“¿Antiterrorismo o Terrorismo de Estado? Hacia una deconstrucción de las políticas de seguridad de las democracias occidentales. El caso de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania”

 

 

1.   Abstract 

 

A parte de los regímenes totalitarios, el terrorismo de Estado se replica en ciertas ocasiones en las democracias liberales de Occidente. Se rompe así el estereotipo que le arroga exclusividad a países tercermundistas. La creciente securitización de esas sociedades –desatada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001– puede caer igualmente en el uso indiscriminado, sistemático y estratégico del terror (terrorismo de Estado), sacrificando derechos y libertades civiles. Desde un enfoque deconstructivo quedaría en evidencia que la preocupación “central” de todo Estado no es otra que la seguridad, relegando a un plano “marginal” una concepción de libertad, en cuanto a no-dominación. En consecuencia, la estructura estatal convive en Occidente meramente con una concepción liberal de libertad.

 

 

2.   Palabras claves: Terrorismo, seguridad, Estado, represión, libertad, Occidente.

 

 

3.   Presentación del proyecto

 

Siguiendo al director de la edición francesa de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, “el terrorismo constituye una forma de lucha particularmente abyecta, dado que tiene como víctimas a civiles no-combatientes. Ninguna causa, por justa que sea, justifica el recurso a ese despreciable método. Los atentados del 11 de septiembre de 2001, al igual que los más recientes de Casablanca, Riad, Estambul, Moscú, Haifa o Jerusalén, sólo pueden despertar repugnancia y aversión. Lo mismo que el empleo por ciertos gobiernos del ‘terrorismo de Estado’ a manera de represalia”.[1]

 

Particularmente ese último punto constituye el foco de esta investigación. Al inaugurarse junto a un nuevo milenio la cuestionada “guerra contra el terrorismo” –liderada por George W. Bush en Estados Unidos–, una serie de libertades y derechos civiles han quedado desprotegidos en los principales países industrializados, bajo el alegato de la prioritaria urgencia en asuntos de “seguridad nacional”. Es lo que se conoce como securitización de esas sociedades.

 

En ese sentido, ya el 11 de octubre de 2001 el Congreso estadounidense aprobó la polémica Patriot Act (Provide Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism)[2]. Además, el 4 de enero de 2004 entró en vigencia el también controvertido programa de migración US Visit, que somete a quienes entran a ese país a estrictas y discriminatorias medidas de seguridad, control y vigilancia.

 

Pero eso no corresponde solamente a una situación propia de Estados Unidos. Su principal aliado en el Viejo Continente, Gran Bretaña, derogó el artículo 5 de la Convención Europea de Derechos Humanos[3] e implementó ya en 2001 una ley “antiterrorista” de amplísimas facultades.

 

Pese a haber sido un firme detractor de la Guerra en Irak, Francia también ha debido impulsar normas de “seguridad”, principalmente las igualmente cuestionadas “leyes Sarkozy”, referidas a vulnerabilidades internas.

 

Dick Oosting, director para Europa de Amnistía Internacional (AI), se extiende sobre la responsabilidad de los miembros del conglomerado europeo:

 

“Ni siquiera la UE [Unión Europea] es ejemplar en el respeto a los derechos de las personas. Al contrario, desde el 11-S ha habido un claro retroceso en países como el Reino Unido, que ha relajado sus garantías procesales a los mismos niveles que permiten la vergüenza de Guantánamo en Estados Unidos. Y no sólo el Reino Unido, países como Francia, Alemania, España o Grecia han acabado por relacionar de algún perverso modo la inmigración y su control con la amenaza del ‘terrorismo global’ y su control. Y, al mismo tiempo, esos países europeos siguen fabricando y exportando armas a países que son auténticos avisperos donde se originan los problemas que luego provocan ese terrorismo”. [4]

 

Este funcionario de AI detalla, por ejemplo, que Francia exporta sus helicópteros a India, donde se reenvían a Nepal. En ese lugar, denuncia, el ejército los utiliza para masacrar civiles bajo el pretexto de operativos contra la guerrilla maoísta. De igual modo, una empresa alemana vende su tecnología de vigilancia a Turkmenistán, donde el gobierno la utiliza para la represión política. La República Checa y Polonia envían, siempre siguiendo a Oosting, cargamentos de armas a Yemen, país que las distribuye a grupos terroristas de todo el planeta.

