Elecciones en Brasil
La hora de "Lula light"
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Se da por descontado que Luiz Inacio Lula da Silva será el próximo presidente del país más poblado y extenso de América Latina. Y por una poderosa razón: el líder del Partido de los Trabajadores dejó así en el papel un pretendido programa "rupturista" para intentar mantener a flote a la novena economía del mundo.
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Aún no hay claridad sobre la fecha exacta de su cumpleaños. Pero a Luiz Inacio Lula da Silva, eventual próximo mandatario de Brasil, eso lo tiene sin cuidado y sólo se limita a decirles a sus adherentes que si no obtuvo el regalo que esperaba el pasado 6 de octubre fecha en que se realizó la primera vuelta electoral y, según el registro de identificación brasileño, corresponde al día de su cumpleaños, probablemente sí lo recibirá este 27 de octubre, en el segundo round de estos comicios y cuando, a juicio de su madre, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) nació en realidad.
A sus 57 años, Da Silva logra lo que no había alcanzado en tres ocasiones anteriores: estar a las puertas del Palacio presidencial de Planalto, en Brasilia. Y, además, convertir a su conglomerado en la cuarta fuerza política brasileña. Todo un éxito para alguien que ha sido anteriormente descrito como la "encarnación de satanás" por algunos inversionistas de Wall Street, y que por años puso los pelos de punta a la derecha brasileña por su combativa retórica sindical.
Con el 100% de los votos escrutados, el 46,44% de las preferencias (39,4 millones de sufragantes) correspondieron a Lula (quien incluyó hace 20 años este apodo legalmente a su nombre). El segundo lugar lo obtuvo el candidato oficialista, José Serra, con el 23,20% (19,7 millones de votantes). Mientras que los otros postulantes de oposición, Anthony Garontinho y Ciro Gomes, lograron el 17,89% y el 11,97% respectivamente.
Un total de 20,4 millones de sufragios, 17,80% de los 115 millones de electores, se abstuvieron de emitir alguna preferencia en la primera vuelta.
No obstante el cuestionamiento por la verdadera fecha de natalicio de este emblemático personaje de la izquierda latinoamericana, el controvertido presidente venezolano, Hugo Chávez, quiso aprovechar la oportunidad para obsequiarle una réplica de la "espada de la revolución bolivariana". Con extrema cautela evidenciando desde ya sus cualidades de estadista, Lula sigue tomando distancia de Chávez, negando una presunta conformación de un "eje del mal" en América Latina, constituido por la tríada Castro, Chávez y Da Silva, para impulsar un "frente antiimperialista".
URNAS ELECTRONICAS
Aunque aún falta por conocer el resultado decisivo de estos comicios generales, los brasileños lucen con orgullo el dato histórico de haber efectuado la primera vuelta presidencial por medio de un innovador sistema electrónico de votación. Incluso algunos analistas creen que la alta abstención se debió al lento funcionamiento de los centros de votación, ante las dificultades en el manejo de este avanzado tipo de urnas.
Cierto desánimo inundó al término de ese 6 de octubre a las huestes del PT. Sin embargo, como reconoció a Ercilla una fuente periodística de São Paulo que prefirió no ser identificada, "será muy difícil que Serra revierta el resultado de la primera vuelta. Para mucha gente, esto de esperar hasta el 27 de este mes es simplemente un trámite para que Lula gane".
El mismo Da Silva quiere obtener un triunfo contundente. "Estoy agradecido a este pueblo. Un total de 76% de la población votó en un casi plebiscito contra el modelo económico vigente y contra la dependencia económica a la que Brasil está sometido. Votó a un nuevo modelo de país", declaró al día siguiente, intentado astutamente acaparar la preferencia de los restantes competidores.
El primero en darle su apoyo "entusiasta e incondicional" fue Ciro Gomes, del Partido Popular Socialista (PPS), quien aseguró el pasado 7 de octubre que está "en juego el destino de una nación que está en agonía y no podemos decirle que no a la esperanza".
Así, la estrategia será conformar un frente amplio contra José Serra, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), el mismo del saliente mandatario Fernando Henrique Cardoso. Desde una posición más de izquierda, Anthony Garotinho candidato del Partido Socialista Brasileño (PSB), quien se situó en la tercera ubicación manifestó en los días siguientes su apoyo al candidato del PT. Anteriormente había solicitado a Lula que aclarase su alianza con sectores de derecha, representada por el candidato a vicepresidente José Alencar, millonario empresario del derechista Partido Liberal.
EFECTO LULA
El avance electoral del PT y de su candidato constituyen un verdadero fenómeno. "Lula nos dará mejores viviendas, más trabajo, pero por sobre todo él nos hará sentir orgullosos al enseñarnos que incluso alguien de origen humilde puede llegar a hacer cosas grandes", expresó el día de la elección Marcia dos Santos (45) a un rotativo británico. Dos Santos es una de la tantas mujeres que se traslada desde las periféricas favelas a trabajar a sectores con más recursos.
Para muchos el secreto de la receta de Lula está en su procedencia. "Un tipo como Serra nunca entenderá lo que nosotros, la gente común, debe soportar en Brasil", aseguró Aderaldo Nascimento da Silva, joven comerciante, al matutino The New York Times.
