Irak

Otra guerra sin Inteligencia

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Claramente, la Administración Bush no previó el desarrollo de la emergente y efectista guerrilla iraquí. Más que un atolladero, advierten algunos analistas, el conflicto en la antigua Mesopotamia se está convirtiendo en un peligroso “hoyo negro”.

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El nombre original de Bagdad es Madinat as Salam y significa, paradójicamente, “ciudad de paz”. Pareciera que en atención a su origen, la tensión desatada por la ocupación anglo-estadounidense se ha trasladado en las últimas semanas a Fallujah, al interior del denominado “Triángulo sunita”. A seis meses de que el presidente estadounidense, George W. Bush, declarase grandilocuentemente el fin de las operaciones militares, la resistencia iraquí derribó en ese reducto –el pasado 2 de noviembre– un helicóptero de transporte Chinook CH-47, dejando 15 soldados muertos, varias decenas de heridos y una fuerte conmoción entre los estadounidenses que presencian, día tras día, en las pantallas de televisión la amenazadora efectividad de los guerrilleros iraquíes.

Según fuentes de Inteligencia citadas por The Washington Post, las fuerzas anti-ocupantes estarían conformadas por miembros leales al hoy clandestino Saddam Hussein, por extremistas islámicos y por otros fundamentalistas provenientes de países vecinos.

“A pesar de que aquellos estadounidenses más familiarizados con la historia, política y la sociedad iraquí predijeron que habría una extendida oposición, los ideólogos de la Administración Bush pensaron ingenuamente que la invasión estadounidense sería universalmente bien recibida”, comenta a Ercilla desde San Francisco, Estados Unidos, el politólogo Stephen Zunes.

 

APOYO POPULAR

 

“La gente celebra cada muerto estadounidense; cuantos más muertos, mayor es la fiesta”, reconoce Faluya Nuri al Duleimi, ingeniero cesante de 34 años y residente de Fallujah, al enviado especial del diario ABC de Madrid. Unos folletos a la puerta de la mezquita –puntualiza la misma nota publicada el pasado 4 de noviembre– advierten a la población de que no frecuente el mercado ni los lugares públicos, porque se preparan nuevos ataques “con armas sofisticadas”.

Feras Khalil, un profesor de psicología, expresa a The Washington Post que “los estadounidenses se están haciendo enemigos por el modo cómo tratan a las personas”. Según este académico, su casa fue blanco de los disparos de los efectivos norteamericanos durante prolongados diez minutos, en la tarde del pasado 1 de noviembre. En esa ocasión, un atacante lanzó una granada contra la oficina municipal bajo resguardo de estos paracaidistas. Los comandos no lo pensaron dos veces y dieron por seguro que el ataque provino del interior de la residencia de Khalil, concentrando en ese objetivo su armamento de grueso calibre. Al menos, no hubo víctimas que lamentar.

Para el ya mencionado Stephen Zunes, “a través de su historia moderna, la población iraquí ha sido fuertemente nacionalista y enemiga de las reglas extranjeras. Por lo demás, los soldados estadounidenses tienen muy poco entrenamiento en contrainsurgencia urbana o muy básicas nociones en operaciones policiales”.

Baruch Kimmerling, profesor de sociología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, manifiesta a Ercilla que “nadie desea ser ocupado por extranjeros. Los rusos odiaban el régimen comunista de Stalin pero lucharon bravamente contra los ‘libertadores’ alemanes. Para los iraquíes, el ‘honor’ es muy importante y se sienten ‘agraviados’ por los estadounidenses”.

Al ser también consultado por esta revista, el analista militar estadounidense Daniel Smith cree que “al margen de odiar a Saddam, la población conocía al menos las reglas y se sentían ‘seguros’ durante su régimen. Hoy, ellos no entienden las reglas y lo que experimentan es inseguridad, ocasionada por Estados Unidos al derrocar al viejo régimen”.

