Japón
¿Regreso del militarismo?
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El gobierno nipón se siente
amenazado por el régimen norcoreano, que en tan sólo diez minutos puede dejar
caer un misil en cualquier ciudad del archipiélago japonés. El pacifismo
constitucional puede llegar a su fin.
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Japón intenta jugar internacionalmente a dos bandas. El pacifismo estipulado en su Constitución política –vigente luego de Hiroshima y Nagasaki, y el término oficial de la Segunda Guerra Mundial– ha tenido en la última década una fuerte presencia al sumarse al emergente concepto de “seguridad humana” (tendiente a la protección del individuo más allá de soberanías nacionales), en contraste con el tradicionalista y estatal término de “seguridad nacional”. Es así que en los últimos cuatro años el Estado nipón ha desembolsado nada menos que alrededor de 161 millones de dólares destinados al Fondo de Naciones Unidas para la Seguridad Humana.
Pero, por otra parte, el gobierno del conservador Junichiro Koizumi ha intentado por todos los medios reformular el actual reglamento constitucional, que impide la participación de tropas del archipiélago en conflictos bélicos fuera de su territorio, insistiendo en un carácter preventivo dentro de las Fuerzas de Autodefensa.
Según el rotativo Tokyo Shimbun, el gobierno ya tiene decidido crear un grupo de reacción rápida para actuar incluso en otros países, como por ejemplo en operaciones de imposición de la paz (posibilitadas de acuerdo al capítulo siete de la Carta de Naciones Unidas). Éste quedará establecido en marzo de 2006 y estará compuesto por un millar de efectivos altamente capacitados y por unos 200 comandos entrenados para el despliegue en el exterior.
ESTRATEGICA ALIANZA
Una esperada polémica se desató cuando Koizumi quiso ir más allá en su estratégica alianza con Estados Unidos, enviando a 550 soldados a participar de la ocupación extranjera en Irak.
Por lo demás, las autoridades niponas están aún evaluando una propuesta para trasladar el cuartel general del primer cuerpo del Ejército estadounidense desde Washington a la base de Camp Zama, en la provincia de Kanagam, según el diario local Mainichi Shimbun.
En esa misma dirección, Japón le reitera su propuesta a Estados Unidos
para que desarrollen en conjunto un sistema antimisiles que contrarreste la
permanente amenaza de Corea del Norte y el ascendente poderío de China.
Pyongyang, por ejemplo, ha manifestado que en tan sólo diez minutos puede golpear cualquier ciudad
japonesa.
De acuerdo a
especialistas, esa medida podría desatar una carrera armamentista y tensar el
siempre precario equilibrio en Lejano Oriente.
Al parecer, la opinión pública local se mantiene dividida ante la aceptación de esa nueva política de Defensa, enmarcada en un ya revisado Esquema del Programa de Defensa Nacional que integrará los controvertidos elementos propios de la “guerra contra el terrorismo”: unilateralismo estadounidense y guerras preventivas.
Según Masashi Nishihara, presidente de la Academia Nacional de Defensa, ya no resulta realista “permanecer anclados en principios únicamente defensivos. Es absurdo decir ‘reaccionaremos cuando nos ataquen’, cuando estamos en una incertidumbre total frente a los ataques terroristas”.
Este paso a la ofensiva en asuntos militares ha contado, además, con el influjo del debutante Yoshinori Ono, quien está desde fines de septiembre pasado a cargo del ministerio de Defensa.
Por lo demás, las anteriores medidas se inscriben dentro de las recomendaciones hechas por una comisión ideada por el gobierno en abril pasado (con participación de diplomáticos, académicos y empresarios), y que llamó a reformar el artículo noveno de la Constitución japonesa, que estipula nada menos que la renuncia al uso de la fuerza como medio de solución de conflictos.
Una lectura cíclica de la historia nos permitiría concluir que Japón pavimenta el camino a su propio ocaso, al igual como ocurrió con sus trasnochados kamikazes y todo el influjo militarista propio de los años treinta del pasado siglo. Pero esa advertencia resulta aún apresurada. Ciertamente la actual y turbulenta transición hacia un potencial Nuevo Orden Mundial depara nuevos conflictos. Sin duda, Japón puede protagonizar al menos uno de ésos.
A.P.G.