Al Qaeda
La ruta hacia “Eurabia”
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Los integristas islámicos están decididos a convertir al Viejo Continente en un “infierno”. Pareciera que la red de Osama Bin Laden ha entrado en una segunda fase caracterizada por atentados terroristas de relativo menor alcance, pero con mayor frecuencia, y por una efectiva presencia planetaria.
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Si los franceses no hubieran resistido exitosamente la invasión musulmana en la Batalla de Poitiers, en el siglo VIII, es probable que Europa Occidental hubiera sucumbido ante el Islam. Esa fue, al menos, la vigente interrogante histórica que aborda uno de los capítulos del ya clásico libro Declinación y caída del Imperio Romano, del estudioso británico del siglo XVIII Edward Gibbon.
Pero no se trata, obviamente, de una mera inquietud academicista. Un reciente artículo de The New York Times Magazine puntualiza que el historiador francés Alan Besancon es uno de los tantos intelectuales europeos que advierten, actualmente, una significativa amenaza para la tradicional cultura cristiana en ese continente. Por lo demás, y desde hace unos años, el escritor de origen egipcio Bat Yeor estima que Europa se puede llamar, de facto, “Eurabia”, considerando su permanente enfrentamiento contra Estados Unidos e Israel. En esa dirección apuntan también los últimos y temerarios escritos de la periodista italiana Oriana Fallaci.
Hace dos años, el ex candidato presidencial estadounidense Pat Buchanan profundizó esa senda apocalíptica con su libro La muerte de Occidente, profetizando que el declive de la fertilidad y la creciente inmigración musulmana en ese continente pueden convertir a “la cuna de la civilización occidental en un sepulcro”.
En una nota escrita en árabe y faxeada este 3 de abril al rotativo español ABC, el grupo vinculado a Al Qaeda en Europa –el mismo que se atribuyó el atentado del pasado 11 de marzo en Madrid– amenazó con convertir a España “en un infierno y su sangre correrá como ríos”, si el gobierno de ese país no retira prontamente sus tropas de Irak y Afganistán.
Baruch Kimmerling, sociólogo israelí especializado en asuntos militares, dice a Ercilla que eso “dependerá de los nervios de la población española y de cómo se comparte el nuevo gobierno (del socialista José Luis Rodríguez Zapatero). Y también depende de qué lecciones aprendió ETA de esos ataques”.
De igual modo, esa célula europea de la red de Osama Bin Laden se arrogó la responsabilidad en la colocación, el pasado 2 de este mes, de un artefacto explosivo en la línea férrea del tren de alta velocidad AVE que une a la capital española con Sevilla. La bomba fue desactivada oportunamente, aunque consiguió amplificar el caos entre los europeos.
De acuerdo a fuentes de la Inteligencia española, los firmantes de esos documentos estarían relacionados con el marroquí Sarhane Ben Abdelmajid, conocido como el “Tunecino”, quien se inmoló este 3 de abril junto a otros acompañantes al ser acorralado por la policía en el suburbio madrileño de Leganés. Este sería, a juicio de esas mismas fuentes, el “cerebro” de los sangrientos atentados en la capital hispana.
“Afirmar que los fundamentalistas islámicos, cuyas bombas han ensangrentado Madrid e intentan seguir conmocionando a la sociedad española, sólo están ejecutando represalias por haber contribuido con nuestras tropas a la campaña de Irak es una simplificación –puntualiza el experto local Fernando Reinares, autor del libro Terrorismo global, en un artículo aparecido en el influyente diario El País–. Ante todo, esos terroristas atentan contra España porque es un país occidental, pero también donde policías y jueces trataban de impedir que Al Qaeda disfrutara de refugio y cobertura. Igualmente porque consideran que, en comparación con otros posibles escenarios europeos donde ya lo habían intentado antes, nuestro país resulta accesible para determinadas células terroristas, debido a la porosidad de sus fronteras y la existencia de densas comunidades inmigrantes de procedencia norteafricana”.
Respondiendo las consultas de Ercilla, el articulista estadounidense Daniel Pipes cree que la precedente ola terrorista en España puede obedecer a “la proximidad con Marruecos, a los sueños de una Nueva Andalucía, y a la percepción de que esa población está dispuesta a hacer concesiones”.
El analista Daniel Smith asegura también a esta revista que eso se puede deber a “una simple función de oportunidad y sincronización... España fue un partidario temprano y directo de la guerra contra Al Qaeda”.
