Conflicto palestino-israelí
Vendetta
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Ha llegado la hora de la verdad. Tras 14 meses de Intifada palestina contra Israel, el primer ministro judío, Ariel Sharon, centró su ira en Yaser Arafat. A la ola de atentados suicidas reivindicados por grupos fundamentalistas islámicos, Tel Aviv respondió con violencia, iniciando una dura represalia que inflama las tensas relaciones en Medio Oriente.
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Quizá fue la ironía de la vida... o de la muerte. A fines de noviembre una israelí fue tiroteada en la ciudad hebrea de Afula, próxima a la localidad autónoma de Jenín. "Alguien, sin darse cuenta, cubrió el cadáver con un cartel de las pasadas elecciones que decía: ‘Sólo Sharon traerá la paz’", recordó el escritor israelí David Grossman.
Como experimentado ex general, el primer ministro ultraderechista Ariel Sharon (72) pasó a la ofensiva en el complejo escenario de Medio Oriente, utilizando la ya conocida fórmula de "la guerra contra el terror".
"De la misma manera que Estados Unidos actúa en una batalla contra el terrorismo mundial bajo la dirección decidida del presidente (George W.) Bush, actuando con toda su fuerza, así actuaremos nosotros", expresó el polémico jefe del Gobierno israelí tras su gira a Estados Unidos, interrumpida por una ola de atentados suicidas acontecidos los primeros días de diciembre en Haifa y Jerusalén, y que costó la vida a una veintena de israelíes (entre ellos muchos jóvenes) y más de un centenar de heridos.
La reacción israelí fue implacable. Esto a pesar de que Yaser Arafat -el emblemático líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP)- condenó esos actos suicidas reivindicados por la organización fundamentalista islámica Hamas, declaró inmediatamente -y como medida inédita- el estado de excepción y el arresto de un centenar de militantes integristas.
LA IRA DE SHARON
Los pasados 3 y 4 de diciembre la población palestina cayó en pánico. En una reunión extraordinaria, el Gabinete de Sharon declaró a la ANP "entidad colaboradora del terror". Incluso, denominó "organizaciones terroristas" a la milicia del Tanzim –asociada a Fatah, la agrupación política del propio Arafat- y a la Fuerza 17, la guardia presidencial del líder palestino.
Parecía un ataque directo contra la debilitada figura de ese dirigente palestino, quien –según sus cálculos- ha sobrevivido a unos 13 intentos de asesinato planificados por Israel.
De inmediato, misiles israelíes y aviones F-16 –de fabricación estadounidense- destruyeron parte de la base aérea y la flota de helicópteros –de origen ruso- del líder de la ANP, en la ciudad autónoma de Gaza. Este objetivo se ubica a sólo 70 metros de distancia de la residencia de Arafat y a unos 200 metros de sus oficinas.
La ola de declaraciones palestinas fue instantánea. Muhammad Sbeih, representante de Arafat en la Liga Árabe, manifestó que la "situación es muy peligrosa. Sharon se está alejando del proceso de paz.... Y está agregando una nueva página negra a su ya negro historial". Mientras, el moderado ministro palestino de Informaciones, Yasser Abed Rabbo, aseveró que la ocupación israelí en Gaza y Cisjordania era, precisamente, "la fuente del terrorismo".
Ahmed Tibi, un ex asesor de Arafat y actual miembro del Parlamento israelí, expresó que los bombardeos contra las aeronaves del líder de la ANP constituían una clara humillación. "Sharon les está diciendo a los palestinos... ‘estoy insultando a su líder’", estimó el congresista árabe.
Los bombardeos hebreos habían dejado, al menos, una veintena de heridos.
