Elecciones en EE.UU.

Momento crítico

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Todo puede pasar. A escasos días de que los votantes estadounidenses opten por un segundo periodo de George W. Bush o, en cambio, le den una oportunidad a John F. Kerry, la contienda entre republicanos y demócratas no está exenta de acusaciones de “guerra sucia”.

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Aunque rozando quizás cierta paranoia, las usuales teorías conspirativas entregan una atendible visión descarnada de la realidad. En esa dirección, el economista argentino Walter Graziano reconstruye en su controvertido libro Hitler ganó la guerra –inexistente en las librerías nacionales– las pistas de la secreta y elitista orden Skull & Bones y ventila respecto a la presente contienda electoral en Estados Unidos que tanto el actual presidente George W. Bush como el senador demócrata John F. Kerry forman parte del mismo “poder en las sombras” parapetado en la prestigiosa Universidad de Yale, donde ambos concluyeron sus estudios.

Recogiendo ese tipo de suspicacias –o crudo escepticismo– y a escasos días del 2 de noviembre, no debiera sorprender que vuelva a imponerse la técnica favorita de Karl Rove, asesor clave de Bush en asuntos comunicacionales. Esta, de acuerdo a Financial Times, se sintetizaría en que primeramente se define un breve y preciso mensaje contra el adversario; posteriormente se inicia una campaña de difamación mediática, incluyendo por cierto el rumor. Desorientado, el oponente queda relegado a una posición defensiva, debiendo salir al paso de esas acusaciones y congelando las críticas que él debiera posicionar contra su propio contendor. Pierde éste así la iniciativa y el control de la campaña.

 

ENCUESTAS

 

Considerando el margen de error intrínseco para cualquier estudio de opinión, los especialistas electorales concuerdan en un virtual empate, que desata mayor tensión en los días previos de la elección, cuando “todo puede pasar”.

Pese a que los encuestadores no tardaron en concluir que el abanderado demócrata triunfó en los recientes tres debates televisados, eso no le pavimenta necesariamente la victoria que le permitiría trasladar su residencia a la Casa Blanca.

Inclusive, algunos analistas creen que la referencia que hizo Kerry de la homosexualidad de la hija del Vicepresidente, Dick Cheney, le podría jugar determinantemente en su contra en un país donde continúa rigiendo “lo políticamente correcto”.

“Cerca de la mitad de la nación no quiere a Bush para un segundo periodo y cerca de la mitad no quiere que Kerry tenga un periodo. No es que la población esté polarizada; son los candidatos –repara el experto Larry Sabato, de la Universidad de Virginia–. Bush ha sido uno de los presidentes más conservadores de la historia y Kerry sería uno de las más liberales (utilizando incorrectamente ese término como sinónimo de izquierdista-proteccionista). Muchos estadounidenses se halln en uno u otro lado, pero un pequeño porcentaje está descontento con la elección y, en último término, su decisión importará, aunque menos que la masa de nuevos inscritos que se mostrarán (debutando) el día de la elección”.

Consultada por Ercilla, la analista electoral Karlyn Bowman, del bien posicionado think tank American Enterprise Institute, dice que “las campañas políticas estadounidenses en el pasado han sido mucho más contenciosas y negativas que la presente. Ambos candidatos están interesados  en acentuar sus diferencias con su oponente. El país está apretadamente, no profundamente, dividido. Cuando esto acabe, creo que la mayoría de la población estará en sus asuntos aceptando a cualquier candidato como presidente”.

También en declaraciones a esta revista, el columnista estadounidense Joshua Frank reposiciona el elemento anti-Bush que pareciera unir a los partidarios demócratas, advirtiendo que “la población puede estar polarizada, en cuanto a odiar o adorar a Bush, pero no creo que la mayoría de los que apoyan a Kerry les guste su persona y sus políticas. Ellos simplemente odian a Bush y están dispuestos a sacrificar lo que sea necesario con tal de derrotar a Bush. Los candidatos sólo están en desacuerdo retórico. Mira la guerra en Irak. Kerry la apoyó y todavía lo hace. ¿La guerra contra el terror? La misma cosa. ¿Políticas internas? Kerry no tiene ningún programa de empleo como un New Deal, a pesar de los dos millones de puestos de trabajo perdidos desde que Bush llegó al gobierno”.

