Primarias en Estados Unidos

La carrera contra Bush

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John Foster Kerry ya se comporta como presidente. Levantando la bandera del pragmatismo político, este nuevo JFK ha conseguido dos importantes victorias al inicio del proceso de primarias para elegir al abanderado del Partido Demócrata. Su más cercano contrincante, el sui generis Howard Dean, pareciera que se ha desinflado.

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Dicen que el proceso de las primarias en Estados Unidos –para elegir al contrincante demócrata de George W. Bush– se asemeja a un gran bazar político en el que los candidatos ejercen de agresivos vendedores. Así testimonia al menos el enviado especial del rotativo catalán La Vanguardia, Eusebio Val, para quien “tan importante como el producto, el programa, es la personalidad del vendedor”.

Y no está tan alejado de la realidad, considerando que el marketing electoral en Estados Unidos tiende a centrarse en el temperamento de los contendores y en las proezas que han realizado en sus vidas.

Este profesional de La Vanguardia recoge, además, que al asistir John Foster Kerry –quien casualmente comparte las iniciales del malogrado J. F. Kennedy y cuenta con el apoyo de ese influyente clan– a un acto en Nashua (New Hampshire) no le soltó la mano a su multimillonaria esposa, Teresa Heinz. Inclusive, un hijastro del abanderado entretuvo a los asistentes con una imitación de Arnold Schwarzenegger.

Otro contrincante, John Edwards, también viaja junto a su mujer y una hija. El centrista Joe Lieberman no deja de abrazar a su esposa, Hadassa; mientras que la mujer del ex general Wesley Clark, Gertrude, intenta explicarle a la audiencia por qué su esposo merece tomar el puesto de Bush en la Casa Blanca.

Por su parte Howard Dean, el más “izquierdista” de los postulantes, ha debido transar, echando pié atrás a su inicial intención de evitar una sobreexposición de su mujer. A eso se agrega la permanente compañía de su madre, que lo ayuda a “templar” su imagen de “radical”.

Así las cosas, y siempre de acuerdo a Eusebio Val, los precandidatos hacen un esfuerzo por “venderse a sí mismos, comportándose como quienes son entrevistados para un empleo”. Y es que la estrategia electoral de estos aspirantes a la presidencia no es otra que captar el favoritismo de los indecisos e independientes.

El politólogo Thomas Schuman, de la Universidad de New Hampshire, reconoce a Ercilla que “el votante puede simplemente recordar que ese candidato lucía bien, sonaba bien o hizo algunos comentarios de improviso que sintonizaron con sus preferencias personales. No hay duda de que un elemento del éxito de un político en Estados Unidos depende simplemente de su ‘afinidad’”.

 

SUCESIVAMENTE

 

Las primarias de New Hampshire, realizadas el pasado 27 de enero, estuvieron antecedidas por la caída de seis puntos en la aprobación de Bush. Ni siquiera la evidente recuperación económica interna ni la captura de Saddam Hussein evitaron el primer revés en las encuestas para este polémico gobernante republicano.

De acuerdo al sondeo encargado por Newsweek, el 52% de los estadounidenses no quiere que Bush continúe al mando de la administración más poderosa del planeta. La consulta arrojó, además, que Kerry obtendría un 49% de las preferencias contra un 46% de Bush, si los comicios presidenciales se hubieran realizado recientemente. Paradójicamente, nada menos que el 78% de los electores piensa que el actual mandatario –que ha llevado a los estadounidenses a la guerra en Afganistán y en Irak– ganará el próximo 2 de noviembre.

Pero este nuevo JFK sabe aparentemente lo que hace. Y los sucesivos y holgados triunfos en las primarias de Iowa (el pasado 19 de enero) y New Hampshire, han significado un claro espaldarazo para su campaña. Kerry espera mantener esa misma sonrisa en los próximos “caucus” (asambleas partidistas), que se realizarán este 3 de febrero en siete estados: Arizona, Delaware, Missouri, Oklahoma, Carolina del Sur, Nuevo México y Dakota del Norte. Presumiblemente, la nominación demócrata no se resolverá antes del “supermartes” del 2 de marzo, cuando se dilucidará en las primarias de once estados, entre éstos California y Nueva York.

