Estados Unidos bajo amenaza

Danger zone

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Pánico y suspicacia acorrala a los estadounidenses. Mientras altos funcionarios de la Administración Bush catalogan como "inevitable" un nuevo ataque terrorista contra Estados Unidos; otros cuestionan el desempeño de los servicios de Inteligencia y se preguntan si, según los últimos antecedentes, hubieran podido impedirse los atentados del 11 de septiembre.

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Una ola de amenazas terroristas sacude a Estados Unidos. El país pareciera vivir una tensa normalidad, temiedo un ataque semejante al del pasado 11 de septiembre, cuando más de tres mil personas perecieron en atentados cometidos contra el Pentágono y las Torres Gemelas. Repentinamente, la población siente a la vuelta de la esquina la cuestionada "guerra contra el terrorismo" -que lidera el presidente George W. Bush- y recuerda que las operaciones militares desplegadas aún en Afganistán son sólo otra fase de un conflicto que se desencadenó en el mismo territorio del país más poderoso del planeta.

"Debemos continuar nuestras vidas con la misma confianza, goce y excitación que teníamos el 10 de septiembre", expresó el gobernador de Nueva York, George E. Pataki. No obstante los buenos deseos de Pataki, la normal vida neoyorkina quedó interrumpida el pasado 22 de mayo, cuando a las 4.53 de la mañana el puente Brooklyn suspendió el tránsito por alrededor de una hora: un objeto sospechoso alertó a los efectivos policiales que resguardaban masivamente las avenidas de ese centro cosmopolita.

La Estatua de la Libertad es otro objetivo apreciado por los terroristas, según las recientes advertencias difundidas por la prensa estadounidense. "La Guardia Costera está en su grado más alto (de vigilancia) desde la Segunda Guerra Mundial", reconoció Frank Bari, vocero de esa institución a The New York Times.

AMENAZA LATENTE

"Existe la probabilidad cierta de que en el próximo año o en los próximos tres o cinco años ocurra otro atentado terrorista en Estados Unidos", expresó el pasado 20 de mayo el senador Robert Graham, presidente del Comité de Inteligencia del Senado.

La alerta de seguridad sacudió los hogares estadounidenses, ya que advertía –según algunos informes de Inteligencia no oficiales- que integrantes de Al Qaeda (La Base), la organización fundamentalista del multimillonario saudí Osama Bin Laden, pretendían instalar cargas explosivas en edificios de importantes ciudades del país. "La intención (de los miembros de la célula integrista) era arrendar algunos departamentos, detonar explosivos y tumbar edificios de gran altura", ventiló CNN.

Siguiendo las características del sangriento conflicto en Medio Oriente, los estadounidenses están horrorizados ante la posibilidad de que aparezcan además kamikazes de Hamás o la Yihad Islámica que hagan explotar salas de cine, paraderos de buses o cualquier recinto concurrido, con el propósito de que Washington limite su apoyo a Israel.

El temor tiene su base. De acuerdo a la cadena de televisión estadounidense ABC, subordinados de Bin Laden se reunieron en marzo de este año con dirigentes de agrupaciones integristas palestinas para planificar operaciones contra Estados Unidos y Gran Bretaña. De ser cierto, "esto sugiere un nuevo enfoque que es sorprendente y peligroso porque nunca antes (esas organizaciones) han trabajado juntas", aseguró Vince Canistraro, ex jefe de contraterrorismo de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA).

A mediados de mayo, incluso la Reserva Federal estadiunidense y las sedes del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) recibieron paquetes que presuntamente contenían ántrax, que en informes definitivos arrojaron resultados negativos. Aunque inicialmente el dardo acusador apuntó hacia el terrorismo internacional, las pesquisas preliminares no han descartado la alarmante sospecha –destacada por la prensa local- de que las cepas de ántrax puedan provenir de instalaciones gubernamentales como el Instituto de Investigación Médica del Ejército de Estados Unidos en Fort Detrick (Maryland).

El columnista de The New York Times Thomas Friedman ironizó el pasado 22 de mayo en un artículo: "¿qué se supone que debemos hacer con esta información? ¿No entrar más a un edificio, porque existen informes que sugieren que células de Al Qaeda pueden arrendar un departamento para hacer volar toda la estructura? ¿No salir fuera de casa? ¿No acercarse a los monumentos nacionales? ¿O darle una palmadita al vientre de toda mujer embarazada para verificar si es una terrorista suicida?".

