“Guerra” comunicacional

Intoxicación colectiva

------------------------------------------------------

Pareciera que los conflictos bélicos ya no se ganan en el campo de batalla, sino en la espectacular cobertura de algún canal de televisión. Aunque haya concluido el reinado informativo de CNN –con la aparición de Al Jazeera–, continúa vigente esa máxima de que en tiempos de guerra la primera víctima es la verdad.

------------------------------------------------------

Al menos la televisión española y las cadenas árabes no se restringieron a la transmisión oficial. El pasado 19 de marzo, George W. Bush se dirigió a la población estadounidense –y al resto del mundo–, para anunciar el inicio de las operaciones militares tendientes a derrocar el régimen de Saddam Hussein en Irak y destruir los presuntos arsenales de armamento químico o biológico.

Pero minutos antes de comenzar el discurso, con el correspondiente semblante de gravedad del acontecimiento, el cuestionado mandatario republicano aparecía en directo bromeando entre el personal encargado de la transmisión.

Ese comportamiento indignó a la mayoría de la población árabe que presenciaba, atónita, el comienzo de los bombardeos aéreos sobre Bagdad. Indudablemente es tiempo de manipulación y desinformación, continuando vigente esa frase del senador californiano Hiram Johnson –pronunciada en 1917– de que “la primera víctima de la guerra es la verdad”.

La televisión iraquí intensificaba, por su parte, la cobertura de las primeras manifestaciones contrarias a la guerra, organizadas en diversos puntos del planeta. El régimen hacía uso, además, de los principales rostros artísticos. Así, el cantante Kasim al Sultan aparecía portando un Kalashnikov y exclamando “estamos contigo, hasta el último aliento. Nuestros pechos son escudos”. Momentos después se veía a un poeta leyendo parte de unos versos dedicados a la obra y persona de Saddam Hussein: “Has vestido a Bagdad de oro. Tu mano derecha es el sable de los árabes. Cortarás el cuello de los judíos”. Mientras tanto, la capital iraquí era objetivo de los misiles Tomahaw. Sonaban las sirenas, pero nada de eso se difundía abiertamente. En tiempos bélicos no está permitido ni la debilidad ni el pánico.

 

SHOW BELICO

 

Varios analistas internacionales han advertido que la parte trascendental del conflicto se determinará en la denominada “guerra de la información”. Tras la indefensión desatada por los trágicos atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el mismo secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, declaró que “podría haber circunstancias en las cuales sería necesario no ofrecer la verdad”. ¿Significa eso que el Pentágono puede llegar a transmitir información falsa? “Supongo que uno nunca debe decir ‘nunca’”, agregó en esa ocasión.

Rumsfeld sentenció con una frase del ex primer ministro británico Winston Churchill: “a veces la verdad es tan valiosa que tendría que ser acompañada con un guardaespaldas de mentiras”.

Muy a su pesar, el Pentágono decidió esta vez “incorporar” a los medios de comunicación a la guerra. Literalmente, unos 500 periodistas (principalmente estadounidenses y británicos) subsisten con las mismas raciones de comida que las tropas. Transmiten en directo el avance de las columnas militares; incluso a través de cámaras webs. Por otra parte, se han comprometido a no divulgar ni la ubicación exacta ni aportar mayores detalles que pudieran ser de utilidad para los iraquíes.

Javier del Pino, corresponsal de un diario español en Washington, advirtió críticamente que “las conexiones con los enviados especiales empiezan a convertirse en una especie de retransmisión deportiva surrealista”, donde la “guerra de la información” parece un show bélico y la credibilidad está por los pisos.

En los últimos seis meses, por lo demás, las agencias de Inteligencia han lanzado más de 25 millones de panfletos sobre unidades militares iraquíes, exhortándolos a desertar o a desoír las órdenes de sus superiores. Es por eso que un artículo aparecido el pasado 24 de marzo en The Washington Post, aventuraba que la sorpresiva resistencia iraquí ponía claramente en duda “la eficacia de la mayor campaña psicológica en la historia militar estadounidense”.

Incitando el fervor patriótico, para no abandonar el combate, un comunicado ordenado por Saddam Hussein prometía importantes recompensas en dinero: Para quien derribara un avión enemigo, 33 mil dólares. La mitad de esa suma si se trata de un helicóptero o si se captura vivo a un soldado angloestadounidense. Si se lo trae muerto, sólo 8 mil dólares.

