(NOTA Nª1)                “CHOQUE E INTIMIDACION”

Poco después de que expirara el ultimátum para que Saddam Hussein se rindiera, el pasado 17 de marzo, George W. Bush, tuvo una oportunidad única. De acuerdo a Newsweek, un oficial iraquí de alto rango habría traicionado al máximo jerarca, detallando a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) el lugar exacto donde se refugiaría Hussein y su plana mayor la noche del 19 de marzo. Es así que, adelantando en dos días la ofensiva bélica, el líder de la hiperpotencia lanzó lo que en jerga militar denominan “operación quirúrgica”.

Pareciera que no se logró el resultado esperado. En varias ocasiones, el hombre fuerte de Irak ha aparecido en televisión, descartándose –según expertos– que se trate de algún doble. Así, sin mayor éxito se inauguraba lo que de inmediato se catalogó como un intento de “decapitación” del régimen, intentando generar un vacío de poder.

A diferencia de lo ejecutado en la Primera Guerra del Golfo –cuando se optó por saturar las fuerzas iraquíes desplegando una potencia militar avasalladora–, en esta ocasión se privilegió el avance rápido y ligero de las tropas angloestadounidenses. La actual estrategia consiste en bombardeos selectivos, apoyados con la incursión de helicópteros, seguidos con el fuego de tanques y la participación de efectivos terrestres destinados a sofocar posibles focos de resistencia.

Conocida como “choque e intimidación” e ideada en 1996 por el estadounidense Harlan Ullman, su intención no es otra que romper la voluntad de lucha del adversario, acelerando la capitulación y reduciendo considerablemente los daños. Lo que se quiere es evitar el combate frontal. Está inspirada en los antiguos textos del estratega chino Sun Tzu, en la Blitzkrieg (guerra relámpago) de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y en el uso de las bombas atómicas contra Japón.

Por otra parte, en la última etapa del conflicto bélico se teme que los efectivos de la Guardia Republicana Especial –comandos dotados con armas ligeras y rígidamente fieles a Saddam Hussein– utilicen proyectiles químicos. Según CBS News, el gobierno iraquí ha trazado inclusive un límite en torno a Bagdad. Si las fuerzas invasoras sobrepasan esa línea artificial, su autorizaría el uso de armamento de destrucción masiva.

Continúa vigente, además, el peligro que se desencadene una “guerra de guerrillas” generalizada, de insospechadas consecuencias. En declaraciones a Ercilla, el analista militar estadounidense Daniel Smith asegura que “si los ciudadanos iraquíes, que han sido y están siendo armados, deciden pelear contra la coalición, puede existir un Stalingrado de Mesopotamia, pero sólo por un momento. Irak no tiene la profundidad estratégica de la (desaparecida) URSS. Así que no puede trasladar tropas frescas para romper algún bloqueo aliado”.

A.P.G

------------------------------------------------------

(NOTA Nº2)                LA RECONSTRUCCION

Aún no se controlaba militarmente el puerto de Umm Qasr, ubicado en el sur de Irak, y la empresa estadounidense Stevedoring Services of America se había adjudicado, por 4,8 millones de dólares, el contrato para su administración. Por su parte, la compañía International Resources ya había recibido siete millones de dólares el pasado 21 de febrero para la asistencia del personal militar en la zona.

Aún no finaliza la guerra, pero extrañamente parte de los negocios a posteriori ya están cerrados. Y eso a pesar de las insistentes declaraciones del mismo secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, referidas a que el conflicto está “más cerca del comienzo que del final”.

El Cuerpo de Ingenieros de la Armada estadounidense comunicó, además, la concesión de un contrato –sin especificar la cantidad– para la extinción de fuegos y la reparación de las instalaciones petrolíferas a la empresa Kellogg Brown & Root, que es subsidiaria de Halliburton, empresa que entre 1995 y 2000 fue dirigida por el actual vicepresidente Dick Cheney.

La Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés) aún tenía que dilucidar el nombre de la compañía que se adjudicaría el principal contrato –por 900 millones de dólares, como informó Ercilla hace un mes–, para la reconstrucción de Irak, principalmente los servicios de salud, aeropuertos y el sistema educativo.

En el concurso –a juicio de Andrew Nastios, responsable de USAID– participaron exclusivamente empresas estadounidenses, sólo por razones de seguridad. Las cerca de cien compañías británicas interesadas pusieron el grito en el cielo al quedar inicialmente excluidas.

Algunas críticas provenientes del Viejo Continente, recogidas el pasado 27 de marzo por The New York Times, acusan a Estados Unidos de estar beneficiando a sus compañías con buenas conexiones políticas y de ver a Irak, de acuerdo a un vocero de un gobierno europeo, como un “protectorado”.

Desde la sede del Pentágono, el pasado 25 de marzo, George W. Bush anunció que había solicitado al Congreso la rápida aprobación de 74.700 millones de dólares para continuar financiando la guerra.

Previendo el recelo suscitado por el control norteamericano en una etapa post Saddam, el encargado de USAID invitó a otros países a contribuir con fondos para la reconstrucción. Y por si quedaba alguna duda, aclaró que “la ONU coordinará la reconstrucción, pero no la ejecutará”.

Al día siguiente, 27 de marzo, George W. Bush y el premier británico, Tony Blair, pidieron conjuntamente a Naciones Unidas que asuman un papel protagónico en la reconstrucción, una vez que termine el conflicto bélico. Ambos mandatarios solicitaron también a la ONU que reanude el programa “Petróleo por Alimentos” suspendido desde el inicio de la invasión para así facilitar la urgente distribución de ayuda humanitaria a la población iraquí.

