Atentados en Londres
Cuestión de tiempo
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Tras Nueva York, Washington y Madrid era el turno de la capital inglesa. La característica flema y tolerancia británica ya enfrenta brotes de islamofobia, más aún cuando todo indica que los autores directos de los atentados serían cuatro kamikazes musulmanes nacidos en ese país. ¿Hay señales de “guerra civil” en Europa?
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En el último tiempo, todo experimentado policía o jefe de los servicios de Inteligencia o ministro del Interior británico no dudaba en responder que la probabilidad de una acción terrorista era de un 100%.
Eso explica, en parte, la calma excesiva o el control con que Gran Bretaña encaró las explosiones que sacudieron, el pasado 7 de julio, tres estaciones de metro y desintegraron el segundo piso de un autobús, dejando más de medio centenar de víctimas fatales y unos 700 heridos.
La primera reacción de la policía fue anunciar intencionalmente que sólo se trataba de un desperfecto eléctrico en la red de transporte subterránea, para así evitar el pánico y asegurar la llegada de los servicios de emergencia.
El ataque –aparentemente perpetrado por cuatro atacantes suicidas británicos, tres de origen paquistaní y uno jamaicano, procedentes de la región de West Yorkshire– aguaba el jolgorio tras conocerse el día anterior la designación de Londres como sede de los Juegos Olímpicos de 2012 e interrumpía la agenda de la reunión de los líderes del G-8 (las siete naciones más ricas y Rusia), en la localidad escocesa de Gleneagles. Y hacía sólo una semana que Reino Unido había asumido la presidencia rotativa de la últimamente torpedeada Unión Europea.
El primer ministro, Tony Blair (quien había renovado dificultosamente su mandato hacía sólo dos meses), ha reconocido que la identificación de los cadáveres será una tarea lenta. Los rescatistas enfrentan la posibilidad de derrumbe del túnel de Russel Square, construido a fines del siglo XIX, y temperaturas que han superado los 60 grados. Eso sumado a la propagación de ratas.
Dos grupos islamistas reivindicaron luego el atentado: la autodenominada Organización Secreta de Al Qaeda en Europa y las Brigadas de Abu Hafs al Masri, el mismo grupo que se responsabilizó el año pasado por los atentados del 11 de marzo en Madrid.
Pese a las pistas que se dirigen a los cuatro dinamiteros, Scotland Yard sigue los pasos de los presuntos autores intelectuales del operativo terrorista, no descartándose la participación del sirio-español Mustafá Setmariam Naser y del marroquí Mohamed Al Garbuzi, quienes ya habrían participado en los atentados de Casablanca y en los de la capital española. Además, se calcula que una docena habría actuado como ayudistas.
MAS CONTROLES
“Cuando
tratan de intimidarnos, no nos van a intimidar. Cuando intentan cambiar nuestro
país o nuestro modo de vida, no vamos a cambiarlo. Cuando intentan dividir a
nuestra gente o debilitar nuestra resolución, no nos vamos a dividir y nuestra
resolución se va a mantener firme... no nos vamos a dejar aterrorizar”, fue la
enérgica respuesta de Blair, intentando infundir confianza entre los ingleses
y, de paso, rentabilizar políticamente la tragedia.
A
comienzo de año, el premier laborista había visto frustrada su propuesta
de ley antiterrorista que buscaba imponer más controles y la privación de
libertad de sospechosos de terrorismo, incluso en ausencia de pruebas
suficientes que posibilitasen una acusación formal. El Parlamento le dio
entonces un “no” como respuesta.
Como
consecuencia de estos atentados, la opinión pública defendería la reposición de
esa propuesta. Un sondeo de la encuestadora Populus, publicado en el
prestigioso diario The Times, detalla que un 89% de los consultados apoyaría el
aumento de medidas de seguridad, como revisión de bolsos y equipajes en el
transporte público; mientras, un 70% favorecía la aprobación de poderes extra
para los policías con el objeto de detener a “sospechosos” en la vía pública.
Blair
no dejará pasar el momento y ya ha anunciado que le solicitará a la Unión
Europea la controversial aplicación de controles de llamadas
telefónicas y correos electrónicos personales, para mantener hasta por un año
sus datos en archivo. Además, en el Parlamento se volvió a presentar un
proyecto para introducir un documento nacional de identidad biométrico de alta
tecnología.