Un clímax ante esta verdadera ola de pánico provino del Departamento de Estado que encabeza el moderado Colin Powell. Unilateralmente, el informe anual de terrorismo –el primero tras los atentados del 11 de septiembre- estableció que grupos fundamentalistas podrían contar con armas químicas, biológicas o nucleares.

La retórica del "eje del mal" también estuvo presente en el documento, sancionando nuevamente a Iran, Irak, Corea del Norte, Libia, Siria, Sudán y Cuba (ver recuadros) como países promotores del "terrorismo" internacional.

En contacto con Ercilla, William Hartung del World Policy Institute de Nueva York precisó que desde la perspectiva de la Administración Bush "la ‘guerra contra el terrorismo’ está estrechamente focalizada en organizaciones y naciones que integran únicamente la lista de enemigos del gobierno estadounidense y no –recalca- todos los que utilizan tácticas terroristas o perpetran asesinatos de civiles inocentes". Es por eso que, a juicio de este investigador, "la ‘guerra contra el terrorismo’, como anteriormente la ‘guerra contra el comunismo’ o ‘contra las drogas’, sirve como racionalización para proyectar el poder de Estados Unidos, procurando legitimar el uso de ese poder tanto interna como internacionalmente".

La académica Asma Afsaruddin, del Centro de Estudios Arabes e Islámicos de la estadounidense Universidad de Notre Dame, advirtió además que el conflicto en Oriente Medio puede extenderse a otras regiones y desatar en el corto plazo nuevas operaciones bélicas contra Irak. "Desgraciadamente la retórica del ‘eje del mal’ envenena el ambiente y crea una atmósfera de desconfianza y suspicacia que no ayuda a nadie", declaró a Ercilla.

ESPECULACIONES

Muchos estadounidenses se preguntan por qué la "amenaza terrorista" se vuelve a intensificar en estos momentos. Aunque aún no hallan una respuesta satisfactoria, giran sus ojos hacia los servicios de Seguridad y altos funcionarios del Pentágono y la Casa Blanca. Los miran con extrema suspicacia, alentados por la máxima de que en "tiempos de guerra, la verdad es la primera víctima".

El vicepresidente Dick Cheney comenzó la posta de declaraciones –advirtiendo la posibilidad de un inminente atentado en Estados Unidos- en una entrevista televisiva realizada el pasado 19 de mayo, al expresar que es "casi cierto" que ocurran nuevos ataques. El director de la cuestionada Oficina de Investigaciones Federales (FBI), Robert Muller -quien asumió en su cargo una semana antes de los atentados contra Washington y Nueva York-, avivó al día siguiente aún el clima de pánico. En un encuentro ante la Asamblea Nacional de Fiscales calificó como "inevitables" futuras acciones de grupos integristas y expresó lacónicamente: "Habrá otro ataque terrorista. No estaremos en capacidad de detenerlo. Es algo con lo que tendremos que vivir".

Por si fuera poco y para no quedar ausente de la lista, Donald Rumsfeld, secretario de Defensa estadounidense, reconoció el 21 de mayo que el país más poderoso del planeta vive un periodo de "alerta limitada".

Según un análisis del prestigioso The New York Times, "las diarias advertencias realizadas en momentos cuando la Casa Blanca ha sido golpeada por preguntas de si desconoció importantes elementos (de Inteligencia) sobre las intenciones de Al Qaeda en Estados Unidos, han intensificado las especulaciones de que la Casa Blanca está utilizando la amenaza para cambiar el sujeto de la polémica".

Ante ese tipo de críticas y reiterando la negativa a la formación de un comité independiente que investigue el desempeño de la Administración Bush en cuestión de seguridad nacional –al margen del seguimiento que realiza en Congreso estadounidense-, el vicepresidente Cheney reaccionó calificando tales propuestas como "irresponsables e inapropiadas en tiempos de guerra". El "patriotismo" es la bandera de lucha de los republicanos.

No obstante, William Hartung -del World Policy Institute- expresó a Ercilla que "el eslogan de la ‘guerra contra el terrorismo’ no perdurará mucho tiempo como una vía para detener el descontento político ante los estrategias militares de Estados Unidos".