 

Así, el círculo de la violencia terrorista –incluyendo evidentemente en éste las operaciones de represión estatal que denomino con propiedad “terrorismo de Estado”– se configura por una regulación comercial internacional basada en un capitalismo de libre mercado (globalización), y por la producción industrial armamentista de países que luego se conciben vulnerables a la misma amenaza terrorista.

 

 

4.  Marco teórico

 

Ya Tucídides advirtió correctamente sobre las características esenciales del poder al referirse a que “el fuerte hace lo que tiene el poder de hacer y el débil acepta lo que tiene que aceptar”.[5] Maquiavelo siguió ese enfoque realista al recomendarle al Príncipe que “es mucho más seguro ser temido que amado, en el caso de que falte uno de los dos afectos”.[6]

 

Ilustrativamente Robert Strausz-Hupé plantea que “el poder es soporte de un gobierno ordenado. Sin el ejercicio del poder, el orden político no podría ni establecerse ni mantenerse. El poder resguarda a la sociedad de la anarquía. Sin embargo, el poder engendra la tiranía y la violencia, corrompe a los poderosos y aplasta la libertad”.[7]

 

En otras palabras, y siguiendo en eso a Josep Vallès, el poder debe entenderse integralmente como una constante interacción entre una primera dimensión como recurso (conquista del poder) y otra de modo situacional (dónde estoy situado).[8]

 

El libre juego entre esas dos dimensiones genera una visión propiamente estratégica del poder: “Recursos y situación están relacionados. Porque de una u otra forma, es el control de determinados recursos o capacidades el que sitúa a algunos actores en situaciones estratégicamente más ventajosas que a otros y les confiere más poder. O, en sentido contrario, de una situación ventajosa se deduce un acceso más fácil a los recursos necesarios para reforzar la propia posición”.[9]

 

Luego Weber aporta una definición simple y contundente de lo que entiende por Estado, considerándolo como “a human community that (successfully) claims the monopoly of the legitimate use of physical force within a given territory”.[10]

 

En consecuencia, Karen Ruth Adams establece que “a state exists when a particular community, defined by its political structure, monopolizes force over some territory. It dies when it is no longer able to do so, either because its political structure collapses or because external or internal rivals render it powerless through conquest, union, revolution, or disintegration”.[11]

 

Debido a ese componente esencialmente coercitivo del Estado (al margen de su autopretendida legitimidad, amparada por cierto en una lógica política dirigida de arriba-hacia-abajo), asumo que todo Estado es autoritario, al negar una concepción radical de libertad y sólo posicionar maximalistamente una visión liberal de la libertad.

 

Siguiendo al especialista Saul Newman, “the paradox of liberalism has always been that freedom must have limits placed upon it for it to be realized –that state itself is based on social contract, whereby a degree of freedom is sacrificed in return for security”.[12]

 

Convengamos, por tanto, que el hecho de sacrificar un grado de libertad implica concebirla como una propiedad privada que puede parcelarse, hipotecarse, transferirse a cambio de alguna retribución. Asumir esa visión liberal de la libertad, en relación con una presunta seguridad individual proporcionada por el Estado, deviene –a mi juicio– en una voluntaria actitud esclavizante por parte cada uno de los individuos insertos dentro del contrato social, en cuanto se trata de una dependencia unilateral y poco constructiva basada en el miedo y la desconfianza, y cuyo único fin sería (sobre)vivir.

 

De ese modo comparto lo expresado por Colombo, para quien:

 

[...] el Estado es, fundamentalmente, un paradigma de estructuración jerárquica de la sociedad, necesario e irreductible en el espacio del poder político o dominación, porque este espacio es construido a partir de la expropiación que efectúa una parte de la sociedad sobre la capacidad global que tiene todo grupo humano de definir modos de relación, normas, costumbres, códigos, instituciones, capacidad que hemos llamado simbólico-instituyente y que es lo propio, lo que define y constituye el nivel humano de integración social. Esta expropiación no es necesariamente ni exclusivamente un acto de fuerza; ella contiene y exige el postulado de la obligación política o deber de obediencia”.[13]

 

Hago igualmente propia la advertencia de Newman, quien manifiesta: “I am constantly bringing up issues such as the growing power of the state, the unprecedented levels of surveillance and social control, the overturning of legal precedents, and the continual infringements on civil liberties and human rights –all of which are been sold to us under the dubious label of ‘security’”.[14]

