Lula en Chile
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En su primer viaje al exterior antes de asumir la presidencia de
Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva visitó raudamente Buenos Aires y Santiago. El
líder el PT asume el histórico liderazgo de su país en la región, intentando
reanimar un moribundo Mercosur. En La Moneda lo recibieron como a un “viejo
amigo”.
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El presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da
Silva, aún no asume en su cargo y ya tiene una larga lista de dificultades.
Cuando el próximo 1 de enero tome el control del Palacio Planalto, el flamante
líder del centroizquierdista Partido de los Trabajadores (PT) ya sabe que
deberá enfrentar una epidemia de dengue, ocasionada por el escaso control del
mosquito Aeds aegypt por el Ministerio de Salud. Incluso, según el
equipo de transición, el gobierno de Lula podría verse obligado al final del
próximo año a adoptar nuevos racionamientos de energía eléctrica, por falta de
inversiones en la construcción o en la ampliación de centrales hidroeléctricas.
Pese a esos graves problemas
y ante los augurios de que en materia económica el 2003 será un “año perdido” para
la debutante administración, la estrategia latinoamericana de la novena
economía mundial estará marcada por la continuidad. “Ante todo, Lula parece
tomar como prioridad en su política exterior uno de los ejes fijados por (el
saliente mandatario Fernando Henrique) Cardoso en los últimos dos años: la
dimensión sudamericana de Brasil”, expresa a Ercilla Rosendo
Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, en Buenos
Aires.
Y precisamente la capital transandina fue el primer destino, el pasado
2 de diciembre, en el viaje de Lula y su pequeña comitiva, para dirigirse al
día siguiente a Chile. Mientras el Mercado Común del Sur (Mercosur) atraviesa
una demoledora crisis de credibilidad e identidad, Da Silva reposiciona la
alianza con Argentina, en su intención por revitalizar el bloque regional más
allá de los acuerdos comerciales. La propuesta del nuevo mandatario se puede
sintetizar en una “integración política, económica, científica, tecnológica y
cultural”.
Pero el ex dirigente sindical fue más allá. “En los últimos años,
opciones económicas y políticas equivocadas nos condujeron a sucesivas crisis
(...) Quedamos a merced de especuladores que muchas veces ni siquiera saben
exactamente dónde están situados nuestros países”, declaró en conferencia de
prensa desde la residencia presidencial de Olivos. “El real nunca fue
equiparable a un dólar y el peso (argentino) tampoco. Cuando la economía está
sustentada en algo que no es verdadero, vienen las crisis”, sentenció.
El politólogo y profesor de la Universidad de Buenos Aires Franco
Castiglione asegura, en un artículo en el rotativo Página12, que llegó la hora
de que “los argentinos debemos sincerarnos: la locomotora hoy es Brasil, con el
PT, con sus empresarios, y con un Estado y una burocracia con una idea de
nación más articulada que la nuestra”.
CONCERTACION CHILE-BRASIL
A diferencia de las
declaraciones políticas y económicas realizadas en Buenos Aires, Lula abordó en
su paso por Santiago la cuestión social. Y fue claro: “no hay democracia
política que resista tan dramática diferencia social. Brasil no puede continuar
siendo una de las diez mayores economías del mundo y al mismo tiempo tener
decenas de millones de brasileños pasando hambre” (ver recuadro).
El mandatario chileno,
Ricardo Lagos, expresó que el gran desafío de la próxima administración
brasileña es incentivar el crecimiento con justicia social y, dirigiéndose a Da
Silva, agregó que “existe la necesidad de dar al proceso de globalización un
rostro más humano, con reglas más claras. En ese sentido, parecen importantes
sus proyectos para fortalecer el Mercosur”.
Hablando en portugués, con una voz carrasposa y
firme, este ex dirigente sindical aprovechó su presencia en La Moneda para
rendir un homenaje al “gran presidente” Salvador Allende y agradecer “la
acogida dada a millares de refugiados brasileños, muchos de los cuales son
militantes o dirigentes de mi partido, quienes pudieron comprender
perfectamente el verso del himno nacional que presenta a Chile como el ‘asilo
contra la opresión’”. Finalizada la conferencia conjunta en el patio Las
Camelias, el presidente electo no atendió a la prensa y se dirigió de inmediato
a un almuerzo ofrecido por sus anfitriones.
