Estados Unidos vs. Irak

Se acaba el tiempo

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El escenario prebélico es de máxima tensión. Mientras persisten interrogantes sobre la existencia de armamento de destrucción masiva en Irak, las acusaciones desplegadas desde Washington contra Saddam Hussein continúan sosteniéndose en meras presunciones. Como dijo George W. Bush, enfrentamos “un mundo de caos y alarma constante”.

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A fines de enero de este año, Uday –el hijo mayor de Saddam Hussein– aseguró a periodistas iraquíes que “si llegan los estadounidenses, lo que lloraron para el 11 de septiembre y lo que consideraron un acontecimiento importante, parecerá un picnic para ellos”.

“¿Estaremos seguros si invadimos?”, se pregunta entonces el columnista de The New York Times Nicholas Kristoff, representando a un creciente número de estadounidenses que ven con buenos ojos una incursión militar en Irak únicamente con la venia de Naciones Unidas.

Y es que el presunto vínculo del régimen iraquí con la controvertida “guerra contra el terrorismo” tiene –al cierre de esta edición– muchos elementos superfluos o débiles. Los días siguientes a los espectaculares atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, reconoció que no existía “una relación clara” entre Hussein y el entonces “enemigo número uno” de Washington, Osama Bin Laden.

No obstante, William Safire –conservador y siempre bien relacionado columnista del ya mencionado matutino neoyorquino– relacionó, citando fuentes kurdas no identificadas, que “el dictador iraquí ha armado y financiado a la quinta columna de Al Qaeda (...), conocida como Ansar al Islam y compuesta por árabes entrenados en Afganistán”, informó el 24 de septiembre de ese 2001.

Para sorpresa de muchos, el propio Powell pasó recientemente por alto sus anteriores declaraciones y aseveró desde Suiza, donde asistía al Foro Económico de Davos, que Irak tiene “claros lazos con grupos terroristas, incluyendo Al Qaeda”.

Tom Dashle, el carismático líder de la bancada demócrata en el Senado, se permitió dudar de los dichos de Powell: “Si tenemos pruebas de armas nucleares y biológicas (desarrolladas en Irak), ¿por qué no se las mostramos al mundo, como lo hizo el presidente Kennedy hace 40 años, cuando envió a Adlai Stevenson a Naciones Unidas para mostrarle al mundo las fotografías que tenía Estados Unidos sobre los misiles soviéticos en Cuba?”.

 

REAGAN, “MODERADO”

 

En su discurso anual ante el Congreso en pleno, el presidente de Estados Unidos comenzó sus palabras –la noche del pasado 28 de enero– abordando cuestiones internas y explayándose luego en lo concerniente a este “mundo de caos y alarma constante”.

Primeramente, anunció que Powell asistirá al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (en el que participa Chile junto a otros 14 miembros) este 5 de febrero para presentar informes de Inteligencia sobre el programa de armamento iraquí. Según agencias internacionales, varios antecedentes fueron aportados por China y por algunos detenidos en las pasadas operaciones militares en Afganistán.

En unos 50 minutos, George W. Bush logró reiteradamente sacudir a los asistentes, quienes celebraron de pie sus intervenciones con estruendosos aplausos. “El rumbo de esta nación no depende de la decisión de otros”, fue una de las frases de marcado “unilateralismo” que ganó la adhesión del público. “Consultaremos, pero que no haya malentendidos: si Saddam Hussein no se desarma totalmente, por la seguridad de nuestro pueblo y por la paz del mundo, lideraremos una coalición para desarmarlo”, fue otra alocución de alto calibre.

El tenor del relevante discurso fue claramente conservador. En asuntos locales, la administración Bush propuso rebajar los impuestos (la minoría demócrata denuncia que esa medida beneficia a los sectores más pudientes), y descartó el aborto y la clonación con fines terapéuticos.

Definitivamente, el senador demócrata Tom Dashle no quedó conforme con esos anuncios: “Bush ha prometido una economía fuerte y el resultado de sus dos años de esfuerzos ha sido dos millones de empleos perdidos (lo que constituye un creciente desempleo que bordea el 6%), un déficit actual de 400 mil millones de dólares, un mercado accionario en picada y un millón de personas sin seguro de desempleo”.

Pero es cierto, “como (el ex mandatario republicano Ronald) Reagan, Bush está sacando todo el provecho posible de la falta de fe en el Partido Demócrata. Y también del temor a Dios o del miedo a disentir en tiempos de guerra sin tregua contra el mal, que ya no tiene la cara de Osama sino la de Saddam”, expresó críticamente el periodista Carlos Fresneda, corresponsal en Washington de un diario español.

