Escándalo en Estados Unidos
Juego de espías
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Nueve meses tras el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la prensa entrega día a día más datos de los errores de la CIA y el FBI en la prevención de los trágicos atentados. La Casa Blanca quiere reformar y aumentar las facultades del cuestionado sistema de Seguridad, amenazando de paso las apreciadas libertades civiles de los estadounidenses.
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El mundo real terminó por estropear la "magia" de Disney. Diversas señaléticas y mensajes de audio, entre otras formas de comunicación, invadirán por primera vez el "maravilloso mundo" del gigante del entretenimiento estadounidense, aumentando así la seguridad en esos concurridos recintos. La medida es otra consecuencia del pánico que ha vuelto a intensificarse últimamente en ese país.
Nueve meses después de los atentados del pasado 11 de septiembre, incluso las agencias de Inteligencia y algunos efectivos militares rompieron el silencio y han ventilado día tras día la excesiva burocracia y la obsoleta gestión de esas mismas instituciones.
"El no hizo nada para advertir a la población estadounidense, porque él necesitaba esta guerra contra el terrorismo. Su papá tuvo a Saddam (Hussein) y él necesitaba a Osama (Bin Laden). Su presidencia no tiene rumbo". Esas duras expresiones se referían al mismo mandatario George W. Bush y provinieron de un militar en ejercicio: el teniente coronel Steve Butler, de la Fuerza Aérea, quien hizo público sus descargos por medio de una carta al editor publicada el pasado 26 de mayo en el matutino californiano Monterey County Herald y que reprodujo días más tarde el influyente The New York Times.
El coronel Butler finalizó su acusación, aseverando que Bill Clinton fue un "gran presidente" y diciendo de Bush: "este tipo es un chiste".
Actualmente el militar está suspendido de sus funciones, arriesgándose a someterse a una corte marcial. Desde 1776, los uniformados de ese país tienen prohibido expresar "palabras despectivas" contra el presidente y otras autoridades.
Ese hecho constituyó otra reveladora señal de los crecientes escándalos que debe enfrentar la torpedeada administración Bush.
FALLAS EN EL SISTEMA
El pasado 3 de junio y pese a la oposición del mandatario, el Congreso formó una comisión mixta, constituida por miembros del Senado y la Cámara de Representantes. La iniciativa provino desde el mismo Partido Republicano, al que pertenece Bush. "Hay que llegar al fondo del asunto y creo que cuando hayamos terminado se demostrará que los servicios de Inteligencia incurrieron en fallas enormes", declaró el senador conservador Richard Shelby, jefe de los congresistas republicanos en ese comité.
Paralelamente, las comisiones de Defensa de ambos cuerpos legislativos quisieron profundizar sus investigaciones, indagando hacia 1986 en las anteriores presidencias y en el manejo que hicieron en la lucha contra el terrorismo.
Los recientes acontecimientos acorralaron al cabecilla del Ejecutivo. Intentando dar un respaldo a las cuestionadas agencias de Inteligencia, Bush aprovechó su visita a las dependencias de la hermética Agencia Nacional de Seguridad (NSA) -que dirige la polémica red de espionaje internacional Echelon (ver Ercilla Nº3141)- para reconocer los errores de la Oficina de Investigaciones Federales (FBI) y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en la prevención de los pasados atentados.
"Creo que está claro que el FBI y la CIA no se comunicaron adecuadamente entre sí, y ahora estamos evaluando el asunto", confesó el mandatario el pasado 5 de junio.
A fines de mayo, el secretario de Justicia estadounidense, John Ashcroft, quiso revertir la reciente ola de pánico desatada en Estados Unidos -ante nuevos atentados calificados como "inevitables"-, anunciando prontas reformas en el FBI, el servicio que por entonces concentraba las más severas críticas. La nueva normativa permite a sus agentes monitorear –sin autorización central- reuniones en iglesias y mezquitas, asambleas políticas, como también páginas de Internet y chats-rooms.