Todas esas dificultades y la creciente incertidumbre tienen en alerta al Pentágono. Recientemente, un vocero de las fuerzas de Estados Unidos en Irak informó que sus efectivos sufren una media de 33 ataques diarios, frente a los 12 registrados en junio último. Esto ha quedado en evidencia con el ataque al hotel donde se alojaba –el pasado 26 de octubre– el número dos del Pentágono, el polémico Paul Wolfowitz, y la serie de atentados suicidas que sacudieron, en la siguiente jornada, a cuatro comisarías y a la sede de la Cruz Roja Internacional en Bagdad, dejando un saldo de 57 muertos.

 Tanto así que, el pasado 6 de este mes, el general Peter Pace –jefe del Estado Mayor Conjunto– anunció al Congreso estadounidense que reducirían los actuales 130 mil efectivos en la zona a unos 100 mil antes de mayo próximo. Para entonces se espera ya tener en funcionamiento a 171 mil miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes.

 

SANGRIENTO RAMADAN

 

La cercanía de las elecciones presidenciales tiene con cierto insomnio a los responsables del actual gobierno republicano. El inicio de un “sangriento” Ramadan (mes sagrado de los musulmanes que coincidió con una nueva ofensiva de la resistencia iraquí), obligó a Bush a dar la cara. “Algunos de los mejores han caído en su servicio a sus compatriotas. Estamos de luto por cada uno, honramos cada nombre, sufrimos con cada familia”, declaró tras la caída del Chinook, insistiendo en eso de que el conflicto iraquí está directamente relacionado con los intereses nacionales de Estados Unidos.

Pero ni siquiera la mayoría de los estadounidenses comparten sus lineamientos. De acuerdo a un sondeo de The Washington Post y ABC News dado a conocer la misma jornada de la tragedia militar aérea, un 51% de los entrevistados desaprueba –por primera vez desde el inicio de las operaciones bélicas el pasado 20 de marzo– el manejo de Bush de la situación en Irak. Tres días después, otro estudio de la misma fuente detalló que si bien el 61% de los consultados cree que Irak es parte de la “guerra contra el terrorismo”, sólo un 14% cree que es la parte “más importante” de la controvertida apuesta exterior.

Ya a fines de octubre, otra encuesta –esta vez de CBS News determinó que la mitad de los consultados cree que el conflicto en Irak está fuera de control, frente a un 39% que opina lo contrario. “Más que un atolladero, yo prefiero la imagen de un hoyo negro”, confiesa a Ercilla el experto de Defensa Daniel Smith.

Sin duda, estos resultados alientan a los demócratas en su aspiración para que uno de los suyos vuelva a instalarse en la Casa Blanca. Luego de los dichos de Bush, el legislador Dennis Kucinich –el único que votó contra la resolución que autorizó el comienzo de la guerraclamó para que “esta desastrosa misión acabe antes de que se pierdan más vidas. Es hora ya de traer las tropas”. Por su parte, los también congresistas demócratas Dick Gephardt y John Edwards insistieron en que es urgente que Estados Unidos amplíe la presencia militar de otros países en Irak. El ex general Wesley Clark –uno más de los abanderados presidenciales por el Partido Demócrata acusó severamente: “Hemos sido mal dirigidos a este conflicto y no hay una auténtica estrategia para salir bien de él”.

Pese a las persistentes acusaciones de los demócratas y a la creciente opinión adversa de la ciudadanía, el mandatario estadounidense reiteró que “Estados Unidos jamás huirá de Irak”. Sacudida por la sorpresiva ofensiva iraquí, el Senado aprobó un plan por 87.500 millones de dólares destinados para Irak y Afganistán, consiguiendo así Bush oportunamente un necesario respaldo a su gestión.

 

¿INTELIGENCIA?

 

Claramente, la Administración Bush no previó con el debido realismo la emergencia de la resistencia iraquí. “La CIA y las otras agencias de Inteligencia han sido algo débiles en las pasadas décadas en el área de los árabe-hablantes y de las operaciones en terreno en Medio Oriente, mientras enfatizaban en avanzados métodos tecnológicos”, dice a Ercilla el citado Stephen Zunes.

