Conflicto palestino-israelí

Sangre y desolación

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En menos de un mes, el premier israelí terminó con la vida de dos cabecillas de Hamas: el jeque Ahmed Yassin y, luego, su reemplazante Abdel Aziz Rantisi. Israel dice estar preparada para un “centenar de ataques en venganza”.

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La normalidad no es más que un mal chiste en Oriente Medio. Y es que, siguiendo con el título de fines de marzo (Ercilla Nº 3238) referido al asesinato perpetrado por helicópteros israelíes contra el jeque Ahmed Yassin, líder fundador de Hamas, definitivamente “lo peor está por venir”.

Luego de su encuentro con George W. Bush, de quien el primer ministro de Israel  logró su beneplácito para la retirada unilateral de Gaza para fines de 2005 (dejando en la nada la salida de los efectivos judíos de Cisjordania), el “Bulldozer” Ariel Sharon golpeó nuevamente a la dirigencia palestina con la operación “selectiva” contra Abdel Aziz Rantisi, sucesor del carismático jeque Ahmed Yassin en el mando superior del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas).

No se habían cumplido ni cuatro semanas del asesinato extrajudicial de Yassin, cuando ese 17 de abril el automóvil marca Subaru del entonces máximo dirigente de ese grupo integrista recibió el certero impacto de un misil israelí, en la populosa Ciudad de Gaza.

La medida –¿desproporcionada?– de la Administración Sharon habría sido en respuesta, de acuerdo a la ley del “ojo por ojo”, al atentado de un kamikaze que mató a un soldado hebreo en esa misma localidad.

Vaticinando otro lamentable baño de sangre, nueve palestinos –entre ellos un niño de 15 años– fallecieron el pasado 21 de abril en ese mismo lugar en enfrentamientos contra los efectivos del poderoso Ejército israelí. Al día siguiente, dos niñas de 7 y 4 años también perdieron la vida en confusos incidentes.

 

OTROS OBJETIVOS

 

Pareciera que Hamas se ha volcado hacia adentro, prefiriendo el hermetismo transitorio. Aún así, puntualiza a Ercilla Baruch Kimmerling –sociólogo de la Universidad de Jerusalén–, esta organización se ha vuelto notoriamente más popular.

Para evitar que las amenazas de venganza se realicen, la apuesta de Israel –según el sitio en Internet DebkaFile– es a organizar operaciones de anticipación (pre-emptive), eliminando a más dirigentes antes de que éstos puedan orquestar sus acciones suicidas.

De acuerdo a esa fuente, los cuatro principales objetivos mortales de la lista israelí son: Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbollah en Líbano; Imad Al-Alami, jefe de operaciones externas de Hamas con base en Siria; Khaled Mashal, encargado del comité político de esa organización actualmente residente en Siria (en 1997 escapó a un atentado del Mossad); y, por último, Abdullah Ramadan Shalakh, representante de la Jihad Islámica también en Siria.

En octubre del año pasado, y según lo recogido por Ercilla Nº 3227, Tel Aviv envió varias advertencias a Damasco al bombardear un campo de entrenamiento palestino deshabitado en Ein Saheb.

La identidad del reemplazante de Rantisi debiera, esta vez, ser reservada. Hirsh Goodman, columnista político del semanario The Jerusalem Report, comenta a esta revista que “Hamas está descabezado y en la clandestinidad, está preocupado por informantes en su interior y está a la defensiva”. A juicio de Jonathan Figuel, del Instituto para Contraterrorismo de Israel, “ellos no pueden implementar ninguna agenda sin un líder visible e identificable”.

La experta en terrorismo islámico Anat Kurz –del Centro Jaffe para Estudios Estratégicos dependiente de la Universidad de Tel Aviv– advierte a Ercilla que “la perpetración de un próximo atentado (palestino) es sólo cuestión de tiempo y oportunidad. En los días recientes, voceros de los servicios de Seguridad han admitido que las motivaciones para perpetrar un golpe violento continúan siendo altas”.

“¿Quién es más poderoso, Dios o Israel?”, azuzaba un palestino con un altavoz en los funerales de Rantisi. La ensordecedora respuesta no se dejaba esperar: “Dios”. Uno de los probables sucesores, el anteriormente mencionado Khaled Mashal, juró que un “centenar de ataques en venganza” sacudirán a Israel hasta sus bases. Siguiendo el relato de esa ceremonia de The Guardian, el citado personaje del altavoz preguntó a continuación “¿Cuál es su esperanza?”. Y la respuesta fue desoladora: “morir como mártir”.

A.P.G.

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