India

Despierta otro gigante

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¿Podrá India igualar o, incluso, reemplazar al poderío emergente de China? Una sólida ofensiva tecnológica y un sano sistema financiero constituyen piezas angulares para que en las próximas décadas este mastodonte asiático rompa la actual hegemonía unilateral.

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El 2035 India alcanzará una población de unos 1460 millones de habitantes, superando a China. Esto de acuerdo a las cifras oficiales entregadas por el último censo, que establece en unos 1029 millones de personas la población india al 1 de enero de 2001. Sólo la región de Uttar Pradesh suma unos 166 millones, superando a la población total de Pakistán, histórico enemigo de este gigante asiático.

Además, el número de nacimientos de mujeres ha descendido de 945 por cada mil hombres en 1991, a 927 en 2001. Ciertos condicionantes culturales, como la entrega de una dote para el casamiento de una hija, mantienen la preferencia por los varones.

Algunos observadores no ocultan su inquietud. Así lo hizo una nota editorial aparecida el pasado 13 de julio en The Wall Street Journal, al preguntarse en el titular si esta inclinación por los niños en India –como igualmente en China– transformará a estos estados en próximas amenazas militares para la Pax Americana. Aún la respuesta es peligrosamente no concluyente.

 

SOFTWARE Y BIOTECNOLOGIA

 

Como puntualizó a fines de junio el economista chileno Sebastián Edwards, radicado en Estados Unidos, los expertos latinoamericanos han sobrevalorado pesimistamente una posible desaceleración en la economía de China, atendiendo a un rápido aumento en el precio de los commodities observados en los últimos dos años y que favorablemente han repercutido en nuestra región. Era por ello que como primer efecto del sobrecalentamiento económico chino se augurara una calamitosa recesión latinoamericana.

Pero basta mirar hacia Nueva Delhi para probar otras alternativas a los mercados externos. Según el mismo Edwards, “asfixiada por regulaciones legendarias, y sujeta a un control estatal estrictísimo, la economía india era un verdadero gigante adormecido. Fue sólo en la década de los ochenta, cuando bajo el liderazgo del entonces ministro de Hacienda y actual primer ministro, Manmohan Singh, que India emprendió un programa de reformas modernizadoras y de mercado. Las restricciones fueron relajadas, la inversión privada fue incentivada y la economía empezó a abrirse al resto del mundo”.

Así las cosas, estaban a un salto de una inflación no superior a un 2,5%, en el periodo 2002-2003, acompañada de una tasa de desempleo inferior a un 5%. Definitivamente, hay pocos que se le igualen.

Una fuerza laboral altamente calificada, barata y con un satisfactorio dominio del inglés ha ayudado significativamente a la emergente industria india de tecnología y software, que busca facturar en los próximos cuatro años unos 50 mil millones de dólares en facturación. Unos 12.500 millones de éstos provienen de compañías situadas fuera de India; cerca de dos tercios de éstas en Estados Unidos. Por cierto, los costos de negociación han sido abaratados debido, por ejemplo, a la gestión de científicos radicados en Silicon Valley. Esta industria india emplea al menos a un millón de personas en ese país.

En declaraciones a Ercilla, el especialista Gautam Adhikari –ligado al think tank estadounidense American Enterprise Institute– manifiesta que el crecimiento de este gigante ha promediado un 6% en la pasada década y que el año pasado alcanzó un 8%:  “En los próximos años este promedio debiera estabilizarse en un 7%, o quizás en un 6,5%. Pero la estructura gubernamental e institucional de India, sumada a su banca y sistema financiero, es más sana, eficiente y mejor organizada que la de China”.

Según Adhikari, “la dependencia de India está en la agricultura, dependiente de los monzones, que constituyen un factor que influye parcialmente en la tasa de crecimiento. Pero el sector de servicios, especialmente el de alta tecnología, se expande rápidamente y es capaz de sostener el nivel esperado de crecimiento”.

De acuerdo a Kiran Mazumdar Shaw, jefe de Biocon Ltda. (la empresa más grande en biotecnología en India), los réditos en exportación de las compañías situadas en el estado sureño de Karnataka se elevaron en el periodo de un año en un 43%, alcanzando los 7500 millones de rupias (unos 163 millones de dólares), considerando los datos de marzo pasado. “Bangalore (la capital de ese estado) es el biocluster que crece más rápido en India y en Asia”, aseveró Shaw.

