"Zapatour" hacia Ciudad de México
El dilema del pasamontañas
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Pasando a la ofensiva, el emblemático "Subcomandante Marcos", líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), abandonó temporalmente las armas y el sureño estado de Chiapas. Junto a sus 23 comandantes, encabeza una marcha a la capital azteca manteniendo aún ocultos sus rostros- para realizar el primer choque de fuerzas con el gobierno de Vicente Fox.
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"Creo que si se hace una encuesta en Europa para saber quién es el presidente de México, nadie sabría... sólo un dos o tres por ciento. Pero a Marcos lo conoce todo el mundo y lo identifican no sólo por su aspecto medio romántico, de pasamontañas, sino por sus ideas, por lo que representa''. El director de la prestigiosa publicación Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, es así de categórico al asegurar que en el duelo mediático que sostienen el carismático "Subcomandante Marcos" -líder del atípico Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)- y el actual Presidente de México, Vicente Fox, la balanza se inclina hacia el jefe guerrillero.
Este "personaje de leyenda con evidente gusto por la escenificación", como describió al insurgente de la pipa una editorial del rotativo español El País, supo captar la atención mundial desde el mismo 1 de enero 1994, día en que comenzó la inédita incursión armada y, a la vez, entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Según Yvon Le Bot, director del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, "el ascenso de los zapatistas siguió exactamente y en sentido inverso la curva del derrumbe del comunismo. No podían contar con Cuba ni con los sandinistas, la vieja jerga política ya no servía, no existía más un modelo. Es esta ruptura la que los obligó a improvisar, a inventar. Y su creatividad fue la que los hizo fuertes".
"SALIR DE LA TRAGEDIA"
La comandancia del EZLN decidió así cumplir su promesa, abandonar temporalmente las armas aunque todavía no los pasamontañas- y emprender el bullado viaje de dos semanas por 12 estados aztecas. El pasado 24 de febrero, unos 20 mil simpatizantes zapatistas recibieron a los 23 comandantes indigenistas y al "Sub" en San Cristóbal de las Casas, capital del empobrecido estado de Chiapas, dando comienzo a la marcha que debería finalizar el 11 de marzo en la capital mexicana. En la sede del Congreso, la cúpula insurgente presionará a los parlamentarios para aprobar la polémica Ley Indígena, que otorgaría autonomía y rango constitucional a las minorías étnicas.
"Es la primera vez que una guerrilla hace algo semejante. Es histórico. Jamás se había producido una situación parecida en América Latina. Es una manifestación de respeto a las instituciones de México, un reconocimiento al Poder Legislativo", expresó el eurodiputado socialista Sami Nair, observador internacional de lo que se ha llamado el "Zapatour".
El simbolismo tampoco estaría ausente en esta marcha por el reconocimiento de los pueblos originarios, que constituyen el 10% de los 100 millones de mexicanos. A juicio de Le Bot, ésta tiene "ecos profundos en la memoria colectiva mexicana y hace surgir imágenes de Emiliano Zapata y sus tropas, pero esta vez sin las armas. Recuerda también las grandes marchas de Martin Luther King o de Gandhi y rompe con la iconografía tradicional de la guerrilla latinoamericana... En realidad, si tuviera que definir el momento que viven hoy los zapatistas, diría que intentan salir de la tragedia".
LA ESTRATEGIA DE FOX
La administración centroderechista de Vicente Fox está empeñada desde hace tres meses en entregar "aires de cambios" a la sede del ejecutivo azteca, luego de destronar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras 71 años en el poder.
Alvaro Cepeda, articulista de la revista mexicana Crisis, aseguró que "más por estrategia económica que política, Fox resolvió que era menos costoso apoyar la marcha". No obstante, el ranchero-presidente ha debido sortear el recelo de su propia agrupación, el Partido de Acción Nacional (PAN). Su líder, Luis Bravo, advirtió ya en los primeros días de la movilización indigenista que "se percibe en el EZLN una actitud de ir escalando obstáculos, pero endureciendo a su vez las actitudes. Ciertamente esto indica que quizás sean ellos los que no quieren pronto el diálogo y la firma de la paz".
