Crisis en Perú

El "harakiri" de Fujimori

-----------------------------------------------------

En un acto desesperado, Alberto Fujimori comunicó su renuncia al Ejecutivo peruano desde Japón, la tierra de sus antepasados. Aislado y acorralado políticamente, el actual ex presidente culminó su década en el poder destituido por "incapacidad moral" para ejercer cualquier función pública. La tragedia para este "samurai" aún puede empeorar.

------------------------------------------------------

Alberto Fujimori ha decidido refugiarse en el característico "silencio japonés". Al parecer, aprendió la lección de verse víctima de sus propias palabras. Sólo hace un mes, ante la renuncia de su flamante primer vicepresidente, Francisco Tudela, el ex mandatario lo interpeló públicamente, diciendo que "un hombre no debe correrse ante los problemas" o que "un hombre debe quedarse cuando las papas queman". En ese sentido, siguiendo al columnista del diario limeño Expreso Rafael Romero, "es lamentable que Fujimori no tenga palabra ni haga honor a su ascendencia nipona".

Romero llamó además la atención sobre el "desfiguramiento internacional" de quien habitara por una década el Palacio Pizarro y contara en su tiempo con la aprobación de Estados Unidos. Y recordó que "jamás en la historia de Perú un presidente presentó su renuncia desde el exterior".

LA FUGA

La planificada escapatoria estuvo repleta de falsos señuelos. Momentos antes de su inesperada partida al Asia, cercanos al ex presidente comunicaron a la prensa apostada en la sede de Gobierno, ese 18 de noviembre, que varios dispositivos judiciales realizarían un nuevo allanamiento a dependencias del ex asesor de inteligencia y actual prófugo de la justicia, Vladimiro Montesinos. La trampa tuvo el resultado esperado y Fujimori logró partir a Brunei, donde participaría –aunque sólo por unas horas- del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). Desde ese lugar, este desesperado "samurai" emprendió un titubeante traslado. Para eso canceló su participación en la décima Cumbre Iberoamericana que se desarrollaba en Ciudad de Panamá, ingresando finalmente en el lujoso hotel New Otani, ubicado en la tierra de sus antepasados, Japón.

A partir de ese momento cundió la alerta periodística. Diversas versiones mencionaban la posibilidad de que el ahora depuesto presidente solicitara a Tokio asilo político; sin embargo, la legislación japonesa no reconoce esa facultad. Resurgió, además, la polémica por la "doble nacionalidad" de este hijo de inmigrantes nipones. "El (entonces) presidente Fujimori posee la nacionalidad japonesa y no tiene problemas para quedarse en Japón", declaró un funcionario gubernamental del pueblo rural de Kawachi, en la provincia de Kumanoto (en la sureña isla de Kyushu), donde tiene sus orígenes este derrotado autócrata.

Sin embargo, la polémica aún no está zanjada. A diferencia de la legislación peruana que no prohíbe la doble nacionalidad, su similar nipona pone como plazo los 21 años de edad para optar por el pasaporte japonés. Por ahora, Fujimori eludió este nuevo conflicto, ya que dijo utilizar su papeles diplomáticos, que le brindan absoluta inmunidad y tienen un año de duración.

DECEPCION

A los acérrimos fujimoristas les duele el curso por el que ha desembocado la aguda crisis política. Aún no está claro si ese domingo 19 su gabinete conocía o no la carta de renuncia que al día siguiente un "autoexiliado" Fujimori enviaría a Perú. Algunas versiones hicieron eco de cierta "traición" o "hastío" en su equipo de trabajo, que habría detonado anticipadamente esta "bomba" política.

"Fujimori también engañó a su gabinete. El nunca les advirtió de que los iba a abandonar en estas circunstancias. El los dejó en una situación muy complicada", precisó a Ercilla Fernando Rospigliosi, analista político y columnista de la prestigiosa revista peruana Caretas.

El experto Santiago Pedraglio confirmó a Ercilla que el "terremoto" institucional ocasionado por Fujimori soprendió a sus propias huestes. "Creo que es un golpe muy, muy duro. Hay mucha gente que ha creído ciegamente en Fujimori y recién comienza a sentirse profundamente decepcionada. No sólo porque piensa que ha habido robo y corrupción, sino por la propia conducta política de Fujimori que se muestra como alguien que no puede encarar la situación".

Sólo el pasado 20 de noviembre, el "Chino" se atrevió a dar la cara. Salió a los patios del hotel New Otani y se dirigió a la prensa, intentando infructuosamente "salvar" su pisoteada reputación. El destituido mandatario adujo "razones difíciles de comprender" que explicarían su decisión. Además, reconoció la existencia de una red de apoyo a Montesinos.

"Sólo trata de legitimar su fuga como todos esos dictadores al estilo Stroessner, Batista o Somoza, quienes huyeron con las maletas repletas de dólares", explicó categóricamente Rospigliosi.

TRANSICION

Alberto Fujimori logró lo que en 179 años de vida republicana no se atrevió ninguno de sus antecesores en Perú: Después de 12 horas de sesión legislativa, ese 21 de noviembre se rechazó su renuncia entregada desde el extranjero. Eso sí, el Congreso pasó a la delantera y lo destituyó por "incapacidad moral" permanente para cumplir cualquier función pública.

Por partida doble, una envalentonada oposición se sacaba finalmente de encima al autócrata y le cerraba las puertas de la institución unicameral, ante la posibilidad de que encabezara alguna lista en las adelantadas elecciones programadas para el 8 de abril.

