental. En esa región se ubica Tora Bora, zona donde supuestamente se hallaría el multimillonario líder de la red integrista Al Qaeda, junto a unos 300 guerrilleros árabes, refugiados en complejos laberintos de túneles y cavernas. No dejando lugar a esperanzas, el nuevo funcionario afgano agregó en seguida: "... pero no tienen comida, así ¿cómo sobrevivirán?". Consultado respecto a si estaría cerca la captura del "terrorista número uno" para Estados Unidos, Ali sólo atinó a responder ese 17 de diciembre un "sólo Dios sabe".

LAS CUEVAS DE TORA BORA

Estados Unidos no ha titubeado en emplear su alta tecnología y poderío militar para culminar la tarea pendiente en Afganistán: dar con el paradero de Bin Laden y el mulá Omar, quien presumiblemente se encontraría en Baghran, cerca de la sureña ciudad de Kandahar.

Para ello, Tora Bora ha rugido como nunca antes. En las últimas semanas, los constantes bombardeos estadounidenses han arrasado gran parte de la región, localizada a 50 kms al sur de Jalalabad, cerca de la frontera paquistaní. Aviones B-52, cazas F-14 y F-16, y los temidos C-130 cruzan el cielo, dejando caer sobre ese complejo montañoso, incluso, la bomba convencional norteamericana más potente, la BLU-82. Conocida también como "cortadora de margaritas" y con casi 7.000 kilos, su efecto es demoledor: "explota a pocos metros del suelo y borra del mapa todo lo que encuenta en su camino", expresó Guillermo Altares, enviado especial del rotativo español El País.

Al cierre de esta edición, la ubicación del cabecilla de Al Qaeda continuaba en una expectante incógnita. Incluso, el gobernador de la provincia de Nangahar (donde se ubica Tora Bora), Abdul Qadir, sugirió que Bin Laden ya no se hallaría en ese lugar. "El no es un niño –expresó-. Hace un mes, él ya sabía la situación que enfrentaría en estos momentos: por una parte, nieve; y por otra, muyihadines (guerreros de la fe)".

"No sé si lo agarraremos mañana o en un mes o en un año... pero daremos con él", aseveró el pasado viernes 14 el mandatario estadounidense. "Y no me importa si vivo o muerto", aclaró categórico George W. Bush, en lo que muchos observadores han visto como una muestra del poderoso reposicionamiento norteamericano.

Desde Londres y en contacto telefónico con Ercilla, el periodista Shiraz Paracha –quien cubrió entre 1987 y 1998 desde la ciudad fronteriza paquistaní de Peshawar los diversos conflictos en Afganistán-, manifestó su temor a que "el mundo se esté convirtiendo en un lugar muy inseguro para los más débiles".

CAOS Y BANDIDOS

Pocos se atreven a hacer vaticinios respecto al futuro de este devastado país. John Fairhurst, director del programa para Afganistán de la fundación Oxfam (una organización no gubernamental de ayuda al tercer mundo), aseguró que "ahora existen comandantes locales tratando de sacar ventajas del colapso. Hay bandidos que piensan que tienen más libertad para operar".

Así, la situación es más que compleja para el gobierno interino que preside desde el 22 de diciembre Hamid Karzai, tras los acuerdos alcanzados a principios de ese mes en Bonn entre las distintas tribus y etnias locales. Y que deberá mantener a raya la llamada Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad (ISAF por sus siglas en inglés), encabezada por 1.500 efectivos provenientes de Gran Bretaña junto a otros de Turquía, Malasia, Jordania, Nueva Zelandia, República Checa, Australia y Argentina.

"Afganistán necesita mucha ayuda para lograr su reconstrucción y reconciliación. Si Hamid Karzai no logra balancear las pugnas de poder entre las diferentes tribus y etnias, no se puede descartar otra crisis y más conflictos", precisó Shiraz Paracha.

¿FIN DE AL QAEDA?

En una nueva maniobra ganada por el sector duro del Pentágono, la Administración Bush difundió el pasado 13 de diciembre una controvertida cinta de video, donde el líder de Al Qaeda aparece jocosamente comentando y entregando detalles de los atentados suicidas contra Nueva York y Washington. "Nosotros calculamos por adelantado el número de bajas del enemigo que morirían de acuerdo a la posición de la torre. Calculamos que destrozaríamos unos tres o cuatro pisos... yo era uno de los más optimistas entre todos", expresó distentidamente el millonario saudí ante unos invitados.

A pesar del intento estadounidense para que el material audiovisual sirva de prueba de la participación de Bin Laden en los hechos del 11 de septiembre, muchos -especialmente en los países musulmanes- se mantuvieron escépticos, cuestionando la veracidad de la grabación y considerándola, incluso, "propaganda norteamericana".

Por otra parte, el futuro de Al Qaeda es un gran interrogante luego de la estrepitosa caída del régimen Talibán. "Me pregunto si estas acciones militares servirán de algo, teniendo en consideración que esta red terrorista se caracteriza por su marcada descentralización y autonomía. Percibo los últimos acontecimientos como un triunfo táctico en Afganistán, pero no sé si éstos tendrán gran impacto en las restantes células integristas", expresó a Ercilla el experto William Hartung, del World Policy Institute de Nueva York.