 

¿CÓMO SE MUESTRA UNA GUERRA?

 

Nuevamente, el canal de televisión qatarí Al Jazeera no desperdició la circunstancia y divulgó el pasado 23 de marzo unas grabaciones realizadas a los primeros prisioneros de guerra capturados por los iraquíes. El temor era patente en los rostros de esos jóvenes soldados –cuatro hombres y una mujer de raza negra–, y no se podía descartar que hayan sufrido algún tipo de maltrato. La escena incluía, además, varios cuerpos de soldados recientemente muertos.

Era todo un “golpe” psicológico a favor de Bagdad. Rumsfeld solicitó que las imágenes no se transmitieran en Estados Unidos y las cadenas locales aceptaron. ¿Autocensura? A su juicio, la transmisión violaba el artículo 13 de la Convención de Ginebra, que prohíbe la exposición pública de prisioneros de guerra.

La respuesta del ministro de Relaciones Exteriores iraquí, Naji Sabri, no dejó tranquilos a Washington ni a Londres, al advertir que tratarán a los presos en primer término según las reglas del Islam y luego de acuerdo a la Convención de Ginebra. “Somos un pueblo que creó leyes cuando los abuelos del señor Blair y el señor Bush aún vivían como animales en cuevas”, manifestó el alto funcionario.

“Irak trata de influir a la llamada ‘calle árabe’, tanto dentro como fuera del país. Y están intentando combatir el efecto depresivo de las imágenes del bombardeo en Bagdad sobre sus propias fuerzas sitiadas”, expresó Lucian Truscott, graduado en 1969 de la prestigiosa academia militar estadounidense de West Point.

No obstante, The New York Times y CNN recogieron el pasado 26 de marzo versiones de funcionarios del Pentágono –no confirmadas– que aseguraban que los soldados capturados “aparentemente fueron ejecutados frente a pobladores del lugar”. ¿Desinformación?

 

“MAQUINA DE PROPAGANDA”

 

Antes de cumplirse la primera semana del inicio de la invasión, las fuerzas angloestadounidenses se decidieron a bombardear las cadenas de la televisión iraquí, dejándola temporalmente fuera de servicio. La cadena CBS aseguró que la operación habría tenido el propósito de “cerrar la máquina de propaganda de Saddam Hussein”.

La columnista del mencionado matutino neoyorquino Maureen Dowd criticó, el pasado 26 de marzo, lo que consideró “el mal cálculo” del Pentágono al intentar mantener en pie la señal de televisión iraquí para utilizarla una vez terminada la guerra.

No se descarta que en el ataque aéreo se haya lanzado la llamada “Bomba E”, que genera un breve pulso de microondas con el poder para interrumpir el suministro eléctrico, acallar radioemisoras, cegar radares o freír computadoras.  Oficialmente, la “Bomba E” no ha sido reconocida por el Pentágono.

Las informaciones provenientes del mismo teatro de operaciones suelen ser contradictorias. Insistentemente, las tropas británicas habían informado de un levantamiento rebelde en Basora –la segunda ciudad en importancia, con mayoría chiíta–, lo que no pudo ser confirmado por otras fuentes.

El control de puntos estratégicos como Umm Qasr o Nasariya se ha escuchado también en reiteradas oportunidades. Incluso, la mayor preocupación de los estadounidenses, en esa primera localidad, era izar pronto su bandera y grabarla con sus cámaras de televisión, con el fin de causar un fuerte impacto psicológico en la población árabe. Minutos después tuvieron que arriarla, porque Umm Qasr aún no estaba bajo su control. Además, ver la bandera de Estados Unidos flameando en territorio iraquí calzaba más con la imagen del conquistador que con la del libertador, según fuentes del Pentágono.

Todo indica que este conflicto cumple casi a cabalidad con lo presupuestado por Saddam Hussein. De acuerdo a Neil MacFarquhar, en una nota publicada el 26 de marzo en The New York Times, rápidamente ha aumentado el descontento mundial y el número de voluntarios de países vecinos interesados en participar de esta lucha, que debiera desencadenarse como una descentralizada “guerra de guerrillas” en los puntos neurálgicos del país.