Según la consultora Ernst & Young, India es uno de los cinco líderes emergentes en biotecnología en la región de Asia-Pacífico, y está rankeada en el tercer puesto de acuerdo al número de empresas en ese sector.

“Los éxitos económicos están generando cambios básicos de actitudes: después de cincuenta años, muchos indios abandonan esa sensación de victimización propia de la era colonial”, aventuró James Hoge, editor de la especializada Foreign Affairs en su presente edición.

Consultado también por Ercilla, el investigador Ashley Tellis –asociado al think tank liberal Carnegie Endowment for International Peace– dice que a “India le tomaría al menos unos cincuenta años más convertirse en un poder global y en ese momento ésta será probablemente una más entre muchos otros grandes poderes en el sistema internacional”.

 

DE OESTE A ESTE

 

En el mencionado texto, Hoge advierte que “la transferencia de poder de Oeste a Este ya está teniendo lugar, y cambiará pronto y dramáticamente el contexto propio de las relaciones internacionales. Muchos en Occidente están atentos al fuerte crecimiento de Asia. Pero esto, sin embargo, no se ha traducido en una debida preparación. Y en eso hay un peligro: que los países occidentales vuelvan a repetir errores pasados”.

Hoge cree que en general el creciente poder económico de Asia se está traduciendo en un emergente poder político y militar, que incrementa potenciales conflictos: “Dentro de la región, los puntos de destello de conflictos, como Taiwán, la Península coreana y la dividida Cachemira, son un desafío para alcanzar resoluciones pacíficas. Cualquiera de éstos puede explotar en una conflagración a gran escala que haría parecer el presente conflicto en Medio Oriente como un asunto meramente policial”.

En sus declaraciones a esta revista, el ya citado Adhikari –del conservador American Enterprise Institute– ve improbable una transferencia geoestratégica del poder mundial. No obstante, siempre a título personal, cree que el mundo occidental “debe sacudir su viejo estilo de pensamiento, aún influido por el prisma de la Guerra Fría, y reenfocar su atención en los mercados y poderes emergentes como India, China y Brasil. (En esta materia), el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es anticuado, como también el Grupo de los Siete más Rusia (en referencia a las potencias más industrializados del planeta)”.

Un reciente estudio deL think tank estadounidense The Brooking Institution seguía esa misma línea, acusando “la fundamental asimetría entre la actual realidad global y los existentes mecanismos de gobierno global, con el G-7/8 siendo un exclusivo club que representa la cultura occidental, máxima expresión de este anacronismo”.

 

DISPUTAS VECINALES

 

El buen augurio económico de India va acompañado, aparentemente, de un relajamiento en las permanentes disputas limítrofes con Pakistán. En una esperanzadora señal de diálogo, ambas potencias nucleares –que se han enfrentado en dos guerras por la conflictiva zona de Cachemira– decidieron reabrir sus respectivos consulados en Mumbai y Karachi, el pasado 28 de junio. Igualmente, esperan concluir lo antes posible un acuerdo de notificación antes de realizar pruebas de vuelos de misiles. Hace seis años que ambas cancillerías no efectuaban un encuentro de alto nivel.

Sobre la situación en Cachemira sólo se acordó la voluntad de llegar a “una resolución final pacífica y negociada”. Con la partición en 1947, la mayoría musulmana de Cachemira pasó bajo control político de India. Pakistán ha abogado desde entonces por el derecho a la autodeterminación de esa población. Unas 40 mil víctimas fatales es el saldo dejado sólo desde 1989. En diciembre de 2001, un ataque al Parlamento indio –que Nueva Delhi responsabilizó a Islamabad– hizo retroceder las relaciones diplomáticas y avanzar una movilización militar que los tenía al borde de otra guerra (Ercilla Nº 3180).

Así las cosas y mientras la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean, por sus siglas en inglés) prosigue sus tratativas para conformar –al parecer ya más seriamente– una unión monetaria, no son pocos los que se preguntan si podrán coexistir pacíficamente potencias emergentes como India y China, sólo por nombrar las más emblemáticas. Sin duda, la hiperpotencia tiene desde ya algo que decir.

Andrés Pérez González

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