“Es una victoria enorme”, declaró el bien posicionado Kerry tras obtener un 39% en New Hampshire, seguido por Dean con un 26% de las preferencias. De ese modo, el senador por Massachusetts sumaba 13 delegados a los 17 obtenidos en Iowa; mientras, el ex gobernador de Vermont agregaba 9 delegados a los 7 ya conseguidos en el primer “caucus”. Y es que esta contienda pareciera desenredarse entre Kerry y Dean.

A la Convención Nacional Demócrata, programada para fines de julio en Boston, están convocados cuatro mil miembros. De ahí la importancia de las restantes primarias que cerrarán el número de participantes.

Todo indica que el pragmatismo político vuelve a consagrarse en el electorado estadounidense. “Los demócratas están escogiendo al candidato más elegible”, puntualiza a Ercilla el especialista electoral Larry Sabato.

 

JFK SIN CARISMA

 

La estrategia de Kerry se basa en su condición de condecorado ex combatiente de Vietnam y en su experiencia en temas nacionales e internacionales, acumulada en sus casi veinte años en el Senado. Por eso, aduce reiteradamente, conoce los vericuetos de Washington.

Pese a haber votado a favor de la guerra de Irak, este hombre de la alta política –quien ya se maneja como futuro presidente de la hiperpotencia– arguye que Bush “rompió sus promesas (...) y presentó una gran cantidad de exageraciones, distorsiones y engaños” (ver recuadro).

Luego de titularse como abogado en la Universidad de Yale, en 1966, decidió ingresar a la Marina. Tras su paso por Vietnam, optó por la causa pacifista, coincidiendo con John Lennon en varias manifestaciones contra la guerra. Recientemente, The New York Times no dejó pasar el hecho de que en una entrevista efectuada en 1971 al programa 60 Minutes de la cadena CBS, aseguró que no quería ser presidente de Estados Unidos.

En declaraciones a Ercilla, el cientista político Lawrence Reardon, también de la Universidad de New Hampshire, reitera que la primera ventaja política de este candidato es “su historia de vida... Siendo un héroe condecorado en la Guerra de Vietnam, él desacredita el reclamo de los republicanos respecto a que los demócratas son ‘liberales sin determinación’, que no saben luchar. En concreto, plantea preguntas sobre la calificación militar de los miembros de la actual administración Bush, cuya gran mayoría jamás cumplió servicios en Vietnam o tuvo algún tipo de ayuda interna que le permitió escabullirse de esas tareas”.

Pero la prensa local se ha encargado de advertir que el principal obstáculo que pesa sobre Kerry es que hace 44 años que un senador en ejercicio no alcanza la presidencia. J. F. Kennedy fue el último que logró esa proeza, siendo también congresista por Massachusetts. Las similitudes llegan a tal nivel que no faltan los que, incluso, resaltan el parecido físico con el asesinado mandatario.

Pero Kerry no la ha tenido fácil. Su campaña no prendió hasta el mismo inicio de los “caucus”, habiendo estado siempre detrás de lo que en su momento se llamó el “fenómeno Dean”.

El ya mencionado experto Lawrence Reardon hace hincapié en que “la primera decisión estratégica de Kerry fue haber cambiado a su encargado de campaña y a otros personajes claves en su equipo. Después de eso, hubo varios cambios sutiles y otros no tan sutiles: un nuevo corte de pelo, apariciones en televisión conduciendo motos o volando helicópteros. Pero lo más importante es que Kerry encontró su propia voz. En un comienzo sus presentaciones no eran inspiradoras... quizás se debía a su tiempo en el Senado o porque se estaba recuperando de una operación a la próstata”.

 

EL DESGASTE DE DEAN

 

A Howard Dean le ha tocado cargar con el mote de “bicho raro”. No obstante autodefinirse como “centrista” y resaltar su preocupación por el equilibrio presupuestario, la salud, educación y los derechos de los homosexuales. Probablemente lo que más sigue sacando de quicios a sus detractores en su propio partido, es que se vanagloria de no provenir de las altas esferas del poder en Washington.

“Habiendo sido pulverizado por una prensa que no le agradaba mucho y derrotado por un grupo de oponentes demócratas determinados a desbancarlo, Dean ha probado el peso de llevar inicialmente la delantera”, manifiesta el ya citado experto electoral Larry Sabato.