Por su parte, un acérrimo antizapatista y dirigente de los ganaderos, José Constantino Kanter, acusó al Ejecutivo de "estar realmente reviviendo a un muerto", en relación con el protagonismo que ha recuperado el grupo rebelde sin disparar un tiro, y que se refleja en una "Marcosmanía" entre los miles de asistentes al paso del "Zapatour".
Además, Fox debió actuar rápido para impedir su primera crisis gubernamental. "Hay quienes me han dicho que equivoqué la táctica con el movimiento zapatista, que mi propuesta de paz lo fortaleció. En todo caso nada hubiera sido ni será más grave que encerrarse en la funesta conspiración del silencio. ¡Esa época ya pasó!", declaró el mandatario.
Desde México, el periodista Carlos Fazio explicó esta reacción del gobierno azteca, aduciendo la existencia de un nuevo esquema contrainsurgente de rostro más "amable". Según sus antecedentes, el plan combina tareas de inteligencia con una política de comunicación y un programa económico de tipo asistencialista. El objetivo principal es "quitarle las banderas" a los zapatistas sobre la base de la "legitimidad democrática" del recambio en el Ejecutivo.
RIESGOS PARA EL EZLN
"Dejar el fusil y la selva recóndita que le han hecho objeto de consumo planetario para salir a la compleja realidad de su país. Puede superar la prueba o comenzar a desvanecerse tras el espectáculo", puntualizó el matutino hispano El País en referencia al alto riesgo de la maniobra política de "Marcos" y su cúpula insurrecta.
De fondo está la supervivencia del EZLN, que ya constituye una "utopía desarmada", aseveró Carlos Fazio. Consultado por el semanario azteca Proceso, el historiador mexicano Jean Meyer manifestó que continúa en pie "el dilema de quitarse el pasamontañas o quedarse en la selva. Así la caravana es la prolongación del dilema. Se puede seguir mucho tiempo así. Marcos no tiene prisa".
Siguiendo a Luis Garrido, analista de esa revista, las tres condiciones o señales demandadas por los insurrectos para restablecer las conversaciones con el gobierno (el retiro del Ejército mexicano de siete posiciones militares, la elevación a rango constitucional de los Acuerdos sobre Derechos y Cultura Indígena, y la liberación de los presos zapatistas), no responden al "conjunto de razones que tuvieron los pueblos originarios para levantarse en armas ni bastan para resolver los problemas que llevaron a la guerra".
Los expertos concuerdan, además, que la hipotética inserción y consolidación del movimiento zapatista en la sociedad civil tras alcanzar una solución al conflicto en Chiapas-, dependerá si este grupo rebelde logra situarse más allá de los cuestionados partidos políticos. El prestigioso sociólogo francés, Alain Touraine, aseguró que el desafío del "Subcomandante" y su gente es "rechazar el aislamiento local y la extinción en un gran partido político, y tratar de convertir ese movimiento indígena en el fermento de la renovación de la democracia mexicana".
Si Fox logra estrechar la mano a "Marcos" lo que no se descarta, aunque tampoco está programado para el término de la marcha-, el mundo presenciará "el final del principio" de este enfrentamiento. Es probable que en ese momento, el guerrillero de la pipa decida que ya es tiempo de sacarse el pasamontañas.
Andrés Pérez González
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RECUADRO: ECO ENTRE MAPUCHES
La demanda por justicia-libertad-autonomía constituye parte esencial de las actuales reivindicaciones de los pueblos originarios en América Latina. Así, el nexo entre el movimiento zapatista en México y las demandas mapuches en Chile radica en su relación con la tierra, como espacio de desarrollo comunitario.
Danielle Mitterrand, ex primera dama de Francia, ha visitado ambas comunidades indígenas. "El discurso de los mapuches es el mismo de los pobres y excluidos de todo el mundo. Y es algo que debe preocupar a todos los ciudadanos", opinó. También desde territorio galo, Yvon Le Bot, director del Centro Nacional de Investigación Científica, expresó que "el retroceso de la izquierda clásica coloca a los zapatistas en una situación de expectativas y mayores responsabilidades. Los poderes y las ideologías estatistas que dominaron el siglo XX quedaron atrás. El zapatismo es un comienzo. Su eco se escucha en el aumento de las luchas contra la globalización neoliberal: en Seattle, en Ecuador y entre los mapuches de Chile".
publicado el 5 de marzo del 2001 en Ercilla