Frente a esa distancia con los electores brasileños, Serra se defiende únicamente con su experiencia como ministro de Planeamiento y Salud durante los ocho años de la administración Cardoso, donde conquistó algunos éxitos como la reducción de la mortalidad infantil, la distribución gratuita de medicamentos contra el Sida y la ampliación de los programas de médicos domiciliarios.
Pero el "efecto Lula" no ha podido tranquilizar del todo al mercado financiero. Al cierre de esta edición, la cotización del dólar en Brasil continuaba una excesiva e irregular alza, bordeando rangos históricos próximos a los 4 reales, aunque promediando este mes los 3,75 reales.
Las declaraciones del presidente de la Asociación Brasileña de Bancos, José Prada Levy, tampoco ayudaron a reducir la incertidumbre, catapultada ante el probable triunfo electoral de este barbudo ex sindicalista. "Hay un gran riesgo de que Brasil llegue a la misma situación de Argentina, porque será muy caro renovar la deuda si gana Lula", aseguró este dirigente gremial que representa a influyentes entidades financieras como Citibank, BankBoston, Santander y Deutsche Bank, entre otras.
En contacto telefónico con Ercilla, Marco Aurelio García encargado de Relaciones Internacionales del PT y eventual ministro de Exteriores en un gobierno de Lula dijo que "Wall Street tiene que acostumbrarse a la realidad electoral. No son ellos los que eligen al presidente de Brasil o de Chile, quienes lo hacen en ambos países son nuestros electores. En cuanto a los empresarios de acá, que ya se plegaron a la candidatura de Lula, comprendieron que su proyecto es el que más interesa a un gran proceso de desarrollo del país. Durante 50 años Brasil creció a un promedio cercano al 7% anual. En la última década, nuestra economía se hundió en una situación recesiva de crecimiento muy mediocre".
El próximo equipo económico continúa siendo uno de los principales enigmas para los inversionistas. De acuerdo a Peter Hakim presidente de Diálogo Interamericano, un think tank estadounidense, esta preocupación se relaciona "con una cuestión de competencia y no de ideología".
Pese al ambiente confrontacional entre la banca y la candidatura de Lula, unos 500 empresarios industriales no han dudado en dar su total apoyo al programa del PT, conformando una extraña alianza entre trabajadores y capitalistas.
"La idea de Lula es buscar más entendimiento entre todas las clases. Políticamente es el dirigente más articulado y el candidato que tiene mejores condiciones para lograr este entendimiento", argumentó Ivo Rosser, presidente de Valisère, una prestigiosa y enorme marca de ropa interior.
Según Lawrence Pih presidente de Mohino Pacifico, una de las mayores abastecedoras de alimentos, "Lula está más cerca de ser elegido y nadie quiere perder el barco. Es tan simple como eso. El empresario es un animal pragmático, no tiene ideología". Y según el mismo senador derechista José Alencar dupla de Lula para acceder al Palacio Planalto, su interés está puesto en "la urgencia de Brasil por volver a la producción. Es indispensable valorizar el capital y el trabajo".
Consultado por Ercilla, el economista y sociólogo Theotonio dos Santos quien estuvo ligado a la postulación de Garotinho y ahora le dará su apoyo a Lula cree que "esta alianza se justifica, en primer lugar, por confrontación con el capital financiero que es el que defiende con más firmeza y ganas el programa neoliberal, porque se lleva una parte muy grande de la renta nacional que está en manos, en estos momentos, del capital financiero, nacional o internacional. En este punto, el sector industrial sigue interesado en una alianza (con Lula) para disminuir la tasa de interés (que alcanza el 18%), para volver a tener condiciones de inversiones productivas. Y el otro punto es el problema del proteccionismo. El sector industrial necesita de una cierta protección, un apoyo estatal para exportar y, en segundo lugar, para poder competir internamente con productos importados, limitando la importación y desarrollando la producción interna".
Para Lawrence Krohn, jefe de análisis de América Latina de ING Financial Markets, el escenario económico tendería a tranquilizarse en estos días. "Podríamos ver movimientos del mercado en todas direcciones, pero creo que en general nos moveremos a la baja en la medida en que nos acerquemos al 27 de octubre", manifestó.
TODO O NADA
Según fuentes consultadas por esta revista, de no existir ningún imprevisto en víspera de la segunda vuelta, el resultado final debiera asignarle un 65% a Lula y un 35% a Serra.
Algunos creen que en estos días comenzará un "verdadero debate" sobre las propuestas de ambos candidatos, para lo que Serra desplegará todo su aparato partidista. Por lo pronto, el candidato oficialista no se cansa de insistir en que para la segunda vuelta "el pueblo votará con la razón y no con el corazón". Al parecer, el mismo presidente Cardoso intervendrá más activamente en este "todo o nada" que se juega su correligionario.