 

Contradigo, en consecuencia, aseveraciones del tipo de Lindsey, para quien “democratics regime are less likely to engage in repressive actions against its citizenty than are authoritarian or totalitarian ones [...] As Rummel[15] contends, ‘through democratic institutions, social conflicts that might become violent are resolved by voting, negotiation, compromise and mediation’. Thus, the more democratic a country, the less the likehood of human rights”.[16]

 

Por otra parte, expertos han definido el terrorismo como “basically the weapon of the weak and can be applied only infrequently and under specific circumstances”.[17] Otros, como Netanyahu, puntualizaron que ”terrorism is the deliberate and systematic murder, maiming and menacing of the innocent to inspire fear for political ends”.[18]

 

Parafraseando deconstructivamente a Von Clausewitz, el especialista Augusto Varas puntualiza que “el terrorismo, sea a nivel de las relaciones internacionales o bien enmarcado al interior de los límites nacionales, en cuanto a acción del Estado contra los ciudadanos o de grupos sociales contra el Estado y el resto de la sociedad, transforma la política en guerra, aun cuando ello se realice bajo características particulares”.[19]

 

Comparto igualmente lo expuesto por Ekaterina Stepanova, al sugerir que existe más de un tipo de terrorismo, cada uno con su propia definición. No obstante, resulta necesario advertir que “the 11 September events particularly underlined the need to distinguish between at least two types of terrorism that have too often been confused in the course of the global anti-terrorist campaign: the more traditional type of conflict-related or conflict-generated terrorism (‘terrorism of conflicts’); and the more recent and still highly contested phenomenon, embodied above all in the 11 September events, of so-called super-terrorism or mega-terrorism (also referred to as ‘global mass-casualty terrorism’ and ‘strategic’ or ‘high-impact’ terrorism)”.[20]

 

Con esos antecedentes sugiero definir ampliamente el terrorismo como el uso indiscriminado, sistemático y estratégico del terror. Por “terrorismo de Estado” entenderé el acto de violencia que cumple el mismo modus operandi que la anterior definición de terrorismo, propiciado y conducido por representantes de turno del aparato estatal (gobierno), y ejecutado formal o informalmente por agentes bajo su mando. Este particular término hace también referencia “to hostile actions outside of the context of a declared war, which target civilians or show a disregard for civilian life in attacking targets — either people or facilities”.[21]

 

Para la presente investigación seguiré así la distinción de White y Falkenberg referida a dos tipos de represión de Estado: uno formal desarrollado por autoridades estatales o gubernamentales. Y otro de tipo informal o “espontáneo”, perpetrado por agentes del Estado siguiendo su propia voluntad.[22]

 

 

5.   Eigene Fragestellung und Hypothese

 

La pregunta central que se presenta es si las instituciones democráticas serán capaces de mantener bajo control la consiguiente represión y violencia estatal. Según Michael Ignatieff: “Much of the war against terror has to be fought in secret, and the killing, interrogating and bribing are done in the shadows. This is democracy's dark secret -- the men and women who defend us with a bodyguard of lies and an armory of deadly weapons -- and because it is our dark secret, it can also be democracy's nemesis. [...] The key question is whether free institutions -- Congress, courts and the press -- are strong enough to keep this secret army under control”.[23]

 

Valiéndome de la típica noción realista referida a la inseguridad o incertidumbre reinante bajo un sistema internacional sin gobierno central,[24] sugiero que esa condición perdura en el plano doméstico, a pesar o precisamente debido al control coercitivo de un gobierno central, indiferente al proclamado contrato social de Hobbes, Locke o Rousseau.

 

Ya el mismo Hobbes asumía ese lado oscuro del Estado. Parafraseado por Saul Newman:

 

“[...] State sovereignty is a necessary evil. There is no attempt to make a fetish of the State: it does not descend from heaven, preordained by divine will. It is pure sovereignty, pure power, and it is constructed out of the emptiness of society, precisely in order to prevent the warfare immanent in the state of nature. The political content of the State is unimportant as long as it quells unrest in society. Whether there be a democracy, or a sovereign assembly, or a monarchy, it does not matter.”[25]

 

Agudamente Varas advierte, por lo demás, que “el ejercicio del terror por parte de un Estado determinado sólo está mostrando que éste puede ejercer la fuerza indiscriminadamente, pero, al mismo tiempo, está indicando que no cuenta con la legitimidad social suficiente como para proyectarse establemente sin recurrir a su uso”.[26]

