Irak post Saddam

¿Qué quiere Estados Unidos?

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Aunque el Pentágono ha reconocido que la ocupación de Irak durará “el tiempo que sea necesario”, tímidamente surgen voces críticas al interior de la misma administración Bush. Y es que el descontento de la población árabe adquiere ribetes de un latente polvorín. La guerra civil en Irak no está descartada, y puede poner en jaque la pax americana.

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La autoflagelación y las bulliciosas consignas contra Estados Unidos dieron el comienzo a un Irak sin Saddam Hussein. Aprovechando cierta libertad de expresión, una inusitada manifestación religiosa chiíta –que representan al 60% de los 24 millones de iraquíes– se tomó las calles de la sagrada ciudad de Karbala, el pasado el 22 y 23 de abril, rememorando la muerte en esa misma localidad de un nieto del profeta Mahoma. Si el extinto jerarca aún hubiera controlado el país, la peregrinación habría sido prohibida o, al menos, duramente reprimida. Pese a todo, ésta no estuvo ajena a actos sangrientos, pero éstos provinieron de los mismos participantes.

Los asistentes tampoco ocultaron su malestar contra la presencia estadounidense en su territorio, acusando a las tropas extranjeras de arrestar a uno de sus líderes, el ayatolla Mohammed Al Fartusi, cuando se dirigía a Karbala. “Estas demostraciones públicas son para expresar el poder chiíta a los estadounidenses”, aseveró Abdul Mahdi al Karbalai, máximo representante local de esa colectividad musulmana. “Si realmente Estados Unidos quiere a Irak, tendría que dejarnos a nuestra suerte. Si realmente es un liberador, no nos debería imponer un gobierno”, manifestó el clérigo.

Las crecientes demandas de la población iraquí no han pasado desapercibidas en la Casa Blanca. Funcionarios de la misma administración Bush reconocieron a The Washington Post que “habían subestimado la fuerza organizacional chiíta y que no estaban preparados para prevenir el auge de un antiamericanismo, de un gobierno fundamentalista islámico en ese país”, según una nota aparecida el pasado 23 de abril.

Tanto así que el mismo comandante de las fuerzas terrestres en Irak, teniente general David McKiernan, se vio obligado a explicitar que “solamente la coalición tiene la autoridad absoluta en Irak”. Advirtió, por lo demás, que quien desoiga esa instrucción estará sujeto a detención.

“No queremos permitir que el fundamentalismo persa gane terreno. Queremos encontrar un clérigo más moderado y moverlo a posiciones de influencia”, reconoció otra fuente en Washington al mismo periódico.

Esos acontecimientos dejaron algo preocupado a Jay Garner (ver recuadro), máximo representante civil de Washington en  Bagdad. Sólo tres días después de un poco entusiasta recibimiento al ingresar a territorio iraquí, el jefe de la Oficina de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria (ORHA, por sus siglas en inglés) vio incluso la intervención del vecino régimen de los ayatollas. “Ellos estaban bien organizados. Creo que hay mucha influencia de Irán”, declaró el pasado 24 de abril a la prensa internacional estacionada en Bagdad.

 

¿DEMOCRACIA O TEOCRACIA?

 

Anteriormente, el propio Donald Rumsfeld, secretario de Defensa estadounidense, había aclarado que un gobierno democrático propicio para Irak no se acercaba al modelo iraní. “Creo que un gran número de personas en Irán siente que el hecho de que un pequeño grupo de clérigos determine lo que ocurre en ese país, no es la idea de cómo les gustaría vivir”, manifestó este influyente personero, sindicado como el artífice de una aparentemente exitosa reestructuración en el Pentágono.

De todos modos, la “amenaza” integrista sigue latente. El enviado del Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak, Abdelaziz al Hakim, aseguró que “primeramente optaremos por un sistema político nacional, pero eventualmente la población iraquí buscará un sistema republicano islámico”. Esto sería presuntamente a imagen y semejanza de Irán, país también constituido por una mayoría musulmana chiíta.

Pero este grupo proiraní tiene también sus detractores entre los mismos iraquíes. Hay quienes los acusan de “traidores” por haber elegido el exilio. Por otra parte, el inestable clima interno quedó aún más caldeado entre la población chiíta tras el asesinato, el pasado 10 de abril, de dos líderes religiosos que mantenían presuntos lazos con Washington y Londres.

A juicio de David Ignatius, columnista de The Washington Post y enviado especial a Bagdad, “en este frágil momento de posguerra, se necesita una clara estrategia estadounidense. Si (el cuestionado líder del Congreso Nacional Iraquí, Ahmed) Chalabi es el hombre, eso debiera quedar claro para los iraquíes. Si el gobierno estadounidense no lo apoya, eso también debería quedar claro. La confusión no puede continuar. Esta es peligrosa”.

