Clima preelectoral en EE.UU.
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El demócrata Howard Dean amenaza frustrar la reelección de George W. Bush el próximo año. Ante el segundo aniversario del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono, los estadounidenses aceptan crecientes restricciones a sus libertades civiles y son testigos del clima preelectoral, en el que el atolladero iraquí es pieza central.
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Hace más de tres meses atrás George W. Bush declaró formalmente el fin de las operaciones bélicas en Irak. Era el 1 de mayo y Bagdad había caído bajo control estadounidense el pasado 9 de abril. Sus palabras no pudieron escenificarse desde un mejor lugar: el USS Abraham Lincoln. En Estados Unidos muchos comentaristas no desperdiciaron la oportunidad para advertir que “la imagen de un vigoroso presidente en ese portaaviones figurará significativamente en su campaña a la reelección –según Dana Milbank, en una nota aparecida el pasado 12 de agosto en el influyente The Washington Post–. Pero lo que los comentaristas no predijeron es que Bush se convertiría en su propio juguete G.I. Joe”.
Así es. Recordando la serie animada de TV de ese nombre, difundida a principios de los noventa, el mandatario estadounidense ya tiene su propia réplica en miniatura, que se encontrará a partir del próximo 15 de septiembre en las tiendas comerciales de ese país por sólo 39,99 dólares. “Elite Force Aviator: George W. Bush, US President and Naval Aviator”, se lee en la etiqueta.
COMPLICACIONES
Lentamente, el verano boreal comienza a subir la temperatura de la precampaña presidencial en el país más poderoso del planeta. Pareciera que las próximas elecciones, que se efectuarán en noviembre del próximo año, tendrán todos los elementos para dar una fuerte sacudida a sus electores –algo somnolientos con la “guerra informativa” centrada en Irak–, polarizando de cierto modo las distintas tonalidades entre demócratas y republicanos.
De acuerdo a una encuesta del mencionado rotativo de Washington, divulgada el pasado 13 de agosto, el 59% de la población estadounidense apoya la gestión del actual mandatario. Pero el día de la caída del régimen de Saddam en Bagdad, esa cifra ascendía al 77%. De todos modos, el conflicto en Irak aún cuenta con la aprobación del 56% de los encuestados.
En el terreno interno, sin embargo, este apoyo disminuye al 45% en materia económica. Inclusive, sólo un 45% de los consultados dice aprobar la gestión de Bush referida al presupuesto fiscal, que este año alcanzará la alarmante cifra récord de unos 455 mil millones de dólares.
Bush sabe que puede correr la misma suerte que su padre, quien no logró la reelección debido a los problemas económicos domésticos y a pesar de liderar exitosamente la primera Guerra del Golfo, en 1991.
Por otra parte, estiman algunos expertos en Washington, la nueva ley de financiamiento electoral –que limita a 2000 dólares las contribuciones de individuos particulares– no es ningún impedimento para que Bush rompa su propio límite en recaudación: unos 200 millones de dólares, el doble de lo reunido en la anterior campaña.
Aunque aún no se desata oficialmente la carrera presidencial, este cuestionado texano ya ha recibido más de 34 millones de dólares. “El resultado es extraordinario. Va a dejar hecho añicos su propio récord”, declaró recientemente Sheryl Fred, investigadora del Center for Responsive Politics, entidad que publicó hace unos días un informe sobre el financiamiento electoral de los partidos.
Y es que este mandatario se las ha arreglado para convencer a sus aliados del big business para reunir importantes cantidades entre sus contactos, familiares e incluso entre los mismos empleados.
A todas luces, Bush juega a ganador. Tanto así que decidió prescindir de las ayudas estatales dada a los candidatos durante la primera fase de la campaña, hasta la convención republicana programada para septiembre del 2004 en Nueva York.
Estas subvenciones federales, que se aprobaron luego del escándalo de Watergate en 1974, se conceden solamente a los abanderados que aceptan un límite de 46 millones de dólares para el financiamiento privado de su campaña. Claramente, Bush confía en superar esa barrera.
Según la prensa local, Wall Street encabeza el ránking de contribuciones para la reelección de Bush. Debido a los recientes recortes de impuestos sobre la renta, las plusvalías y los dividendos, sus altos directivos se han visto fuertemente beneficiados.