 

En ese sentido, establezco como condición necesaria y genérica del terrorismo la existencia de sectores radicalmente marginados de la toma de decisiones (culturales, económicos y/o políticas), que los llevaría a constituirse en minorías consistentes que desafían al orden político, al que no pueden acceder o rechazan radicalmente.[27]

 

Lo aseverado por Varas debe matizarse, siguiendo nuevamente a White y Falkenberg, con la influencia “by the presence of internal groups and organizations that may threaten state power; and by the health of the state’s economy”.[28]

 

Citando a Clutterbuck, Varas hace ya hincapié en el controversial hecho de que “las democracias tendrán que seguir entre la disyuntiva de envenenar sus sociedades con la supresión del disenso, o permitirle al terrorismo que se desmande fuera de todo control, hasta que la sociedad se envenene con la intensidad de las medidas necesarias para su protección”.[29] Es, en ese sentido, que cobra gran alcance determinar dónde se hallaría actualmente el límite entre “antiterrorismo” y “terrorismo de Estado”.

 

De acuerdo a Varas, la respuesta a esa interrogante se encamina hacia “una acción preventiva o correctiva del terrorismo doméstico [que] debería poner el énfasis en acciones generadoras de consenso a través de medios civiles y políticos [...] Una adecuada legislación anti-terrorista, o que prevenga y combata el terrorismo como delito de violencia política interna, debe ser desarrollada tomando en consideración los problemas que ella pone a un Estado de Derecho, pero al mismo tiempo, teniendo en cuenta la necesidad de una respuesta jurídica que prevenga el uso indiscriminado de la fuerza en permanentes estados de emergencia”.[30] No obstante, desde ya advierto que la vía judicial o legal adquiere deconstructivamente una cuestionada relevancia.

 

Para esta investigación postulo una hipótesis principal y dos hipótesis secundarias, que debieran quedar ratificadas al final del trabajo:

 

·         Las democracias occidentales, siendo Estados, están posibilitadas para ejercer el terror estatal.

 

·         La presencia de grupos antisistémicos posibilita la aparición de prácticas de terrorismo de Estado, al jaquear el monopolio de la fuerza correspondiente al aparato estatal. Si se trata de grupos subversivos armados la correlación es más directa.[31]

 

·         La existencia de minorías que ponen en cuestionamiento la soberanía territorial de un Estado o alteran el consenso político dentro de éste, incrementa la posibilidad de acciones de violencia estatal.

 

 

6.   Methoden und Quellen

 

Este trabajo escudriña por primera vez las profundidades de la compleja realidad “textual” del terrorismo estatal. Deconstructivamente utilizaré los derridianos “opuestos binarios” que establezco entre seguridad/libertad –introduciéndome así en un debate de permanente actualidad–, vivenciados mayormente en esas democracias occidentales, intentando en último término vaciar esa jerarquía establecida entre un elemento central (seguridad) y otro marginal (libertad).

 

Por seguridad relaciono todo lo atingente a la razón de Estado. O lo que desde una perspectiva realista se considera la estrategia de autopreservación del aparato estatal. Es lo que tradicionalmente se llama “seguridad nacional”.[32]

 

De igual forma, rescato la acepción de libertad en el sentido de la “no dominación”[33], siguiendo a su vez el planteamiento radical recogido por Colombo, en cuanto a concebirla como producto de la actividad social de la humanidad.[34]

 

Es así que Jacques Derrida[35] aporta el dinámico modo de análisis de discursos y ejercicio epistemológico llamado deconstrucción. En su peculiar estilo asegura que “deconstruction is not an enclosure in nothingness, but an openness to the other (Derrida 1984, at 124) [y un intento] to discover the non-place or non-lieu which would be 'other' of philosophy (Id. at 112). Thus, meaning is ‘out there’, but it cannot be located by Western metaphysics, because text gets in the way”.[36]

 

De fondo, la deconstrucción constituye una crítica radical a la Ilustración y también a la metafísica, ventilando severas relecturas de textos clásicos correspondientes a Platón, Rousseau y Husserl, entre otros.

