Elecciones en Bolivia
El ascenso de los cocaleros
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El dirigente cocalero Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo (MAS), está decidido a pasar de las "protestas a las propuestas" parlamentarias. Inesperadamente se alzan en un tercer lugar tras los recuentos de votos de las pasadas elecciones generales. Bolivia está que arde.
Por Andrés Pérez González, desde La Paz
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Sobre cuatro mil metros de altura, cada visitante que llega a La Paz sufre de "sorochipil" (puna o mal de altura). Como cortesía boliviana, el hotel ofrece a sus aquejados extranjeros un "mate de coca" para aliviar un fuerte dolor de cabeza y un mareo parecido a las peores borracheras. Esa salvadora hoja de coca es la misma que se utiliza en la industrial preparación de la cocaína, costoso estupefaciente mundial preferido por yuppies y miembros de cualquier red set.
Sin embargo, Evo Morales –42 años, candidato a la presidencia de Bolivia por el izquierdista Movimiento al Socialismo (MAS)- ha dedicado su vida a la protección del cultivo de la coca. Cuando tenía 15 años, su familia –indígena aymará- abandonó la agricultura y ganadería que desarrollaban en el altiplano para radicarse en el Chapare, en el departamento de Cochabamba, para cultivar la planta.
Inesperadamente, Morales y el MAS se han convertido en un suceso político. Contabilizados sobre el 99% de los votos, se ubican en un sorprendente tercer lugar con el 20,888% (correspondiente a 578.264 sufragios válidamente emitidos). A estrecho margen de Manfred Reyes Villa, caudillo de la neopopulista Nueva Fuerza Republicana (NFR), quien desde el pasado marzo punteaba todo sondeo de intención de voto. Reyes Villa, conocido como "Bombón" alcanza el 20,959%, a penas 1.948 votos de diferencia. Al momento de decidir, el pasado 30 de junio, los bolivianos no olvidaron su conservadurismo electoral de última hora y dejaron en primer lugar al neoliberal ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), agrupación que se ha mantenido en las altas esferas de poder desde hace cincuenta años. "Goni", como lo llaman, encabeza los resultados con el 22,458%, equivalentes a 621.709 de los más de cuatro millones de bolivianos que podían emitir su democrático "cheque en blanco".
"En estos momentos la gente tiene un desencanto con la democracia y con los rendimientos del modelo económico al que acusan de incremento de pobreza e inequidad... La democracia boliviana en estos 20 años se ha estabilizado en base a la existencia de un sistema multipartidario de carácter moderado, en los que tres partidos han sido el trípode fundamental (Acción Democrática Nacionalista, ADN, del fallecido ex dictador y mandatario democrático, Hugo Banzer, y del actual presidente Jorge Quiroga; el debilitado Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, y el oligarca MNR) para realizar coaliciones diversas que han logrado generar mayoría parlamentaria y gobernabilidad. MNR si no gobierna, se divide, ya muchos de sus dirigentes se han ido al NFR. Y el MIR está muy frágil. Esto quiere decir que se agotó este sistema de partidos y vamos a fundar, bajo una gran incógnita, un nuevo sistema de partidos", detalla el analista político Carlos Toranzo, ligado a la Fundación Friedrich Ebert.
Alvaro García Linera es otro analista y también matemático boliviano. Este experto, vinculado actualmente a los "satanizados" movimientos sociales, pasó cinco años detenido –sin juicio formal, recobrando luego su libertad por mediación de Amnistía Internacional- por integrar la comisión central del subversivo Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK). Esta agrupación indigenista realizó a fines de los años ochenta –durante cinco años- "propaganda armada" en las zonas aymaras. Entre los caídos en la operación del Ejército nacional boliviano se encuentra otro candidato presidencial de la izquierda radical: Felipe Quispe, del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), quien obtuvo 6,107% de las preferencias electorales.
Alvaro García Linera opina sobre los emergentes movimientos sociales bolivianos, enmarcados dentro de las luchas de los denominados grupos "antiglobalización": "Es un hastío a las formas tradicionales de la política, que además es una oposición social y política que tiene una gran capacidad de presión, movilización e incluso de control territorial. Estos son quiebres simbólicos muy poderosos. Yo diría que emergió un nacionalismo indígena que no habíamos visto en América Latina. No son estructuras clandestinas, se basan en estructuras comunitarias muy radicalizadas".