Es por eso que el politólogo Stephen Zunes, de la estadounidense Universidad de San Francisco, estima –al ser consultado por Ercilla– que existe “una real posibilidad de una guerra civil de baja intensidad entre distintas facciones (sunnitas, chiítas, kurdos, cristianos, entre otras) en áreas urbanas mezcladas”.

Desde Washington, y en contacto con esta misma revista, el experto en asuntos militares Daniel Smith cree que ese escenario es posible cuando “los efectivos estadounidenses dejen Irak o después de la instalación de un nuevo gobierno que utilice medidas represivas contra las minorías”.

A lo anterior se agrega el tradicional poder de tribus y clanes. En sus mejores años, el mismo Saddam Hussein colocó en posiciones estratégicas a gente de su ciudad natal, Tikrit. Según la enviada especial Ángeles Espinosa, del madrileño El País, la estrepitosa caída del régimen –representada con la toma de Bagdad el pasado 9 de abril– se puede además explicar por el doble juego orquestado por los jefes tribales, quienes se dirigían a las fuerzas de Saddam para pedirles armamento y luego entregaban sus localidades a los efectivos angloestadounidenses. “Desde hacía meses cobraban de Estados Unidos, vía grupos de oposición, en los que todos tienen algún pariente”, le manifestó una fuente a esta profesional.

 

“EL TIEMPO NECESARIO”

 

Oficialmente, las fuerzas de ocupación prosiguen la fase de combate. Tres marines fallecieron el pasado 23 de abril al explotarles una granada cerca de la ciudad de Kut, al sureste de la capital iraquí. Esa misma semana falleció otro efectivo norteamericano al caer de un camión al sur de Bagdad. “Esos serán los principales problemas que deberemos enfrentar: accidentes”, ironizó un oficial de los marines.

En ese escenario continúan las pesquisas por hallar, según el Pentágono, a los 55 hombres claves del pasado régimen, de los que al cierre de esta edición sólo habían capturado 13. Tampoco ha habido rastro de Saddam y de sus hijos Uday y Qusay. Pero el pasado 24 de abril, el mandatario estadounidense no podía ocultar su satisfacción y sonreía fácilmente ante los periodistas que lo habían acompañado a una breve ceremonia en Ohio: Tarek Aziz, el influyente y único cristiano en el estrechísimo cerco de poder de Saddam estaba bajo control de las tropas estadounidenses en Bagdad.

Era otra señal más de que ya todo está listo para llenar el vacío de poder. “El éxito final de la campaña estadounidense dependerá de la siguiente fase del plan: estabilizar y reconstruir Irak. Para mantener la seguridad, Estados Unidos pretende situar tropas y aviones en gran parte del país. El 5º Cuerpo del Ejército asumirá la autoridad en Bagdad y en el norte de Irak. Los marines se encargarán del área al sur de la capital”, expresó en un reciente artículo Michael Gordon, jefe de los enviados especiales a la zona de The New York Times.

Según un artículo esta vez de The Washington Post, aparecido el pasado 21 de abril, altos funcionarios de la Casa Blanca y el Pentágono comienzan a inquietarse por la permanencia de los cerca de 300 mil efectivos en Irak, sugiriendo una “salida rápida”. Aunque la posición oficial de la secretaría dirigida por el cuestionado Rumsfeld es que las tropas permanecerán “el tiempo que sea necesario”, empieza a ganar adeptos la idea de que esta presencia “dure meses, no años”.

Los arquitectos de la era post Saddam –al menos en el torpedeado Departamento de Estado, liderado por Colin Powell– tienen establecido un plan básico de 360 días para la reconstrucción, previendo incluso la mantención de una fuerza militar a largo plazo. El ya mencionado jefe del gobierno interino en Irak, Jay Garner, entendió el mensaje y declaró ambiguamente que “las tropas se quedarán hasta que haya democracia”. Sin entregar plazos ni mayores antecedentes.

No obstante, una alta fuente de la administración Bush aseguró al prestigioso matutino de la capital estadounidense que las tropas regresarán en un breve plazo. “No creo que la ocupación tenga que ser tan cara ni durar tanto... los estadounidenses hacen todo bastante rápido”, comentó.

Y es que el creciente motivo de preocupación de los mismos republicanos es el económico. Algunas estimaciones precisan que el costo de la ocupación puede ascender a los 20 mil millones de dólares anuales.

En el plano institucional, casos como Afganistán o Kosovo reflejan la dificultad de Estados Unidos para asumir la etapa de reconstrucción y control militar posbélico. Observadores internacionales tampoco pasan por alto que al término de la Segunda Guerra Mundial la ocupación de Alemania duró cuatro años y la de Japón, siete. Pero en ambos países Washington mantiene todavía más de 110 mil soldados.

