Crisis energética en Cono Sur

Perú podría darnos un respiro

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Ante el acabose institucional en Bolivia y la indecisión respecto a exportar sus riquezas gasíferas, los gobiernos vecinos han puesto la mirada en el yacimiento de Camisea en Perú, dando los primeros pasos para un tentativo “anillo energético” regional.

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Si Argentina no ha podido cumplir con su compromiso energético con Chile, limitando en un 40% el suministro de gas, ¿qué asegura que Perú sí lo hará? Nada, pareciera ser la respuesta inmediata. Y es que la dependencia en esa área ha dejado en clara vulnerabilidad a nuestro país.

De desarrollarse un “anillo energético” regional, centrado en la exportación a partir de 2007 de ese hidrocarburo desde el yacimiento de Camisea en Perú, éste daría un respiro necesario para terminar con la dependencia e insuficiencia en el suministro de gas que ocurre en Argentina, Brasil, Uruguay y Chile.

Para evitar eventuales cortes de suministro, la opción peruana debería incluir en los contratos cláusulas de seguridad. Así, se baraja en el sector chileno que por la entrega de ese insumo desde el vecino andino se retribuiría posteriormente con electricidad. Eso haría que el costo de no cumplir el contrato sea más costoso para Perú, aclaran los expertos.

El presidente Ricardo Lagos está entusiasmado con el proyecto. “Creo que (el anillo) es una expresión del deseo de poder avanzar en una integración energética en el Cono Sur”, dijo durante un almuerzo que ofreció hace unas semanas a su homólogo argentino, Néstor Kirchner, en una hacienda cercana a la frontera entre la región de Magallanes y la provincia trasandino de Santa Cruz.

El proyecto implicará una inversión superior a los dos mil millones de dólares, estimándose una demanda de más de treinta millones de metros cúbicos de gas al día para todos los países involucrados, partiendo desde Camisea hasta Porto Alegre en Brasil.

Por cierto, el Comité Argentino del Consejo Mundial de Energía calcula que las necesidades acumuladas de inversión en el sector gasífero latinoamericano ascenderán a unos 247 mil millones de dólares, o más de 8 mil millones de dólares por año, en el período 2001-2030, alcanzando un 8% de la inversión mundial en gas.

Chile tendrá que pagar un precio más caro en esta apuesta respecto del que podría haber obtenido de Bolivia, la segunda reserva energética del continente. La eventual exportación de hidrocarburos desde Camisea implicaría la construcción de un gasoducto de unos 1.200 kilómetros de extensión, desde el puerto peruano de Pisco hasta Tocopilla, desde donde se alimentará a Argentina, Uruguay y el sur de Brasil.

Para Chile se prevé un consumo cercano a los cinco millones de metros cúbicos. Y no escasean los interesados en este negocio. La compañía belga Tractebel, encargada de la distribución de los recursos de Camisea (que no ha estado exenta de cuestionamientos ambientales), está pronto a finalizar un estudio económico de esta iniciativa y ya ha anunciado que podría estar operando en un año, con una inversión extraoficial de unos 400 millones de dólares.

La gran ventaja de esa propuesta es que (el gasoducto) acaba con la crisis del gas en el Cono Sur, porque hoy esa crisis existe en Argentina y Chile y eso de cierta forma afecta a Brasil”, reconoció la ministra de Minas y Energía de Brasil, Dilma Rousseff, quien admitió que de ese modo disminuiría la dependencia de Brasil en relación a las importaciones de gas de la caótica Bolivia, donde la reivindicación por la estatización de los recursos energéticos sigue presente.

Pese a que posee en su territorio varios yacimientos gasíferos, la crisis en Argentina obedece al elevado consumo de gas natural, ya que cuenta con la mayor flota mundial de automóviles y camiones propulsados con ese combustible. Eso se suma a que la pesificación y los precios controlados han inhibido las inversiones necesarias para ampliar esa producción. A eso se debe agregar el cuestionado llamado de Kirchner a no utilizar las estaciones de servicios Shell, que habían subido los precios.