El politólogo Lawrence Reardon comparte ese juicio y advierte, ante las consultas de nuestra revista, que este precandidato no ha sido “lo suficientemente sobrio para ser presidente”. Y puntualiza que Dean tampoco ha sido capaz –hasta el cierre de esta edición– “de reenfocar su campaña, que es vista por muchos como centrada exclusivamente en su oposición a la guerra”.

Pero Dean no da el brazo a torcer y critica, sin cesar, el desempeño legislativo de Kerry, acusándolo de “equivocarse dos veces, al votar en 1991 contra la guerra y en 2003 a favor, exactamente al revés de lo que yo he hecho”.

No es menor, eso sí, que Dean tiene a su favor la mayor recolección de fondos para esta campaña. El año pasado se situó a la delantera de los aspirantes demócratas con la sideral cantidad de 40 millones de dólares, seguido únicamente por Wesley Clark –la apuesta de Bill Clinton– con 10 millones reunidos en el último trimestre. J. F. Kerry debió hacer uso de su fortuna personal, según la prensa estadounidense, desembolsando unos 2,5 millones en ese mismo periodo.

 

BLOQUE ANTI-BUSH

 

Pero los pragmáticos demócratas saben que su opción sólo prosperará si, una  vez conocido el nominado, se reagrupan en un bloque anti-Bush.

En su estilo, el mencionado Larry Sabato no deja en segundo plano que el actual mandatario “haya sido aguijoneado, golpeado y pulverizado por sus oponentes demócratas, la prensa, la depresiva condición laboral, la muerte de más soldados estadounidenses en Irak y la insistente ausencia de armas de destrucción masiva... La unidad de los demócratas opositores a Bush ha hecho de esta campaña una sinfonía más que una cacofonía, construyendo progresivamente ese fervor anti-Bush”.

Así, las intenciones de reelección presidencial de este controvertido ex gobernador de Tejas pueden volvérsele cuesta arriba. De acuerdo a la Oficina Presupuestaria del Congreso, Estados Unidos registrará en 2004 un nuevo déficit presupuestario récord de 477 mil millones de dólares, que constituye un 4,2% del producto. Esa misma dependencia precisó que los estimados 69 mil millones de dólares, presupuestados como ganancias petroleras de Irak entre 2004 y 2007, serán insuficientes para la reconstrucción de la era post Saddam.

Sin embargo, el también citado politólogo Thomas Schuman manifiesta a Ercilla que “será extremadamente difícil que un candidato demócrata supere la amplia popularidad de este presidente, dado los pequeños logros en economía interna y en la ‘guerra contra el terrorismo’. Los observadores ocasionales tienden a olvidar que, por lo general, los votantes estadounidense son relativamente conservadores”.

Los pronósticos definitivos siguen siendo arriesgados. Y probablemente conviene seguir el consejo del director de la revista Foreign Policy, Moisés Naím, quien prefirió citar las palabras del estadista chino Chu En-lai, brazo derecho de Mao. Este, al ser consultado en su oportunidad por las consecuencias políticas de la Revolución Francesa, sólo atinó a decir que era “demasiado pronto para dar una respuesta”. Ya se ha visto que en las elecciones presidenciales en Estados Unidos también.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)            ¿CUALES ARMAS DE DESTRUCCION MASIVA?

“La respuesta a esa pregunta es que todavía no sabemos”, respondió Colin Powell, el díscolo secretario de Estado estadounidense, al consultársele su opinión sobre las declaraciones del recién renunciado jefe de inspectores de armamento de Estados Unidos en Irak, David Kay, quien ha asegurado que el bullado armamento de destrucción masiva del otrora régimen de Saddam Hussein no existe.

Powell prosiguió, el pasado 25 de enero, aduciendo que “teníamos preguntas que necesitábamos aclarar”.

The New York Times profundizó en los dichos del mencionado Kay. Según su testimonio, la Agencia Central de Intelligencia (CIA) y otros servicios de seguridad estadounidenses no se dieron cuenta de que los científicos iraquíes presentaron a Saddam programas armamentísticos ambiciosos pero irreales, y que usaron el dinero para otros propósitos. Además, reiteró Kay, los datos que manejaban esas agencias correspondían a 1991, durante la Guerra del Golfo. El pasado 29 de enero, la influyente asesora de Seguridad de la administración Bush, Condoleezza Rice, reconoció implícitamente que la Inteligencia era defectuosa.

A.P.G.

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