Stan O’Neal, consejero delegado del poderoso banco Merril Lynch, ya se convirtió en un ranger, como se denomina a quien logra recaudar más de 200 mil dólares, superando esa cifra en 60 mil dólares.
Entre otros rangers republicanos sobresalen Henry Paulson, presidente de la entidad financiera Goldman Sachs –que anteriormente apoyaba a los demócratas– y la esposa de un ex ejecutivo de Enron, la controvertida compañía acusada de delitos financieros y fiscales. “La verdad es que la línea entre recaudar y ejercer coerción es muy fina”, advirtió por su parte la ya mencionada investigadora Sheryl Fred.
Los abanderados demócratas tendrán una dura tarea. El 2000 Al Gore logró reunir 45 millones de dólares frente a los 101 millones de dólares de George W. Bush. La próxima vez la proporción podría aumentar considerablemente.
De todos modos, los expertos electorales precisaron que el dinero no es todo en una contienda electoral, mencionando los casos de multimillonarios candidatos que se quedaron en el banquillo de los perdedores, como Ross Perot y Steve Forbes.
EL FACTOR HOWARD
Para sus adeptos, el ex gobernador de Vermont es el único contrincante que puede vencer al cuestionado George W. Bush. “Tienes el poder para cambiar este país”, repite una y otra vez, incansablemente, Howard Dean (54), el precandidato demócrata que ya ha capturado las portadas de los principales semanarios estadounidenses, sembrando algunas esperanzas entre los peaceniks estadounidenses.
“El presidente Bush está completamente equivocado: está equivocado en la economía, en el medio ambiente, en el servicio de salud, en la paz y en la justicia para todos”, expresó este médico de profesión frente a un séquito de adherentes en Iowa.
Dean ha sido, además, el único en declararse abiertamente contra la guerra en Irak, aunque “sin tener que protestar”, replica cuando lo acusan de demagogo. Lo que le ocurre inclusive desde las filas de su propio partido, como le sucedió recientemente en un debate junto al senador Joe Lieberman, ex compañero de fórmula presidencial de Al Gore.
Así, no es de extrañar que sus críticas apunten ácidamente contra su propio aparato partidista: “Sé que esto suena muy idealista y naïve, pero nosotros estamos por perder nuestro país, si nadie hace algo idealista. Cuando digo que muchos demócratas están enfurecidos con los mismos demócratas más que con los republicanos, obtengo gran aprobación. Este partido ha cometido un gran error al no desafiar a la administración Bush”.
De inmediato, sus detractores lo han tachado de “izquierdista”, “brusco” o “beligerante” y cuestionaron su necesaria capacidad diplomática para ser el líder de la hiperpotencia. “Creo que es patético que sea considerado como un izquierdista liberal –respondió Dean–. Eso demuestra cuán hacia la derecha ha girado este país”.
En la emisión del pasado 22 de junio del programa dominical “Meet the Press”, de la cadena NBC, este líder demócrata dejó más desconcertados que maravillados a la teleaudiencia, debido a su hablar aceleradísimo. “En ocasiones la lengua de Howard es más rápida que su cerebro”, aseveró Peter Freyne, columnista del semanario Seven Days, de Burlington en Vermont.
Ese mismo día había oficializado su precandidatura a la Casa Blanca, posicionándose entonces con 7,6 millones de dólares como la principal alternativa en el Partido Demócrata. Sus competidores no lo han podido superar: John Kerry ha recolectado sólo 1,7 millones; Lieberman 2,5 millones; el glamoroso John Edwards 3,1 millones y el senador Dick Gephardt 3,8 millones de dólares.
Ya en mayo de 2002, Dean tenía claro su objetivo. Sus siguientes pasos políticos, al igual que lo que deje de hacer George W. Bush, serán decisivos para poder mudarse el próximo año a Washington.
SADDAM, EL PASTOR
Sin lugar a dudas, la salida al conflicto en Irak será una munición política de peso en el clima preelectoral estadounidense. Es por eso, probablemente, que Washington ha comisionado al actual representante de Bush en Bagdad, Paul Bremer, para que a mediados del próximo año se realicen las ansiadas elecciones en ese convulsionado país.
