Lula y Brasil
Las (des)ilusiones del poder
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Sabiéndose de antemano triunfador en la segunda vuelta presidencial, Luiz Inácio Lula da Silva no olvidó conjugar en sus últimos días de campaña dos verbos claves: "fortaleció" su proyecto político y "blindó" su programa gubernamental ante las grandes expectativas generadas en un periodo de graves dificultades económicas.
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Una semana antes de la segunda vuelta presidencial en Brasil, un editorial del influyente diario Folha de São Paulo puso las cosas en su lugar: si en un comienzo las posibilidades del oficialista José Serra fueron "escasas", en los últimos días de campaña éstas eran claramente "remotas".
En uno de sus recientes sondeos, la encuestadora Datafolha le otorgó a Luiz Inácio Lula da Silva –líder del aggiornado Partido de los Trabajadores (PT)– un 66% de las preferencias contra un 34% de Serra, candidato del saliente mandatario socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso. El margen de error del estudio correspondía al 2%.
Y es que sólo en este cuarto intento Da Silva tuvo las cosas a su favor. La moderación de su discurso fue de la mano de un abultado presupuesto de campaña. Si en 1998 –cuando Cardoso logró la reelección– la candidatura del PT reunió un millón de dólares, en esta ocasión ha superado los 12 millones de dólares. Aún así en el PT consideran "modesto" el presupuesto de campaña, al compararlo con los 15 millones de dólares que recolectó el aparato partidista de Serra.
FUGA DE CAPITALES
Pero la situación para el próximo residente en el Palacio de Planalto es más que desalentadora. Las reservas internacionales líquidas de la novena economía del mundo están por el suelo. Recientemente se informó que éstas superaban ligeramente los 17 mil millones de dólares, menos de la mitad de los más de 35 mil millones de dólares que Brasil tenía cuando Cardoso comenzó su primer periodo presidencial en 1995.
Otro ingrediente ha sido la extrema volatilidad del mercado financiero. Ante el temor de la llegada de Lula al poder, según Folha de São Paulo, los inversionistas extranjeros han retirado en los últimos tres meses unos 2.500 millones de dólares. A esto se agrega la devaluación del real que alcanza este año el 40%, y el peligroso índice de riesgo país que se ha empinado por sobre los dos mil puntos.
Las estadísticas continúan siendo reveladoras. Y desde los sectores de oposición –encarnados en la contienda presidencial por Lula– nadie vacila en acusar a Cardoso por lo que consideran una pésima gestión en sus ocho años de gobierno. De acuerdo a informes de la prensa local, el gasto público creció a un ritmo de 6% anual, aunque el aumento del PIB sólo bordeó el 2,4%. A pesar de que el saliente mandatario gastó más, la situación de los brasileños no mejoró. Incluso, el poder adquisitivo del salario promedio se redujo un 10% en relación a 1994.
Un estudio del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro reveló, además, el notorio incremento de las inversiones extranjeras en la última década, que llegaron a 14,8% en 1991, 26,4% en 1996 y luego 36,4% en 1999. Considerando sólo el sector industrial el salto fue de 36% a 53,5% en nueve años; el sector de servicios creció de 9,4% a 26,1%, y el bancario de 8% a 21,3%.
Con 170 millones de habitantes, este gigante sudamericano mantiene aún la cuarta peor distribución mundial del ingreso, contabilizando al menos 53 millones de pobres y una desigualdad que permite que el 10% más rico de su población acapare el 50% de la renta nacional y el 50% más pobre se quede sólo con el 10% de la restante torta.
Ante ese inquietante escenario, los artífices del programa de gobierno del PT prometieron generar diez millones de puestos de trabajo, aumentar el salario mínimo, retomar un crecimiento anual de un 5%, incentivando para eso las exportaciones, sustituyendo importaciones y reduciendo la considerable tasa de interés referencial que supera el 18%.
LA FORMULA
Parte del éxito de la candidatura de Lula y el avance arrollador del PT se debe a una estratégica e inédita alianza con el sector empresarial.
