Escalada terrorista

Un monstruo de mil cabezas

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Ya no se trata de hallar las armas de destrucción masiva en un Irak revuelto por el sangriento atentado contra Naciones Unidas. Progresivamente, Washington da señales de que la “guerra contra el terror” significa revolucionar el orden político-económico de Medio Oriente. Pero el reciente ataque terrorista en Bombay refleja que existen múltiples polvorines, a punto de estallar.

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La tragedia del joven Ali Muhsin debe ser una de tantas en Irak. A sus 17 años cayó muerto en un confuso incidente con tropas estadounidenses, en un barrio bagdadí conocido por su oposición al extinto régimen de Saddam Hussein. De acuerdo a los efectivos norteamericanos, Ali junto a un joven que vestía una polera blanca atacaron con una granada a una patrulla que se desplazaba el pasado 11 de agosto en un Humvee, el hipertecnologizado vehículo que utilizan las fuerzas de ocupación. El sargento Ray Vejar fue quien dijo reconocer a Ali –porque llevaba una polera verde y pudo fijarse en su rostro– y fue quien partió en su captura, advirtiéndole con tiros al aire que detuviera su carrera. Y ante sucesivas negativas terminó disparándole en su contra. Ali quedó mal herido.

Rajaa Yousif Matti, la madre de Ali, estaba destrozada. The New York Times reconstruyó esta historia, incluyendo por cierto la versión de los familiares y vecinos del joven iraquí. Según éstos, el único crimen de este adolescente fue vestir casualmente una polera verde ese día y sentir temor de los soldados extranjeros. Agregaron que en el momento del fallido ataque contra el Humvee, Ali se hallaba trabajando en una tienda cercana y que junto a su mejor amigo, Omar Natiq, salieron a ver lo ocurrido, siendo confundido como uno de los guerrilleros.

El desenlace para Ali fue la muerte. Tampoco está clara la circunstancia. Los efectivos estadounidenses aseguraron que falleció mientras esperaban la llegada de una ambulancia. Sus familiares y amigos alegaron que los soldados les impidieron llevarlo a un hospital en un taxi. “Nosotros no queríamos que el sospechoso se nos escapara”, comentó el citado sargento Vejar.

Para los críticos a la ocupación anglo-estadounidense en Irak, estos confusos incidentes son condimentados aún más con el extremo nerviosismo y la elevada paranoia de los efectivos militares, quienes diariamente enfrentan unos 12 atentados. Por lo demás, deben asumir desesperadamente que el número de víctimas fatales en la posguerra ya superó las 138 “bajas” que dejó el conflicto propiamente bélico, que llevó a que el pasado 9 de abril Saddam dejara el poder.

 

UN AÑO DESPUES

 

Hace un año atrás, el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, declaró ante la convención anual de veteranos de guerra que la amenaza de que Saddam Hussein ocupara armamento químico, biológico o nuclear, constituía razón suficiente para realizar el ansiado cambio de régimen en el sufrido Irak.

Tras la invasión y ocupación –escenificada el pasado 1 de Mayo desde el USS Abraham Lincoln por George W. Bush, al declarar el fin de las operaciones bélicas–, las fuerzas anglo-estadounidenses aún no han encontrado ese bullado armamento de destrucción masiva. Probablemente por esa razón, el mandatario estadounidense prefirió no hacer mayor mención al respecto, cuando el pasado 25 de agosto ocupaba en San Luis la misma tribuna que Cheney hace un año.

Para Bush, las incesantes operaciones de la resistencia iraquí constituyen un “punto de prueba en la guerra contra el terror (...) Nuestros militares están enfrentando a los terroristas en Irak y Afganistán y en otros lugares, para que nuestra población no tenga que enfrentar la violencia terrorista en Nueva York o San Luis o Los Angeles”.

Pero lo cierto es que al acercarse el segundo aniversario de los espectaculares atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la paranoia crece y supera, incluso, las fronteras de Estados Unidos. Parece una frontal “guerra psicológica”.

“Es sólo cuestión de tiempo que se repita aquí lo que sucedió con las Torres Gemelas”, declaró en una entrevista televisiva Eliza Manningham-Buller, directora general del MI5, el servicio de Inteligencia interior de Gran Bretaña. Recientemente, y de acuerdo a antecedentes del MI5 y de la estadounidense Oficina Federal de Investigaciones (FBI), células de Al Qaeda –la red terrorista del ya mítico multimillonario saudí Osama Bin Laden– planean apoderarse de aviones comerciales en los aeropuertos londinenses de Heathrow y Gatwick para hacerlos estrellar contra el Palacio de Buckingham, el Big Ben o la sede del Parlamento en Westminster.