Preliminarmente, y sin "orden de partido", el derechista Partido del Frente Liberal (PFL) habría optado por apoyar a Serra. Aunque es Da Silva quien ha seducido, al cierre de esta edición, a caudillos de esa colectividad como el senador Antonio Carlos Magalhaes y la senadora Roseana Sarney, quien debió renunciar a su próspera campaña presidencial debido a denuncias de corrupción. Miembros del PFL identificaron a José Serra como quien ventiló esos antecedentes y se niegan a apoyarlo.
Para este segundo round, según el matutino Folha de São Paulo, Lula apostará en su campaña televisiva a demostrar su mayor articulación política para la realización de las cinco reformas prioritarias exigidas por la mayoría de los electores: tributaria, laboral, agraria, previsional y política.
En cambio, el oficialista Serra intentará revitalizar los temores que en el pasado despertó este ex dirigente metalúrgico, reforzando la idea del "cambio con seguridad". Lo medular será su énfasis por mostrar las similitudes entre ambos programas con la diferencia de que él cuenta con "las mejores condiciones para ejecutarlos".
"SUEÑO AMERICANO"
Inesperadamente, la Casa Blanca ha mantenido una atípica neutralidad en este escenario electoral. En junio pasado, la embajadora de Estados Unidos en Brasilia, Donna Hrinak, sorprendió al mundo político al decir que Lula simboliza el sueño estadounidense de ascenso social. "Conocí a Lula en los años ochenta. El tuvo que superar muchas cosas para llegar donde llegó. El sueño de Estados Unidos es un poco el sueño brasileño".
El presidenciable del PT asumió esa misma postura conciliadora, asegurando que mantendrán "alianzas con todos los países, inclusive con Estados Unidos". La discusión por la formación de la polémica Area de Libre Comercio de las Américas (Alca), al que diversos sectores brasileños se oponen rotundamente, no está en cuestión por el momento, intentando así reducir la asfixiante inestabilidad e incertidumbre regional.
Theotonio dos Santos quien también es académico de la Universidad Federal Fluminense en Rio de Janeiro sabe que la llegada al poder de Lula no traerá consigo cambios estructurales. En conversación con esta revista, dice que "el proyecto del PT y de toda la oposición no es un proyecto de transformaciones sociales profundas. No se trata de una postura socialista, lo que se busca es el desarrollo económico, con una moderada distribución del ingreso".
Y es que Da Silva ya no es el mismo, según se desprende de la entrevista otorgada recientemente a Ercilla, siendo apodado por la prensa brasileña simplemente "Lula light". Incluso, el columnista Luiz Antonio Novaes, de la red O Globo, precisó que el carismático presidenciable del PT ya se puede comparar con un maracuyá: es más sabroso al estar más amarillo y arrugado.
Andrés Pérez González
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(RECUADRO) "YO NO SOY COMUNISTA"
Los tintes socialistas que sobreviven en Luiz Inacio Lula da Silva (57) quizá se puedan resumir en lo dicho por el sacerdote católico Carlos Alberto Libânio Christo, amigo y biógrafo de este inminente mandatario de Brasil, al diario The New York Times: "A Lula le gusta decir que la revolución que él desea es garantizar que cada brasileño tenga un plato de comida al día".
El presidenciable del Partido de los Trabajadores (PT) quien confiesa que le hubiera gustado escribir "Estrella solitaria" de Ruy Castro, libro sobre la vida del ídolo deportivo Garrincha ha sufrido penurias y carencias. Pasó sus primeros años de vida en las cercanías de Garanhuns, un poblado de campesinos en el norteño Estado de Pernambuco, junto a su madre y sus seis hermanos. Como el guión de alguna teleserie, a los pocos meses de su nacimiento el padre los abandonó para radicarse en São Paulo, donde se empleó como estibador y formó un nuevo hogar. Cuando Lula tenía siete años de edad emprendió viaje, junto a su familia, caminando durante 13 días hasta dar con el paradero de su progenitor, quien no les brindó ayuda. Ese rechazo obligó al pequeño Da Silva a ayudar económicamente a su madre, trabajando como lustrabotas y vendedor callejero. Pronto dejó sus precarios estudios para emplearse, con sólo 12 años, a tiempo completo y durante cuatro años en una fábrica de tornos. En su escaso tiempo libre, asistió a una escuela técnica, donde obtuvo un certificado de tornero mecánico. Cumpliendo agotadoras jornadas laborales perdió un dedo de su mano izquierda.
Su carrera como sindicalista comenzó a los 22 años, incentivado por un hermano mayor que militaba en el Partido Comunista Brasileño. Ya en 1975 accedió a la presidencia del sindicato metalúrgico en São Bernardo do Campo, un suburbio de São Paulo. Cinco años más tarde se catapultó como figura nacional, luego de haber participado y liderado combativas movilizaciones contra la dictadura militar.
Antes de presentarse como candidato presidencial en 1998, 1994 y 1989, Da Silva postuló sin éxito en 1982 a la gobernación de São Paulo por el debutante PT, bajo el eslogan "trabajadores votan por trabajadores". En esa ocasión tuvo una nueva oportunidad para reivindicar con orgullo sus orígenes: cuando alguien le preguntó si era comunista, Lula respondió como de costumbre, "no, soy un tornero".