No
obstante, el desafío de detectar militantes islámicos dispuestos a la acción es
extremadamente difícil. Expertos antiterroristas estiman en unos 10 ó 15 mil
los musulmanes, entre 1,6 millón que residen en Gran Bretaña (menos de un 4% de
la población), quienes ven con simpatía las acciones de Al Qaeda. De ellos,
unos 600 habrían sido entrenados, incluso, en campos extranjeros.
Atendiendo
las consultas de Ercilla, James O’Connell –profesor emérito del
Departamento de Estudios de Paz de la Universidad de Bradford, en West
Yorkshire– asegura que “no hay
una fórmula cerrada que evite ataques terroristas en Londres. La mejor
alternativa es acumular Inteligencia en los mismos grupos musulmanes y ayudar
más cuidadosamente a la situación social y psicológica de los grupos de
inmigrantes”. Por cierto, la familia de los presuntos atacantes suicidas eran
consideradas por sus vecinos como de inmigrantes “modelos”.
Tras
los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, las ya fortalecidas
leyes antiterroristas británicas han autorizado la detención de unas 800
personas. De ellos, sólo 121 han sido acusados judicialmente por crímenes
relacionados con el terrorismo yihadista, pero sólo 21 han recibido
condena.
La
eventualidad del inicio de una peligrosa “caza de brujas” es cierta, atendiendo
a un titular del rotativo británico The Independent, que advertía de los
primeros brotes de “islamofobia” consistentes en ataques incendiarios contra
algunas mezquitas.
Desde
Londres, el experto en asuntos militares y de seguridad Harlan Ullman –del
influyente Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington
(quien fue considerado el “ideólogo” de la invasión estadounidense en Irak con
su estrategia de “choque e intimidación”)–
declara a Ercilla que el problema es que “están envueltos no en
una guerra contra el Islam, sino con el Islam. Eso significa que dentro del
Islam hay movimientos tectónicos en curso. El Islam nunca ha experimentado una
reforma. El cambio está burbujeando. Pero el cambio puede ser para bien o para
mal. Estos ataques, cometidos presumiblemente por musulmanes nacidos en Gran
Bretaña, muestran que las causas del descontento no han sido tratadas y no
volverán a ser tratadas fácilmente. Es así que los ataques no terminarán,
aunque lo intentemos y seamos afortunados en detener unas cuantas operaciones”.
PROXIMO GOLPE
Para Manuel Coma, especialista del madrileño Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, es “indudable que las capacidades de Al Qaeda han sido mermadas con la pérdida de su base afgana y el acoso policial al que están sometidas en todo el mundo, pero la no repetición de un ataque de la magnitud del 11-S y el hecho de que no hayan vuelto a golpear en los Estados Unidos, cabeza de la coalición cruzado-judía, indica que en la necesidad que supone sus limitaciones han encontrado la virtud estratégica que lleva a limitar la respuesta de sus enemigos y a sembrar la división entre ellos”.
Es por eso que, en declaraciones a esta revista, Owen Greene –experto del ya mencionado Departamento de Estudios de Paz de la Universidad de Bradford– cree que “otro ataque es inevitable. La ubicación dependerá de complejas coincidencias de oportunidades y capacidades para estos grupos terroristas”. Eso es parte esencial de la imprevisibilidad de todo ataque que busque el terror.
Si Al Qaeda estaría dejando atrás la espectacularidad de sus acciones, girando hacia objetivos “blandos”, y si el último saldo de víctimas fatales no superaría el tercio de las del atentado de Madrid, es probable que un operativo aún menor pueda, por ejemplo en Italia, captar la misma atención mediática y tenga inclusive mayores consecuencias políticas.
Siguiendo a The Economist, “aunque los servicios de seguridad británicos cuenten con poderosas facultades antiterroristas y Londres posea el mejor plan de contingencia en el mundo para encarar tales incidentes, el sistema de transporte, como cualquier otra gran ciudad, seguirá altamente vulnerable. Es prácticamente imposible prevenir que atacantes resueltos acarreen explosivos a trenes o buses, y ninguna planificación o medida de seguridad eliminará por entero ese riesgo. Los londinenses entienden eso y saben, al igual que los servicios de seguridad, que era sólo una cuestión de tiempo hasta que algo horrible ocurriera”.