 

Atendiendo a la influencia de Nietzsche y Heidegger, la deconstrucción identifica la tradición filosófica occidental como una “metafísica de la presencia”, en una búsqueda inmediatista por la captación de un significado centrado en la presencia sobre la ausencia. Eso conlleva al “logocentrismo” o, inclusive, al “falocentrismo”: “the logos is a privileged, ideal, and self-present entity, through which all discourse and meaning are derived”.[37]

 

Por opuesto binario se entiende “a central deconstructive argument holds that, in all the classic dualities of Western thought, one term is privileged or ‘central’ over the other. The privileged central term is the one most associated with the phallus (penis) and the logos”.[38]

 

Siempre según Derrida, "’there is nothing outside of the text’ (Derrida, 1976, at 158). That is, text is thought of not merely as linear writing derived from speech, but any form of depiction, marking, or storage, including the marking of the human brain by the process of cognition or by the senses.”[39]

 

En consecuencia, el método deconstructivo se caracteriza por “challenge the explanatory value of these oppositions. This method has three steps. The first step is to reveal an asymmetry in the binary opposition, suggesting an implied hierarchy. The second step is to reverse the hierarchy. The third step is to displace one of the terms of the opposition, often in the form of a new and expanded definition”.[40]

 

Insistiendo en ese último aspecto de la estrategia deconstructiva, Newman advierte que “it must be made clear, however, that Derrida does not simply want to invert the terms of these binaries so that the subordinated term becomes the privileged term. He does not want to put writing in the place of speech, for instance. Inversion in this way leaves intact the hierarchical, authoritarian structure of the binary division. Such a strategy only reaffirms the place of power in the very attempt to overthrow it”.[41]

 

Para resolver la interrogante de fondo (cuándo y por qué las democracias occidentales utilizan el terrorismo como otro instrumento de Estado, alejándose de legítimas medidas antiterroristas), el presente trabajo no se desprenderá, además, del tradicional método comparativo de las ciencias sociales, centrado en un análisis cualitativo de lo que se conoce como método orientado a casos.

 

Primeramente, se recogerá el material periodístico correspondiente, privilegiando fuentes como, en Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post; en Gran Bretaña, The Economist, The Guardian, The Times; en Alemania, Der Spiegel, Süddeutsche Zeitung y Frankfurter Allgemeine Zeitung y otros medios de reconocida trayectoria como International Herald Tribune, Neue Zürcher Zeitung y Le Monde Diplomatique. Esa recopilación y seguimiento informativo proporcionará los antecedentes necesarios para abordar con propiedad los casos de estudio.

 

Por lo demás, realizaré una meticulosa y reflexiva lectura del material bibliográfico detallado. Gravitante relevancia para el marco teórico y en la recopilación de antecedentes tendrá el estudio en profundidad de la literatura respectiva y diversas publicaciones académicas especializadas, tanto de artículos ya consolidados por su aporte intelectual como de recientes contribuciones en esa misma área. Fuentes en este aspecto serán, entre otras, International Security, Journal of Peace Research, Journal of Conflict Resolution, World Politics y Foreign Affairs.

 

Luego, se aplicará una meticulosa deconstrucción de los diversos discursos oficiales de los máximos responsables políticos en los mencionados casos de estudio, así también como de las leyes “antiterroristas” surgidas o potenciadas en el último periodo.

 

Inicialmente se proyecta el siguiente plan de investigación:

 

Primer año:

·         Revisión de archivos y prensa para determinar presuntas acciones de terrorismo de Estado de parte de democracias liberales, referida particularmente a los antecedentes del caso estadounidense, británico, francés y alemán.

 

·         Adquisición de textos y subscripción a revistas especializadas.

 

·         Revisión y estudio exhaustivo de la literatura sobre terrorismo.

 

·         Recopilación de discursos oficiales y políticas públicas de seguridad de los mencionados Estados para evaluar, luego, el grado y característica de involucramiento de regímenes democráticos occidentales en operaciones de violencia estatal al margen del orden establecido.

 

·         Creación de una base de datos sobre los casos en cuestión.

 

 

Segundo año:

·         Procesamiento y evaluación de la base de datos, siguiendo el método cualitativo de la semejanza/diferencia.

 

·         Deconstrucción de los documentos oficiales (discursos y políticas públicas) referidas a seguridad.

 

·         Redacción de un artículo introductorio que aventure ciertas características inmanentes en la interacción Estado-coerción (antiterrorismo-terrorismo de Estado) en el caso de las mencionadas democracias occidentales.

