Cuba
Fidel contra las cuerdas
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El líder comunista está algo complicado. A parte de los insistentes rumores de una eventual invasión estadounidense y los recientes reclamos por violaciones a los derechos humanos, el régimen castrista se ha enemistado con la Unión Europea, tachando de “Führercito del bigotico” al primer ministro español. Así las cosas, Castro pareciera estar a la deriva.
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Últimamente, el ex guerrillero de la barba y uniforme verde oliva no ha estado de buen humor. Más aún si fue realmente víctima de una “broma” planeada por dos jóvenes locutores cubano-estadounidenses, quienes editaron varios discursos del mandatario venezolano, Hugo Chávez, para armar una supuesta conversación telefónica entre éste y Fidel Castro. Cuando el líder comunista se dio cuenta, no reparó en improperios: “¿En qué caí comemierda? ¿En qué caí mariconzón? Vete para el coño de tu madre”. Los artífices de la “trampa” ya le habían hecho ver: “Fidel, ¡todo Miami te está escuchando!”.
Utilizando otras vías para desacreditar al jerarca comunista, el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, aprovechó de incorporar el siempre espinoso tema de Cuba en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que se desarrolló entre el 8 y 10 de junio en Santiago.
“La gente de Cuba mira cada vez más hacia la OEA por ayuda en la defensa de sus libertades fundamentales contra la depredación de la única dictadura en nuestro hemisferio –declaró este alto funcionario de la actual Administración Bush a los 34 ministros de Exteriores de todo el continente–. Mi gobierno mira hacia adelante para trabajar con nuestros socios de la OEA para hallar maneras de acelerar la inevitable transición democrática en Cuba”.
La oportunidad era, además, propicia para condenar las recientes ejecuciones de tres personas –tras un rápido proceso judicial– que habían secuestrado una lancha para intentar huir a Miami. De igual modo, las penas de prisión de hasta 28 años a 75 detractores del régimen. Ambos casos habían ocasionado consternación mundial.
No obstante, algunos cancilleres creían que esa no era la instancia adecuada para acusar a Cuba, sin abordar por lo demás el prolongado bloqueo de Washington. La Habana dejó de participar en 1962 en esa organización continental.
Al ser consultado sobre una eventual invasión militar estadounidense –durante una conferencia de prensa efectuada ese 9 de junio bajo fuertes medidas de seguridad–, Powell fue categórico al aseverar que “no hay plan para iniciar acciones preventivas o de anticipación respecto a Cuba”. Ronald Rumsfeld –polémico secretario de Defensa de la hiperpotencia– había dado pie a esas especulaciones, manifestando en reiteradas ocasiones sólo un “no por ahora”.
En conversación telefónica con Ercilla, el académico Antonio Jorge –del Departamento de Relaciones Internacionales, Económicas y Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de Florida– estima que eso es “mera alucinación” proveniente, probablemente, desde el mismo régimen para “desconcertar a la opinión pública”.
“NADA NUEVO”
El tema central de este máximo encuentro anual de la OEA, que se efectuaba por tercera vez en Santiago, fue la “Gobernabilidad Democrática en las Américas”. Probablemente por eso Colin Powell intentó llevar la discusión hacia Cuba, aunque sin mayor resultado. “América Latina parece saber mejor que Estados Unidos que Castro seguirá siendo Castro... Si hubiesen percibido que había una estrategia plausible para democratizar Cuba, la hubieran apoyado probablemente. Pero la política de Estados Unidos no ha sido efectiva en el pasado y parece que Powell no estaba proponiendo nada nuevo”, expresó Bill Leogrande, decano de la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad Americana en Washington.
Inclusive, algunos expertos en la región advirtieron ciertas señales de distanciamiento entre Estados Unidos y muchos de los países de América del Sur, especialmente alarmados ante el programado debut del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) para el 2005.
De acuerdo a Alana Yu-lan Price y Jessica Leight –investigadoras del Consejo de Asuntos Hemisféricos en la capital estadounidense–, “en vez de pedir a la OEA que se alinease detrás de la política antagónica de Washington hacia La Habana, Powell debió haber afirmado el papel potencial de esta organización como mediadora imparcial entre Estados Unidos y Cuba”. Desde Miami, el citado profesor Antonio Jorge le resta influencia a la OEA en este tema.
