Guerra en Afganistán

Nadie es inocente

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Como una torre de naipes se ha desmoronado el régimen talibán. Al cierre de esta edición, su poderío se restringía a la sureña ciudad de Kandahar; mientras Osama Bin Laden continuaba con paradero desconocido. Pertrechados en las montañas, los integristas anunciaban una prolongada guerra de "guerrillas", que torpedearía el intento por "reconstruir" Afganistán en un gobierno multiétnico.

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"No sé si es políticamente correcto decir esto", precisó el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald H. Rumsfeld, en una entrevista concedida recientemente al prestigioso programa 60 Minutes de la cadena televisiva CBS. "Pero es lo que yo prefiero teniendo en cuenta todo lo que él ha hecho", agregó respecto a que sería mejor ver muerto a Osama Bin Laden, el multimillonario saudí presuntamente responsable de los atentados cometidos en Nueva York y Washington el último 11 de septiembre.

Y es que el cerco al líder máximo del grupo terrorista islámico Al Qaeda (La base) se ha estrechado. Sorpresivamente en el transcurso de dos semanas, el régimen talibán se desmoronó, generando un sensible "vacío de poder" en Afganistán.

Incómoda ante las insistentes y crecientes críticas -debido a la falta de resultados visibles-, la Administración Bush halló finalmente cierto alivio. El pasado 9 de noviembre el poderío talibán vio caer su primera fortaleza: la norteña y estratégica Mazar-i-Sherif. Cuatro días después, el reconvertido Frente Unido (la Alianza del Norte junto a otros grupos antitalibán dispersados no sólo en la parte septentrional de ese país del Asia Central) desobedecieron la cautelosa estrategia estadounidense y tomaron el control de Kabul, la capital oficial. En este sorpresivo escenario "nuevos problemas emergerán", advirtió Thomas Withington, analista del Centro para Estudios de Defensa del King’s College de Londres.

Robert Fisk, renombrado columnista del rotativo británico The Independent, constató que "mucho se está hablando de los éxitos de la Alianza del Norte en la guerra, pero la guerra recién ha comenzado".

Según el representante talibán en Pakistán, Abdul Salam Zaeff (a quien Islamabad le retiró su rango diplomático el pasado 22 de noviembre, convirtiéndose en el último país en desconocer la autoridad del debilitado régimen integrista), Bin Laden "estaba en Kabul en el momento de la caída de la ciudad. Después se fue y desde entonces no sabemos si sigue en Afganistán".

EJECUCIONES SUMARIAS

La huida de los fanáticos musulmanes hacia las montañas, ha colocado a Kandahar, el otrora bastión religioso de los talibán, en una angustiosa situación. Sucesivas incursiones de aviones de combate AC-130, F-18 y los poderosos bombarderos B-52 envalentonaron al secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, a declarar, en referencia al paradero de Bin Laden, que "más tarde o más temprano, le haremos salir de su agujero". De acuerdo a BBC, fuentes de la Alianza del Norte han localizado al líder integrista a 128 kms. al este de Kandahar.

Según el prestigioso diario The New York Times -citando a fuentes militares-, más de 10 mil bombas o misiles se han lanzado en Afganistán desde el inicio de las incursiones aéreas, el pasado 7 de octubre. De ésas más del 60% corresponderían a municiones de alta precisión.

La suerte de Kunduz, la última localidad en el norte bajo control de los guerreros de turbante negro, también estaba en entredicho. Al cierre de esta edición y tras el ultimátum de tres días otorgado por los opositores antitalibán, se esperaba la rendición de los cerca de 10 mil efectivos que se habían pertrechado y juraban luchar hasta la muerte. El fanatismo afloraba especialmente entre los voluntarios combatientes extranjeros, provenientes de Pakistán, Egipto, Arabia Saudita y Chechenia.

Informes de prensa vaticinaban un baño de sangre en esa ciudad septentrional. De acuerdo a versiones de los escasos residentes que lograron escapar de Kunduz, abundaban las ejecuciones sumarias y los asesinatos a sangre fría.

En este nuevo escenario, ¿qué papel jugará la guerra de "guerrillas"?

"Existen algunas probabilidades de que eso ocurra, pero en mi opinión los talibán ya no están en condiciones de recuperar el territorio perdido. Ya no cuentan con redes de apoyo logístico desde el exterior de Afganistán. Los talibán llegaron donde llegaron debido a la ayuda de Pakistán en asistencia técnica y entrenamiento militar. Y desde que Pakistán interrumpió esa colaboración (convirtiéndose en el principal aliado estadounidense en la zona), es difícil que los talibán se reagrupen y vuelvan al combate", declaró desde Londres a Ercilla el periodista Shiraz Paracha, quien cubrió desde la ciudad fronteriza paquistaní de Peshawar los diversos conflictos ocurridos en Afganistán entre 1987 y 1998.

VACIO DE PODER

En Afganistán no hay ley ni orden. Virtualmente tampoco un Estado y abundan los cuestionamientos a su conformación como nación, teniendo en cuenta las históricas rivalidades entre las distintas etnias. Para llenar ese vacío de poder, Naciones Unidas ha logrado convencer a distintos sectores afganos para que se sientan a la mesa a discutir la "reconstrucción" de este empobrecido país, al margen de los talibán.

"Es difícil hacer un pronóstico, pero creo que el objetivo principal es obtener algún tipo de compromiso para la conformación de un nuevo gobierno en Afganistán", explicó a esta revista la investigadora Asma Afsaruddin, del Instituto de Estudios Internacionales para la Paz de la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos.