ERROR DE INTELIGENCIA

Cuatro días después del 11 de septiembre de 2001, The New York Times denunció la inacción de los encargados de Seguridad de Estados Unidos. Según el matutino, el Pentágono tuvo un periodo de una hora desde que fue informado del secuestro del avión que finalizaría su ruta de vuelo en ese mismo edificio, sin hallar forma de detener el ataque.

Nadie se atreve a decir que los atentados podrían haberse evitado. Pero resulta evidente que la Casa Blanca no actuó con "Inteligencia", pudiendo hacer más de lo que realmente hizo.

"Algo espectacular va a ocurrir aquí y va a ocurrir pronto", aseveró ya el 5 de julio del 2001 Richard Clarke, máximo responsable de la lucha contraterrorista en el equipo presidencial de Bush.

Un informe enviado el 10 de julio del año pasado por un efectivo del FBI en Phoenix (Arizona) a las oficinas centrales en Washington, explicitaba las sospechas por la presencia de musulmanes integristas en escuelas de vuelo estadounidenses. El agente Kenneth Williams (42), con más de 11 años en el departamento de contraterrorismo y con una intachable hoja profesional, recomendó una investigación en conjunto con otros servicios de Inteligencia para determinar si existían nexos entre esos islamistas y Al Qaeda. Pero Williams fue ignorado.

El 15 de agosto de 20001, en Minnesota, efectivos arrestaron a Zacarias Moussaoui, un francés de origen marroquí sindicado luego de los atentados del 11 de septiembre como quien debió ser el "suicida número 20". En su curso en una escuela de vuelo, Moussaoui fue delatado por sus propios actos al mostrarse más interesado en controlar grandes aviones comerciales, que en aprender a aterrizar esos aparatos. Pero los agentes no estaban en conocimiento del informe de Williams.

Nueve días antes, George W. Bush había hecho un alto en sus vacaciones en su rancho de Texas, siendo informado acerca de los recientes movimientos de Al Qaeda, no descartándose el secuestro de aviones.

La rivalidad entre el FBI y la CIA, la descoordinación y extrema burocracia que en la jerga interna se denomina "TMI" (too much information, demasiada información) tienen a los responsables de la Casa Blanca con los pelos de punta.

"El 90% de los errores de Inteligencia no está en la recepción de información, sino en clasificarla bien", precisó a la BBC el experto en contraterrorismo Thomas Badey. En ese sentido, las agencias de seguridad estadounidense no pudieron dar con el macabro puzzle ideado presuntamente por Bin Laden, el hombre más buscado en el mundo.

Los efectivos tenían al parecer puesta su atención en el exterior, tras los atentados cometidos en agosto de 1998 contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, y en Yemen contra el USS Cole en octubre del 2000. Aunque ya en diciembre de 1999, en vísperas de los festejos por el nuevo milenio, un argelino no pudo pasar desapercibido, temblándole las manos al desembarcar de un transbordador en un coche cargado de explosivos con el que pretendía volar el aeropuerto de Los Angeles. Fue detenido en las cercanías de Washington, desbaratando su plan.

Recientemente, la prensa estadounidense entregaba más antecedentes, no logrando confirmar –al cierre de esta edición- que Mohammed Atta, el presunto piloto suicida que estrelló su avión contra una de la Torres Gemelas, haya estado unos días antes del mismo atentado en Nueva York, verificando las coordenadas del objetivo por medio de un aparato de ubicación satelital GPS.

El vicepresidente Cheney se mostró infranqueable. "No puedo estar seguro de que hubiéramos podido anticipar los atentados aunque se hubieran juntado todas esas piezas de información".

Al cumplirse ocho meses de los trágicos hechos, Moussaoui es el único imputado. Los más de 30 detenidos en Alemania, Italia y España, por sus vínculos con Al Qaeda, constituyen la única pista de la investigación.

CAZA DE BRUJAS Y GUERRA FRIA

En esta polémica, los defensores del FBI aseguraron que ese organismo no pudo hacer otra cosa, ya que su tarea no se basa en el espionaje interno, práctica suspendida luego del escándalo Watergate. "Necesitamos un servicio de Inteligencia doméstico, no político, como cualquier país poderoso del mundo, sea el británico MI5 o el francés Renseignements Generaux, que pueden abrir correspondencia y escuchar conversaciones telefónicas", expresó Fareed Zakarta, editor internacional de Newsweek y columnista de The Washington Post.