“Si piensan que tienen la oportunidad para algo espectacular que requiera una operación suicida, creo que los de Al Qaeda lo intentarán”, declara a Ercilla desde Washington el analista militar Daniel Smtih.

El pasado 28 de agosto un extenso corte de energía eléctrica paralizó gran parte de Londres, cuando su población emprendía el retorno a sus hogares, recordando de paso el extraño corte de electricidad que a mediados del mismo mes afectó al este de Estados Unidos y parte de Canadá.

Pero no toda la atención está puesta en Londres o Nueva York. La amenaza terrorista y el caos sacuden también puntos de extrema fragilidad en el actual e inestable escenario internacional. Tal fue el caso de los dantescos atentados perpetrados este 25 de agosto en Bombay, capital financiera de India.

 

“VISCERAS COLGANDO”

 

Según declaraciones a la agencia Reuters de un taxista cubierto de sangre, “había piernas y manos en el techo y en el interior de mi taxi. Yo me salvé milagrosamente”. Otro testigo agregó: “sólo había cuerpos destrozados, con las vísceras colgando, muchos sin cara. Todos los cadáveres estaban calcinados”.

Los dos estallidos con auto bomba, en puntos neurálgicos y turísticos de Bombay, sembraron simplemente el pánico al mediodía de ese 25 de agosto. 47 personas murieron y más de 150 resultaron heridas.

El vecino Pakistán fue inmediatamente blanco de las acusaciones de responsabilidad, apresurándose éste a condenar estos “actos terroristas”. Las siempre complejas y tensas relaciones entre estas dos potencias nucleares requerían de esa rápida declaración, no descartándose que la operación terrorista pretendiera sabotear el tibio acercamiento bilateral de los últimos meses.

Tampoco se descarta que la motivación sea por tensiones interreligiosas. El partido de extrema derecha hindú Shiv Sena gobierna la alcaldía de Bombay y es reconocido como un instigador de la animadversión entre hindúes y musulmanes locales.

El viceprimer ministro indio, Lal Krishna Advani, vio en estos atentados la mano del Movimiento Islámico de los Estudiantes de la India (Simi, por sus siglas en inglés), sindicado como grupo satélite de Lasjar-e-Taiba, organización fundamentalista islámica paquistaní ligada a su vez a Al Qaeda.

Observadores internaciones siguen con preocupación los acontecimientos en esa zona del globo, ya que concuerdan que en ningún otro sitio existe tanta diversidad de amenazas. Además del nacionalismo hindú y el integrismo musulmán paquistaní, se advierten acciones de grupos separatistas, bandas rurales, guerrilleros maoístas o las permanentes rivalidades entre castas.

Por si fuera poco, 39 personas perdieron la vida y más de un centenar quedó herida este 27 de agosto al desatarse una avalancha humana durante la celebración del festival religioso hindú Kumbh Mela en la localidad de Nasik, a 175 kilómetros al norte de Bombay. Grandes multitudes estaban agolpadas en las orillas del río Godavari para cumplir con el ritual del baño sagrado en sus aguas.

La visita de Ariel Sharon a ese país, la primera de un primer ministro israelí desde el establecimiento de relaciones bilaterales recién en 1992, amenaza con incrementar los ya elevados temores. De acuerdo a lo programado, el viaje deberá efectuarse a principios de septiembre y tratará posibles acuerdos de venta de sistemas antimisiles, previamente bendecidos por Washington.

 

INDUSTRIA SUICIDA

 

Paso a paso, la actual Administración Bush se mantiene fiel a sus intentos por conformar un nuevo orden regional en Medio Oriente. Pero el fin de la tregua –proclamada hace sólo unos meses por los grupos radicales palestinos– pone nuevamente en entredicho la “Hoja de ruta”, como se conoce el plan auspiciado por el propio mandatario estadounidense e impulsado mediáticamente el pasado 3 de junio junto a Sharon y Mahmoud Abbas, primer ministro palestino, desde el puerto jordano de Aqaba.

En declaraciones a Ercilla, Stephen Zunes –cientista político de la Universidad de San Francisco– asegura que erróneamente “Estados Unidos continúa viendo la violencia palestina como el asunto central y no la ocupación israelí que la ha generado y que, inclusive, ha sido posible gracias al abundante apoyo militar, económico y diplomático dado al gobierno derechista de Sharon”.