NI AZNAR NI BERLUSCONI
Algunos aún quieren creer que se trató de una manifestación “espontánea”, no vista desde el litigio por el “niño balsero” Elián González hace ya tres años. Pero lo cierto es que el millón de personas que inundaron varios kilómetros de El Malecón y paralizaron la Quinta Avenida, más parecían responder al poder de mando de Fidel, quien personalmente encabezó la jornada de protesta. A tempranas horas de ese 12 de junio, la mitad de la población de La Habana comenzaba a entonar consignas contra el gobierno del español José María Aznar y del italiano Silvio Berlusconi: “Somos el dolor de cabeza de Aznar” o “Si en 1898 no pudieron con nosotros, cien años después ni lo intentes” y “Abajo el fascismo”.
La noche anterior, el jerarca comunista había decidido dirigirse a la población por cadena de radio y televisión. Sus declaraciones fueron explosivas. Consideró a Aznar “autor intelectual” del endurecimiento político de la Unión Europea (UE) hacia Cuba, anunciado tras la última ola de represión. Y sentenció que “a pesar de que le insultábamos todos los días, hasta Franco fue más inteligente que el ‘Führercito del bigotico’ y resistió las presiones de Estados Unidos”.
La molestia contra Berlusconi se debe –por otra parte– a que ese gobierno suspendió en mayo pasado los programas de cooperación bilaterales, valorados en casi 40 millones de dólares.
La UE decidió limitar las visitas gubernamentales de alto nivel a esa isla caribeña, lo que Castro catalogó de “alivio”. Además, los miembros de la UE acordaron restringir su participación en actividades culturales en Cuba; el jerarca comunista comparó esa determinación con la “quema de libros por los nazis” durante la Alemania del Tercer Reich. Pero lo que sí enfureció a Fidel fue la decisión de los Quince de mantener “contactos permanentes” y de alto nivel con opositores al régimen, a través de las respectivas sedes diplomáticas en La Habana. “¿Qué pueden hacer? ¿Sumarse al bloqueo yanqui?”, increpó quien ha sabido mantenerse en el poder desde 1959.
Castro tildó también de “injerencia” indebida la pretendida relación con los disidentes cubanos. Agregó que sería algo similar a que en España una legación extranjera intentara reunirse con miembros de la proscrita agrupación separatista vasca Batasuna, considerada brazo político de ETA.
El pasado 16 de junio, los jefes de la diplomacia europea acordaron volver a insistir en su “honda preocupación” por el grave deterioro de los derechos fundamentales en esa isla. Y ratificaron las sanciones ya aprobadas. A juicio de Eric Olson, encargado para América de Amnesty International, “el gobierno cubano no respeta la expresión libre y pacífica de creencias políticas o religiosas”.
El Partido Popular (PP), al que pertenece Aznar, aprovechó el oleaje para intentar obtener dividendos políticos. Más aún cuando su gestión exterior en el pasado conflicto de Irak había mermado su “sintonía” con los españoles. Uno de los voceros del PP fue claro: “el castrismo es un barco a la deriva que necesita de payasadas y montajes para aparentar que goza del apoyo de un pueblo al que Castro ha convertido en víctima colectiva de su megalomanía”.
El español Javier Solana, Alto Representante para la Política Exterior de la UE, dijo el pasado 17 de junio que lo ocurrido en Cuba “empieza a rozar lo esperpéntico”, puntualizando que la isla requiere un “cambio profundo”. Para el también socialista Felipe González, ex jefe del gobierno hispano, Castro recuerda a un “Francisco Franco moribundo”.
En el reciente cierre del Tercer Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo, en el teatro Carlos Marx, el líder comunista había ya advertido que los últimos eventos eran sólo el “inicio de la respuesta” a la UE. “El deber de Europa es callarse la boca”, porque esa Unión Europea “comunitaria y otanesca” se ha convertido en “aliado militar de la superpotencia erigida en dueña del mundo”, manifestó.
Desde Miami, Eloy Gutiérrez Menoyo –ex comandante de la “Revolución cubana” que se rebeló desde los primeros años contra el incipiente totalitarismo, pasando 22 años en cárceles cubanas por actividades “contrarrevolucionarias”– estima que “cuando Fidel se ve acorralado, su reacción es por la tremenda. La política de la confrontación le viene como anillo al dedo”.
El mencionado académico Antonio Jorge cree que las últimas manifestaciones evidencian que Castro “carece de racionalidad económica, pero es perfectamente consistente con su estalinismo”.
Pero las críticas que más remecieron –y sorprendieron– a los fans castristas en el mundo provinieron de los escritores José Saramago (con su artículo “Hasta aquí he llegado”) y Eduardo Galeano, quien en “Cuba duele” asegura que “(...) lo digo con dolor. Cuba duele. (...) Son visibles los signos de decadencia de un modelo de poder centralizado, que convierte en mérito revolucionario la obediencia a las órdenes que bajan desde las cumbres”. Luego de 40 años, ese grito de dolor ensordecerá a muchos todavía.