Venezuela

Deterioro neopopulista

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Paradójicamente la apuesta de las transnacionales petroleras era que Hugo Chávez venciera sin dificultades el reciente referéndum revocatorio, intentando así restar inestabilidad al ya sacudido ambiente político venezolano. Pero el “ruido” interno continuará, mientras se consagre el populismo entre chavistas y opositores.

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Por primera vez en la historia política de América latina, un gobernante elegido democráticamente se ha sometido al escrutinio popular en la mitad de su mandato. Esa es la principal credencial de Hugo Chávez. En cambio y en caso de llegar al poder, la oposición venezolana anunció que eliminará esa facultad constitucional ciudadana.

Al margen del frustrado intento golpista orquestado en 1992 contra el entonces cuestionado gobernante Carlos Andrés Pérez, hace ya casi seis años que el líder del Movimiento V República atrajo de otro modo la atención internacional al vencer holgadamente en esos comicios presidenciales, levantando una severa retórica anti-establishment.

 “Esos esperanzados ciudadanos vieron en él a un limpiador político como medio para detener el prolongado declive económico, restaurar el crecimiento, crear empleo y superar emergentes problemas sociales”, puntualizaba el politólogo Kurt Weyland, de la Universidad de Texas en Estados Unidos, ya en la edición de noviembre de 2001 de la especializada Foreign Affairs.

Con el tiempo transcurrido, el conocido columnista venezolano Domingo Alberto Rangel dice estar convencido de que el “gobierno de Hugo Chávez es bribón o pícaro, pero no es dictatorial. Tiene las arbitrariedades cuarteleras que son características en los militares latinoamericanos, pero no es y no será jamás una dictadura [...] La revolución bolivariana es una estafa completa. Podríamos decir que en la Venezuela de hoy no hay una dictadura, pero menos, mucho menos, hay una revolución”.

No obstante, un reciente artículo del semanario británico The Economist estimaba que Chávez “inspiraba a antiglobalizadores y otros radicales en la región y más allá. Si su ‘revolución’ es un popurrí de populismo e izquierdismo, sus oponentes son un manojo aún más heterogéneo. Se extienden desde conservadores libremercado hasta ex guerrilleros, incluyendo los remanentes de los dos partidos tradicionales que gobernaron Venezuela entre 1958 y mediados de la década de los noventa (el socialdemócrata AD y el demócrata-cristiano Copei)”.

 

REFERENDUM

 

En una reciente columna en el rotativo caraqueño El Universal, titulada “El que gana pierde”, Jorge Sayegh advertía –en el escenario previo al referéndum– tres significativas corrientes políticas: “Primero están los menos, los que votan por pura conveniencia, pues suponen o realmente tienen intereses para mantener o defenestrar al (des)gobierno por algún beneficio económico, ya sea legítimo o corruptoide. El segundo grueso del electorado, de uno u otro bando, depositará su voto como una expresión de revancha. Unos todavía resienten (y, en cierta forma, con razón) los 40 años de seudodemocracia adecopeyana y no quieren que vuelva, no importa el costo. Otros no soportan a este régimen miserablemente megalómano (y, en cualquier caso, con razón) y quieren librarse de él, no importa lo que venga. Por último, e intuyo que son los más, un grupo sufragará por el Sí [oposición a Chávez] o por el No confiando en que su voto es la clave para un futuro mejor”.

Desde Caracas, el reputado especialista electoral Luis Vicente León –de la encuestadora Datanálisis– confirma a Ercilla el “crecimiento relevante de la posición de Chávez” en las semanas previas al referéndum. “Esto hace que sea una opción concreta su triunfo –agrega la misma fuente–. Pero no puede proyectarse linealmente, porque no es menos cierto que la oposición sigue siendo una fuerza gigante y automotivada que puede dar la sorpresa con su capacidad de movilización y con la participación de los indecisos, que siguen siendo mayores que la diferencia entre el Sí y el No”.

En el caso de que el triunfo fuese para los “escuálidos” –término con el que se intenta ridiculizar a los antichavistas–, se realizaría una elección presidencial en los siguientes treinta días. Chávez ya ha anunciado que volvería a competir.