La investigadora Asma Afsaruddin, de la Universidad Notre Dame, reiteró a Ercilla sus reparos ante la "guerra contra el terrorismo", denunciando la "caza de brujas" que se desarrolla en Estados Unidos, haciendo retroceder las importantes libertades civiles. La amenaza terrorista paraliza a los estadounidenses y reposiciona así "viejas prácticas de la Guerra Fría", dijo por su parte a Ercilla Michael Albert, editor de la revista alternativa estadounidense Znet.

Si bien para muchos el enfrentamiento entre Washington y Moscú finalizó con el desplome de la Unión Soviética, el investigador William Hartung discrepó –ante una consulta de esta revista-, detallando que aún existen elementos de esos años como "la lucha por recursos, la preservación del acceso estadounidense a materias estratégicas, promoviendo negocios, inversiones y regímenes pronorteamericanos". Y agregó que ante "la ausencia de un contrapoder, este periodo necesita otro nombre". Las voces más alarmantes lo llaman "guerra global permanente".

La gira del mandatario estadounidense a varios países europeos, el estratégico acuerdo de control de armas nucleares alcanzado con su homólogo ruso, Vladimir Putin, y el histórico pacto de cooperación entre Rusia y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), intentan alinear a Occidente en el nuevo escenario geopolítico de la "guerra contra el terror". "Prometo consultar con nuestros aliados y amigos. Ejerceremos presión diplomática conjunta, compartiremos información", expresó Bush en el Bundestag (parlamento alemán) el pasado 22 de mayo, en medio de multitudinarias contramanifestaciones y antes de partir a Rusia para visitar luego Francia e Italia.

Tampoco los líderes estadounidenses no pueden desconocer que están a menos de seis meses de nuevas elecciones legislativas, que sacudirán el panorama interno. Pese a la amenaza cierta de que ocurra otro atentado en su propio territorio, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg le recalcó a sus residentes que "si quieren hacer algo por esta ciudad, salgan y diviértanse. Eso hará a la ciudad más segura y no dejarán que los terroristas ganen".

Andrés Pérez González

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LA POLITICA EXTERIOR DE CARTER (RECUADRO)

"No se escucha esto (el himno nacional de Estados Unidos) muy seguido", le comentó Fidel Castro al ex presidente estadounidense James Carter, quien fue recibido el pasado 12 de mayo en La Habana con honores de jefe de Estado. Carter es el primer ex morador de la Casa Blanca en visitar la isla desde 1959. En su gira criticó el embargo comercial que mantiene Estados Unidos contra Cuba, a la vez que deploró la falta de democracia y libertad de expresión en el país caribeño. El actual presidente estadounidense, George W. Bush, echó por la borda las intenciones del ex mandatario demócrata al declarar que no levantaría esa instancia de presión, mientras no existan señales sustanciales a favor de un sistema pluralista. De paso, el ex gobernador de Texas –quien ha recibido un mayoritario apoyo de la minoría latina- llamó "tirano" a Castro.

En su informe anual sobre terrorismo, difundido el pasado 21 de mayo por el Departamento de Estado estadounidense, Cuba engrosa además la lista del "eje del mal" –junto a Irán, Irak, Corea del Norte, Siria, Libia y Sudán- por el refugio dado a militantes de la organización separatista vasca ETA. Pero el documento no insistió en la acusación realizada anteriormente por el secretario Colin Powell, respecto a presuntos envíos a países enemigos de Estados Unidos de tecnología para la fabricación de armas biológicas.

A.P.G.

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IQUIQUE Y HEZBOLA (RECUADRO)

Según el informe sobre terrorismo dado a conocer por Estados Unidos, el norteño puerto de Iquique sería el epicentro en Chile de las actividades del cuestionado empresario libanés Assad Ahmed Barakat, quien también es buscado en Paraguay y residiría en Brasil. El gobierno chileno lleva a cabo una investigación ante las sospechas de dos empresas creadas por Barakat y otros socios libaneses, que servirían como operaciones encubiertas para transferir millonarios aportes en dólares a la agrupación integrista shiíta Hezbolá (Partido de Dios).

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