En los siguientes meses, el objetivo del Departamento de Estado es que Irak vuelva a la situación anterior a 1991, cuando Saddam embarcó a su población en lo que ya se denomina Primera Guerra del Golfo y antes de que las posteriores sanciones económicas diezmaran los recursos de la segunda reserva mundial de petróleo.

Esa misma secretaría espera además que en 180 días el 90% de la población iraquí tendrá agua potable. Según la prensa estadounidense, el ambicioso plan pronostica incluso que en un año habrá una suerte de boom capitalista, con nuevos operadores de telefonía móvil y el traspaso del sector agrícola desde el Estado a particulares.

The New York Times reveló –citando a fuentes militares estadounidenses– que el Pentágono ya trabaja para preservar cuatro bases en territorio de la antigua Mesopotamia: una en la zona del aeropuerto de Bagdad; otra en Tallil (cerca de la sureña ciudad de Nassiriyah; otra al oeste de Irak, bautizada simplemente H1; y la última en el Kurdistán iraquí, en la norteña base aérea de Bashur.

El pasado 21 de abril, Rumsfeld calificó como “pura especulación” esos informes de la prensa estadounidense, asegurando que “tenemos un montón de opciones y oportunidades en esa parte del mundo para colocar nuestras tropas. No necesitamos un lugar nuevo”, en lo que se puede entender como otro elemento en esta ya desatada “guerra comunicacional”.

¿Qué se propone George W. Bush?

A juicio del ya citado Daniel Smith, fuente recurrente de Ercilla y un veterano de Vietnam, esto tiene como objeto asegurar la “capacidad de Estados Unidos de influir en los eventos (que se desarrollen) en el Golfo Pérsico, tanto militares como económicos; y ejercer presión contra Irán y Siria para contener su apoyo a grupos palestinos en conflicto con Israel”.

 

NEGOCIOS Y PETRODOLARES

 

Definitivamente, la apuesta de Washington es echar por tierra los compromisos pendientes por el anterior régimen iraquí. En una entrevista al diario ruso Kommersant, publicada el pasado 21 de abril, el siempre bien informado e influyente Richard Perle –quien a fines de marzo se vio obligado a dejar su cargo como presidente del Consejo Asesor del Pentágono– estimó que existe “una probabilidad de que todos los acuerdos previos firmados con Rusia sean declarados nulos e invalidados”, ya que Moscú puso “todas sus apuestas en los perdedores”. Al final moderó sus declaraciones asegurando que “por supuesto le corresponde decidir al nuevo gobierno iraquí, pero me sorprendería si Rusia recibiera el mismo nivel de apoyo del nuevo Ejecutivo que el que tuvo bajo el régimen de Saddam”.

Paralelamente, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, John Snow, intentaba convencer, tanto a Rusia como Francia y Alemania, de las “bondades” de la condonación de la deuda externa iraquí, que de acuerdo a algunas estimaciones puede alcanzar los 400 mil millones de dólares. En aras de no quedar fuera del negocio de la reconstrucción, ese triunvirato podría aceptar los términos de Washington.

A mediados de abril, la empresa Bechtel (ver recuadro) se adjudicó una concesión de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés) por 680 millones de dólares. La empresa con sede en San Francisco y proyectos en 67 países deberá gestionar la reconstrucción de un puerto y cinco aeropuertos, además del tendido eléctrico, la reparación de carreteras y los servicios de salud, educación y Gobierno.

No obstante, este proceso no estuvo exento de polémicas. George Schultz, ex secretario de Estado del gobierno de Ronald Reagan, es uno de los miembros de su directorio. Por si fuera poco, preside el belicista Comité para la Liberación de Irak, con fluidas relaciones con la Casa Blanca. Bechtel también tiene oficina en Santiago y que hace unos años implementó en Chile un proyecto cuprífero de la compañía minera Collahuasi.

Esta controvertida concesión se agrega a los 490 millones de dólares gestionados por Kellogg Brown & Root, subsidiaria de Halliburton, empresa que por cinco años presidió el actual vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney. En estos cuestionados negocios de posguerra, la empresa de seguridad DynCorp también consiguió una no precisada, pero millonaria concesión. Esta compañía ha estado involucrada en negocios de prostitución en Bosnia y en la denominada “guerra sucia” contra guerrilleros colombianos.

Lo que sí despierta suspicacias entre observadores internacionales es lo que se ha llamado el triunfo del petrodólar sobre el petroeuro. “A Estados Unidos no le haría ninguna gracia que los países productores de petróleo comenzaran a comerciar con la moneda europea en vez de en dólares, porque la divisa estadounidense perdería su actual hegemonía en el mundo”, expresó al diario catalán El Periódico el director general de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), Álvaro Mazarrasa, en una nota publicada el pasado 21 de abril.