De paso, el pasado 5 de junio, Ashcroft agregó a las anteriores facultades –como reacción a las últimas revelaciones periodísticas-, un mayor control a los extranjeros que permanezcan en Estados Unidos por más de un mes, debiendo notificar a las autoridades de Inmigración cualquier cambio de domicilio. Además, serán registrados por medio de fotografía y huellas digitales.
Esas restrictivas medidas en el "país de la libertad" -que no se aplicaban desde la Segunda Guerra Mundial- apuntan hacia "el eslabón social más débil en estos momentos, los musulmanes", advirtió a The New York Times Regis Fernández, un abogado especializado en Inmigración. "Luego vendrán los hispanos y asiáticos", agregó.
Los reparos fueron descartados por el director del FBI, Robert Muller. No obstante, "si se desecha una sola de las libertades civiles, es muy difícil recuperarla. Especialmente cuando el señor Bush ha declarado una ‘guerra’ abierta contra el terrorismo", expresó a Ercilla Daniel Smith, coronel en retiro y actual miembro del directorio del Centro para Informaciones de Defensa, una organización independiente de asuntos militares radicada en Washington.
EL TURNO DE LA CIA
El pasado 5 de junio, la prensa estadounidense –basada en fuentes de Inteligencia- creyó dar con uno de los autores intelectuales del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono: el kuwaití Khalid Shaikh Mohammed (uno de los personajes más buscados por el FBI), quien sería uno de los hombres de confianza de Bin Laden en su organización Al Qaeda (La Base). El sospechoso se haya con paradero desconocido. Pero al día siguiente, Kuwait descartó que el presunto mentor sea de esa nacionalidad, aunque reconoció que residió en el país.
El diario USAToday intentó ir más allá e informó, el pasado 4 de junio, que la CIA pudo haber contado con agentes infiltrados en Al Qaeda, sin lograr prevenir el ataque. The New York Times recogió ese mismo día declaraciones del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, quien aseguró que antes del 11 de septiembre su gobierno advirtió a la embajada estadounidense en El Cairo de posibles acciones terroristas.
No obstante el acelerado torbellino informativo, la investigación del prestigioso semanario Newsweek cambió el foco de las acusaciones, concentradas primeramente en el FBI, hacia la CIA. Bajo el título "Los secuestradores que dejamos escapar" y en un reportaje abundante en detalles y anécdotas, se ventiló que la CIA supo de la participación de Nawaf Alhazmi y Khalid Almihdhar en un encuentro integrista islámico -ligado al grupo de Bin Laden- en Kuala Lumpur (Malasia), y que a pesar de ese antecedente no informó ni al FBI ni a Inmigración, permitiendo el expedito ingreso de esos sospechosos a territorio norteamericano en enero del 2000. Alhazmi y Almihdhar terminaron sus días estrellando el avión de American Airlines contra el Pentágono.
"Eso es imperdonable", comentó un experimentado agente del FBI a la publicación. Más aún cuando las agencias estadounidenses se hallaban en "alerta roja", ante una inminente operación de los extremistas de Al Qaeda.
Newsweek aseguró además que los presuntos kamikazes abrieron cuentas bancarias, compraron automóviles y se hospedaron utilizando sus propios nombres. Y que olvidando sus fundamentalistas convicciones religiosas, frecuentaron locales de fast food y clubes de strip tease.
Tarde intentó la CIA enmendar su equivocación: el 23 de agosto de 2001 envió un comunicado urgente al resto de los servicios de Seguridad para incluir a esos dos sospechosos en la lista de terroristas internacionales. Alhazmi y Almihdhar ya estaban en la clandestinidad, a la espera de concluir su fatídica misión.
ENEMIGOS INTERNOS
La rivalidad entre la CIA y el FBI no es nueva.. Ya tres décadas atrás, el entonces director del FBI, el temible J. Edgar Hoover, y su homólogo de la CIA, el "duro" Richard Helms, dejaron incluso de dirigirse la palabra.