El ministro secretario
general de Gobierno, Heraldo Muñoz, fue uno de los asistentes. En declaraciones
a Ercilla comenta que se trató de “una reunión excelente, de gran
confianza, donde se abordaron temas sustantivos, especialmente de la
contingencia internacional. Y se asumió la importancia de una concertación
Chile-Brasil para enfrentar los problemas regionales”.
MERCOSUR: “RELANZAR O RECONSTRUIR”
En la misma oportunidad, Lula tampoco dejó a un lado
la participación de Chile en el Mercosur: “Tenemos respeto por las posiciones
chilenas, pero estamos seguros que existe la voluntad de ampliar nuestros
acuerdos y será posible encontrar soluciones incluso provisorias que nos
permitan avanzar”. En la misma sintonía se entienden las palabras del ministro
Muñoz, al declarar que “Chile no está disponible para cambiar su política comercial
y subir aranceles (actualmente están en un 6%). Pero se pueden impulsar
compensaciones, algunas fórmulas imaginativas que no alterarán en nada la
política comercial de apertura de Chile”.
Pero no era el momento para abordar cuestiones
técnicas. “Queremos reafirmar aquí nuestra voluntad de una aproximación sólida
con Chile, de buscar una unión que nos permita enfrentar de manera solidaria
las dificultades internacionales”, había expresado el histórico dirigente de un
aggiornado PT.
Y es que llueven las críticas contra el Mercosur. El
economista argentino Arturo Morandini, en un artículo aparecido el pasado 4 de
diciembre en el diario O Globo de São Paulo, se preguntó si es la hora de
“relanzar o reconstruir” el bloque sudamericano.
A juicio de Félix Peña, director del Instituto de
Comercio Internacional de la Fundación BankBoston, para revertir el
debilitamiento del Mercosur es “esencial un compromiso de los socios (Brasil,
Argentina, Uruguay y Paraguay, más Bolivia y Chile como miembros asociados), de
aceptar disciplinas que no puedan ser unilateralmente dejadas de lado invocando
emergencias, salvo por mecanismos que institucionalicen la flexibilidad en
situaciones especiales”.
La Moneda está de acuerdo con
los lineamientos regionales acotados por la entrante administración del Palacio
Planalto. A mediados de noviembre, Lula dio el primer puntapié en su ofensiva,
lanzando la idea de un Parlamento sudamericano –mediante votación directa– como
el primer paso para una mayor integración entre los países que integrarán el
Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), a partir de 2005.
¿EN DIRECCION CONTRARIA?
El matutino Folha de São
Paulo advertía el pasado 4 de diciembre que “a pesar del discurso de Lula de
invitar a Chile para integrarse al Mercosur, este país camina esta semana en la
dirección contraria: está en una fase de discusión de un Tratado de Libre
Comercio (TLC) con Estados Unidos”, refiriéndose a la XIV Ronda de
Negociaciones entre ambos países, considerada la última etapa por ambas partes,
que comenzó el 2 de diciembre en Washington.
“Nosotros les explicamos y
ellos entendieron que eso es perfectamente compatible –responde a Ercilla
el ministro Muñoz–. Los países del Mercosur saben que nosotros no vamos a
modificar eso; sin embargo, lo que se está sosteniendo es ver fórmulas que
hagan converger a Chile más en el Mercosur. Eso será en la medida que haya más
equilibrio macroeconómico, en la medida que vayan bajando los aranceles
(actualmente bordean en promedio el 14%) y si no, podemos trabajar en otros
ámbitos, no (necesariamente) en el comercial-económico”.
Saliendo al paso de la fuerte
polémica desatada en las últimas semanas sobre la conveniencia de firmar un TLC
bajo condiciones desfavorables para Chile, el presidente Lagos decidió enviar
el 7 de diciembre al ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, a la capital
estadounidense.
Al final del cronograma de desgravación, el pasado 4
de diciembre, los negociadores estadounidenses sorprendieron a sus pares
chilenos, aceptando que todos los productos agrícolas nacionales paguen arancel
cero al ingresar al mercado estadounidense. El encaje a capitales extranjeros
por parte de Chile aún era, al cierre de esta edición, un obstáculo para el
acuerdo.