En su edición internacional del pasado 12 de agosto, el diario árabe Al Hayat aseguraba –por otra parte– que Saddam Hussein comandaba la resistencia contra las tropas de ocupación anglo-estadounidense vestido como un pastor.
Citando a un alto oficial del antiguo régimen, que rehusó identificarse y que se halla exiliado en Jordania, se informó que merodeaba en algún lugar del oeste de Irak, desde donde intentaría reagrupar al ala militar de su Partido Baath.
Además, y siempre según Al Hayat, el destronado tirano habría abandonado su séquito de guardaespaldas reclutados en su ciudad de origen, Tikrit. Para mayor seguridad habría optado por refugiarse entre los pastores, estableciendo además contactos con grupos islámicos a los que proporcionaría dinero y armas.
Fuentes de Inteligencia estadounidense han insistido –en declaraciones a la revista Time– que las tropas desplegadas en Irak están a pasos de Saddam. “No puedo decir que llegamos cuando la cama aún estaba tibia, pero hay algunas evidencias que él ha estado donde hemos llegado”. Al parecer, la presencia de cigarros y cierta comida de su gusto personal revelarían el paso de Hussein, tristemente conocido también como el “Carnicero de Bagdad”.
Pero hay un hecho que sí ha preocupado a los servicios de Seguridad anglo-estadounidenses y árabes. El atentado contra la embajada de Jordania en la capital iraquí, perpetrado el pasado 7 de agosto, ya constituye otro elemento en la consolidación de este peligroso atolladero. Tras el estallido de un auto bomba en el frontis de la sede diplomática, 19 personas perecieron y otras 50 resultaron heridas.
Entre los sospechosos se halla el grupo integrista Ansar al Islam, con supuestos lazos con la red Al Qaeda del aún desaparecido Osama Bin Laden.
Inesperadamente, según los primeros testimonios, un grupo de saqueadores entró luego del estallido al recinto diplomático, pisoteando la bandera jordana y un retrato del padre del actual rey Abdullah. Los efectivos de la Primera División estadounidense llegaron unos 30 minutos después y debieran controlar la agria hostilidad.
Consultado por Ercilla, el analista militar Daniel Smith dice que este ataque “probablemente fue en represalia por el silencio de Amman y, a la vez, por el significativo apoyo dado a Estados Unidos en esta reciente guerra”.
“EJERCITO DE MAHOMA”
El autodenominado “Ejército de Mahoma” quiere convertirse pronto en algo más que una simple molestia para las tropas invasoras en Irak. Y, sorprendentemente, esto lo quiere también llevar al plano de la “guerra comunicacional”. Quizás, de ese modo, se expliquen las declaraciones aparecidas en una reciente edición de Newsweek.
Desde la caída de Hussein, este grupo dice haber causado unas 15 “bajas” al ejército estadounidense, además de otros ataques a vehículos militares y bases logísticas, de acuerdo a Mohammed al Rawi, presunto cabecilla de esa consultada célula de la resistencia.
Las acciones armadas contra la ocupación extranjera crecen día a día, asumiendo la clásica táctica guerrillera de Mao Tse Tung de “moverse como pez en el agua”, camuflándose y refugiándose entre la población civil. Un caso similar constituyó la evolución de la lucha de la resistencia palestina, agrega el ya citado experto en Defensa Daniel Smith.
Indudablemente, esa estrategia está poniendo en jaque la consolidación de las operaciones bélicas estadounidenses en territorio iraquí, principalmente en lo que se ha llamado el “Triángulo sunita”. Newsweek aventuró que la ideología de esos grupos sería “una mezcla de ardiente nacionalismo iraquí, fanatizado islamismo sunita y más fanatismo antisemita”.
Saddam Hussein ha quedado atrás en la historia. Eso se desprende de las declaraciones a Time de las fuentes en el “Ejército de Mahoma”: “Queremos un nuevo gobierno, sin Saddam, pero en su mismo estilo. Nosotros no queremos que Saddam regrese”.