La medida del Gabinete presidido por Sharon constituyó un evidente triunfo de la línea ultranacionalista. De hecho, la propuesta para desperfilar el papel diplomático de Arafat y la Autoridad Nacional Palestina surgió del ministro de Infraestructura, Avigdor Lieberman, y el actual ministro de Turismo, Binyamin Elon (sucesor del recientemente asesinado Rehavim Ze’evi, ver Ercilla 3.175). Ambos integran la facción de Unión Nacional-Yisrael Beiteinu.
Los dardos del "halcón" Sharon siguieron cayendo contra Arafat, a quien catalogó como "mayor obstáculo para la paz y la estabilidad" en la región.
En contacto telefónico con Ercilla, el investigador Bruce Maddy-Weitzman –del Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv- aseguró que "todo el mundo dice que quiere paz, pero en sus propios términos. Sharon no cree en Arafat ni menos que la paz es posible con Arafat... La visión que tiene Sharon de una solución a este conflicto es inaceptable para los palestinos. La pregunta es qué términos son aceptables para cada lado".
El exaltado nacionalismo del primer ministro hebreo nuevamente centró su atención en la cuestionada "indivisibilidad" de Jerusalén, "la capital eterna de Israel". Y es que la reciente ofensiva de Sharon ha contado con el apoyo de la población israelí, que en su mayoría no temería una "desaparición" política del líder palestino. "Ya no es válido eso de que si Arafat no está al mando de los palestinos, las cosas irían aún peor. Por esa razón, Sharon ahora puede actuar de un modo más agresivo", expresó a Ercilla Mark Heller, experto del Centro Jaffe para Estudios Estratégicos en Tel Aviv.
La maniobra política de Sharon no sería otra que sacar a Arafat de la agenda palestina e internacional, salvar a la ANP (creada en 1994 a partir de los Acuerdos de Oslo) y colocar en la cúspide a algún líder más "manejable", perteneciente a las "nuevas generaciones", aseguró Ferrán Sales, corresponsal en la región del diario español El País. Entre los posibles candidatos destacan los nombres de Ahmed Qurei -más conocido como Abu Ala y principal negociador palestino en Oslo- y Mahmoud Abbas, llamado también Abu Mazen, segundo al mando luego de Arafat.
De acuerdo una reciente encuesta del rotativo judío Yediot Ahronot, aproximadamente el 37% de los israelíes apoyarían esa maniobra. Pese a ese bajo porcentaje, el lobby ultranacionalista israelí ha dado resultados. A esto se agrega el editorial del pasado 3 de diciembre del matutino Maariv, que estipulaba que la población israelí no puede "en estos momentos renovar el diálogo con Arafat y tratar de alcanzar algún tipo de acuerdo con él. Arafat ya no controla lo que ocurre en las calles palestinas".
Según el analista Bruce Maddy-Weitzman, el mensaje a Arafat era "indicarle que si no es parte de la solución, es parte del problema".
El columnista Akiva Eldar, del rotativo liberal Haaretz, detalló el pasado 4 de diciembre que en vez de intentar un "Golpe de mando" contra Arafat, las distintas agrupaciones palestinas tratan de ganarlo para su causa. "Tanzim quiere ser parte del liderazgo; los cabecillas de Hamas dicen que no claudicarán en su lucha armada, pero que no le darán en el gusto a Israel, protagonizando una guerra civil entre palestinos; mientras, los colaboradores más cercanos intentan conseguir un cese al fuego y un regreso a la mesa de negociaciones, e imploran a cualquier visitante extranjero (últimamente el estadounidense Anthony Zinni) que los ayude a regresar a la realidad a Arafat y terminar con ese intento sin sentido de que la Intifada sacará a Sharon del poder", puntualizó.
"GRAN SOBREVIVIENTE"
"Yaser Arafat es un gran sobreviviente, no un visionario", manifestó a Ercilla el investigador Bruce Maddy-Weitzman. Al cierre de esta edición, el líder de la ANP dispuso el arresto domiciliario de Ahmed Yassin (65), líder espiritual de la organización integrista palestina Hamas. Esta medida policial no estuvo exenta de altercados entre los adherentes fundamentalistas y los efectivos de seguridad palestinos, sumando una nueva víctima fatal el pasado 6 de diciembre.