Los optimistas, en cambio, prefirieron destacar que Afganistán sirvió como máximo centro de operaciones y entrenamiento militar para esos fanáticos teocráticos. Y con la huída de los Talibán de ese país, los sobrevivientes de esa organización fundamentalista quedarían sin mayor refugio. Algunos, además, se atrevieron a predecir el ocaso de Al Qaeda junto a la desaparición de sus carísmáticos dirigentes. Otros, no obstante, advirtieron que ésta podría "mutar" o "submarinearse" a la espera del momento propicio para nuevas atrocidades en nombre de Alá.

Mientras los comandantes de la Shura (Alianza del Este de las fuerzas pashtunes anti-Talibán) no pierden ocasión para insistir en que "Al Qaeda ya tuvo su último día en Afganistán", Washington ha mostrado cautela, no queriendo todavía cantar victoria. "Aún hay mucho trabajo que hacer allá", puntualizó recientemente Condoleezza Rice, asesora de Seguridad nacional.

Los próximos pasos del único vencedor de la Guerra Fría se han mantenido bajo cierta nebulosa. Aunque existen algunas señales. Se habla de aniquilar el régimen de Saddam Hussein en Irak o de seguir la pista a la red Al Qaeda en Somalía o Filipinas. Incluso, al interior del nuevo aliado estadounidense, Pakistán (ver recuadro), o en el sensible conflicto en Oriente Medio.

Ya en enero de 1999, el semanario estadounidense Newsweek reveló ciertos contactos entre personeros del régimen iraquí y el integrista saudí, a quienes los une cierto "enemigo" en común. Hay indicios que en 1998, Bin Laden discutió la posibilidad de asilo en Bagdad con el representante de Hussein en Turquía. Además, el primer piloto suicida de las Torres Gemelas, Mohamed Atta, mantuvo presumiblemente contactos en abril último con agentes secretos iraquíes en Praga. La prensa estadounidense ha advertido que no existe apoyo internacional para una acción de ese tipo.

Un editorial del semanario The Economist, del pasado 14 de diciembre, puso en el tapete la posibilidad de Somalía como objetivo "antiterrorista" intermedio. Según el polémico Paul D. Wolfowitz, subsecretario de Defensa de la Casa Blanca, se trata de "un país virtualmente sin gobierno, que cuenta con una indudable presencia de Al Qaeda".

"Creo que Estados Unidos está en estos momentos jugando todas las cartas posibles, evaluando todos los escenarios. Podría ser Irak o Somalía. Eso dependerá si atrapan o no a Bin Laden. Si lo atrapan, creo que se sentirán satisfechos. Si no lo hacen, quizá tengan que proseguir con una política de guerra permanente y se lancen contra otro objetivo", aseguró Mariano Aguirre, director del Centro de Investigaciones para la Paz de Madrid, en contacto con Ercilla.

En este nuevo teatro internacional crece el temor ante Tío Sam. "Estados Unidos sale reforzado de Afganistán en su papel de hiperpotencia global. Esa Administración va hacia lo que el diplomático canadiense David Malone llama el ‘unilateralismo inteligente’, acompañado de toda una panoplia de relaciones bilaterales con países o con organizaciones como la Unión Europea", escribió el pasado 17 de diciembre Andrés Ortega, analista de El País.

Otra aprensión, además, ha rodeado ese concepto últimamente tan en boga: el terrorismo. El renombrado intelectual estadounidense Noam Chomsky precisó que "es un grave error analítico describir el terrorismo como un ‘arma de los débiles’, como se suele hacer. En la práctica, el terrorismo es la violencia que Ellos cometen contra Nosotros, independientemente de quién sea ese Nosotros". Algo de eso se desprende de las declaraciones del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfed, quien al visitar a soldados de la 10 División de Montaña –en una base cerca de Afganistán-, declaró que el fuego de las Torres Gemelas "todavía está ardiendo. Afortunadamente, las cuevas y túneles en Tora Bora también se están incendiando".

Andrés Pérez González

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(RECUADRO) NEGOCIOS Y TERRORISMO

Regresó a escena la conflictiva región de Cachemira, de mayoría musulmana y en disputa hace cinco décadas entre India y Pakistán. El pasado 13 de diciembre un comando asesinó a trece personas al interior del Parlamento indio. Las sospechas inmediatamente recayeron sobre la vecina Islamabad, cuyos servicios de Seguridad apoyarían a los grupos separatistas Lashkar-e-Taiba y Jaish-e-Mohammed. Según el mismo secretario de Estado de la Casa Blanca, el republicano moderado Colin Powell, la situación tiene "el potencial para volverse muy peligrosa".

Pakistán continúa en el ojo del huracán. Especialmente, el valle de Tirah en las cercanías de Tora Bora, donde supuestamente estaría escondido –al cierre de esta edición- Osama Bin Laden. Se sospecha que muchos líderes tribales de esa región semiautónoma han colaborado con los integrantes de Al Qaeda, quienes huirían en masa de la ofensiva anti-Talibán.

"Increíblemente, ningún alto dirigente del gabinete del mulá Omar ha sido asesinado, arrestado o ha desertado a las fuerzas opositoras en estos dos meses de intensos bombardeos", comentó con suspicacia un oficial de seguridad paquistaní al diario The Washington Post. Y se sospecha que algunos afganos no han perdido oportunidad para hacerse de alguna gratificación monetaria. "Por tradición, las batallas frecuentemente se han ganado por medio de negocios", puntualizó el artículo de ese prestigioso diario estadounidense.

A.P.G.

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