"No estamos hablando de una minoría, sino de una identidad que abarca a dos millones y medio de habitantes, de un sector sino mayoritario, significativo, la tercera parte de la población (que supera los ocho millones de habitantes)", comenta el mismo García Linera y advierte además sobre la discriminación que pesa contra estos "hijos de Inti (sol)", los pobladores originarios de una América morena: "El indígena ocupa ciertos puestos (de trabajo) como mozo, transportista, vendedora, albañil, policía; mientras, los portadores de la blanquitud social están en los puestos de gobierno, de poder, del ámbito académico, económico, militar. Eso es lo que he llamado la existencia de un ‘capital étnico’".
Un comentario similar entrega el diputado Andrés Solíz Rada, quien finaliza su gestión el próximo 6 de agosto, cuando debute el próximo Congreso que deberá decidir quién ejercerá el poder ejecutivo en Palacio Quemado, frente a la plaza Murillo en la zona colonial de La Paz. En Bolivia no existe constitucionalmente la segunda vuelta y si ningún candidato supera el 50% de los votos, son los integrantes del Congreso quienes nombran al siguiente mandatario.
El parlamentario Solíz Rada estima que "la oligarquía boliviana, la cúpula de ADN y el MNR, siempre ha sido prochilena. Y en el sentido político, porque la oligarquía odia al indígena y ve en el chileno a un europeo... un gran escritor boliviano dice que esta oligarquía explota al país y al mismo tiempo lo desprecia. Esa es su terrible contradicción".
La última declaración introduce uno de los temas que centraron la campaña electoral en los últimos seis meses: un latente "antichilenismo" –producto de fraticidas guerras entre Estados- que resurge ante la necesidad de Bolivia de exportar próximamente su gas natural a Estados Unidos y México, sea por un puerto de Perú o Chile.
Respecto al tema del gas, el analista García Linera cree que está "en juego el centro de la acumulación económica del siguiente medio siglo de Bolivia". A su juicio, "el problema central no es si sale por Chile o por Perú, el tema central es cuánto queda en Bolivia: 18% o 40%, cuánto se paga a boca de pozo, si 70 centavos o 90, si hacemos la petroquímica acá, si donde se ubique el puerto de embarque se construirán industrias paralelas que paguen impuestos, que tributen, que generen alianzas, que empleen fuerza de trabajo boliviana, cómo convertir este energético en algo que diversifique esta economía tan miserable y monoproductura". Su crítica apunta a la voracidad de las transnacionales; en este caso, el consorcio Pacific LNG, compuesto por British Petroleum, British Gas-Bolivia, TotalElfFina y Repsol-YPF.
La conformación del nuevo gobierno –que deberá ser votado el próximo 4 de agosto por el nuevo Congreso- concentrará en estas semanas arduas negociaciones entre partidos "sistémicos" (MNR, MIR y NFR). Mientras, el MAS de Evo Morales se niega a participar de alguna alianza que signifique una parte de la torta del poder en Bolivia, para potenciar radicalmente una oposición al actual modelo imperante. Sin entregar –por ahora- una alternativa que no sea la organización popular de campesinos desposeídos, indígenas marginados y sectores descontentos de la clase media.
¿Existe peligro de cooptación al poseer una fuerte presencia parlamentaria? Según el mismo García Linera, "algunos dirigentes sí tienen la cosa bien clara e intentarán llevar al próximo gobierno, sea cual sea, a la ingobernabilidad. Por eso, la importancia de que estos movimientos sociales más sus brazos electorales tengan algún plan de acción, un plan alternativo de tipo económico y político. Que todavía no se cuenta y que será necesario antes del 2007. Pensando a largo plazo, ese año Bolivia estará muy polarizada electoralmente entre una derecha renovada con ‘Tuto’ Quiroga (el saliente mandatario) posiblemente a la cabeza y el grupo de movimientos sociales e indigenistas. Incluso, me atrevo a pensar que ese conflicto será preelectoral, antes de las elecciones... Por eso digo que estamos ante la transición a un nuevo Estado, la que no necesariamente tiene que ser de tipo violenta... Lo que sí está claro es que este Estado ya no da más, ni las creencias seducen ni las instituciones están estables ni las fuerzas sociales son las de antes. Por eso hay que reconstruir los pactos, un nuevo Estado que necesitará reconstruir los discursos".
El pasado 4 de Julio, en un nuevo aniversario de la independencia estadounidense del imperio británico, Evo Morales no fue invitado a la ceremonia que el embajador de Washington, Manuel Rocha, organizó en La Paz. Días antes de la elección, Rocha advirtió implícitamente que votar por el candidato del MAS significaría que Estados Unidos pondría fin a la gravitante ayuda financiera y económica que entrega a las autoridades bolivianas. Evo Morales no desperdició la ocasión y le envió un presente al diplomático: una hoja de coca. Washington debe estar refunfuñando.