A juicio de la cientista política Eli Diniz –profesora en el Instituto de Economía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro–, la insatisfacción de algunos empresarios con la saliente administración Cardoso se debe a la indefensión y fragilidad que enfrentan principalmente los industriales brasileños, si bien ellos apoyaron las privatizaciones impulsadas en ese periodo y otras desregulaciones del sistema. Ese sector productivo denunció también la ausencia de canales formales de comunicación con el saliente gobierno.
El caso de Eugenio Staub no hubiera tenido mayor connotación si no dirigiera Gradiente, una importante empresa electrónica. Tras la primera vuelta del pasado 6 de octubre, Staub se hizo conocido por retirarle el apoyo a Serra y dárselo a Lula. Incluso ha sido mencionado como un eventual ministro de Economía.
Además del pragmatismo, otros hombres de negocios prefieren la prudencia. Miguel Jorge, vicepresidente ejecutivo del grupo Banespa Santander, no titubeó al desestimar el "riesgo Lula", declarando una semana antes de las elecciones que el mercado ya había asimilado el virtual triunfo del presidenciable del PT. El pasado 23 de octubre la Bolsa paulista protagonizó su segunda mayor subida del año y la tercera en esa semana, con una apreciación del 5,45%. La cotización del dólar tiende, a su vez, a la estabilidad al situarse en 3,9 reales.
Al respecto, Antonio Prado –coordinador del programa económico de Lula- aseguró en una entrevista aparecida en Folha de São Paulo que "el real está sobredepreciado y que tenderá a apreciarse en los próximos meses, debido al fuerte crecimiento del saldo comercial que continuaremos estimulando y a la caída del déficit de transacciones corrientes a niveles próximos al 1,5% del PIB, el que puede ser fácilmente financiado por inversiones extranjeras directas, empréstitos voluntarios y recursos del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo".
Sin embargo, es el mercado financiero internacional el que aún se resiste a ver con buenos ojos el ascenso al poder del ex dirigente sindical. Consultada por Ercilla, Eliane Cantanhêde –columnista y directora de Folha de São Paulo en la sede de Brasilia– asegura que Da Silva intenta revertir esa situación demostrando, por una parte, una amplia coalición política interna, con el apoyo de varios partidos, empresarios, banqueros y un sector importante de la sociedad. Y por otro lado, realizando vigorosas declaraciones de que no romperá contratos ni descuidará el equilibrio fiscal".
El pacto trabajo–capital, compuesto por la dupla de Lula y el millonario empresario José Alencar del derechista Partido Liberal, se presentó en sociedad en la misma Bolsa de Valores de São Paulo (Bovespa). Integrantes del equipo de Da Silva y algunos colaboradores provenientes del mundo financiero aseguraron que la elección de ese lugar no fue al azar. "Es para dejar sentado que cuando se habla de mercado de capitales estamos hablando de financiación de la producción y el empleo. Esto es posible y deseable en un gobierno popular para garantizar que el capital de riesgo pueda financiar un nuevo proyecto de desarrollo de la economía", expresó a la prensa el diputado petista Ricardo Berzoni.
Ese documento, dado a conocer a mediados de octubre en la Bolsa paulista, propone incentivar el desarrollo de fondos de pensiones como complemento a un sistema de seguridad social público y general. "El aumento del ahorro acumulado en estos fondos tendrá un papel importante en la financiación de la actividad productiva, a través de la participación significativa en el mercado de capitales, como ocurre en los principales países desarrollados", según el texto. Y agrega, respecto a la propuesta de reforma tributaria, que "el mercado de capitales debe ser visto como parte integrante del sistema productivo y, por consiguiente, la política tributaria debe tener en cuenta este aspecto estratégico del sector", proponiendo la ampliación de la base de contribuyentes, la simplificación de los instrumentos de recaudación y la redistribución de la carga.
El estratégico giro "a la derecha" del PT pretende –a juicio del coordinador del programa de gobierno Antonio Palocci– "atraer a amplios sectores, porque no estamos pensando únicamente en las elecciones, sino en establecer una sólida base de gobernabilidad".