Un reportaje del rotativo mexicano La Jornada, aparecido a fines de septiembre de 2001, se adentraba en la psicología de masas y en las técnicas –aún vigentes– ocupadas para la construcción del Tercer Reich alemán. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel intelectual a la capacidad receptiva de los menos inteligentes de los individuos a quienes se desee que vaya dirigida. De esa manera, es menester que la elevación mental sea tanto menor cuanto más grande la muchedumbre que debe conquistar”.

Probablemente eso le permitió a la Casa Blanca personalizar, inicialmente, en Osama Bin Laden y hoy en Saddam Hussein la construcción del “diabólico enemigo”. Y es que la “guerra psicológica” utiliza caracterizaciones maniqueas. “Están con nosotros o con el terrorismo”, fue la célebre frase de George W. Bush luego del ataque contra Nueva York y Washington, iniciándose aceleradamente un periodo de “guerra preventiva” y “unilateralismo”.

Después de la Primera Guerra del Golfo, en 1991, The Guardian de Londres publicó un extenso estudio comparativo de la terminología usada en la prensa para referirse a los aliados y a los iraquíes. Los aliados tenían “ejército, marina y aviación”, Irak una “maquinaria de guerra”. Los aliados daban “directivas generales” a los periodistas, Irak “censura” y “propaganda”. Los aliados “eliminan”, el régimen de Hussein “asesina”. Los misiles aliados causaron “daños colaterales”, los “viles” misiles iraquíes “víctimas civiles”.

Como esta guerra está centrada en una batalla por la opinión pública, el mismo mandatario estadounidense ha sido cauteloso en mostrarse como “el” personaje que conduce las acciones militares, intentando desplegar otro tipo de liderazgo para dejar este asunto en manos de expertos, según el corresponsal de la BBC en Washington Steve Schifferes.

El pasado 26 de marzo, Bush prefirió subir la moral de la población –alicaída por una sorpresiva resistencia iraquí– en un encuentro con militares en el comando central de Tampa, Florida. En su primer discurso público tras el comienzo de la guerra, el presidente estadounidense aseguró que aunque la guerra está “lejos de terminar, seremos implacables en nuestra lucha por la victoria”, redimensionando las proyecciones respecto a la duración del conflicto.

La población iraquí –que se informa principalmente a través de la televisión local– pudiera creer que están próximos a la victoria. En un noticiero de la tarde del 25 de marzo se mostraban imágenes de un presunto avión espía, sin piloto, derribado en la localidad de Salah Al Din. Con un fondo de campesinos blandiendo los restos del avión, el periodista que estaba en el lugar arengaba a sus telespectadores: “Así son los hijos de Irak; cada hora y cada día ofrecen su amor y fidelidad al presidente”.

El mundo orwelliano del Gran Hermano, en el libro “1984”, parece estar ya entre nosotros. Nuevamente, el realismo hace palidecer a la ciencia ficción

Andrés Pérez González

------------------------------------------------------

(RECUADRO)                        EL FENOMENO AL JAZEERA

Tras los atentados cometidos contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la cadena de televisión satelital qatarí Al Jazeera comenzó progresivamente a destronar el reinado informativo logrado por CNN, luego de la Primera Guerra del Golfo. Bastó la Guerra de Afganistán y las reiteradas primicias, donde aparecía el multimillonario saudí Osama Bin Laden, para consolidarse en un sitial destacado entre los medios de comunicación internacionales. Probablemente, el presente conflicto en Irak le servirá de espaldarazo final.

Al Jazeera fue creada en 1996 con 125 millones de dólares otorgados por el gobierno de Qatar. Su cuerpo periodístico está compuesto por profesionales provenientes principalmente de la antigua sección árabe de la BBC. Eso no ha impedido que su gestión esté exenta de polémicas, siendo tildada tanto de “islamista” como “sionista”.

No obstante, a Al Jazeera ya le salió competencia desde el mismo mundo árabe. La cadena Abu Dhabi TV (ADTV), de Emiratos Árabes Unidos, ha sido el único medio de comunicación que transmite desde un estudio en pleno centro de Bagdad. Su presencia no ha pasado desapercibida, ya que transmitió las primeras imágenes exclusivas del inicio del ataque estadounidense. Y captó las únicas escenas de la llegada de los comandos británicos al puerto sureño de Umm Qasr.

Hosted by www.Geocities.ws

1