México
Tira y afloja
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El gobernador del Distrito Federal mexicano, Andrés Manuel López Obrador, tiene ya el camino despejado en su carrera hacia la presidencia. El debilitado gobernante, Vicente Fox, echó marcha atrás en su intención de llevar a tribunales a su eventual contrincante, reduciendo la polarización en el convulsionado escenario político azteca.
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“Después de más de un
año de embates contra Andrés Manuel López Obrador, la Presidencia de la
República, arrinconada, levantó la bandera blanca”, aseveró en una reciente
edición el prestigioso semanario Proceso. Insistió además en los paupérrimos
dividendos obtenidos por el mandatario mexicano, Vicente Fox, al explicitar que
“una estrategia destinada a terminar con el enemigo acabó fortaleciéndolo y
colocó al gobierno foxista contra la pared”.
Así, la fiscalía de ese país se desistió el pasado 4 de mayo del proceso judicial contra López Obrador, quien lidera las opciones presidenciales para las elecciones generales del próximo año. Desafiando la autoridad, el gobernador del Distrito Federal (DF) había dado el vamos a la construcción de una carretera que pasaba por un recinto particular, pese a que los tribunales habían ordenado la paralización de las obras.
A menos de una semana de cambio del fiscal a cargo de la Procaduría General de la República (lo que se considera un intento de pacificación de Fox), el “Peje” –como apodan al eventual abanderado del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD)– tiene el camino despejado para asumir el gobierno en diciembre de 2006. En definitiva, la causa judicial, que pudo haber boqueado la inscripción de su candidatura, ha quedado con un cerrojo.
Pero el escenario político se había convulsionado con la decisión de la Cámara de Diputados de desaforar el pasado 7 de abril a López Obrador. Desde entonces, el conflicto que había saturado el espectáculo político-mediático en México amenazaba con polarizar peligrosamente a las partes. Hubo escupitajos y más de un altercado entre dirigentes alineados con López Obrador o con Fox. Hubo huelgas de hambre y multitudinarias manifestaciones –como la que el pasado 24 de abril reunió a cerca de un millón de personas en la capital–, a modo de “resistencia pacífica” para impedir lo que los adherentes de López Obrador consideran un “complot”.
El propio López Obrador ha dirigido sus dardos contra Fox y su Partido de Acción Nacional (PAN), y el ex mandatario Carlos Salinas de Gortari, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), agrupación que ostentó el poder durante setenta años. En esta ocasión, tanto el PAN como el PRI no dudaron en aliarse contra el creciente posicionamiento del probable abanderado del PRD.
En declaraciones a Ercilla, Wolf-Dieter Vogel –corresponsal en Ciudad de México de varias radios alemanas– estima que “la acusación jurídica contra el ‘Peje’ era un chiste en un país en el cual la corrupción, la cooperación de la clase política con los narcos y el financiamiento ilegal del PAN y PRI son hechos tan obvios y nunca han sido perseguidos realmente”.
TREGUA
De acuerdo a sus propias palabras, López Obrador practicará en adelante la prudencia, preocupándole la estabilidad de México, sea política, económica o financiera. Es por ello que, en una de sus habituales conferencias mañaneras, reconoció que no insistirá en la tesis del complot. “No estoy diciendo que me arrepiento, sino que hay tiempos para todo y ahora es tiempo para la prudencia”, insistió.
El gobernador del DF descartó que tras el cambio de actitud exista un acuerdo con sus adversarios políticos situados en Los Pinos, la sede del Ejecutivo. “Ninguna negociación, ni de manera directa ni por teléfono; tampoco se reunió un grupo de nosotros con un grupo de ellos; no hubo nada de eso”, se leía recientemente en el rotativo La Jornada.
Al sacar cuentas de la confrontación, el senador Demetrio Sodi (PRD) aseguraba que “El Peje” salió mejor parado, dado que “logró mantener su puesto, evitó la inhabilitación y aumentó su popularidad; sin embargo, no puede cantar victoria total debido a que deja demasiados heridos en el camino que le van a dificultar su llegada a la Presidencia”. Y entre ésos mencionó a un importante sector de empresarios, jueces, parlamentarios y algunos grupos contrarios al interior del PRD.
