Bolivia y mediterraneidad
Todos al juego
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“Bolivia tuvo mar. Y yo sueño bañarme en una playa boliviana”, fueron las palabras que en boca de Hugo Chávez colmaron la paciencia del presidente Ricardo Lagos.
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La gota que rebalsó el vaso y que obligó a que La Moneda llamara de regreso al embajador en Caracas, Fabio Vio, tiene en tensión las relaciones entre Chile y Venezuela. Al asistir el pasado 15 de noviembre al acto de cierre del Encuentro Social Alternativo organizado por movimientos sindicales e indígenas en Santa Cruz, el siempre controvertido mandatario venezolano, Hugo Chávez, arengó que “Bolivia tuvo mar. Y yo sueño bañarme en una playa boliviana”.
Las declaraciones –sumadas a varias anteriores que fueron ignoradas por la Cancillería– dejaron esta vez atragantados a los personeros chilenos que asistían paralelamente a la XIII Cumbre Iberoamericana que culminaba en la misma ciudad boliviana.
Pareciera que la imagen de Chile entre los vecinos no es de las mejores. Inclusive, sorprendió la iniciativa del mismísimo secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, quien tras visitar recientemente el país y otros de la región, se propuso para mediar en el contencioso de Bolivia con Chile.
Al cumplir su primer mes en la presidencia de La Paz, Carlos Mesa,
aseguró: “estoy convencido de que éste es el más difícil y el mejor
momento para la solución de fondo de nuestra relación con Chile. El sur de
Perú, el norte de Chile y el oeste de Bolivia forman un triángulo
complementario y esencial en el que el gas juega un papel fundamental. Quiero
plantear claramente a Chile que a largo plazo la solución a este desafío de hoy
pasa por nuestra capacidad de resolver el tema del siglo XIX, que es nuestra
salida al Pacífico”.
Inteligentemente,
Mesa adujo por lo demás que la demanda boliviana de una salida soberana
al Pacífico es una “reivindicación absolutamente inalterable”, que no
constituye una cuestión “bilateral”, sino que debe ser abordada “en función del
equilibrio continental”.
Aprovechó también de agradecer la intervención de Chávez, aunque no de la
mejor forma para este ex paracaidista, ya que puntualizó que esa actitud de Venezuela
“no es de hoy, no empezó con el presidente Chávez, sino con el (ex) presidente
Carlos Andrés Pérez”, quien es detestado por el actual jefe del Palacio
Miraflores.
De regreso a Caracas, Chávez ha estado concentrado en los tambaleantes
asuntos internos, y fue el vicepresidente, José Vicente Rangel, quien entró al
juego, el pasado 20 de este mes, al manifestar que “nos parece un exceso de parte del gobierno chileno y
debo decir que ese planteamiento del presidente Chávez no es un planteamiento a
título personal”.
No es menor que en lenguaje diplomático, el llamado a informar es la segunda forma más explícita de protestar ante otro gobierno. Luego sigue el retiro del embajador y, después, el rompimiento de relaciones. Al cierre de esta edición, la cancillería chilena advertió que el embajador Vio no tenía fecha para regresar a Caracas. Y a juzgar por la intervención de Rangel, este juego diplomático aún da para rato.
A.P.G.