En su tiempo, Reagan acuñó el término “imperio del mal”, mientras que el actual mandatario habla de “eje del mal” (axis of evil).

“Bush ha resultado ser lo que nadie llegó a predecir: un personaje poderoso con una agenda puramente conservadora y un instinto de jugador... comparado con él, Reagan podría parecer un moderado”, apuntó The New York Times en una reciente edición dominical.

 

PRESUNCIONES

 

De todos modos, ese momento no pudo ser más propicio para Bush. El día anterior a su alocución desde Washington, el jefe de la Comisión de Control y Verificación del Desarme de Irak (Unmovic), el diplomático sueco Hans Blix, junto al director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el egipcio Mohamed El Baradei, presentaban el segundo informe en la sede central de la ONU en Nueva York, puntualizando que “Bagdad parece no haber aceptado del todo el desarme” y que no ha cooperado suficientemente con la misión.

El concepto que quedó rondando entre los representantes mundiales fue, por tanto, el de “presunciones” sobre si Irak mantiene o no armas de destrucción masiva. A falta de pruebas concretas de que el régimen de Hussein ha vulnerado precisamente la resolución 1.441 de Naciones Unidas –lo que finalmente desencadenaría la fase militar–, los inspectores de la Unmovic, como la mayoría de los integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU han pedido “más tiempo”.

Blix no ocultó su molestia con el régimen iraquí y reiteró que las 12 mil hojas del informe que Irak entregó en noviembre pasado se desprenden varias interrogantes, “cifras que no cuadran y productos químicos y biológicos de los que no se han dado datos exactos”.

Contactado por Ercilla, Daniel Smith –especialista en Inteligencia y oficial retirado, veterano de Vietnam– dice que “más de la mitad del vaso está vacío. Mientras Irak está cooperando adecuadamente en el proceso, no lo está haciendo en lo substancial: documentos, entrevistas, grabaciones. Esto significa que a menos que Irak pueda justificar las exigencias de eliminar las (presuntas) armas de destrucción masiva, precursores y otros materiales, los inspectores no podrán certificar que Irak no posee ese tipo de armamento ni misiles de largo alcance o programas para su desarrollo, abriendo así la puerta para la operación militar”.

A pesar de las recientes declaraciones del vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, de que ya se entró en la “fase final” de este clima prebélico, Blix entregará un último y tercer informe el próximo 14 de febrero. El derrocamiento de Hussein, vía invasión angloestadounidense, estaría a la vuelta de la esquina.

 

“SADDAM ES EL PRETEXTO”

 

Rusia es una de las potencias que está preocupada por sus intereses petroleros en el Golfo Pérsico. Es por eso que la agencia AVN, especializada en asuntos militares, comunicó a fines de enero –aunque sin identificar la citada alta fuente en el generalato militar ruso– que “de acuerdo a la información que manejamos, la operación (militar en Irak) está planeada para la segunda mitad de febrero. Esta decisión ya ha sido tomada, pero aún no se ha hecho pública”.

Sin  mayores tapujos, la mencionada fuente reconoció que “Hussein es el pretexto. El verdadero objetivo de la acción militar es el control del petróleo iraquí”, considerado la segunda reserva mundial después de Arabia Saudita.

La nota difundida por la agencia rusa adelantó que en la incursión se utilizarán diversos medios: “los combates serán en aire, tierra y mar. La guerra será corta, durará alrededor de un mes”. Al respecto, George Soros –controvertido inversionista que ha forjado multimillonarias ganancias por medio de “capitales golondrinas”– estimó que una victoria rápida para Washington, que deje intactos los pozos petroleros, tendrá más resultado “en eliminar la incertidumbre y mejorar la producción económica, que cualquier recorte de impuestos”.

En suelo estadounidense crece la oposición a la guerra. Un editorial de The New York Times, publicada el pasado 28 de enero, advirtió que “la Casa Blanca no debiera estar impaciente por atacar a Irak. La guerra podría ser un negocio sucio y sangriento, y el mundo debe quedar tranquilo de que han sido exploradas todas las posibilidades de solución pacífica. Para lograr eso, los inspectores debieran tener tiempo adicional”.

Pero, de acuerdo a declaraciones de una fuente del Departamento de Estado al mismo rotativo: “nosotros no enviamos fuerzas armadas al extranjero sólo para sentarnos alrededor”, esperando que los inspectores cumplan su tarea.