"Hamas es parte del movimiento palestino. Un año más de Intifada y será el movimiento", advirtió el prestigioso analista palestino Khalil Shikaki en un reciente artículo aparecido en el semanario The Economist.
Así las cosas, una conversación telefónica entre el moderado ministro de Exteriores israelí, el laborista Shimón Peres, y Arafat, posibilitó temporalmente una "tregua" en la ofensiva militar contra territorio palestino, esperando –según Tel Aviv- que la ANP coloque bajo arresto a 36 "líderes terroristas". Desde el inicio de los últimos bombardeos israelíes, la Administración palestina ha detenido a unos 170 militantes que son catalogados "poco importantes" por fuentes hebreas.
"Llegó la hora de la verdad" para Yaser Arafat, advirtió el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell. A juicio de los analistas de la BBC Frank Gardner y Martin Asser, el complejo escenario que enfrenta el líder palestino se resume en que "sea lo que haga, el peligro para él es que los palestinos consideren que ha otorgado demasiado y para Israel, que no ha hecho lo suficiente".
Es así que Arafat se halla entre la espada y la pared. Aunque está acostumbrado a esas lides: por una parte la creciente amenaza de una guerra civil entre palestinos o que Israel lo envíe al exilio y finalice su control en la ANP.
Sin embargo, el líder palestino aún cuenta con herramientas y la sagacidad para hacerse de las suyas. Mamdouh Nofal -ex combatiente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y un cercano a Arafat- manifestó que para que el líder palestino se enfrente a los grupos fundamentalistas, éste debe recibir algo a cambio. "Una invitación a la Casa Blanca o una concesión territorial de Israel", comentó. Al cierre de esta edición, no existía ningún anuncio al respecto.
Mientras en Estados Unidos, la balanza del poder se ha inclinado a favor de los "halcones". Pese al reconomiento que hizo a principios de octubre el presidente George W. Bush, respecto a la existencia de un Estado palestino "viable", Washington retomó su tradicional papel de protector de Tel Aviv. "Obviamente Israel tienen el derecho a defenderse por sí misma y el presidente entiende eso claramente", fueron las palabras que pronunció el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, tras la acción militar israelí contra las ciudades autónomas de Gaza y Jenín, feudo de los integristas palestinos.
Otros, como el columnista Thomas Friedman del prestigioso diario The New York Times, advirtieron el ascenso del "Bin Ladenismo" en el conflicto palestino-israelí. Es decir, el control que Hamas y la Jihad Islámica han tomado en el movimiento nacional palestino, instaurando una visión marcadamente antisemita.
Un editorial del rotativo paquistaní Dawn se hizo cargo de esas acusaciones. "Si Hamas y otras facciones militantes al interior de los grupos de resistencia palestina son terroristas, teniendo como objetivos a civiles inocentes, de igual modo lo es el Estado de Israel. Este siempre ha sido un Estado terrorista. El número de inocentes palestinos asesinados a sangre fría por Israel en esta última Intifada es muy superior a las víctimas israelíes". El saldo parcial indicaba al cierre de esta edición: 795 muertos del lado palestino y 231 de Israel.
Desde Madrid, Mariano Aguirre –director del Centro de Investigación para la Paz- sentenció respecto a la última espiral de terrorismo que "la violencia es un arma para obtener resultados políticos, pero en el escenario israelí-palestino se trata de una herramienta de venganza".
Intentando mantener cierta esperanza, el escritor israelí David Grossman se preguntó finalmente: "¿cómo provocar que Arafat hable menos y haga más? ¿Cómo provocar que Israel haga menos y hable más?". A estas alturas, nadie tiene el valor para romper la sangrienta dinámica de vendetta.
Andrés Pérez González