Doctrina Bush

Menos amigos y más terror

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El presidente de Estados Unidos ha reposicionado el viejo eufemismo de "cambio de régimen" –tan conocido durante la Guerra Fría- en su campaña contra el jerarca iraquí, Saddam Hussein. Pero aún no cuenta con la aprobación del Congreso ni de la Asamblea de Seguridad de la ONU. Además, debe enfrentar crecientes críticas internas.

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Nueve días después de los atentados perpetrados hace más de un año contra las Torres Gemelas y el Pentágono, las palabras de George W. Bush fueron contundentes: "Están con nosotros o están con los terroristas". Esa clara señal evidenciaba "un cambio de época", declaró en su oportunidad la influyente consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice.

A juicio de Philip S. Golub, en un artículo aparecido en la edición francesa de Le Monde Diplomatique, el vocabulario del cuestionado mandatario estadounidense, "con sus constantes referencias a la civilización, la barbarie y pacificación, revela el clásico pensamiento imperial". Golub insiste en que "no se sabe qué aprendió Bush en Yale y Harvard, pero desde el 11 de septiembre se ha convertido en un remoto César del nuevo campo imperial en Estados Unidos".

POLICIA GLOBAL

Tras los actos del primer aniversario del ataque orquestado por el grupo fundamentalista musulmán Al Qaeda -cuyo líder es Osama Bin Laden-, la Casa Blanca publicó un documento de 33 páginas titulado "La estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América", dando así otro paso en su ofensiva unilateralista. En pocas palabras, los "halcones" que predominan en la actual administración Bush aseguran que después de la Guerra Fría, Estados Unidos impulsará operaciones preventivas contra Estados hostiles y grupos terroristas, que amenacen los intereses estadounidenses o la estabilidad global, tutelada desde Washington. Y es que el país más poderoso del planeta anuncia, según el mismo texto, que no tolerará además el surgimiento de algún rival que le dispute el trono de superpotencia.

De acuerdo a un editorial del populista The New York Post, publicado el pasado 21 de septiembre, "algunos aspectos del documento son innegablemente controvertidos, incluso para esas personas que no comparten el aislacionismo de extrema derecha o el ingenuo internacionalismo de izquierda".

Es así que Washington retoma las viejas prácticas abiertamente intervencionistas, conocidas bajo el ambiguo eslogan de "cambio de régimen" y que últimamente se han focalizado en Saddam Hussein. Sin embargo, estas no se harán extensivas a regímenes autoritarios como el de Pervez Musharraf en Pakistán, quien asumió el poder por un golpe de Estado y ha mantenido cuestionables vínculos con integristas islámicos.

Hussein atendió a las amenazas y anunció que autorizará el reingreso sin condiciones de los inspectores de Naciones Unidas que comprueben que su gobierno no produce ni almacena armas de destrucción masiva. La administración Bush hizo oídos sordos y sólo se mostró preocupada de que el Congreso apruebe su nueva política exterior, centrada en la "guerra preventiva", que se traduce en amplias y cuestionadas atribuciones.

El pasado 25 de septiembre, Condoleezza Rice continuó la avanzada reiterando que el Irak brindó refugio a integrantes de Al Qaeda en Bagdad y que incluso ayudó para que esa red fundamentalista fabricase armas químicas. El inclaudicable aliado europeo de Bush, el primer ministro británico Tony Blair, informó dos días antes al Parlamento de su país que Saddam podía hacer estallar sus armas biológicas y químicas 45 minutos después de dar la orden. Y que sus misiles balísticos Scud eran capaces de alcanzar objetivos en Chipre, el este de Turquía, Teherán e Israel.

Inesperadamente, el gobierno de Bush ha debido enfrentar una creciente ola de descontento por la "politización" de la inminente campaña contra Irak, como denunció el líder demócrata en el Congreso, Tom Dashle. Esto se suma al malestar por los escándalos y el desorden en los asuntos internos de Estados Unidos. Más aún si los índices de pobreza se incrementaron el año pasado, por primera vez en ocho años, bordeando los 33 millones de estadounidenses (11,7% de los 278 millones de habitantes).

Consultado por Ercilla, William Hartung –investigador del World Policy Institute de Nueva York- asegura que las principales objeciones que se hacen al mandatario tienen que ver con "el manejo de la economía, sus vínculos con corruptos ejecutivos de algunas corporaciones y la violación de libertades civiles. Y su gran ‘fortaleza’ es su habilidad para martillear internamente sus principales temas (reducción de impuestos, aumento militar, la guerra contra el terrorismo e Irak) y moldear el debate público y periodístico de acuerdo a sus términos".

Atrás quedaron las intenciones del ex mandatario Bill Clinton para impulsar una estrategia de "más aliados y menos terroristas". Definitivamente, George W. Bush no cree lo mismo.

A. P. G.

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(RECUADRO) ALEMANIA EN REBELDIA

En el último mes la concluida campaña electoral en Alemania fue la nota díscola en las relaciones entre Europa y Estados Unidos. Gerhard Schröder -el nuevamente electo Canciller- habló del "camino alemán" al referirse a la negativa de Berlín para apoyar una invasión comandada por Washington contra Bagdad, lo que sacudió los círculos diplomáticos.

George W. Bush rompió el protocolo y no felicitó a Schröder por su victoria electoral. La molestia del mandatario estadounidense se debió principalmente a la ácida referencia que hizo la hoy renunciada ministra de Justicia, Hertha Däubler-Gmelin, quien sugirió que Bush desplegaba una gran campaña propagandística contra Irak para evitar controversias internas, "como ya hacía Adolfo, el nazi". El ahora ex jefe de bancada del oficialista Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), Ludwig Stiegler, se remontó a Augusto en su comparación, evocando al emperador de Roma que sometió a las tribus germanas.

Según precisó a Ercilla el periodista Severin Weiland del prestigioso semanario Der Spiegel, el impasse entre Berlín y Washington probablemente se desperfilará. Una vez desencadena la operación contra Saddam Hussein, el papel germano priorizará la ayuda humanitaria que reestablezca un nuevo orden en ese país del Asia Central, el segundo productor de petróleo en el mundo.

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