 

 

Tercer año:

·         Redacción de la investigación.

 

·         Revisión y edición.

 

·         Difusión de conclusiones, desarrollo y enfoque en foros y seminarios.

 

 

7.  Erwartete Ergebnisse

 

Die erwarteten Ergebnisse dieser empirischen Untersuchung beziehen sich auf mehrere Punkte:

 

·         Ratificar la hipótesis central respecto a que las democracias occidentales, siendo éstas estructuralmente Estados, están posibilitadas permanentemente para ejercer terror. Así también en cuanto a las hipótesis secundarias.

 

Por tanto, el novedoso desafío de esta investigación radica en la desmistificación última referida a que no sólo países del denominado “eje del mal”, de acuerdo al discurso de George W. Bush, o países tercermundistas utilizan como instrumento de coerción el terrorismo de Estado.

 

·         Determinar que la preocupación “central” de todo Estado no es otra que la seguridad, relegando a un plano “marginal” una concepción de libertad, en cuanto a no-dominación. En consecuencia, la estructura estatal convive en Occidente meramente con una concepción liberal de libertad.

 

Al desatar deconstructivamente el “libre juego” entre los opuestos binarios establecidos entre seguridad/libertad, se concluiría en una visión anárquica de una organización social sin autoridad coercitiva. Es decir, se infiere que al vaciar el poder del elemento central (seguridad), vinculado ineludiblemente a la construcción histórica del Estado, y elevar al sitial de centro el componente marginal (libertad en un sentido radical de no-dominación), se desarticularía la función y legitimidad del Estado. Así las cosas, en este libre ejercicio se desestructuran las referencias verticalistas –propias del Estado–, asumiendo una armoniosa y constante agitación de feedbacks, desde abajo-hacia-arriba, desde la periferia-a-la-centralidad, anulando consecuentemente la propia definición espacial.

 

·         La creciente securitización de las sociedades occidentales, caracterizada por una extensa y poderosa legislación especial antiterrorista que es cada vez menos “especial”, está haciendo retroceder algunos derechos y libertades civiles.

 

·         La globalización, entendida como la mundialización de la economía neoliberal, ampararía a su vez la red logística del terrorismo internacional, dificultando –si no haciendo imposible– la obtención de logros en las operaciones y medidas antiterroristas.

 

 

Por otro lado, el aporte tanto de la deconstrucción como en general del postestructuralismo viene a cuestionar cualquier vigencia de “esencialismo” –tan abundante y aún no estudiado en cuestiones de seguridad y relaciones internacionales–, y que el ya citado Newman define como “the idea that there is a constant, unchanging substance at the base of identity”.[42]

 

Ya desde una perspectiva postmarxista se ha puntualizado que “society is not a valid object of discourse”.[43] Lo que en otras palabras, continúa Newman, significa que “there is no essencial identity or fixed principle at the base of society: It is constituted through a series of ultimately unsuccessful discursive and ideological representations”.[44]



[1] Ramonet, Ignacio. 2004. “Antiterrorismo”. Le Monde diplomatique 101, edición española, marzo: http://www.monde-diplomatique.es/2004/03/ramonet.html  

[2] Ver: http://www.globalsecurity.org/military/library/congress/2001_rpt/hr236p1.htm

[3] S/A. 2003. The Economist, December 6.

[4] Amiguet, Lluis. “Nuestras armas sirven al terrorismo”. La Vanguardia, Catalunya, 14 septiembre, recogido de: http://www.periodistadigital.com/object.php?o=31015&print=1

[5] Thucydides. 1954. “History of the Peloponnesian War”. Penguin Classics: 400-408. En Viotti, Paul y Kauppi, Mark. 1999. International Relations Theory. Realism, Pluralism, Globalism and Beyond. Massachussets: Allyn & Bacon, Needham Heights: 100.

[6] Maquiavelo, Nicolás. 1988. El Príncipe. Edit. Ercilla S.A: 110.

[7] Dougherty, James y Pfaltzgraff Jr., Robert. 1993. Teorías en pugnas en las relaciones internacionales. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano (GEL): 124.

[8] Vallès, Josep M. 2002. Ciencia Política. Una introducción. Barcelona, Ariel: 31-33.

[9] Ibid: 33.

[10] Weber, “Politics as a Vocation”. In From Max Weber: Essays on Sociology, eds. and trans. by H.H. Gerth and C. Wright Mills. New York: Oxford University Press, 1958: 78.