Según el opositor diario La República, en una editorial fechada al día siguiente de la destitución, la discusión parlamentaria constituyó un verdadero tribunal a la obra de Fujimori. "Como muchos lo habían vaticinado, se trató de un enjuiciamiento político de diez años y cuatro meses de fujimorismo, puesto que no abarcó únicamente la cuestionada renuncia de AFF (Alberto Fujimori Fujimori) a la presidencia sino que puso en el banquillo de los acusados al modelo conservador y autocrático con ropaje neoliberal que imperó durante más de un decenio y demostró su bancarrota", concluyó el artículo.

Así, en un "abrir y cerrar de ojos" y ante la ratificación legislativa de las renuncias de ambos vicepresidentes (Francisco Tudela y Ricardo Márquez), el recién proclamado presidente del Congreso, el político moderado Valentín Paniagua (64), fue vitoreado -con 63 votos a favor, nueve en contra y nueve abstenciones- "presidente interino" de Perú hasta el traspaso del mando fijado para el 28 de julio.

Inmediatamente, los sectores políticos que antes conformaban la oposición (a Fujimori) y que hoy constituyen el nuevo oficialismo, se sumergieron en las milimétricas discusiones respecto al próximo gabinete. Diversas fuentes consultadas por esta revista concordaron en que la llegada del ex secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, al mando del equipo de trabajo de Paniagua allanará el camino para cumplir con los dos principales objetivos de esta provisoria administración: estabilidad económica (especialmente, la renegociación de la deuda externa) y garantías para un proceso eleccionario transparente.

"Lo que parece claro es que habrá figuras de primer nivel que tendrán una función básicamente técnicas", corroboró a Ercilla el periodista de la revista Caretas, Sergio Carrasco.

SUICIDIO POLITICO

"En un momento en el que el país reclamaba instituciones fuertes y viables, doctrinas de gobierno y políticas estables, el ingeniero Fujimori hace un harakiri, no sólo a su carrera personal sino al fujimorismo como espacio político. El ocaso del fujimorismo se produce por actos de corrupción y por la defección de su líder, quien con una serie de artilugios y subterfugios se ha puesto a buen recaudo, sin honor, sin escrúpulos, sin moral". Esa fue la opinión de Rafael Romero del rotativo limeño Expreso.

Todos los analistas contactados por esta revista coincidieron en tildar políticamente "liquidado" al depuesto mandatario.

Más bien, Fujimori quiso abandonar lo antes posible suelo peruano para no presenciar cómo su aparato cívico-militar, organizado por el oscuro jefe del "desarticulado" Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), se desmoronaba estruendosamente. "Al perder el oficialismo la presidencia del Congreso se desencadenó rápidamente la caída del Ejecutivo. Esto se agrega al temor de chantaje de Montesinos, que contribuyó al acorralamiento definitivo de Fujimori", recordó Sergio Carrasco de Caretas. El controvertido asesor –quien, al cierre de esta edición, no se descartaba que hubiera escapado a Paraguay- hizo varias declaraciones en las que dejó en evidencia la unión indisoluble entre ellos, reiterando que la caída de uno acarreaba la del otro. Y, a juzgar por los hechos, no se equivocó.

Contra su suerte, la tragedia de este "samurai" aún puede empeorar. A juicio del experto Santiago Pedraglio, "lo del pasaporte diplomático va a valer hasta cierto punto, porque los japoneses pronto comenzarán a incomodarse. En el momento en que haya pruebas o indicios claros de que Fujimori está comprometido en corrupción o que tiene cuentas bancarias en el extranjero, ciertamente habrá un pedido de extradición". Es de esperar que la paciencia de los hijos del sol naciente no sea ilimitada. Sí eso ocurre, Fujimori –quien al cierre de esta edición continuaba en Japón, aunque con paradero desconocido- todavía tendría una oportunidad para recuperar su honor perdido.

------------------------------------------------------

Andrés Pérez González

------------------------------------------------------

RECUADRO: VICTIMA DE SU AMBICION

Los diez años de régimen fujimorista en Perú comenzaron como "una carrera de caballo y (concluyeron con) una llegada de burro", graficó el columnista Rafael Romero del matutino peruano Expreso. "Y lo que hizo con una mano lo borró con el codo", sentenció.

El legado que dejó el gobierno autoritario, presidido por este profesor universitario y secundado por el oscuro personaje Vladimiro Montesinos, está lleno de contradicciones.

Al control de las variables macroeconómicas y la insurgencia izquierdista, Alberto Fujimori logró reposicionar a Perú en el contexto internacional. Sin embargo, a poco andar consolidó una estructura paraestatal que ocasionó múltiples denuncias de atropellos a los derechos humanos y corrupción. Una opinión generalizada en ese país es que la propia sed de poder de este hijo de inmigrantes japoneses, lo convirtió en su propia víctima.

"El se llegó a creer toda esta historia fantasiosa que construyó Montesinos a su alrededor, de que era un gran líder que pasaría a la historia. De repente, en los dos últimos meses se dio cuenta de que no era nada", comentó a Ercilla el analista Fernando Rospigliosi.

El experto advirtió, además, del futuro papel que desempeñarían los sobrevivientes cercanos a este destronado emperador. "La gente que queda del régimen, que no son un partido político ni nada, sino sólo una banda de delincuentes, van a poner obstáculos y crearán desórdenes. Porque a lo que ellos más le temen es a la justicia y quieren que no haya tiempo para preocuparse por ellos. Su núcleo fundamental es la cúpula militar", confesó a Ercilla.

------------------------------------------------------

publicado el 27 de noviembre del 2000 en Ercilla

Hosted by www.Geocities.ws

1