Por lo demás y en caso de eventuales problemas legales o disputas en las urnas, como las acontecidas el 2000 en el decisivo estado de Florida, el aparato electoral demócrata anunció que ya cuentan con diez mil abogados y equipos de expertos para enfrentar ese tipo de situaciones. En ese entonces sólo luego de cinco semanas tras las elecciones, Florida dio como vencedor a Bush sobre Al Gore por 537 votos. Nuevamente ese sureño estado, junto a otros nueve, es catalogado como “estado de batalla”.

Por su parte, el periodista estadounidense David Lindorff aventura a Ercilla que la “guerra sucia” entre ambos abanderados empeorará: “Está claro que el Partido Republicano hará todo lo posible para dar vuelta un resultado que favorece a Kerry. En Florida, ha estado intentado todo tipo de cosas, desde el rechazo a restaurar el derecho a voto de personas que han sido removidas incorrectamente de la lista de votantes, porque sus nombres eran los mismos a los de criminales condenados, hasta planificar encierros en caminos de las principales rutas de los lugares de votación en vecindarios pobres”.

 

ESPECULACIONES

 

De continuar Bush al mando del país más poderoso del planeta, no se sabe qué ocurrirá con su equipo de gobierno.

En un reciente reportaje dominical de The New York Times, David Sanger analiza de la siguiente forma a los principales colaboradores del mandatario, quienes constituyen la alta Intelligentzia de Washington detrás del otrora gobernador de Texas: El siempre polémico secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, representa el “Estados Unidos muscular que lo ha hecho la voz de las acciones de ‘anticipación’ (pre-emption) y el hombre que ofendió a la Vieja Europa”. Condoleezza Rice, la recatada y fría consejera de Seguridad Nacional, quien maneja “el vocabulario realista del interés nacional de Estados Unidos”. Y está también el moderado ex general Colin Powell, quien “como secretario de Estado ha perdido muchas batallas, pero ha comenzado a ganar algunas, como la forma de tratar con Corea del Norte e Irán, y cómo reconstruir los puentes incendiados con los aliados”.

En caso de una segunda Administración Bush todo indica que Powell continuará sólo si Rumsfeld se va. A juicio de amigos de Powell, consultados por Sanger, existiría un 20% de posibilidades de su permanencia. Al parecer, este “eterno optimista” espera que la próxima elección dilucide los siguientes pasos de la política exterior de la hiperpotencia.

Citado en un extenso reportaje de The New York Times Magazine, Bruce Bartlett –antiguo asesor de políticas internas de Ronald Reagan y funcionario del Tesoro de la administración de Bush padre– estimó que un nuevo periodo republicano desataría una “guerra civil” en ese partido desde el siguiente día próximo de la elección. “En esencia –detalla el autor del reportaje Ron Suskind–, la naturaleza de ese conflicto sería el mismo que actualmente sacude a gran parte del mundo: la batalla entre modernistas y fundamentalistas, pragmáticos y verdaderos creyentes, razón y religión. (...) Es por eso que George W. Bush tiene tan claro que Al Qaeda y los fundamentalistas islámicos son sus enemigos. Él cree que hay que matarlos a todos. Ellos no pueden ser persuadidos, ya que son extremistas manejados por una oscura visión. Él los entiende, porque él es justamente como ellos... ”.

Según el siempre influyente semanario The Economist, “los republicanos tienen mucho que ganar si consiguen una victoria en noviembre. Porque la elección es en gran parte un referéndum sobre la persona de Bush, él puede demandar, si gana, un claro mandato para sus políticas, particularmente reduciendo impuestos en el país y golpeando violentamente a los terroristas en el exterior. Si gana Kerry, el único mandato que tendrá será no ser como George Bush”.

Lapidariamente, el laureado escritor José Saramago considera –en parte del prólogo al libro El Nerón del siglo XXI, de Jamer H. Hatfield– que en comparación con los anteriores presidentes estadounidenses George W. Bush debe ser el peor: “Con su mediocre inteligencia, su ignorancia abisal, su expresión verbal confusa y permanentemente atraída por la irresistible tentación del disparate, este hombre se presenta ante la humanidad con la pose grotesca de un cowboy que ha heredado el mundo y lo confunde con una manada de ganado. No sabemos lo que realmente piensa, no sabemos siquiera si piensa (en el sentido noble de la palabra), no sabemos si en realidad no será un robot mal diseñado que constantemente confunde y cambia los mensajes que le pusieron dentro”.

