Conflicto en Medio Oriente

De mal en peor

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Golpeando sorpresivamente el delicado tablero regional, la administración Sharon ordenó bombardear un supuesto campo de entrenamiento terrorista en Siria, como reacción a otro atentado suicida perpetrado por un grupo integrista palestino. Sumado a la constante presión de Washington, el régimen sirio se tambalea entre las cuerdas.

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Los cazas israelíes se adentraron en territorio sirio nada menos que hasta 20 kilómetros al noroeste de la capital Damasco, para lanzar un amedrentador bombardeo el pasado 5 de octubre. El objetivo militar era un lugar conocido como Ein Saheb, considerado por Israel como un campo de entrenamiento terrorista de la Jihad Islámica, grupo integrista palestino que el día anterior se había adjudicado otro atentado suicida que dejó 19 muertos.

A pesar de que el ataque no dejó víctimas fatales, todo advertía el comienzo de una nueva espiral de violencia, llevando el conflicto palestino-israelí más allá de los territorios ocupados y de las grandes urbes hebreas. Más aún cuando por esos días se cumplían 30 años de la Guerra de Yom Kippur, última ocasión en que Israel había invadido las fronteras de Siria.

De acuerdo a fuentes del gobierno israelí, el hecho de que el ataque no halla dejado víctimas se explica porque “el campo de entrenamiento estaba vacío. Las fuerzas de la Jihad Islámica estaban realizando maniobras afuera”. Las autoridades sirias rechazaron las acusaciones de Israel y aseguraron que Ein Saheb era un campo de refugiados palestinos.

Al respecto, Matthew Levitt –experto de The Washington Institute for Near East Policy y un ex agente de contraterrorismo en el FBI– expresa a Ercilla que “Israel decidió conscientemente atacar un campo terrorista abandonado en un esfuerzo por enviar el claro mensaje de que ‘si los terroristas pueden atacar a los israelíes dónde sea y en cualquier momento, Israel ejercerá represalias contra los ayudistas de esos terroristas dónde sea y en cualquier momento’, sin aumentar las tensiones matando personas en suelo sirio. Esto es una señal de la responsabilidad y moderación de Israel; no un error de Inteligencia”.

En declaraciones también a esta revista, el analista militar estadounidense Daniel Smith cree que “Sharon debe haber escogido un campo abandonado para ver qué hubiera recibido de Bush, en caso de alguna reacción adversa”.

 

ABORTADA CONDENA

 

Pasadas sólo unas horas del ataque de la aviación israelí, Siria convocó una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en el que forma parte –al igual que Chile– como miembro no permanente. La intención de Damasco era condenar la acción de la administración Sharon por constituir una amenaza a “la seguridad y la paz en la región”. La discusión se prolongó hasta la madrugada del lunes y, a pesar de que la mayoría de los países miembros criticaron la decisión de Israel, el representante de Washington, John Negroponte, abortó –como es costumbre en estas instancias internacionales– cualquier resolución condenatoria contra Israel.

Negroponte dijo que su país cree que “Siria está en el lado equivocado en la guerra contra el terrorismo” y que “una nueva resolución sobre Medio Oriente no sería necesaria... lo que sí es necesario –enfatizó– es que Siria desarticule a los terroristas que se encuentran al interior de su territorio”.

Sus palabras no fueron novedad. El mismo George W. Bush había advertido, el 24 de junio del año pasado, que Damasco debía “elegir el lado correcto en la guerra contra el terror”. Sin ir más lejos, a principios de mayo de este año, el moderado secretario de Estado, Colin Powell, viajó a la capital siria para manifestarle al presidente Bashar Assad “en los términos más duros posibles” que Washington no tolerará que su país continúe apoyando a las organizaciones terroristas, de acuerdo a lo publicado el pasado 5 de mayo en el rotativo israelí Haaretz.

Zeev Schiff, especialista en Defensa en el mismo diario, detalló en un artículo aparecido el 20 de ese mes que el gobierno sirio le ofreció, inclusive, financiamiento directo a Hamas si esta organización retomaba la táctica de los atentados suicidas.