Probablemente, la sorpresa es que no haya sucedido antes.
Andrés Pérez González
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(ENTREVISTA)
SIMON REEVE, ANALISTA BRITÁNICO: “IRAK SE HA CONVERTIDO EN EL MOTOR PRINCIPAL DEL TERRORISMO INTERNACIONAL”
Ya en 1998 su best seller The New Jackals: Ramzi Yousef, Osama bin Laden and the future of terrorism anunciaba una nueva era de terrorismo apocalíptico, al estilo de los atentados perpetrados luego contra las Torres Gemelas y el Pentágono en Estados Unidos. Desde Londres, Simon Reeve –galardonado periodista de investigación británico, cuyos documentales aparecen en la BBC– evalúa para Ercilla los alcances de las acciones terroristas que sacudieron la capital inglesa:
¿Cuál es el mensaje detrás
de los recientes atentados en Londres?
- Es un intento de golpear con miedo y terror, asesinando cuanta gente sea posible. Partidarios de Al Qaeda han dicho que lanzarán más ataques en Gran Bretaña, debido al apoyo a Estados Unidos en la “guerra contra el terror” y porque hay tropas británicas en Irak.
¿Se pudieron haber evitado
esos ataques? ¿Cómo?
- Los ataques en Londres se pudieron haber evitado si la policía y los servicios de Inteligencia británicos fueran capaces de detectar la presencia de pequeñas bandas de terroristas. Pero encontrarlos y detenerlos hubiera sido extremadamente difícil. En los años recientes ha habido varios intentos de terroristas por desplegar ataques en el Reino Unido, pero la policía ha sido capaz de detenerlos. Mientras la policía necesita tener suerte cada vez para prevenir un atentado, los terroristas sólo necesitan tener suerte una vez.
¿Se evidencia alguna nueva
estrategia en estos grupos islámicos? ¿Ha surgido quizás una “nueva Al Qaeda”?
- No, creo que estos ataques fueron cometidos por individuos que son partidarios de Osama Bin Laden, pero que nunca se han encontrado con él ni han sido entrenados en los otrora campos del terror de Al Qaeda en Afganistán. En los últimos años, Al Qaeda ha pasado de ser una organización con base en Afganistán a un estado mental global, una forma de pensar. Eso es mucho más peligroso, porque significa que gente que no ha tenido contacto directo con Bin Laden es capaz de organizar atentados. Ellos sólo requieren el compromiso.
¿Es actualmente Europa el
principal objetivo para Al Qaeda, luego del 11-S? ¿Por qué?
- Al Qaeda y sus simpatizantes aún preferirían atentar en Estados Unidos y es muy probable que en estos momentos estén planificando uno. Pero Europa ha sido más bien un “objetivo de oportunidad”.
¿Es posible algún tipo de
“guerra civil” en el Viejo Continente?
- No creo que exista riesgo de “guerra civil” en Europa entre una mayoría cristiana y una minoría musulmana, que viven en países como Holanda, Gran Bretaña, Alemania, Francia y España. Nadie quiere que eso suceda. No obstante, existe un riesgo de aumento de tensiones entre comunidades. Dependerá de ambos lados de que eso no ocurra. Los musulmanes en Europa deben reconocer que se ocultan extremistas en sus filas, y la mayoría de la población debiera reconocer que hay cuestiones políticas, como la crisis árabe-israelí, que impulsan a hombres jóvenes hacia los grupos terroristas. Y esto debe ser tratado.
¿Quién está ganando, por
ahora, esta peligrosa “guerra”?
- Creo que el Presidente Bush ha manejado pésimamente la “guerra contra el terror”. El público estadounidense fue muy tonto al apoyar a un presidente sin antes hacerle preguntas difíciles. Él los ha conducido a una importante crisis en Irak que se ha convertido en el motor principal del terrorismo internacional. Cientos de jóvenes musulmanes están viajando a Irak a pelear contra las fuerzas estadounidenses y británicas. Muchos de ellos morirán ahí. Pero otros regresaran a sus propios países a perpetrar ataques. La Administración Bush fue advertida de que eso ocurriría (...) Sin un trabajo inmediato para resolver estos importantes asuntos globales, como los corruptos regímenes en Medio Oriente o la crisis árabe-israelí, los partidarios de Al Qaeda ganarán..
A.P.G.