Argentina recibiría el gas peruano vía los gasoductos Atacama y Norandino, siempre que se construya el ya mencionado gasoducto entre Perú y Chile. La red quedaría compuesta además por otro gasoducto que uniría Argentina y Brasil. En este último caso, ya estaba prevista la construcción del gasoducto Uruguaiana–Porto Alegre, desde la frontera argentina hasta la capital del sur de Brasil, suspendida debido a la crisis del gas.

 

“MAGNIFICA IDEA”

 

“La alternativa de buscar a Perú como abastecedor de gas del Cono Sur presenta dudas en el mediano y largo plazo por la inestabilidad de la región y en particular en los países del área andina. Se ha buscado esta opción por razones de urgencia a raíz de la crisis boliviana, pero no es una decisión estratégica que haya sido demasiado planificada. El problema es que el abastecimiento energético extraregional tiene costos muy altos y por esa razón no resulta rentable”, expresa desde Buenos Aires a Ercilla el especialista Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

Algunos expertos peruanos ya habían manifestado cierto escepticismo ante la posibilidad de que su país pueda abastecer de gas a Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, ya que se sabe que las reservas apenas superan lo que se necesita para atender los compromisos con México y la demanda interna.

“El Gobierno peruano tendrá que decidir entre abastecer al Cono Sur o a otros países”, dijo el experto Aurelio Ochoa; mientras, el ex ministro de Energía, Carlos Herrera Descalzi, advirtió el riesgo que por priorizar el mercado externo se sacrifique el interno.

Así las cosas, las expectativas por la integración energética pueden verse obstaculizadas. No obstante, el gobernante peruano, Alejandro Toledo, se mostró muy interesado en la “magnífica idea” que ya le fue expuesta por ministros de los cuatro países involucrados. Lamentablemente el parecer de Toledo puede quedar en un segundo plano, atendiendo a que en julio del próximo año finaliza su mandato, inmerso así en un escenario electoral y aquejado por un escuálido apoyo popular que rara vez supera un 10%.

Carlos del Solar, presidente del consorcio Perú LNG (encargado del gas de Camisea), prosiguió con esa reacción de incrédula prudencia y advirtió que el abastecimiento al Cono Sur dependerá de que se descubran yacimientos adicionales.

Camisea, considerada una de las reservas más ricas de la región, tiene reservas probadas de 13 billones de pies cúbicos de gas y 600 millones de barriles líquidos. Por cierto, el consorcio Perú LNG está formado por la estadounidense Hunt Oil y la coreana SK Corporation, y planea vender a partir del 2009 y durante dos décadas gas a México y Estados Unidos por unos mil 500 millones de dólares anuales. El consorcio ha asegurado que con México las conversaciones están avanzadas y es su prioridad.

Por su parte, el representante para Perú y Chile de la compañía belga Tractebel, Manlio Alessi, comentó que le parecía “muy bien que por fin se decidan a hacer una integración regional energética, pero hay que ver primero si hay la disponibilidad del gas y, segundo, si es económicamente viable este proyecto”.

Tractebel, una unidad de la francesa Suez, tiene un contrato de distribución de gas en Lima, proveniente de los campos de Camisea. En Chile, Tractebel participa asociada con grupos locales en la generación de electricidad en el norte y centro-sur del país.

Es así que analistas locales no ocultan su preocupación por la escasa planificación estratégica en esta área. Según Francisco Aguirre, experto de Electroconsultores, este proyecto demuestra que “el Gobierno (chileno) sólo responde ante situaciones de contingencia y no posee un plan que vaya más allá de los problemas coyunturales”.

El consultado Rosendo Fraga cree además que esta iniciativa conjunta “está primero determinada por la geografía y en segundo lugar por la necesidad. Cierta afinidad política (entre los gobernantes de Brasil, Uruguay, Argentina y Chile para buscar abastecimiento en Perú) puede contribuir a ella, pero pienso que no es el tema esencial, sino se hubiera impulsado antes”.

El proyecto del “anillo energético” ya cuenta con el respaldo del Banco Interamericano del Desarrollo (BID) y este 20 de junio el grupo de trabajo de los países interesados tenían programado firmar un acuerdo de compromiso, con motivo de la reunión del Mercosur que se efectuaría en Asunción. Quizás, esa sea la primera piedra de la ansiada integración energética regional.

Andrés Pérez González

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