“NO FLY”
Pero existen evidencias de que Estados Unidos está inmerso en otra guerra: una ardua lucha por su Seguridad Interna a costa de sus libertades civiles.
“Cualquier comentario inapropiado o chiste respecto a la seguridad del aeropuerto puede llevar a su detención”, reza la advertencia en el aeropuerto de Houston, Texas, que acompaña a la tradicional “No deje de vigilar su equipaje”. El mismo mensaje –de un amenazador tono orwelliano– se puede leer en la mayoría de los aeropuertos estadounidenses.
Lo complicado de ese asunto, al acercarse otro aniversario de los espectaculares atentados cometidos en Nueva York y Washington, es que muchos viajeros se preguntan qué se entiende exactamente por “comentario inapropiado”.
A principios de agosto, el coordinador de la ONG Global Network, Bruce Gagnon, sufrió una mala experiencia. Mientras esperaba un vuelo local en el aeropuerto de Louisville, un periodista de The Columbus Post logró contactarlo en su teléfono móvil. Necesitaba hacerle unas consultas sobre el uso de la energía nuclear en las misiones espaciales. Al terminar la conversación y cuando se colocaba en la fila para embarcar se le acercaron dos policías. “Me dijeron que se me había oído hacer declaraciones peligrosas. Lo increíble es que sabían mi nombre y tenían el número de mi tarjeta de embarque”, denunció.
Gagnon sólo pudo continuar su viaje cuando comprobaron que su nombre no figuraba en ninguna “lista negra” y tras llamar al diario que lo había entrevistado. Muchos pasajeros aceptan con resignación estoica lo que simplemente raya en la paranoia, denuncian los defensores de los derechos civiles.
Pero existen algunos “sospechosos” que deben soportar, denigrantemente, normas de seguridad e interrogatorios especiales. Y si estos “sospechosos” aparecen en la lista “no fly”, simplemente no se les permite volar. La Unión Americana de Libertades Civiles (Aclu, por sus siglas en inglés) denunció recientemente que unos 300 ciudadanos estadounidenses tienen prohibido abordar aviones; entre éstos, se cuentan dos editores de un diario pacifista.
El pasado 12 de agosto, y en una efectiva operación conjunta entre los servicios de Inteligencia de Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña, funcionarios de la estadounidense Oficina Federal de Informaciones (FBI) arrestaron a un ciudadano británico –de origen indio– que ingresó ilegalmente un misil tierra-aire procedente de Rusia a Nueva Jersey. Al parecer, se trataría de un traficante de armas independiente, quien anteriormente habría abastecido de armamento a la misma red de Bin Laden.
Quizás por esa razón, el siempre controvertido articulista Daniel Pipes –cuyas columnas aparecen semanalmente en New York Post y otros rotativos de tinte conservador– asegura categóricamente a Ercilla: “Sí, los estadounidenses están más seguros, debido a que han puesto gran atención a las amenazas que les acechan. No creo que los derechos civiles estén en peligro”.
El ya mencionado Daniel Smith tiene una opinión distinta. “Probablemente la población está más a salvo, ya que Al Qaeda no es capaz de moverse y operar dentro de esta sociedad como lo hizo antes del 11 de septiembre. Pero en un sentido más realista, Estados Unidos no es más seguro, porque la administración Bush ha creado nuevos oponentes debido a sus medidas militares no sancionadas por Naciones Unidas. Inclusive, los mismos estadounidenses han perdido la seguridad en ciertas libertades civiles que protegían a los ciudadanos y a los residentes legales de injustificadas intromisiones del gobierno”, manifiesta a esta revista.
A diferencia del año pasado, cuando el bien posicionado ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani pronunció junto a otros personeros los nombres de las casi tres mil víctimas fatales que perecieron en las Torres Gemelas, el próximo 11 de septiembre serán voces infantiles, ligadas a las mismas víctimas, las que realizaran esa tarea. Al cierre de esta edición, la Casa Blanca aún no daba a conocer su agenda para ese día.
Se espera, además, que en este segundo aniversario dos potentes haces de luz iluminen –desde el mismo lugar del atentado– la noche neoyorquina, culminando una jornada en la que debiera predominar el silencio o el sonido de las campanas, dejando al margen los ímpetus preelectorales.