Conflicto en Medio Oriente

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El fin del asedio a Yaser Arafat, la reciente visita de Ariel Sharon a Washington y la propuesta estadounidense para realizar una conferencia internacional de paz, resucitaron las esperanzas en una solución política al problema palestino-israelí. Los hechos advierten, sin embargo, que no es tiempo de paz, sino de "administración del conflicto".

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"Si tuviera que aventurar una cifra, creo que el daño (perpetrado en abril pasado por las tropas israelíes en Cisjordania) bordearía los 350 millones de dólares", expresó en los primeros días de mayo Timothy Rothermel, encargado en los territorios palestinos del Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas.

Sin embargo, ¿qué sentido tiene calcular los costos de reconstrucción de las dependencias de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), si no se descarta nuevas incursiones de Israel? Así, el prolongado conflicto en Oriente Medio alcanza un nivel aún más patético, ya que tanto el primer ministro israelí, el ultranacionalista Ariel Sharon, como el presidente de la ANP, el cuestionado Yaser Arafat, se empecinan en mantener el sangriento "status quo", basado en desastrosas operaciones militares hebreas y en sucesivos ataques suicidas palestinos.

La ruleta de dolor, represalia y tragedia vuelve a girar. Luego de un mes sin atentados terroristas, el último cometido el pasado 7 de mayo en un local de entretención en Rishon le Sión –15 kms. al sureste de Tel Aviv- dejó al menos unos 15 muertos y otros 57 heridos.

"EL PRIMERO DE SION"

Antes del atentado -asegura Ferrán Sales, corresponsal del diario español El País en la región- la ciudad de Rishon le Sión merecía un discreto lugar en las guías turísticas por ser la sede del primer asentamiento judío en Palestina, en 1882, debido al empuje de un grupo de sionistas rusos. De ahí el nombre de esa localidad, que en hebreo significa "El Primero de Sión". De un momento a otro, el apacible núcleo industrial que reúne a unos 145 mil habitantes, se convirtió en otra víctima más de la arrogancia y ceguera.

"Vamos a lanzar nuevos ataques suicidas contra Israel y declararemos la guerra santa contra todos los israelíes, en respuesta por lo que el Ejército ha perpetrado en el campo de refugiados de Jenín (ver recuadro)", aseguró el comunicado del brazo armado de Hamas, las Brigadas de Ezedine Al Kasam, que reivindicaron el atentado.

El ataque contra civiles israelíes ocurrió además a la misma hora en que Sharon se reunía en Washington con el presidente estadounidense, George W. Bush, interrumpiendo la visita oficial. Según observadores, el encuentro en la Casa Blanca concluyó sólo en "vaguedades y en unas sonrisas incompatibles" con el atentado en Rishon le Sión. Bush sólo pudo anunciar el envío a la zona de George Tenet, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para construir una fuerza de seguridad palestina que sea también de la confianza israelí y norteamericana.

Antes de regresar a Tel Aviv, el premier judío desató su ira al declarar que "no habrá refugio para los terroristas ni para sus cómplices" y aseveró que "Israel luchará, vencerá y cuando obtenga la victoria, hará la paz".

El controvertido "Bulldozer" -apodo de Sharon- acentuó su retórica bélica y precisó que las operaciones militares en territorios autónomos no han concluído: "La batalla continúa y seguirá hasta que los asesinos dejen de existir". Nuevamente lanzó sus dardos contra la ANP y Arafat. A su juicio, "no existe forma de avanzar" hacia un acuerdo israelo-palestino teniendo como interlocutor a "una entidad terrorista".

Al cierre de esta edición era inminente otra incursión hebrea contra las zonas palestinas como represalia al atentado cometido al sureste de Tel Aviv. Versiones de la prensa israelí adelantaban que la nueva fase de la Operación Muro Defensivo se efectuaría contra la Franja de Gaza, único territorio que no fue ocupado por efectivos hebreos en abril pasado y donde el grupo fundamentalista Hamas cuenta con alta popularidad.

"Si los suicidas palestinos siguen estallando en clubes y en buses, y nosotros los enfrentamos con Operación Muro Defensivo 2, 3 y 10, o incluso 16, nada lograremos de esto", advirtió Danny Rothschild, brigadier general en la reserva, al rotativo israelí Haaretz.