OFENSIVA GLOBAL
Este 5 de abril, efectivos galos realizaron una serie de redadas en los suburbios parisinos contra militantes islamistas de origen marroquí. Detuvieron a 13 sospechosos de tener vínculos con los responsables del atentado de mayo pasado en Casablanca, que costó la vida a 45 personas. Francia cuenta con la población musulmana más extensa de Europa, que asciende a los 4,5 millones de personas.
Con 1,6 millones de musulmanes, Gran Bretaña también ha debido encarar la amenaza integrista. Scotland Yard desbarató al día siguiente de las detenciones ocurridas en la capital francesa un presumible ataque químico a gran escala, que sembraría el terror en el metro londinense y en el aeropuerto internacional de Gatwick. Así lo reveló ese departamento policial tras los interrogatorios realizados a nueve británicos de origen paquistaní arrestados a principios de este mes y al hallazgo de media tonelada de fertilizante de nitrato de amoniaco, utilizado por Al Qaeda en 1993 en los atentados contra las Torres Gemelas, en 1998 en Oklahoma, en Bali el 2002 y el año pasado en Estambul, que dejaron más de un centenar de víctimas fatales y de heridos.
Ya el jefe de Scotland Yard, John Stevens, había reconocido que “sería inevitable” un ataque de los fanáticos islamistas. El temor de esas autoridades se transmitió finalmente a su población. Según un sondeo publicado recientemente por The Times, tres de cada cuatro británicos comparten lo dicho por ese alto funcionario policial.
El Viejo Contienente está bajo alerta máxima y en sus principales ciudades miles de efectivos de seguridad patrullan de incógnito los aeropuertos, trenes subterráneos, pubs, cafés y restaurantes. Y en víspera de Semana Santa, unos doce mil agentes resguardan particularmente la seguridad en Roma.
“Irak ha tocado la tendencia principal de la opinión pública musulmana en Europa (cuya población supera los 12 millones). Esto causa gran preocupación, porque si un grupo tan amplio se radicaliza, el apoyo para estos extremistas también se expandirá”, aseveró una fuente de Inteligencia a The New York Times.
Por lo demás, Nadeem Ayub Khan –un antiguo funcionario del servicio secreto paquistaní, institución acusada de ayudar a Al Qaeda y a los Taliban en Afganistán– aseguró a The Boston Globe que “Bin Laden ha estado preocupado en los últimos dos años de salvar su propio pellejo, y ahora Al Qaeda ha regresado con mayor venganza, siendo más que un individuo. Ahora es un fenómeno global”.
Un oficial saudí comentó a ese matutino estadounidense que “la buena noticia es que esos grupos son menos profesionales que el núcleo inicial y que no están en condiciones de desplegar un ataque a gran escala como el del 11 de septiembre”.
En su característico tono alarmista, el consultado Daniel Pipes estima que parece inevitable que el Viejo Continente cambie de nombre, “si los europeos no hacen algunos cambios mayores y rápidos”.
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(RECUADRO) INTIFADA EN IRAK
En una cinta de audio transmitida el pasado 6 de abril en un sitio web de un grupo islamista, un presunto miembro de Al Qaeda amenazó con nuevos ataques contra las fuerzas de ocupación en Irak. Horas más tarde, una docena de marines estadounidenses pereció en Ramadi –localidad al oeste de Bagdad, en el denominado Triángulo Sunita– luego de siete horas de intensos combates con insurgentes proclives al anterior régimen de Saddam Hussein.
En esa misma zona, en la siguiente jornada, misiles estadounidenses cayeron alrededor de una mezquita en Falluja (bastión de la resistencia sunita), ocasionando cuarenta víctimas fatales y un número mayor de heridos. A fines de marzo, cuatro guardias de seguridad estadounidenses fueron cruelmente asesinados en ese mismo lugar.
Todo indica que se ha desatado una Intifada (levantamiento), que está liderada en el noroeste por los sunitas y en el sur por los chiítas que obedecen al clérigo fundamentalista Moktada al-Sadr.
Washington intenta restarle importancia a lo que analistas también han calificado como una segunda fase de este conflicto bélico –tras cumplirse un año de su inicio– o las primeras señales de una inminente guerra civil entre sunitas y chiítas, las dos principales vertientes musulmanas en Irak. Así las cosas, Estados Unidos continúa con su pretensión de entregar el próximo 30 de junio el mando del país a un gobierno de transición.