El ex presidente en Japón
FUJIMORI, ACORRALADO
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Pese a contar con el apoyo de la poderosa derecha conservadora nipona, el destituido ex mandatario de Perú, Alberto Fujimori, debe enfrentar una ofensiva que intenta llevarlo directo a los tribunales limeños. Mientras Alejandro Toledo -recién electo mandatario para el Palacio Pizarro, quien asumirá el próximo 28 de julio- declara al diario parisino Le Figaro que "movilizará a la comunidad internacional" para lograr la extradición de Fujimori; funcionarios diplomáticos del país andino no descartan un arbitraje internacional para dirimir esa disputa con Japón.
De prosperar esa iniciativa, el ex "número uno" de Perú tendrá en su contra múltiples acusaciones judiciales, entre denuncias de corrupción, enriquecimiento ilícito y crímenes no prescriptibles. Principalmente, según el semanario político limeño Caretas, su implicancia en la matanza de La Cantuta, donde murieron en 1992 ocho universitarios y un profesor, y que fue orquestada por el Grupo Colina, una banda paramilitar ligada a organismos de su extinto régimen.
"Sus benefactores (en Japón) son la clase de personas que admiran la fuerza y el deseo para usarla", comenta Jiro Yamaguchi, cientista político en la Universidad Hokkaido. Entre uno de sus admiradores se encuentra el gobernador de Tokyo, Shintaro Ishihara, conocido en la prensa nipona como un "halcón que utiliza la retórica nacionalista al filo de la xenofobia". Versiones aseguran que Ishihara dispuso una oficina en su propio "cuartel general" para que Fujimori avanzara en sus esperadas memorias de su década en el poder (1990-2000). A principios de este año, aparecieron unas fotografías del gobernador junto al ex mandatario, acompañado por otros dirigentes nipones, durante una cena en un exclusivo restaurant en Tokyo.
A juicio de observadores políticos, la atracción que despierta entre sectores nacionalistas el ex hombre fuerte de Perú se debe básicamente a su propia biografía: hijo de unos empobrecidos emigrantes que se convierte en el primer japonés en asumir el gobierno en otro país. De cierta forma, se trata de "una alegoría de ese orgullo nipón por el predominio", opina Gary Schaefer, periodista de Associated Press.
Esa admiración por el liderazgo autoritario del "Chino" como lo llamaban en sus mejores años los peruanos- quedó consolidado, cuando en 1997 un comando de élite de las Fuerzas Armadas libera a decenas de rehenes que el guevarista Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) había tomado en la residencia del embajador japonés.
El proceso judicial que enfrenta en Lima su ex brazo derecho, Vladimiro Montesinos tras su detención en Caracas- amenaza la aparente "tranquilidad" del autoexilio de Fujimori en la tierra de sus ancestros. Un nuevo capítulo de una historia que recién se destapa.
Andrés Pérez González
publicado en Ercilla el 9 de julio del 2001