“Creo que la guerra es inevitable en un 90%. Será difícil que una vez que los efectivos militares estén allá, no sean utilizados”, insiste Daniel Smith, quien actualmente se desempeña en el Military and Peaceful Prevention Policy del FSNL, un think tank fundado en 1943 en Washington.

Por su parte, Colin Powell parece haber decepcionado a los suyos, asumiendo inesperadamente una retórica de “halcón” más propia de Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld, Dick Cheney o de Condoleezza Rice, la plana mayor de la actual administración republicana. “El punto no es cuánto tiempo más los inspectores necesitan para buscar en la oscuridad, sino cuánto tiempo más debería darse a Irak para que encienda las luces y salga limpia”, dijo el pasado 28 de enero desde Davos.

Para Daniel Smith, el secretario de Estado decidió finalmente que “el camino del multilateralismo no estaba funcionando, así que ‘cayó en la línea’ de quienes siempre han empujado por un cambio de régimen a través de la guerra”.

 

HIPERPOTENCIA

 

Todo indica que el hasta ahora conocido orden geopolítico está en pleno reacomodo y que Washington se asume abiertamente como hiperpotencia, regida por prácticas “unilaterales” donde la “guerra preventiva” es el concepto sobre la mesa.

En ese escenario, según analistas, la misma ONU –tal y como se la conoce– también vive su propia metamorfosis. Nuevamente, la señal provino del mandatario estadounidense, quien espera de ese organismo internacional “que sea otra cosa que una sociedad de un debate vacío”, en declaraciones a la prensa el pasado 29 de enero.

Desde su cómoda posición alejado de la Casa Blanca, Bill Clinton dirige sus dardos contra su sucesor y equipo: “En esta administración no hay alternativa a un conflicto. Pero para una resolución de guerra se necesitan hechos. Hay tipos como (el subsecretario de Defensa de la Casa Blanca) Paul Wolfowitz que creen que después de esta guerra todo se resolverá en Oriente Próximo. Ese es un planteamiento naïf”.

La situación se puede tensionar notoriamente al considerar que los países árabes están embarcados en la plena implementación de una gran zona de libre comercio a fines de 2005, con la intención de establecer una unión aduanera en unos diez años. Tampoco hay que olvidar que, de acuerdo al último plan estadounidense, Palestina podría ser un Estado independiente en 2005.

Por otra parte, un estudio realizado en mayo del año pasado por William Hartung –director del Centro de Investigación de Negocios de Armamentos en el World Policy Institute y fuente recurrente de Ercilla– va aún más lejos. A su juicio, la investigación sugiere la existencia de amplios negocios entre la industria de armamento y el actual gobierno estadounidense, de continuar la actual tendencia en su política internacional. “Existen al menos 32 funcionarios en la administración Bush, en el Pentágono, el Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Energía y la Casa Blanca, que fueron ejecutivos, consultores o accionistas importantes de las principales firmas de Defensa antes de ingresar al gobierno. Lockheed Martin, principal firma nacional de Defensa, tiene ocho de sus antiguos asociados en el gobierno, incluyendo al jefe del Departamento de Energía”, aseveró Hartung en la sesión online de The Washington Post, el pasado 28 de enero.

Así las cosas, pareciera que el mandatario estadounidense tiene razón al hablar de “un mundo de caos y alarma constante”. Aunque “el mundo siempre ha sido caótico, pero las alarmas parecen ser, de varios modos, producto de los anuncios de la administración Bush. Esta Casa Blanca, más que ninguna otra, quiere un mundo ordenado de acuerdo a su visión”, expresó a esta revista el analista Daniel Smith.

Al cierre de esta edición, Bush tenía previsto reunirse con algunos de sus aliados europeos (ver nota aparte) y principalmente con el primer ministro británico, Tony Blair, en Camp David. “Esas reuniones parecen cada vez más consejos de guerra”, apuntaló The Economist en su edición del 27 de enero.

El rey Abdula de Jordania, país limítrofe con Irak, sabe que la opción belicista sacudirá la región. A mediados de enero dijo que sólo “un milagro” permitiría hallar una solución pacífica. Y ya pocos creen en milagros.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)                         ¿ESTADOS UNIDOS DE OCCIDENTE?

Es cierto. Alemanes, franceses, italianos, españoles (como el resto de los habitantes de Europa y del planeta) se despiertan cada día, asumiendo que lo que ocurre en Washington afectara sus vidas.

