Chilenos víctimas de Katrina

Historias de huracanes

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Tras la devastación muchos de los connacionales avecindados hace décadas en Nueva Orleans no descartan preparar las maletas y regresar a su tierra natal. Otros saben que fueron afortunados al sobrevivir.

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Luis Contreras dice que la furia de un huracán no tiene comparación. Él vivió en 1960 el terremoto de Valdivia y asegura, tras el paso de Katrina, que el movimiento telúrico “uno lo puede capear saliendo al descubierto. Pero aquí si sale al descubierto, el viento se lo lleva”.

Su opción fue quedarse en su residencia y enviar a su familia a Texas. Para su fortuna, la tormenta no pasó cerca de su propiedad, ubicada en las afueras de la hoy devastada Nueva Orleans, que llegó a estar en un 80% anegada luego de que la tormenta golpeara el pasado 29 de agosto los sureños estados de Louisiana, Mississippi y Alabama.

Por su parte, Misael Jiménez –quien reside hace 33 años en Louisiana y mantuvo también en máxima tensión a sus familiares en Chile durante los primeros días de la tragedia– había decidido partir junto a su familia al norteño estado de Arkansas. Dice que al regresar “traté de ponerme en contacto, pero las comunicaciones estaban malas. Entonces, el domingo (4 de septiembre) en la mañana, logré comunicarme con mi familia en Chile. Ellos ya me habían dado por desaparecido. Gracias a Dios que por arrancar, me salvé”. Jiménez echa de menos su natal Iquique. Su casa en la siniestrada ciudad está en venta.

Y es que el huracán Katrina golpeó fuerte y ha dejado una huella difícil de borrar para quienes, en ese momento, estuvieron en ese punto de la costa estadounidense del Golfo de México.

“¡Monito soy yo, tengo un bote y voy camino a Detroit!”, bromeó Mario Alberto Quezada Torres (52), oriundo de Talcahuano, al lograr telefonear brevísimamente a su hijo Mario Henry Quezada, residente en Houston (Texas), luego de haber estado cinco días desaparecido.

Así fue que su ex esposa, Thelma William, se contactó con sus familiares en Talcahuano y supieron que fue trasladado a Arkansas junto a su actual pareja y un grupo de siete vecinos del barrio Jefferson Parish. Según el relato de su hijo, Quezada Torres perdió todo, incluso a su perro cuando eran rescatados por un helicóptero.

A otros chilenos no les quedó otra alternativa que presenciar el azote de Katrina en el hotel Hilton Riverside. Ese fue el caso del doctor Fernando Lazo y la enfermera María Eugenia Orellana, quienes asistían en esos días a un congreso profesional. Sobrellevaron el huracán encerrados en uno de los baños del hotel y reconocen que en más de una oportunidad dudaron de salir airosos de la tragedia. No sabían qué hacer.

Orellana vivió además la violencia desatada por la tragedia: “Era peligroso, nos llevaron finalmente en bus a Dallas y estaban apedreando los buses... teníamos que salir con cuidado, la gente estaba muy alterada. Había gente con armas y muchos disparos”.

El doctor Lazo describió, también a su llegada, que Katrina “fue como un ruido grande con un viento fuertísimo. Es bien extraño, una cosa muy grande. Después se calmó, pudimos salir de los baños, nos asomamos a los pasillos, nos quedamos ahí un rato y luego empezó a llegar mucha gente de afuera al hotel, con camas, colchones, que traían de sus casas, así es que el hotel se abarrotó”.

Agrega que ilusoriamente pensaron que por tratarse de Estados Unidos, el país más poderoso del planeta, este desastre se enfrentaría eficazmente en unos cuantos días. “Pero después fue empeorando día a día y no podíamos salir del hotel y luego empezó a escasear la comida, el agua, no teníamos comunicación absolutamente con nadie –reconoce este profesional médico–. En ese momento empezamos a angustiarnos un poco, por esa incomunicación y por la parte de la alimentación, que estaba empeorando y efectivamente eso fue lo que pasó. El miércoles nos avisan que el hotel colapsó, que no hay nada de nada: no hay agua, comida, nada”.