Pese a que según el vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, el gobierno de Sharon no les advirtió anticipadamente de la operación aérea, Bush fue claro en aseverar que “Israel tiene el derecho a defenderse, no debe tener límites para defender su territorio, aunque también es importante que cualquier acción que tome debe evitar una escalada de violencia”. El mandatario estadounidense denunció, además, el “terrorismo de los extremistas palestinos” como un obstáculo para la creación de un Estado independiente propio.

 

“EN CUALQUIER LUGAR... ”

 

“Israel no será disuadido para que no defienda a sus ciudadanos y golpeará a sus enemigos en cualquier lugar y en cualquier momento”, declaró el pasado 6 de octubre el premier israelí durante un acto conmemorativo por la Guerra de Yom Kippur.

En esa misma jornada, la tensión aumentaba en la frontera con el Líbano tras la muerte de un soldado judío en una incursión de la guerrilla de Hezbolá (Partido de Dios). Por si fuera poco, un niño libanés de cuatro años de edad también murió por un cohete “Katiusha” lanzado por ese grupo libanés prosirio, según inspectores de la ONU.

Este progresivo fin al statu quo amenaza con acrecentar la disputa entre Tel Aviv y Beirut por las denominadas granjas de Cheba, consideradas un enclave estratégico. Israel lo considera territorio sirio ocupado y quiere negociar su estatus con Damasco; mientras esta capital asegura que ya le pertenece a Beirut, en virtud a los acuerdos de 1990 que pusieron fin a 15 años de sangrienta guerra civil. Durante 18 años Israel ocupó el sur libanés, retirándose recién en mayo del 2000 de todos los territorios, salvo de las granjas de Cheba.

Pero el ataque israelí no contó con la aprobación al unísono de su propia clase política. El propio ministro de Vivienda, el ultranacionalista Efi Eitam (líder del Partido Nacional Religioso), consideró la incursión en territorio sirio como “carente de sentido, ya que desvía la atención de la opinión pública de lo más importante; esto es, eliminar a la banda de Yasser Arafat”.

“Ese ataque en Siria no dará una respuesta al terrorismo. Es sólo una advertencia al gobierno sirio y no sé si ello vale la actual tensión en la frontera libanesa”, estimó el diputado laborista Matan Vilnai, quien además es general en la reserva en esta cada vez más militarizada sociedad hebrea.

El presidente sirio, por su parte, no halló otra explicación que “un intento del gobierno israelí para salir de sus crisis a través de aterrorizar y tratar de arrastrar a Siria y a la región hacia nuevas guerras”. Además de tildar al gabinete de Sharon como un “gobierno de guerra”, dijo que sólo “la guerra justifica su existencia”.

Los analistas consultados descartaron alguna reacción militar de parte de Siria. Pero el embajador sirio en Madrid, Mohsen Bilal, cree lo contrario: “Si Israel ataca a Siria una, dos o tres veces más, por supuesto que el pueblo sirio, su gobierno y Fuerzas Armadas reaccionarán en defensa propia (...) Y esto significa utilizando todos los medios. Si Israel nos continúa atacando y continúa sus agresiones, por supuesto que reaccionaremos a los ataques, a pesar del hecho de que nosotros peleamos por la paz”. Estas declaraciones, realizadas el pasado 8 de octubre, fueron luego desmentidas oficialmente desde Damasco, tachándolas como una “interpretación personal de la política oficial” de su gobierno.

El profesor de sociología de la Universidad Hebrea en Jerusalén, Baruch Kimmerling, no descarta por completo la posibilidad de un conflicto bélico. Contactado por Ercilla, este especialista en militarismo asevera que “Siria, con sus viejas y descontinuadas armas aún tiene poder de disuasión sobre Israel. 80% del territorio israelí puede ser alcanzado por los misiles Scud de Siria, que incluirían posiblemente ojivas biológicas o químicas. Sharon asumió un gran riesgo. Aunque en una guerra regional a gran escala Israel puede destruir a Siria, los civiles israelíes pagarían un muy alto precio, lo que probablemente no debe incomodar mucho a Sharon”.