Y es que el pasado 19 de agosto, la industria de las operaciones suicidas volvió a hacer de las suyas en Israel. Pero esta vez no se trató de un joven desempleado, soltero y sin hijos, sino de Raed Abdul Hamid Misk (29), joven imán de la mezquita más importante de Hebrón, quien además de dejar a su esposa, abandona a Zama y Momen, sus hijos de dos y tres años.

Vistiendo el traje característico de los judíos ortodoxos, este fanatizado estudiante del Corán, subió a un bus en Jerusalén repleto de familias que acababan de visitar el Muro de los Lamentos, el lugar más sagrado para el judaísmo. Su acción suicida causó la trágica muerte de 21 israelíes, entre éstos varios niños, y dejó heridos a más de un centenar. Era, nuevamente, la desesperación total.

La respuesta de Sharon tardó lo suficiente para no tirar por la borda, enteramente, la “Hoja de ruta”. Ismail Abu Shanab y Ahmed Shtawi, altos dirigentes en Gaza del Movimiento de Resistencia Islámico palestino (Hamas), cayeron muertos por los misiles disparados desde helicópteros israelíes Apache, el pasado 21 de agosto. Era el retorno de lo que el gobierno hebreo denomina eufemísticamente “ataques selectivos”.

A imagen y semejanza de lo que ha hecho Estados Unidos con los altos funcionarios del extinto régimen iraquí, Israel publicó recientemente la “baraja del terror”, conformada por 32 palestinos más buscados de Hamas, la Jihad Islámica y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Fatah (grupo político de un arrinconado Yasser Arafat).

Pese a la clandestinidad, un dirigente de la Jihad Islámica se las arregló para enviar el siguiente mensaje a través del canal de televisión satelital Al Jazeera: “vivimos un nuevo holocausto protagonizado por los nuevos nazis, Bush y Sharon, que nos quieren exterminar. No lo logrrán”.

Contactado por Ercilla, el cuestionado experto estadounidense en Medio Oriente Daniel Pipes –quien ha estado en los últimos meses en el centro de una ácida polémica, siendo tachado de “anti-musulmán”, ante la nominación por el propio Bush para asumir en el directorio del U.S. Peace Institute– no descarta el inicio de un nuevo torbellino de violencia, “pero éste terminará cuando los palestinos se den cuenta lentamente de que ellos se están dañando a sí mismos más que a Israel”.

 

GOLPE BAJO

 

Sólo unas horas antes de que el imán palestino se inmolara dentro de un bus en Jerusalén, un camión repleto de explosivos detonó contra el cuartel central de Naciones Unidas (ONU) en Bagdad.

La acción costó la vida a 23 personas y dejó decenas de heridos, constituyendo el más grave atentado perpetrado contra esta organización internacional. Entre las víctimas fatales estaba su responsable máximo en Irak, el brasileño Sergio Vieira de Mello (55), y su jefa de gabinete, la egipcia Nadia Younes (57).

Se trató de un duro golpe para todo el mundo. Más aún cuando Vieira de Mello se vislumbraba como la carta de sucesión del secretario general, Kofi Annan, contando además con la aparente preferencia de Washington.

De acuerdo al diario árabe internacional Al Hayat, la red de Bin Laden se atribuyó el atentado en Bagdad, perpetrado supuestamente por uno de sus grupos afines (Brigadas de Abi Hafs Al Masri). El comunicado de la presunta organización advertía que el atentado contra la ONU se debió a que ésta “trabaja contra el Islam y representa al Departamento de Estado estadounidense, al que intenta maquillar su feo rostro”. El texto agregaba que la entidad mundial representa “la pesada porra con la que Estados Unidos, golpea a todo quien se sale de su política, especialmente en el conflicto palestino-israelí”.

Además, la nota explicitaba desafiantemente que los iraquíes “no deben olvidar los más de un millón de civiles muertos en los doce años de embargo económico”, impuesto por la ONU tras la invasión iraquí a Kuwait.

Ya en 1999 declaró Ismail Abu Shanab, el mencionado alto cabecilla de Hamas muerto recientemente por Israel, que la industria de las operaciones suicidas es la que más maximiza sus intereses, ya que sólo requiere “un momento de coraje” y no años de costoso y lento entrenamiento militar.

“Creo que Naciones Unidas ha sido considerada como un accesorio de Occidente, en general, y de Estados Unidos, específicamente. Es por eso que el cuartel central de la ONU era un ‘objetivo blando’, y creo que es lógico”, comenta a esta revista el ya mencionado Daniel Smith, quien trabajó en cuestiones de Inteligencia en la Guerra de Vietnam.