En el marco de un encuentro
del Mercosur ampliado, realizado en Brasilia el pasado 5 y 6 de diciembre, Lula
pudo reunirse con el presidente de Paraguay, Luis González Macchi; de Uruguay,
Jorge Battle, y de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada. Al día siguiente,
también tenía agendada una reunión con el polémico presidente venezolano, Hugo
Chávez.
El 10 de este mes, Da Silva
viajará a Washington para entrevistarse con George W. Bush. Según el vocero de
la Casa Blanca, Ari Fleisher, se referirán al comercio regional y al
terrorismo.
Días antes de ese viaje, el ex dirigente metalúrgico
convertido en presidente electo recibió un sorpresivo espaldarazo del mismo
secretario del Tesoro estadounidense, Paul O’Neill, quien elogió el proceso de
transición presidencial. No hay que olvidar que el pasado 28 de octubre –cuando
en la jornada anterior Lula había obtenido 52 millones de votos (62%) en la
segunda vuelta electoral–, O’Neill advirtió que el mercado observaría
cautelosamente los primeros discursos del líder del PT y que éste debía
“asegurarle al mercado que no era un loco”.
Consultado por Ercilla,
el prestigioso economista y sociólogo brasileño Theotonio dos Santos estima que
“frente al hecho de una victoria tan categórica, Washington no tiene mucho que
hacer, mas que negociar, buscar buenas relaciones dentro de las divergencias.
Claramente, Estados Unidos no quiere crear una zona de conflicto con Brasil”.
En el encuentro, según el
analista argentino Rosendo Fraga, Lula se perfilará como un político que
“acepta el diálogo y rechaza cualquier posición antinorteamericana, como tuvo
en el pasado”.
El 11 de diciembre, antes de su regreso a Brasil, Da Silva visitará
México para reunirse por segunda vez en este año con el mandatario Vicente Fox
(del conservador Partido Acción Nacional), alimentando los indicios de la
formación de un eje compuesto por Brasil, México y Chile.
Para Dos Santos –quien además es profesor en la
Universidad Fluminense de Rio de Janeiro–, la palabra “eje” es algo exagerada.
No obstante, cree que “claramente la idea es buscar cierto consenso para una
política común. Estos dos países (México y Chile) son los que tienen más
influencia regional e internacional”. Rosendo Fraga ve la situación de la
siguiente manera: “La realidad muestra que México es el país de América Latina
que ha logrado un mejor acuerdo comercial con Estados Unidos y también con
Europa. A su vez, Chile es el país de América del Sur que más ha avanzado en
ambas negociaciones”.
Algo
complicado, el ministro Heraldo Muñoz –quien mantiene estrechos contactos con
la nueva administración brasileña– asegura a esta revista que “la propia
gravitación más positiva de estos países, en términos económicos, explica que
exista una coordinación más fluida, pero de ahí a hablar de eje no
corresponde... Creo sí que hay un reconocimiento de que estos tres países
tienen algo que decir en el entorno internacional. Y qué mejor que a veces lo
hagan coordinadamente, pero sin exclusiones”.
El
influyente asesor internacional del equipo de Lula, Marco Aurelio García,
rechaza completamente ese eventual triunvirato. “Si visitamos Estados Unidos no
significa que estemos en alianza con ellos”, responde durante su visita a La
Moneda ante una consulta de Ercilla.
¿Extrañará
Lagos la “fina sintonía” que mantenía con su amigo Fernando Henrique Cardoso?
Pareciera que no, ya que en la misma conferencia conjunta con Lula no dudó en
llamarlo un “viejo amigo que viene del Brasil profundo”.
Andrés Pérez González
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(RECUADRO) LA EXTREMA POBREZA DE UN GIGANTE
Ante la creciente demora en la designación del
equipo económico del próximo gobierno de Brasil, el nerviosismo de los mercados
ha ocasionado una nueva alza en la cotización del dólar (superando el pasado 5
de diciembre los 3,77 reales) y en el índice de riesgo país (1.677 puntos). En
ese contexto aparece un estudio del Instituto Brasileño de Geografía y
Estadística que indica que 54 millones de personas viven con menos del salario
mínimo mensual (equivalente a 27 dólares), representando al 31,8% de los 170
millones de habitantes. De ellos, unos cinco millones sobreviven sin ningún
tipo de remuneración.