La senadora Heloísa Helena, de la tendencia más radical del PT, ha criticado ácidamente "la actual capacidad camaleónica de los políticos, que provoca la envidia a cualquier reptil", denunciado lo que considera un comportamiento generalizado entre los dirigentes brasileños.
"NO HARE MILAGROS"
"No sé si podré hacer todo lo que tengo en la cabeza, pero pueden estar seguros de que comenzaré haciendo lo necesario, después haremos lo posible y luego llegaremos a lo imposible", expresó un victorioso Da Silva cuatro días antes de la segunda vuelta. "Sé que no les puedo fallar, pero tampoco puedo hacer milagros", agregó de inmediato.
En entrevista con Ercilla, Marco Aurelio García –fundador, ideólogo y encargado de los asuntos exteriores del PT– dice que están preparados para el complejo y difícil periodo que enfrentarán, "puesto que estaremos sometidos a presiones internacionales que fueron generadas por la política económica de Cardoso, que nos ha sometido a una vulnerabilidad extrema... Lamentablemente uno no elige el momento para ganar la elección. Nos hubiera gustado ganar en otras circunstancias, pero las perdimos".
"Una cosa es la campaña y otra ser gobierno", advirtió por su parte la periodista Eliane Cantanhêde en una columna en Folha de São Paulo, publicada el pasado 23 de octubre. A su juicio, Lula ha conjugado este año dos verbos claves en la política brasileña: "fortaleció" su proyecto político y "blindó" su programa gubernamental de las grandes expectativas sociales, en un periodo que Brasil enfrenta graves dificultades económicas. "En términos prácticos Lula sufrirá presiones" –puntualiza Cantanhêde–. "Del lado del capital que lo apoyó (específicamente) en estas elecciones, y del lado del trabajo que siempre lo ha apoyado. Porque la suma de ambas partes es imposible. Los dos sectores se tendrán que acostumbrar a las pérdidas, inclusive la pérdida de ilusiones".
Andrés Pérez González
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(RECUADRO) FIN AL CONSENSO DE WASHINGTON
El secretario de Comercio Exterior de Estados Unidos, Robert Zoelick, no tuvo pelos en la lengua para referirse a una eventual negativa de Brasil, presidida por Luiz Inácio Lula da Silva, para ingresar a la cuestionada Area de Libre Comercio de las Américas (Alca): "Si no quiere adherir al Alca, tendrá que exportar a la Antártica". También a mediados de octubre el subsecretario del Tesoro estadounidense, Kenneth Dam, aseguró que Washington ya contaba con un "plan de contingencia" ante una eventual moratoria de la deuda externa declarada por Brasilia (sólo la deuda externa del sector privado alcanza los 114 mil millones de dólares).
El polémico inversionista George Soros ve en el triunfo de Da Silva la "desintegración del actual sistema de globalización", si éste se decide a impulsar controles sobre el movimiento de capitales, los jugosos "capitales golondrinas" del cual Soros ha creado su millonario imperio.
Para muchos lo que ocurre no es más que el ocaso del llamado "Consenso de Washington" (expresión acuñada en 1989 para describir la política económica orientada desde las instituciones financieras internacionales a los gobiernos de América Latina). "Primero fue la elección de Hugo Chávez en Venezuela, luego la ruptura definitiva vino con la quiebra de Argentina", postula el profesor George Phillip de la London School of Economics.
El economista argentino Mario Rapoport estima, por su parte, que la estratégica apuesta por reincentivar la producción de Brasil puede transformarse en un "nuevo paradigma de gestión para América Latina". Pero como declara a Ercilla Eliane Cantanhêde, columnista de Folha de Sâo Paulo, Lula "no hará grandes revoluciones. Espero eso sí que constituya un dato importante en la discusión internacional sobre el futuro y la lucha contra la injusticia. El no personifica la ‘desintegración’ del actual sistema globalizado, sólo una revisión para mejor".
A.P.G