La visión del presidente de Estados Unidos es clara. “Los remanentes del régimen de Saddam aún son peligrosos y los terroristas se están reuniendo en Irak para minar el avance de la libertad –discurseó Bush en el ya mencionado encuentro de San Luis con veteranos de conflictos bélicos en el extranjero–. Al Qaeda y otras redes globales terroristas reconocen que la derrota del régimen de Saddam Hussein es una derrota para ellos. Ellos saben que un Irak democrático en el corazón de Medio Oriente sería luego una derrota para su propia ideología de terror. Ellos saben que la propagación de la paz y la esperanza en Medio Oriente minaría su llamado a la amargura, el resentimiento y la violencia. Mientras más progresos realicemos en Irak, más desesperados estarán los terroristas. La libertad es la amenaza para su estilo de vida”.

A pesar de esas aclamaciones, muchos estadounidenses comienzan a impacientarse. Inclusive en la misma clase política. El congresista Richard Gephardt, uno de los abanderados presidenciales demócratas, consideró “incomprensible” que el mandatario todavía no haya solicitado tropas adicionales de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y “cascos azules” de Naciones Unidas.

Recién el pasado 27 de agosto, el vicesecretario de Estado estadounidense, Richard Armitage, sugirió por primera vez la posibilidad de enviar una fuerza multinacional con el auspicio de la ONU, pero bajo la directa comandancia de Washington. “Esa idea está siendo explorada”, expresó el subalterno de Colin Powell. Tras el ataque contra la delegación internacional en Bagdad, el propio Kofi Annan había ventilado esa alternativa.

De ese modo, según analistas, la Administración Bush podría obtener una explícita resolución del cuestionado Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (en el que Chile forma parte como miembro no permanente) que legitime la ocupación en Irak.

De acuerdo al propio Paul Bremer, responsable civil estadounidense en ese país, el costo de la reconstrucción ha superado sus expectativas. En recientes declaraciones a The Washington Post, detalló que poner en funcionamiento el suministro eléctrico asciende actualmente a dos mil millones de dólares, y garantizar un sistema de agua potable en todo ese territorio –donde no es raro que los termómetros bordeen los 50 grados– implica un gasto en cuatro años de 16 mil millones de dólares.

La mayoría de los expertos coinciden en que el pasado atentado contra la ONU evidencia que el país más poderoso del planeta aún no controla Irak. A juicio del ya citado Stephen Zunes, politólogo de la Universidad de San Francisco, “no es que las bombas amenacen la integridad de Naciones Unidas, sino que la misma situación en que ha quedado como resultado de la política de Estados Unidos”.

Por lo demás, Bush reconoció –en el citado encuentro en San Luis– que los tres principales puntos en el actual teatro de conflicto son: Afganistán, donde continúa la caza de los talibanes y los ayudistas de Al Qaeda; en el Medio Oriente, donde el mandatario pidió recientemente a los líderes árabes medidas enérgicas contra los radicales palestinos; y en Irak, donde en su opinión, “las celdas de prisión para niños están vacías y la gente que dice lo que piensa no debe temer ninguna pena de muerte”.

Entusiasmado, el mandatario aseguró inclusive que “la gente que anhela la libertad y oportunidades en países como Irán y otros lugares en Medio Oriente observan con detención, y están rezando por nuestro éxito en Irak”.

Pero fue Condoleezza Rice, la asesora nacional de Seguridad y brazo derecho de Bush, quien dilucidó cualquier duda. Ya no se trata de capturar “vivo o muerto” a Bin Laden o Hussein. O hallar rastros de las armas de destrucción masiva en Irak. “La transformación de Medio Oriente –manifestó ante la misma audiencia de veteranos militares– es la única garantía para que no se produzcan ideologías de odio, que lleven a hombres a volar aviones contra edificios en Nueva York y Washington”.

Stephen Zunes cree –excusando la redundancia– que “el terrorismo internacional es un problema internacional que requiere de una respuesta internacional coordinada. Esta necesita un gran énfasis en Inteligencia que requiere cooperación con la comunidad mundial”.

Sea como sea, Khadim Herz no olvida lo ocurrido a su sobrino Ali Muhsin, muerto en extrañas circunstancias con los tropas estadounidenses en un barrio de Bagdad, y dice que esta experiencia lo ha puesto nostálgico de Saddam. “Estábamos muy contentos con los estadounidenses, pero ya no podemos ser amigos –expresó a John Tierny, de The New York Times–. Nosotros habíamos escuchado sobre las fosas comunes de Hussein, pero ahora estamos viendo las fosas dejadas por los estadounidenses”.

Andrés Pérez González

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