El encuentro estaba programado para el 26 de noviembre en Alemania y contaría con la asistencia de unos 30 delegados provenientes de la Alianza del Norte (conformada por las minoritarias etnias de tayicos, uzbecos y hazaras, principalmente), encabezada por el retornado ex presidente Burhanuddin Rabbani (1992-1996); los seguidores del anciano monarca Mohammed Zaher Shah (exiliado desde 1973 en Italia, quien cuenta cn el apoyo de un sector de los pashtún, mayoritarios en Afganistán y desligados ahora de los talibán) y los asistententes provenientes de Peshawar y Chipre, integrados por prominentes figuras afganas en el exilio.

¿Por qué Alemania?

"Creo que esa decisión obedece a la intención de los estadounidenses de que los europeos financien la mayor parte del costo de la reconstrucción de Afganistán, como ellos lo hicieron con el Plan Marshall al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Y en primera línea, entran en ese aspecto los alemanes", expresó a Ercilla el investigador Matthias Karadi, del Instituto para el Desarrollo de la Paz y la Política de Seguridad de la Universidad de Hamburgo.

El siguiente paso sería la convocatoria a una Loya Jirga (gran concejo de líderes afganos) que configurarían una nueva institucionalidad para ese país. Sin embargo, son pocos los optimistas. "No se sabe con exactitud la actual composición e influencia que tienen los diversos líderes tribales. Más aún cuando existen profundos intereses externos en Afganistán", advirtió desde Londres Shiraz Paracha.

Desde el Centro de Investigaciones para la Paz, en Madrid, el experto Alejandro Pozo, comentó a este medio que a lo anterior se agrega "el problema de los señores de la guerra, quienes tienen demasiado poder y no se van a conformar con hacer un gobierno de base amplia para perder así sus privilegios". Pozo, quien estuvo recientemente en un campo de refugiados afganos en Pakistán, no descartó además la fragmentación de la Alianza del Norte. "Cuando perciban que los talibán están derrotados, volverán a los problemas internos", manifestó.

CODICIA

"El misterio es por qué siempre esperamos que esa gente nos obedezca. Las normas de los afganos no funcionan de esa manera. Los grupos étnicos, las tribus y los pobladores no prestan atención a las órdenes de los extranjeros. Ellos hacen negocios. Occidente quiso utilizar a la Alianza del Norte como sus efectivos terrestres en Afganistán y la Alianza utilizó las bombas estadounidenses para ocupar la capital", precisó el columnista de The Indenpendent, Robert Fisk.

Shiraz Paracha agregó que "Estados Unidos no está interesado en la reconstrucción de Afganistán, sólo en la captura de Osama Bin Laden y para eso no ha dudado en ofrecer grandes sumas de dinero (25 millones de dólares por cualquier información sobre el paradero de Bin Laden) para sobornar a las tribus locales, principalmente de la etnia pashtún".

La zona amenaza convertirse en un polvorín de imprevistas dimensiones. Por lo pronto, Afganistán es el reino de la ambición, la traición y la venganza. Entronizado nuevamente en Mazar-i-Sherif se halla el cabecilla uzbeco de la Alianza del Norte, Rashid Dostum, un cuestionado "señor de la guerra". La población no olvida las atrocidades cometidas bajo su régimen, paradójicamente considerado "liberal" por permitir el ingreso de las mujeres al colegio y las universidades. Sin embargo, sus combatientes eran más conocidos por cometer violaciones y pillajes, incluso, siendo apodados los "qilimjams" (ladrones de alfombras).

"No existe la exclusividad del asesinato y la venganza. No hay inocentes en ningún lado en estos tiempos terribles", opinó el experto británico en agricultura Anthony Fitzherbert, quien en las últimas cuatro décadas ha estado estrechamente vinculado a Afganistán.

Noche tras noche, los aviones estadounidenses continuaban lanzando sus cohetes Maverick, guiados por láser, dejando caer también las poderosas bombas "revienta-búnker" de 2 mil kilos de peso en los posibles escondites de Bin Laden.

Aparentemente, la densidad de las rocas en las montañas afganas dificultaban alcanzar el ansiado objetivo de la Casa Blanca: capturar (¿vivo o muerto?) al líder islamista y a sus colaboradores de Al Qaeda. Para eso, al cierre de esta edición, no se descartaba el ingreso de un nuevo contingente terrestre que aporte mayores datos de Inteligencia para terminar esta primera etapa de la denominada "guerra contra el terrorismo", el primer conflicto bélico de envergadura del siglo XXI.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO) ¿DOCTRINA WOLFOWITZ?

Nueve días después de los atentados del 11 de septiembre, en su alocución al Congreso, el presidente de Estados Unidos, George Walker Bush, manifestó que "desde este día en adelante cualquier nación que dé apoyo al terrorismo será considerada por Estados Unidos como un régimen hostil".

Sus palabras aún retumban en los oídos de los analistas y observadores internacionales, alimentando las sospechas entre quienes aseguran que el único vencedor de la Guerra Fría ha cambiado su doctrina militar. Según Patrick E. Tyler, en un análisis aparecido el 21 de noviembre en The New York Times, Washington estaría sepultando la llamada "doctrina Powell", sintetizada en una estrategia militar de objetivos precisos y con un despliegue rápido y contundente de sus efectivos, luego de haber agotado las instancias políticas y diplomáticas. Al respecto, el vicesecretario de Defensa de la Casa Blanca, Paul D. Wolfowitz –quien ha declarado su intención de llevar la campaña "antiterrorista" contra Irak-, reiteró categóricamente las palabras de Bush. El alto funcionario expresó: "creo que todo gobierno que apoye o albergue terroristas debería estar muy preocupado en estos momentos".

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