Al cierre de esta edición y de acuerdo a fuentes de Cancillería consultadas por Ercilla, a cuarenta asciende el número de chilenos localizados y se estima en unos 200 los que han sido evacuados desde Nueva Orleans a Houston. El gobierno de Ricardo Lagos dispuso que el consulado distribuya entre ellos cien mil dólares como ayuda de emergencia, debido a las precarias condiciones en que debieron abandonar sus hogares.

 

ANGUSTIA

 

Hace 20 años atrás, la hija de la señora Marcelina Flores (86) partió junto a su marido a Estados Unidos en busca de mejores condiciones económicas. En ese momento tenían tres hijos, que ascendieron luego a nueve. Tras dejar Pudahuel, establecieron Nueva Orleans como residencia final, bastante cerca del río Mississippi. Y fue allí donde la familia Narbona enfrentó la furia del huracán.

Después de más de una semana de espera, la señora Marcelina y su hijo Héctor comunicaron al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile su angustia y le solicitaron ayuda para encontrar a su hija, nietos y yerno. En la Cancillería anotaron los antecedentes y les pidieron paciencia, ya que gran parte de la zona afectada seguía en el más absoluto desorden y sin comunicación ni electricidad.

Según relata a esta revista, hacía sólo dos meses atrás que la señora Marcelina había dejado a su hija Miriam, tras pasar seis meses junto a ellos en lo que era la tercera vez en esas dos décadas que viajaba a la ciudad cuna del jazz.

“El último contacto lo tuvimos el domingo antepasado (28 de agosto), pero la comunicación era pésima. Ni siquiera pude saber si mi hija se iba quedar en su casa o se iba a algún albergue”, relató la señora Marcelina ya al borde de la desesperación.

Afortunadamente, los Narbona Barriga sobrevivieron al arrollador paso del huracán, ya que se refugiaron en un hotel. Creyendo que la situación no había sido tan dramática en su barrio, regresaron a casa. El primer piso estaba completamente inundado.

Luego con sus propios medios intentaron salir de la siniestrada Nueva Orleans para dirigirse a Houston. El trayecto les demoró cerca de 24 horas. La odisea quedó registrada desde un comienzo en una cámara de video.

 

“ESTABA SOLA”

 

La odontóloga Pamela Vásquez (38) tuvo que interrumpir inesperadamente el posgrado en Salud Pública que concluía en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans. Tres estar inubicada durante tres días, Vásquez contó su tragedia a través de las cámaras de la cadena estadounidense Fox News. “Sólo quería que supieran que estoy bien, háganles saber por favor a mi papá, a mi mamá, a mis tres hijos y a mi marido”, les pidió a ese equipo periodístico que halló en el Superdome, el estadio techado de esa ciudad, que sirvió de refugio provisional a miles de damnificados.

La profesional relató: “Me quedé en mi departamento, nunca pensé que (el huracán) iba a ser tan, tan grande. Pasé la noche ahí y al día siguiente comenzaron las inundaciones. No supe qué hacer, me subí al techo. Los helicópteros me vieron, pero pasaron. Entonces me metí al agua y casi me ahogo, porque me llegaba hasta el cuello”.

Agregó Vásquez que estuvo tres días en el techo del edificio, hasta que decidió salir por sus propios medios. Recién el pasado 2 de septiembre, dos hombres pasaron en un bote y le ofrecieron llevarla al Superdome, pero –según ella– tomaron la ruta equivocada. Por esa razón, decidió dirigirse a nado al estadio: “Yo llegué aquí, tratando de encontrar qué hacer, encontrar a alguien. No tenía comida ni agua ni amigos. Estaba sola”.

Prontamente, el esposo de la dentista viajó a Houston para estar junto a su mujer y coordinar el regreso al país. Vásquez ha dicho que quiere relajarse luego de lo ocurrido, aunque sí ha aprovechado de criticar el manejo del siniestro por parte de las autoridades estadounidenses: “Yo no vi mayor organización los días que estuve sola, nadie pasó a decir nada. No había botes, no vi policías, no vi nada. La verdad es que por eso estaba tan perdida en el techo, no entendía qué hacer y por eso me fui al refugio”.

A.P.G.

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