También consultado por esta revista, el experto Gerald Steinberg –de la Universidad de Bar-Ilan en Israel– asegura que “golpear objetivos del terror en Siria proporciona a los líderes israelíes una opción adicional que también aumenta el impacto de disuasión, más allá que atacar a Arafat y a otros líderes de Cisjordania y Gaza. Esto también forzará a la comunidad internacional a actuar más seriamente para detener el terrorismo palestino, antes de que esto desencadene una escalada en la región”.

El viceprimer ministro israelí, Ehud Olmart, miembro del gabinete de seguridad, pareciera revelar la lógica de la actual administración: “No hay reacciones proporcionales a un hecho terrible (refiriéndose al atentado del 4 de octubre pasado que dejó 19 israelíes muertos: 14 judíos, tres de ellos niños, y 5 árabes cristianos), pues no hay nada que sea demasiado o muy exagerado, cuando se trata de responder a las cosas terribles que nos hacen”.

Pero, ¿por qué recién ahora Ariel Sharon decide atacar Siria si las acusaciones no son nuevas?

“La administración Sharon se siente envalentonada con la fuerte actitud de Estados Unidos contra Damasco, y frustrada por las limitaciones dadas por Estados Unidos respecto a los palestinos”, declara a Ercilla el destacado columnista Daniel Pipes, cuyos artículos aparecen regularmente en New York Post y The Jerusalem Post.

Matthew Levitt, el ya citado ex agente en contraterrorismo del FBI, comenta también a esta revista que “el conflicto palestino-israelí ya está globalizado. Irán y Siria apoyan y entrenan a terroristas palestinos para matar israelíes, mientras Arabia Saudita cubre aproximadamente el 50% del presupuesto de Hamas. La acción israelí envía simplemente el mensaje de que estas actividades no podrán seguir existiendo sin un costo”.

En la edición de noviembre-diciembre del año pasado del Middle East Intelligence Bulletin, este mismo experto puntualizaba que “a diferencia de Hamas, que extendió su infraestructura política y militar exterior en diferentes países durante los noventa y que sólo vino a depender de Siria cuando sus actividades fueron reducidas en otras partes, la presencia exterior de la Jihad Islámica (grupo que se adjudicó el atentado suicida del pasado 4 de octubre en un restaurant de Haifa) ha estado siempre concentrada en Siria y en el Líbano ocupado por Siria”.

Al cierre de esta edición, y de acuerdo a lo anticipado por Ercilla en la edición anterior, todavía no se puede descartar una incursión israelí en la Franja de Gaza o la expulsión o asesinato de Yasser Arafat (ver recuadro). De acuerdo a fuentes citadas por diarios israelíes, cinco células autónomas de la resistencia palestina estarían planeando una nueva operación en Israel: tres de éstas estarían localizadas en Nablus y dos en Jenín. Ante ese escenario, Sharon ordenó el reforzamiento de la presencia militar en los territorios ocupados y en la frontera con el Líbano.

En la ceremonia conmemorativa por la Guerra de Yom Kippur, Sharon evidenció nuevamente su óptica militarista: “tenemos que desarrollar constantemente y mejorar nuestra superioridad... tanto en el espíritu de los luchadores como en los instrumentos de guerra, como si la próxima guerra estuviera a la vuelta de la esquina”. Así, sólo falta que un chispazo encienda la mecha.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO)                     ENIGMA ARAFAT

Un artículo aparecido el pasado 8 de octubre en el siempre bien informado rotativo británico The Guardian puso en el tapete el deteriorado estado de salud de Yasser Arafat (74). Según una fuente al interior del círculo del “raïs”, éste habría sufrido los primeros días de este mes un “ataque cardiaco blando” y no un “simple refrío”, como dijeron en su momento responsables de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Nabil Shaath, ministro de Exteriores de la ANP, negó esa misma jornada la versión de The Guardian, asegurando que el líder histórico palestino sufrió “una infección viral en el estómago... que lo llevó a  dejar de comer por cuatro o cinco días, lo que repercutió en su aspecto frágil”. Mientras al cierre de esta edición se rumoreaba la posibilidad de que el designado premier palestino, Ahmed Qurea (Abu Ala) había presentado su renuncia, una nota de la edición online de Time ventilaba que Arafat padece un cáncer estomacal.

A.P.G.

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