Inmediatamente Arafat condenó el atentado, arrestó a 16 militantes de Hamas y ordenó a sus fuerzas de seguridad –algo sin precedente- "enfrentar y prevenir otro ataque terrorista contra civiles israelíes desde lado palestino". La decisión logró el aplauso del mandatario estadounidense.

EXPEDIENTE ARAFAT

La fallida estadía de Sharon en Estados Unidos logró, no obstante, cambiar el foco de atención desde los abusos ocurridos por la ocupación judía en territorio palestino, durante varias semanas, a la imperiosa necesidad de "mayores reformas institucionales y estructurales en la ANP, con especial dedicación a sus servicios policiales", puntualizó el premier israelí y agregó que la administración palestina deberá lograr "total transparencia y no depender de las intenciones de un hombre", sin mencionar directamente a Arafat.

En sus primeras horas en Washington, Sharon tuvo un encuentro el pasado 6 de mayo con miembros del poderoso lobby judío, a quienes les dijo que "tenemos hace varios años muchos amigos en Estados Unidos, pero cuando se refiere a nuestras vidas, nuestro futuro y nuestra seguridad, primero que todo deberemos depender de nosotros mismos".

Gerald Steinberg, director del Programa de Administración y Negociación de Conflictos de la Universidad Bar Ilan en Israel, aseguró a Ercilla que el objetivo de Sharon en Washington era lograr el "aislamiento de Arafat y la continuación de la guerra contra el terrorismo". Agregó que las acciones israelíes en Cisjordania significaron una "parcial e incompleta victoria para Sharon, debido a la presión ejercida por Estados Unidos para dar un pronto fin a esas operaciones defensivas".

La estrategia diplomática de Sharon fue agresiva. Por medio del llamado "Expediente Arafat" –que abarca unas cien páginas-, el Shin Bet (servicio interno de seguridad israelí) intentó involucrar al líder palestino en los ataques terroristas, supuestamente redirigiendo para esos fines fondos otorgados por Arabia Saudita y la Unión Europea.

A juicio de Michael Tarazi, consejero legal de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el intento israelí no era otro que "ganar una victoria de relaciones públicas sin pruebas concretas". Un experimentado funcionario estadounidense aseguró a The Washington Post que "los puntos débiles de Arafat no son nuevos... y que el presidente (G.W. Bush) no necesita ser convencido de nada".

No obstante y tras el atentado de Rishon le Sión, la situación política puede ser diferente. Según fuentes israelíes consultadas por Haaretz, Washington acordó con Tel Aviv la postergación de toda tratativa de paz hasta que se logren profundas reformas en la ANP. Precisó el artículo del connotado periodista Aluf Benn que la maniobra intenta desplazar definitivamente a "una posición más simbólica" a Arafat, transfiriendo las responsabilidades administrativas a otros dirigentes palestinos.

Por otra parte, el aclamado Plan Saudí -que estipuló el inmediato reconomicnto del Estado de Israel por los países árabes, a cambio de la retirada de los territorios ocupados en la guerra de 1967- quedó convertido prácticamente en letra muerta. La misma suerte puede correr la propuesta de Colin Powell, secretario de Estado estadounidense, para convocar a principios de agosto a una conferencia internacional que podría realizarse en Turquía.

La ministra de Educación de Israel, Limor Livnat, que sirvió como vocera de la ofensiva comunicacional de Sharon en Estados Unidos, expresó que su gobierno no espera algún acuerdo definitivo de esa convocatoria, pero sí el establecimiento de "una atmósfera más positiva".

DEPORTACIONES

El cerco a la basílica de la Natividad en Belén –donde la tradición cristiana asegura que nació Jesús- continuaba al cierre de esta edición en su quinta semana. El principio de acuerdo entre palestinos e israelíes fue roto en varias ocasiones, a pesar de la mediación de la misma CIA, la Unión Europea y el Vaticano. Se sabe que de los 128 palestinos refugiados en la iglesia, unos 26 milicianos serán trasladados a recintos de detención en Gaza a la espera de sus respectivos juicios, otros 13 serán deportados y el resto dejado en libertad.