"El único problema es que cada organismo es enemigo del otro", comentó por su parte Maureen Dowd, columnista de The New York Times el pasado 5 de junio. "Ellos llevan a cabo su propia guerra civil interna", estimó.
"La CIA y el FBI son rivales burocráticos. Cada agencia aspira a engrosar su número de miembros, presupuesto y autoridad, a expensas de la otra. Sin embargo, sus misiones son complementarias", dijo a Ercilla el mismo Daniel Smith, quien en 1966 se graduó en la prestigiosa Academia Militar de West Point para servir luego como asesor de Inteligencia en la Guerra de Vietnam.
A juicio de la articulista Maureen Dowd, la credibilidad de estos servicios ha estado definitivamente en jaque. Y añadió: "el FBI finalmente se cansó de las acusaciones y se aburrió de la cercanía entre el señor Tenet (actual jefe de la CIA) con el presidente (George W. Bush), decidiendo desparramar la responsabilidad".
Pero, ¿puede la CIA u otra agencia prevenir un nuevo desastre en Estados Unidos? Eso, desde luego, estará por verse. No obstante, el mandatario es quien tiene la palabra. El pasado 6 de junio, Bush anunció por televisión la creación de otro organismo de Inteligencia, suplementario a los ya existentes, y que constituye la mayor reorganización del aparato estatal desde la creación de la CIA en 1947. El Departamento de Seguridad Interna –que debe ser ratificado por el Congreso, al que Bush solicitó el apoyo en "la titánica lucha contra el terror"- servirá de centro de análisis en asuntos de contraterrorismo y seguridad interna, y estará presumiblemente a cargo de Tom Ridge, actual asesor de esas áreas en la Casa Blanca.
La nueva dependencia heredará de las otras agencias 169 mil funcionarios y un presupuesto de más de 37 mil millones de dólares.
Otras voces apuntaban más a la necesidad de un "cambio de mentalidad" en esas agencias, inyectando personal más joven para dejar atrás las viejas prácticas de la Guerra Fría. Los efectivos de extensa carrera en el FBI -a juicio del senador demócrata Gary Hart, quien integra una comisión legislativa de Inteligencia- aún centran sus pesquisas en "asaltos a bancos y espías rusos".
Bush dio al final la razón a esa mayoría de expertos que sugerían la creación de un nuevo organismo más autónomo y fuerte. "Es vital que (la nueva agencia) identifique y localice amenazas de baja probabilidad, pero de gran impacto, determinando qué debiera ocurrir y en qué secuencia se desarrollará tal escenario", aseveró el ex analista de la CIA Philip True, en un artículo aparecido en The Washington Post un día antes del anuncio del presidente.
Pero, ¿serán suficientes esas medidas?
Al término de su reportaje, Newsweek advirtió que si tanto la CIA como el FBI hubieran actuado adecuadamente -impidiendo la participación de esos dos sospechosos-, no se puede descartar que Al Qaeda hubiera enviado a otros reemplazantes. Incluso, en el caso de que los agentes hayan identificado a los 19 kamikazes, es posible que no dieran con el siniestro acertijo.
Así, la prevención ante un inminente ataque contra intereses estadounidenses seguirá dependiendo, principalmente, de la decisión de la Casa Blanca y el Pentágono por hacer desistir a sus peones que prosigan sus añejos juegos de espías.
Andrés Pérez González
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102 MINUTOS (RECUADRO)
En base a cientos de testimonios de conversaciones telefónicas, emails y mensajes de voz, y de algunos sobrevivientes, cinco periodistas de The New York Times reconstruyeron los sobrecogedores últimos minutos de la tragedia en Nueva York -ocurrida el pasado 11 de septiembre-, desde que el primer Boeing 767 de American Airlines impactó contra una de las Torres Gemelas hasta el desplome final de ambas construcciones. Según el influyente matutino, el ataque provocó 2.823 víctimas fatales. De éstas, por lo menos el 69% (1.946 personas muertas) ocurrió en los 19 pisos superiores de la torre norte y en los 33 pisos superiores de la torre sur.