El consultado Luis Vicente León cree que “un triunfo contundente de Chávez hace que la corriente de renovación opositora gane fuerza y que se busquen cambios relevantes en el liderazgo convencional. Creo que surgirán nuevos actores, más bien regionales, que capitalizarán el descontento de la oposición. Pero si el triunfo es estrecho, creo que quedará la impresión de que hubo trampa otra vez y eso permitirá a los líderes actuales realinearse para combatir a Chávez de nuevo en los otros procesos electorales y en la opinión pública”.

 

PETROLERAS

 

Los diarios españoles El País y La Vanguardia detallaron que el gobierno de Chávez ha gastado al menos unos 3200 millones de dólares, provenientes de fondos públicos de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) que no habrían pasado por control del Banco Central de ese país. Y esa abultada cantidad tendría como destino preferencial los programas de asistencia social conocidos allá como “misiones”.

Pdvsa genera actualmente nada menos que un 40% de los ingresos del gobierno y un 70% de las divisas por exportaciones. Al comienzo de la presidencia de Chávez, en 2000, el barril de crudo se situaba sólo en 7 dólares. Actualmente supera con creces los 40 dólares. De esa manera, el gasto público del primer trimestre del año superó en un 97% al del primer trimestre de 2003 y en un 45% al del mismo período en 2002.

Algunos ven con preocupación ese asistencialismo “revolucionario” –o declaradamente electorero– en el cuarto exportador mundial de crudo. El economista Ramón Espinasa, ex asesor de Pvdsa, aseveró que “Chávez está matando la gallina de los huevos de oro”, ya que estaría gastando el dinero que la petrolera necesita para invertir en mantenimiento y modernización, necesarios para evitar que decaiga la producción.

Días antes del referéndum, Financial Times puntualizó que una victoria decisiva de Chávez despejaría el camino para inversiones millonarias desde el exterior en ese estratégico sector financiero. El rotativo aseguró que las empresas multinacionales del petróleo y del gas “darían la bienvenida a un término de la inestabilidad política extrema que ha afectado en particular los dos últimos de los seis años del líder radical en el cargo”.

En otras palabras, el pretendido discurso antiimperialista y anticapitalista del gobernante venezolano no ha logrado amedrentar a los inversionistas extranjeros, generando en los hechos una inédita alianza estratégica que vacía de contenido la “revolución bolivariana”.

A pesar de su retórica hostilidad hacia la elite empresarial venezolana, Financial Times insistió en que “Chávez está ansioso de mantener buena relación con las empresas internacionales”.

A juicio de varios analistas, la campaña del gobierno centrada en las “misiones” ha sido efectiva en un país donde el 70% está bajo la línea de pobreza. Es por ello que muchas de las personas que en anteriores sondeos se mostraban indiferentes, asumían luego una posición de respaldo a Chávez, ya que existirían mayores recursos en salud, alfabetización y ayuda en alimentos.

No obstante, el producto interno ha caído a niveles correspondientes a 1950, según The Economist, mientras que el desempleo sacude oficialmente a un 16% de la población. “La economía está creciendo fuerte en el último periodo, debido a los altos precios del petróleo, pero le sigue una severa recesión: el país debe recuperar la producción perdida en los dos meses de huelga general ocurrida en 2002-2003. A pesar del alza del precio del petróleo, el gobierno está profundamente en rojo”.

Para este año Datanálisis pronostica una inflación de 23 ó 24%.

En su citado texto en Foreign Affairs, Weyland abordaba especialmente el perfil político de Chávez, tildándolo de “el más reciente ejemplar de un liderazgo populista y carismático, que emergió de las severas crisis de las dos últimas décadas en algunos países de América Latina, notablemente en Argentina [Carlos Menem], Brasil [Fernando Collor] , Ecuador [Abdalá Bucaram] y Perú [Alberto Fujimori]... Estos neopopulistas basaron sus gobiernos en relaciones personales, desmediatizadas con la población, evitando enlaces institucionales y bypasseando a los partidos políticos existentes y a los grupos de interés”.

Manuel Isidro Molina, articulista de opinión de varios medios venezolanos, cree que en definitiva “ni el gobierno tiene obra que mostrar, ni la oposición futuro que ofrecer. La gente, porque los conoce, no los toma muy en serio. [...] ¿Quién gana y quién pierde? Es una buena pregunta a estas alturas del partido. Gana Venezuela si la abstención supera el 50% y la mayoría manifiesta así su rechazo a los corresponsables de la crisis: ‘Gobierno’ y ‘Oposición’”.

Andrés Pérez González

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