La aceptación del exilio fue criticada internamente en la ANP. Hussein al-Sheik, alto dirigente de Fatah en Cisjordania –la agrupación de Arafat-, advirtió que esa medida constituye un "peligroso precedente". Al cierre de esta edición, aún no se confirmaba el o los países de destino para los 13 milicianos tras la negativa inicial de Italia y Jordania (se presume que se repartirían en varios lugares de Europa). Tampoco han sido enjuiciados, a diferencia de los cuatro palestinos que asesinaron a mediados del año pasado al ultraortodoxo ministro de Turismo israelí, Rehavam Ze’evi, y que sirvieron de moneda de cambio –quedaron bajo custodia británica y estadounidense en Jericó- para lograr la liberación de Arafat. El "rais" (jefe palestino) permaneció un mes asediado en la Mukata (sede administrativa de la ANP en Ramala).

La "internacionalización" del conflicto es así inminente. Según una encuesta del Instituto Dahaf, difundida el pasado 9 de mayo, el 56% de los israelíes aceptaría incluso una fuerza multilateral, comandada por Estados Unidos, que pusiera fin a los 19 meses de esta segunda Intifada (levantamiento).

"La pregunta no es cuándo se internacionalizará, sino cómo", puntualizó Robert Malley, ex encargado para Oriente Medio ante el Consejo de Seguridad Nacional durante la Administración Clinton.

Consultado por Ercilla, el académico Gerald Steinberg expresó sus reparos: "¿Quién será tan tonto para enviar tropas, si serán asesinadas por los terroristas palestinos? Nadie quiere recibir a los terroristas de la Iglesia de la Natividad; la internacionalización es sólo un eslógan si no se pone término a la red terrorista".

En un artículo aparecido en The New York Times el pasado 7 de mayo, Malley detalló que "la lógica tras los destrozos de la administración pública y civil palestina (perpetrados en Cisjordania) parece que no se relaciona con el fomento de la seguridad de Israel, sino simplemente con un objetivo político. El resultado es que alguien tendrá que reconstruir esas instituciones y servicios".

Steinberg cuestionó también ese punto. "La Autoridad Palestina bajo Arafat es corrupta y llena de terroristas. Ellos no han construido ninguna administración seria y usan todo su financiamiento para adquirir armas y explosivos, y pagarles a las familias de los terroristas".

Malley es además coautor de un artículo que apareció recientemente en la influyente publicación Foreign Affairs, en el que reiteró que las actuales condiciones sólo permiten "la gestión y no la resolución del conflicto". "Está fuera de la realidad tratar de imponer algo duradero", insistió.

La violencia es otro elemento constitutivo de este enfrentamiento. "Los israelíes creen que no pueden negociar bajo fuego y los palestinos temen que sin fuego, los israelíes no tendrán ningún incentivo para negociar", puntualizó Malley.

Foreign Affairs también publicó un texto de Aluf Benn, periodista israelí de Haaretz, quien sentenció: "Sharon continuará su guerra de desgaste y rechazará cualquier intento de negociación hasta que los palestinos se rindan... De Jerusalén sólo esperamos más de lo mismo".

Andrés Pérez González

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(RECUADRO) JENIN: ALGO HUELE MAL

El campo de refugiados de Jenín es catalogado por los israelíes como "la capital de los terroristas suicidas". Durante el pasado abril fue el epicentro de la Operación Muro Defensivo que Ariel Sharon impulsó contra la resistencia palestina. Organismos internacionales y palestinos denunciaron una "masacre", aunque los hechos más se acercan a otra cruel batalla. Al prohibir el ingreso de observadores y periodistas, los mismos israelíes alentaron los rumores. Naciones Unidas confirmó la muerte de 54 palestinos y la desaparición de otras 49 personas. Human Rights Watch habló de "excesivo e indiscriminado uso de la fuerza" durante la ocupación israelí, que dejó cientos de refugiados sin techo ni servicios básicos. Tras visitar Jenín el pasado 27 de abril, Uri Avnery -integrante de Gush Shalom (Bloque por la Paz)- sólo atinó a decir: "La verdad está enterrada bajo los escombros... y tiene un olor atroz"

A.P.G.

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