La idea es sencilla: los países necesitan dólares para comprar petróleo, la demanda de esa divisa beneficia a la economía estadounidense, que obtiene ventajas porque el tipo de cambio no afecta sus importaciones de crudo.

Pero anteriormente hubo movimientos inquietantes para los intereses de Washington. De acuerdo a El Periódico, Irak había decidido vender su petróleo en euro y Libia siguió sus pasos. El Banco Central de Irán decidió, por otra parte, pasar sus reservas a la moneda europea y su Parlamento aún no decide si venderá sus hidrocarburos en euros. Venezuela también analiza la misma posibilidad. Y Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes incluyeron el euro en su canasta de divisas.

Además, el último informe del Departamento de Energía de Estados Unidos ya era bastante revelador: en los próximos 25 años la dependencia estadounidense por importación de “oro negro” pasará del 55% al 68%, lo que significará que se importará dos de cada tres barriles de petróleo que consuman en ese país en los próximos 20 años.

The Economist recuerda que estas transacciones generan millonarias rentas, detallando que el costo de producción de un barril de crudo en Irak bordea los 2.50 dólares y que el precio actual global supera los 24 dólares el barril.

 

“EJE DEL MAL”

 

Mientras al cierre de esta edición aún no se anunciaba oficialmente el hallazgo de armamento de destrucción masiva en Irak –principal argumento que desató la intervención armada–, Estados Unidos hacía frente al reconocimiento de Corea del Norte de que ya contaba con armamento nuclear, según informes de prensa fechados el pasado 24 de abril.

Siria e Irán, los otros dos integrantes “estrellas” del satanizado “eje del mal”, quedaban en segundo plano. Aunque el mismo mandatario estadounidense había despejado las dudas sobre inminentes operaciones militares contra esos países, según se había rumoreado en el último periodo: “No tengo en mente operaciones específicas en este momento. No puedo pensar ahora en una situación o un determinado episodio que pudiera requerir una intervención militar”, expresó Bush en una nota adelantada por la revista Newsweek.

“Desafortunadamente, Estados Unidos se centrará (en adelante) probablemente en prevenir la desintegración de Irak o que caiga en manos de integristas chiítas –comenta a Ercilla el ya mencionado politólogo Stephen Zunes–. Creo que si Estados Unidos tiene problemas controlando Irak después de conquistarlo, también tendrá problemas controlando al resto del mundo”.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)            JAY GARNER: UN “VIRREY” PARA IRAK

El pasado 15 de abril, The New York Times publicó las reveladoras declaraciones del general retirado Jay Montgomery Garner (65): “si George W. Bush hubiera sido presidente durante la guerra de Vietnam, la guerra se habría ganado”.

Y es que a todas luces, el jefe máximo de la Oficina de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria (ORHA, por sus siglas en inglés) en Irak encaja enteramente con la política impulsada por la administración Bush. Además, es considerado amigo personal del vicepresidente Dick Cheney y del polémico secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

Nacido en Florida y exitoso empresario de la industria armamentista, es licenciado en Historia con un master en Administración Pública. Ingresó al Ejército en 1960, participando luego en la Guerra de Vietnam y en 1991 en la del Golfo. Ha asesorado al Pentágono, siendo un férreo detractor del tratado ABM (que prohibía la proliferación de misiles anti-balísticos) y de otros planes de desarme con la extinta Unión Soviética.

Hasta hace dos meses, Garner presidía SY Coleman y anteriormente SY Technology, donde desarrolló sus conocimientos sobre los misiles Patriot y Arrow, y acumuló millonarias ganancias. Por eso es considerado por sus detractores como fiel representante del complejo industrial-militar ligado al Partido Republicano.

“Garner es un fabricante de armas, no un diplomático”, se lee en el sitio en Internet Stopjaygarner.com, portal que lidera una campaña de recolección de firmas para que el Congreso estadounidense abra una investigación sobre la presunta incompatibilidad de su cargo con sus anteriores funciones.

Con esos antecendentes, algunos se preguntan si será la paz su único objetivo en Irak. Eso estará por verse.

A.P.G.

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(CUADRO)                             EL NEGOCIO DE LA POSGUERRA

 

(Compañía)                                                      (millones de dólares)                (área)

Bechtel                                                            680                              Infraestructura

Kellogg Brown & Root (Halliburton)                 490                              Petróleo

Research Triangle Institute (RTI)                          7,9                               Gobierno local

Stevedoring Services of America                                   4,8                               Administración

Creative Associates Intern. Inc (CAII)             1                                  Educación

DynCorp                                                                     sin precisar                        Seguridad

Fuente: USAID e informes de prensa estadounidense

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