Pero las buenas relaciones entre Washington y el Viejo Continente también están en crisis. Tanto así que a pocos sorprendió la aparición del libro “El Edicto de Caracalla”, escrito por el ex guerrillero y consejero de Salvador Allende, Regis Debray. El texto es una extensa carta dirigida a Debray por un supuesto compañero de curso, quien se nacionalizó estadounidense tras una larga carrera como alto oficial francés. Este personaje es, por tanto, quien propone la creación de los “Estados Unidos de Occidente” para que así los europeos dejen de ser “estadounidenses de segunda clase para ser estadounidenses con plenos derechos”.

La intención de Debray era escribir una sátira, pero para muchos en Francia ésta se acerca incómodamente a la realidad, de acuerdo a una nota publicada en Foreign Policy por Max Berley, editor de The Washington Post.

Y es que atrás quedó eso de que “todos los europeos son neoyorquinos”, tras el 11 de septiembre de 2001, cuando los máximos representantes de la Unión Europea dieron a Estados Unidos una “solidaridad ilimitada” y en cuestión de horas la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) invocó el artículo quinto que establece la mutua defensa. Últimamente, los servicios de Inteligencia europeos saben que deberán “pagar un alto precio” si finalmente estalla la guerra. Y eso traería inimaginables consecuencias.

A fines de enero, el ministro de Exteriores de Francia, Dominique de Villepin, dio otro paso para desmarcarse del lineamiento de Washington al declarar que si las fuerzas desplegadas en el Golfo Pérsico atacan a Irak, ésta será “una victoria para la ley del más fuerte” y que “nada, pero nada justifica una guerra”.

El secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, recogió el guante y calificó tanto a Francia como Alemania (los principales contendores de la vía unilateral propiciada por Estados Unidos) como la “vieja Europa”.

Quizá, en parte, pudo tener razón. El pasado 30 de enero apareció en The Times de Londres y The Wall Street Journal de Nueva York una carta de los jefes de Estado o gobierno de Gran Bretaña, España, Italia, Portugal, Hungría, República Checa, Polonia y Dinamarca, homenajeando “el valor y la generosidad de Estados Unidos” al garantizar la paz al otro lado del Atlántico. La inserción hacía también un llamado a la “unidad europea” para enfrentar el conflicto en Irak.

Francis Fukuyama, el académico que 13 años atrás declaró el “fin de la historia”, habla últimamente de las “profundas diferencias” en la comunidad euro-atlántica. Jeffrey Gedmin, director del prestigioso Instituto Aspen de Berlín se refiere, por su parte, a la “patología” europea respecto al uso de la fuerza, advirtiendo que las visiones referentes a Seguridad son tan distintas que “la vieja alianza tiene escasas posibilidades de figurar prominentemente en la estrategia global de Estados Unidos”. El columnista de The Washington Post Charles Krauthammer estima, en definitiva, que la OTAN está “muerta”.

Inclusive, el escritor francés Michel Tournier (78) llegó a sugerir –en un artículo aparecido el pasado 24 de enero en el conservador matutino Frankfurter Allgemeine Zeitung– “que la Entente germano-francesa vaya más allá. Ambos países debieran enviar una unidad militar a Irak, para proteger al pueblo (iraquí) de la agresión estadounidense”.

Consultado por Ercilla, Gerald Steinberg –director del Programa de Manejo y  Negociación de Conflictos en la tradicional Universidad Bar-Ilan en Israel– cree que “todo se tranquilizará cuando nuevamente Estados Unidos defienda la libertad de Europa, como lo hizo en la Primera y Segunda Guerra Mundial (...) Las sociedades europeas sólo sobrevivirán como países libres y democracias, con la asistencia y dependencia política y militar de Estados Unidos”.

Y es que para la mayor parte de la Europa laica e ilustrada, George W. Bush es al menos un enigma. “Mucho tiene que ver con su modo de hablar, ese estilo provocador, apuntando su dedo hacia usted –declaró a The New York Times Hans-Ulrich Klose, vicepresidente del Comité de Relaciones Exteriores del Parlamento alemán–. Es Texas, una cultura poco familiar para los alemanes... y es el tenor religioso de sus argumentos”.

Quizás, lo dicho por una estudiante de psicología de la Universidad de Praga recoge la opinión del ciudadano común europeo respecto a la política exterior de Washington: “Yo no puedo decir que odio a los estadounidenses –expresó Osuska (21) el pasado 28 de enero al rotativo The Baltimore Sun–. Pero si me preguntas si odio a Estados Unidos, que empuja a todos a su alrededor para conseguir sus propios objetivos, entonces diría que ‘sí, lo siento mucho, pero odio a Estados Unidos por esa razón’. No creo que un país deba regir el mundo”.

A.P.G

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