[11] Adams, Karen Ruth. 2003. “Attack and Conquer? International Anarchy and the Offense-Defense-Deterrence Balance”. International Security 28 (3): 45.

[12] Newman, Saul. 2004. “Is There a Postanarchist Universality? A Reply to Michael Glavin”. Perspectives on Anarchist Theory 8 (2): 49: http://www.anarchist-studies.org/filemanager/download/7/vol8no2.pdf

[13] Colombo, Eduardo. 2000. El espacio político de la anarquía. Edit. Nordan-Comunidad, Montevideo: 57.

[14] Op. Cit. Newman, Saul.

[15] Rummel, Rudolph. J. 1995. “Democracy, Power, Genocide and Mass Murder”. Journal of Conflict Resolution 39 (1): 3-26.

[16] Lindsey Blanton, Shanon. 1999. “Instruments of Security or Tools of Repression? Arms Imports in Human Rights Conditions in Developing Countries”. Journal of Peace Research 36 (2): 237.

[17] Levitt, Geoffrey. Democracies against terror. The Western respond to State-Supported terrorism. New York: vii.

[18] Netanyahu, Benjamin. 1986. Terrorism: How the West can win. New York: 9.

[19] Varas, Augusto. 1989. Jaque a la democracia: Terrorismo y antiterrorismo en las relaciones sociales e internacionales contemporáneas. Flacso-Chile, Santiago: 1 y 2.

[20] Stepanova, Ekaterina. 2003. Anti-terrorism and Peace-building During and After Conflict. Policy Paper 2: 4. Stockholm International Peace Research Institute (Sipri): http://editors.sipri.se/pubs/Stepanova.pdf

[21] Véase: http://en.wikipedia.org/wiki/State_terrorism

[22] Op. Cit. White and Falkenberg: 332.

[23] Ibídem.

[24] Kegley, Charles and Wittkopf, Eugene. World Politics. Trend and Trannsformation: 38.

[25] Ibídem.

[26] Op. Cit. Varas: 4.

[27] Ronchet, Alberto. 1979. “Guns and Gray Matter: Terrorism in Italy”. Foreign Affairs, Spring,. En Ibid., Varas: 5.

[28] Op. Cit. White and Falkenberg: 332.

[29] Clutterbuck, Richard. 1982. “El terrorismo como herramienta política, NATO’s Fifteen Nations”. January. En Op. Cit, Varas: 8.

[30] Ibid., Varas: 9.

[31] Colombia es un caso paradigmático. La Cámara de Representantes de ese país aprobó el 9 de junio de 2004 un controvertido estatuto antiterrorista que otorga a los efectivos militares funciones de policía judicial, permitiendo además allanamientos, capturas e interceptaciones de llamadas sin previa orden de un juez: S/A. 2004. “Aprueban duro estatuto antiterrorista”. El Mercurio, junio 9.

[32] Véase: Pérez González, Andrés. 2005 (artículo bajo revisión). “La seguridad humana y las operaciones de paz: un enfoque crítico al institucionalismo imperante en los procesos de consolidación de la paz”. Estudios de Defensa. Instituto Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

[33] Véase: Pettit, Philip. Republicanism. A Theory of Freedom and Government. En internet: http://www.princeton.edu/~ppettit/

[34] Op. Cit. Colombo: 55 y 56.

[35] Véase: S/A. 2004. “Jacques Derrida”. The Economist, october 21: http://www.economist.com/people/PrinterFriendly.cfm?Story_ID=3308320

[36] Véase en internet: http://en.wikipedia.org/wiki/Deconstruction

[37] Ibídem.

[38] Ibidem.

[39] Ibidem.

[40] Ibídem.

[41] Newman, Saul. 2001. “Derrida's Deconstruction Of Authority”. Philosophy & Social Criticism 27 (3), May: http://www.postanarki.net/saul9.htm

[42] Op. Cit. Newman, Saul. 2004. “Is There a Postanarchist Universality? A Reply to Michael Glavin”: 52.

[43] Laclau, Ernesto and Mouffe, Chantal. 2001. Hegemony and Socialist Strategy: Towards a Radical Democratic Politics. London: Verso, 2nd ed: 111. En Op. Cit. Newman. “Is There a Postanarchist Universality? A Reply to Michael Glavin”: 50.

[44] Ibidem.

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