Para el columnista Enrique Semo, de Proceso, los errores de Fox han
ayudado igualmente a catapultar el avance de López Obrador: “Pese a algunos
momentos de lucidez, como el reciente viraje en el tema del desafuero, los ires
y venires del presidente son cada vez más erráticos y sus declaraciones más
contradictorias. A estas alturas del sexenio, su gobierno se asemeja a un barco
sin rumbo azotado por un mar embravecido que amenaza hundirlo a cada momento”.
El entrevistado periodista germano agrega que López Obrador ha podido mostrarse, además, como “el mártir, diciendo que iba a ir a la cárcel si hubiera sido necesario. Se comparó con Nelson Mandela, se comportó como la víctima de la clase política de la que él mismo pertenece en un 100%. Su actuación surge de su escuela ‘priista’; él también fue priista y sabe muy bien como manejar a ‘las masas’”.
ASISTENCIALISMO
Desde su función como jefe del gobierno capitalino, cargo alcanzado en 2000, ha impulsado una gestión fuertemente asistencialista que le ha granjeado populares dividendos.
Vogel detalla que ha creado “una pensión de unos cincuenta dólares mensuales para todos los jubilados que no cuentan con un seguro social, ayudó a madres solteras y a discapacitados, creó créditos económicos para la construcción de viviendas, se posicionó muy claramente a favor de una aclaración de los crímenes políticos del pasado. Por otro lado, se está manejando muy bien con varios sectores del capital. Por ejemplo, cambió la imagen del centro histórico de la ciudad con una fuerte cooperación del multimillonario Carlos Slim, que es el tipo más rico de América Latina, y cooperó con el ex alcalde de Nueva York Rudolph Guiliani, quien está encargado de elaborar sus conceptos de ‘tolerancia cero’ en Ciudad de México”.
La gestión ha sido claramente efectista. Según un reciente sondeo publicado por el matutino Reforma, un 84% de los habitantes del DF aprueba su desempeño.
Jorge Pérez Albarrán, también columnista de Proceso, aseguró no obstante
que los errores de su gestión han sido varios y que “tarde o temprano tendría y
tendrá que responder por ellos: el ambulantaje invadiendo como marabunta toda
la ciudad, el deficiente servicio de transporte, los taxis ‘pirata’ y la
creciente inseguridad, por citar algunos; pero el gobierno federal prefirió
sacarlo a la mala de la contienda y el resultado fue que los principales errores
de la administración capitalina quedaron rebasados y olvidados por el escándalo
del desafuero”.
¿Y es que acaso la democracia mexicana estuvo a punto de entrar en una crisis sin retorno?
“Para que hubiera crisis, primero habría que tener una (democracia) –responde a Ercilla desde la capital azteca el periodista Francisco Rodríguez, columnista del diario político La Crisis–. La democracia en México es incipiente. Está apenas en los pañales el respeto al voto. Le falta desarrollarse para que, como en algunas de las más avanzadas, signifique menos disparidades en ingresos. Tenemos en México al cuarto hombre más rico del mundo, sí, pero también a un 60% de la población en pobreza. Así, mientras Carlos Slim atesora varios miles de millones de dólares, sesenta millones de mexicanos viven con un ingreso de apenas un dólar al día”.
Por su parte, Raúl Trejo Delarbre, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), no mantiene una proyección muy auspiciosa. “Cuando hay un personaje político como López Obrador que se ufana de cumplir las leyes nada más cuando le conviene y cuando el resto del sistema político, encabezado por el Presidente de la República, se le rinde debido a la capacidad de presión que ha ejercido, el pronóstico que se puede hacer sobre la democracia mexicana no puede ser, me temo, sino pesimista”, manifiesta a esta revista.
Aunque Trejo cuestiona el izquierdismo de López Obrador, ya que “su única propuesta para reactivar la economía mexicana radica en aumentar el aprovechamiento del petróleo, lo cual nos acercaría más a una venezolanización que a un modelo de izquierdas”, lo que sí está claro es que la clase política mexicana deberá hallar la manera de lograr mayor gobernabilidad e inclusión social. Aún falta mucho.