A.P.G.

------------------------------------------------------

(NOTA Nº3)                LOS “HALCONES” VUELAN ALTO

Estaba de buen humor. Al desayuno-debate organizado el pasado 21 de marzo en el American Enterprise Institute –un influyente think tank conservador–, asistió el entonces presidente del Consejo Asesor del Pentágono, el silencioso Richard Perle, quien antes de oficializada su renuncia el pasado 27 de marzo –forzada aparentemente por un confuso incidente de manejo de influencias– era reconocido como el cerebro de la transformación impulsada por Donald Rumsfeld en el Pentágono.

A su juicio, el fin del régimen de Saddam Hussein proporcionaría la “inspiración” necesaria a los iraníes para liberarse de los ayatollahs. Su intervención, en esa ocasión, fue decidora: “me siento optimista y creo que asistiremos a un cambio de régimen en Irán, sin que sea necesario utilizar la fuerza militar de Estados Unidos”.

Un día antes del inicio de la invasión, este influyente personero había participado además en un seminario organizado por la sociedad financiera Goldman Sachs, con el sugerente título “Implicaciones de una guerra inminente. Irak ahora ¿Corea del Norte después?”.

Perle estaba convencido de la efectividad de la “teoría del dominó” o de la “onda expansiva”. Por su parte, William Kristol –editor de la revista Weekly Standard– aseguraba que el error de la Primera Guerra del Golfo fue permitir que Saddam continuara en su puesto. “Eso resultó en una disminución del necesario temor que los dirigentes árabes deben sentir hacia Washington”, expresó.

Una opinión distinta entrega a Ercilla el politólogo de la estadounidense Universidad de San Francisco, Stephen Zunes, para quien “el creciente antiamericanismo y los sentimientos antioccidentales dan lugar a más organizaciones extremistas, haciendo más difícil resolver los principales problemas en Medio Oriente: la falta de democracia, la militarización de la región y el fracaso por resolver el conflicto árabe-israelí”.

La artillería de Perle tampoco dejaba en pie a la O NU, aventurando que ya “había pasado su época” y que ya no le correspondía en el presente dedicarse a labores de seguridad. Por tanto, era necesario reformarla, limitándola a asuntos de “salud, mantenimiento de la paz y misiones humanitarias”.

Más allá de Perle, los “halcones” vuelan alto en los cielos de Washington. Para ellos, el desacreditado Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tampoco tiene futuro y, en adelante, la legalidad internacional sólo podrá emanar desde la hiperpotencia.

“Lo que me sorprende es la ausencia de escenarios negativos en los think tank conservadores de Washington –declaró Heinrich August Winkler, académico de la Universidad Humbolt en Berlín, a The New York Times–. Hay una suerte de optimismo basado en presunciones ahistóricas y en ilusiones”.

Es por eso que ya se advierte el hipotético alto precio que podría pagar Estados Unidos por su nuevo orden. El pasado 21 de marzo, el semanario La Vie Economique de Casablanca se interrogó: “Bin Laden surgió de las ruinas de la Primera Guerra del Golfo. ¿Cuántos Bin Laden saldrán de las ruinas de la Segunda?”.

A.P.G.

------------------------------------------------------

(ORGANIGRAMA)                 GABINETE DE GUERRA DE BUSH

El mandatario estadounidense no ha estado solo para enfrentar decisiones difíciles. Se ha sabido rodear de un selecto grupo de políticos experimentados. Entre otros:

 

* Dick Cheney, vicepresidente: Ya en la década de los setenta fue jefe de gabinete del gobierno de Gerald Ford y secretario de Defensa durante George Bush padre. Entonces, desempeñó un papel decisivo en la operación “Tormenta del Desierto”, como se conoció a la Primera Guerra del Golfo en 1991. En diciembre de 1989 planificó la operación “Causa Justa” contra el régimen de Manuel Antonio Noriega en Panamá.

 

* Donald Rumsfeld, secretario de Defensa: Vuelve a ocupar el puesto que ya desempeñó con Gerald Ford. También trabajó para Richard Nixon y sirvió a Ronald Reagan como enviado especial en Oriente Próximo, colaboró además con el gobierno de George Bush padre y fue embajador ante la OTAN en la década de los setenta. Se lo considera un “halcón”, histórico partidario de militarizar el espacio y de llevar a cabo el proyecto de escudo antimisiles.

 

* Colin Powell, secretario de Estado: Pasó 35 años de su vida en el Ejército, participando de las incursiones en Panamá y el Golfo Pérsico, donde cobró fuerza la doctrina Powell: “Estados Unidos sólo debe realizar una operación militar si es con un despliegue masivo y abrumador de fuerza, y con una estrategia de objetivos y de salida al conflicto”. Es catalogado como un republicano moderado.

 

* Condoleezza Rice, asesora de Seguridad Nacional: Se la considera la mano derecha de George W. Bush., y su amiga. Nació en una acomodada familia de raza negra, destacando por su rápido ascenso en el ámbito académico. Es especialista en relaciones internacionales y Rusia.

 

* John Ashcroft, fiscal general: Profundamente religioso y de ideología ultraconservadora, Aschroft es enemigo del aborto y partidario de la pena de muerte. Se opone a los matrimonios entre homosexuales y se dice que no siente demasiado aprecio por las parejas entre blancos y negros.

Hosted by www.Geocities.ws

1