Según el sitio en internet Jane’s, especializado en asuntos de Defensa, “una de las principales acusaciones contra la Administración Bush es que el presidente y su círculo interno ignoraron los informes de Inteligencia que no apoyaron la solución bélica. Hubo una notoria preferencia por la Inteligencia proveniente desde fuera de los canales usuales”. La misma fuente agregó que existieron “serias deficiencias en Inteligencia” respecto a la comunidad shiíta iraquí y el grado de radicalización integrista que asumió tras el colapso del régimen del Partido Baath.

“Lo que hace falta es darse cuenta de que la insurgencia guerrillera es esencialmente local en términos de objetivos y de quienes llevan a cabo los ataques; por eso, la Inteligencia tiene que ser local... y eso depende únicamente de contactos personales”, precisa a esta revista el analista estadounidense Daniel Smith.

Hay demasiado en juego para dejar que las cosas queden a la deriva –advierte en un artículo el polémico ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, acérrimo adepto de la Realpolitik. La política hacia Irak debe navegar entre dos extremos. Un esfuerzo estadounidense solitario, aunque pueda llegar a ser un último recurso, aumentaría las presiones psicológicas y políticas de un clima internacional hostil y el aliento que esto brinda a los movimientos guerrilleros iraquíes. Por el contrario, un multilateralismo abstracto multiplicará los vetos y las frustraciones e incitará a políticas nacionalistas en Irak justificadas por eslóganes multilaterales. Irak se convierte así en una importante prueba para la posibilidad de un orden mundial ilustrado y, sobre todo, para la posibilidad de restaurar la relación atlántica. Estados Unidos debería estar preparado para compartir responsabilidades definidas con sus aliados y con la comunidad internacional porque la legitimidad internacional del gobierno iraquí que surja depende en parte de su aceptación internacional”.

Al margen del plano intelectual y diplomático, la inestabilidad y la desesperación continúan en Fallujah. “Nadie en realidad quiere a Saddam”, confesó recientemente un jefe local de nombre Hassnawi al prestigioso rotativo de la capital estadounidense. “Lo que ocurre es que están muy frustrados con los estadounidenses. La población esperaba más de ellos, y no pueden creer que el país más poderoso del mundo esté haciendo tan poco para ayudarlos”.

Mustafa Naji, un estudiante del Corán de 19 años, reconoce: “Fallujah se ha convertido en el campo de batalla de todo Irak. Todos están viniendo a pelear aquí”.

En esa dirección se dirige, precisamente, el comentario de una fuente de Inteligencia estadounidense difundido en Jane’s: “Si Al Qaeda no estaba operando en Irak bajo Saddam Hussein, de seguro que ahora sí lo hace”.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)            “SADDAM NO ESPERABA LA GUERRA”

Tarek Aziz, destacado alto funcionario del extinto régimen de Saddam Hussein y único cristiano al interior del círculo sunita, captó nuevamente la atención periodística. The Washington Post recogió, el pasado 3 de noviembre parte de sus declaraciones a los agentes de Inteligencia: “Sadam no esperaba la guerra. Pensaba que habría bombardeos como en el ‘98 pero que el régimen continuaría y que a él se le vería como a un héroe. Y en caso de que ocurrieran, creía en las promesas que había recibido de los franceses y los rusos, además de la resistencia que él pensaba que opondría el ejército”.

Es por eso que, de acuerdo a este testimonio, nunca existió un plan coordinado para defender Bagdad, cayendo esta capital sin mayores dificultades el pasado 9 de abril y cuando ni siquiera se cumplía un mes de iniciada la invasión. De igual modo, tampoco hubo un programa de armamento de destrucción masiva; salvo en la retórica utilizada por Hussein para alimentar el temor en países árabes aliados a Estados Unidos, como Kuwait, Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos.

Respecto a la mencionada participación de Francia y Rusia, siempre según Aziz, ambos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU habrían enviado emisarios a Bagdad desde diciembre de 2002, comprometiéndose a impedir las acciones bélicas por medio de demoras o su derecho a veto en el máximo órgano resolutivo mundial.

No obstante, el mismo matutino reconoció la incredulidad que despertó entre los agentes de Inteligencia los dichos de Aziz –quien se entregó a las fuerzas ocupantes el pasado 24 de abril–, debido a su historial de oportunismo avasallador.

A.P.G.

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