Por lo demás, Bush ha hecho permanentemente ostentación de una irritable certeza. Siempre según Suskind, “es conocimiento ya común que una profunda fe cristiana iluminó el viaje personal de George W. Bush. Pero la fe también ha conformado su presidencia de modo profundo y no religioso. El presidente ha demandado fe incuestionable de parte de sus seguidores, su equipo y máximos asesores”.

Luego del inicial titubeo tras los espectaculares atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, Bush sabía que toda la atención estaba puesta en él. “Unos días después del ataque, Bush decidió la invasión de Afganistán y daba órdenes. Su discurso al Congreso pleno reunido el 20 de septiembre (de 2001) será probablemente uno de los mejores de su presidencia. Él oró pidiendo la ayuda de Dios. Y muchos estadounidenses, de todas las religiones, oraron junto a él... o por él”, siguiendo el texto de Suskind.

 

¿BUSH O KERRY?

 

¿Cómo será recordado el actual gobernante en caso de que los votantes estadounidenses no le otorguen un segundo periodo de administración?

“Como el autor de uno de los desastres completamente evitables e innecesarios más grande de la historia de esta nación”, opina el ya mencionado David Lindorff, responsable además del blog www.thiscantbehappening.net.

 El también citado Joshua Frank cree que Bush será recordado por sus adherentes como “un hombre valiente, que quiso dirigir al país a un nuevo tiempo plagado de terror global. Por supuesto que eso es un disparate, ya que él no ha hecho más que provocar más odiosidad contra Estados Unidos”.

El contendor demócrata se mantiene para algunos en la incógnita. Así, el respetado periodista Seymour Hersh –colaborador del semanario The New Yorker, desde donde reveló el escandaloso caso de torturas en una prisión bagdadí– dice que no puede explicarse, por ejemplo, por qué razón el equipo de campaña demócrata no ha utilizado a su favor lo ocurrido en la cárcel de Abu Ghraib (Ercilla Nº3242): “Todo el mundo me lo pregunta. No lo sé. Creo que es un tema demasiado delicado y quizás no sabe cómo abordarlo. No entiendo a Kerry, prefiero quedarme lejos de los políticos. Espero que gane, pero creo que lo que dice de la guerra (‘puedo ganar la guerra’) es una locura. Es increíble lo que pasa en Estados Unidos. Kerry presenta una política más a la derecha que Bush. Dice que va a reforzar el Ejército, aumentar las fuerzas especiales, poner más policías, ganar la guerra, ser más duro con Irán. Y Bush replica: ‘ven, es un liberal’(¡!)”.

¿Cuáles serían eventualmente las primeras medidas gubernamentales decretadas por Kerry como presidente?

Lindorff confiesa a Ercilla que “mi esperanza es que anuncie un plan de retirada de Irak y una revocación de la Acta Patriótica. Pero la realidad dirá otra cosa; creo eso sí que Kerry se moverá lentamente”.

 El igualmente consultado Frank reconoce a esta revista que esa elección constituye probablemente un decisivo y crucial hecho para la configuración de un Nuevo Orden Mundial o para la mantención de la hegemonía estadounidense: “Si Bush gana, nuestros aliados continuarán desconfiando de nuestra política exterior e intentarán debilitar nuestro imperio. Eso es una buena cosa, una consecuencia inesperada del estilo unilateral de Bush. Nuestras fuerzas armadas han sido muy exigidas, así que es improbable más guerra si nuestros aliados no dan su apoyo. Si gana Kerry, habrá como de costumbre más negocios. Él quiere hacer simplemente lo mismo (que Bush), pero de un modo distinto. Ese es sólo un ejemplo de cuán estrecho está el discurso político en nuestro país. Próximamente, a esto no se le llamará democracia... no hay opción a la izquierda”.

Así las cosas, resulta al menos prudente recoger la advertencia del especialista electoral Larry Sabato: “Esta nueva fase puede desatarse por un nuevo suceso crítico, como un ataque terrorista a semejanza del ocurrido en la pasada elección en España, planificado deliberadamente para influir en los resultados; un escándalo centrado en uno de los candidatos o una docena de otros factores que no podemos ni imaginar en estos momentos (...) Nunca hemos escuchado tantas personas diciendo cuán desestresados se van a sentir cuando finalicen las elecciones. Eso es en parte por el miedo al terrorismo, los recuentos u otros potenciales desastres”. Todo puede pasar.

Andrés Pérez González

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