Conflicto palestino-israelí
Las contradicciones de Sharon
------------------------------------------------------
Tras el término parcial del confinamiento de Yasser Arafat, el premier israelí, Ariel Sharon, está acorralado entre dos fuegos: la presión diplomática de Estados Unidos y Naciones Unidas, y su frágil coalición de gobierno. La barbarie, en tanto, se apodera de Medio Oriente.
------------------------------------------------------
Al principio hubo cortes de luz. Enseguida aparecieron centenares de tanques, helicópteros y aviones F-16, protegiendo el avance de unos 20 mil efectivos israelíes que en las dos primeras semanas de marzo se hicieron del control de seis ciudades autónomas y ocho campos de refugiados, principalmente en Gaza y Cisjordania. Por altavoces los soldados les pedían a los varones palestinos de entre 15 y 45 años que se entregaran sin resistencia; los reunían en la plaza central de cada localidad, les vendaban los ojos, los maniataban e identificaban con un número pintado en los brazos –lo que el líder palestino, Yasser Arafat, comparó con las prácticas nazis contra los judíos en el Holocausto-. Luego, eran detenidos e interrogados para chequear sus posibles vínculos con organizaciones de la resistencia armada. Al menos unos tres mil palestinos fueron retenidos.
Ese agresivo patrón militar del gobierno de Ariel Sharon obedeció a una serie de atentados suicidas que el pasado 9 y 10 de marzo dejaron un saldo de 13 israelíes muertos y decenas de heridos. Sólo en el presente mes y al cierre de esta edición, perecieron más de 160 palestinos y 60 hebreos, en una escalada de violencia no vista desde la invasión al Líbano en 1982.
DECLARACION DE GUERRA
Según el prestigioso The New York Times, en los 17 meses iniciales de la primera "Intifada" (levantamiento) –ocurrida entre 1987 y 1993- murieron sólo 17 israelíes y 424 palestinos; mientras que en el mismo periodo del actual conflicto la fatídica proporción se estrechó de 1 a 25 a un israelí muerto por cada tres palestinos, alcanzando ya la cifra total de al menos 1400 víctimas fatales.
La población hebrea, su ejército y clase política se encuentran desmoralizados. El 11 de marzo, Sharon puso término parcial al confinamiento del líder palestino, relegado desde el pasado 3 de diciembre en la Mukata (sede administrativa en Ramalá), ganándose el inmediato repudio de sectores ultraderechistas que denunciaron su "giro a la izquierda". No obstante, aún no está claro si Israel autorizará a Arafat asistir a la conferencia de la Liga Arabe, programada para el 27 y 28 de marzo en Beirut, donde se presentará formalmente la propuesta de Arabia Saudita que plantea el reconocimiento del Estado israelí por los países árabes a cambio de una retirada de los territorios ocupados tras la guerra de 1967.
En contacto con Ercilla, Akiva Eldar, columnista del rotativo israelí Haaretz advirtió que el apoyo internacional a ese plan constituye "el último clavo en el ataúd del derecho de regreso (de los refugiados palestinos)", adelantando un nuevo problema interno para Arafat.
Ya el 3 de marzo, Sharon pasó a la ofensiva dando por hecho una declaración de guerra contra la Autoridad Nacional Palestina (ANP). "Estamos en una dura guerra contra un enemigo cruel y sanguinario –declaró-. Debemos causarles pérdidas, daños, hasta que entiendan que nada conseguirán por medio del terrorismo. Debemos golpearlos y volverlos a golpear hasta que entiendan".
Bajo el lema "Un Israel fuerte para golpear el terrorismo", organizaciones de la extrema derecha israelí movilizaron a unos 50 mil adherentes la noche del 11 de marzo para exigir "mano dura" contra Arafat y la ANP. Finalmente, dos ministros abandonaron el frágil gobierno de coalición nacional y otros siete diputados engrosaron las filas de oposición. No obstante, Sharon mantuvo su mayoría parlamentaria con 75 de los 120 asientos en el Knesset.
El comportamiento del temido Halcón es considerado "engañoso" por Yuval Steinitz, integrante de un bando rival al interior de su propio partido Likud. "Por una parte, pareciera que (Sharon) ha suavizado su posición y por otra que entrega más libertad de acción a las fuerzas militares", declaró.
Incluso, algunos han solicitado su renuncia. "No lo entiendo. Señor Sharon pelee o retírese y deje el mando a quienes tengan el corazón para hacer lo que se debe hacer. Arreste a Arafat, anule (los Acuerdos de) Oslo, reincorpore Cisjordania y Gaza, detenga a los agitadores y deporte a los terroristas", aseveró el 12 de marzo la polémica y ortodoxa escritora Naomi Ragen. Por lo demás, una reciente encuesta del Jaffee Center for Strategic Studies de la Universidad de Tel Aviv indicó que el 46% de los judíos-israelíes apoyaban las "transferencias" de palestinos de los territorios autónomos a alguna nación árabe.
"Esto me rompe el corazón", declaró el mandatario estadounidense George W. Bush, respecto a la sangrienta espiral de violencia en Oriente Medio. "Con franqueza, no ayuda en nada lo que Israel ha hecho recientemente", agregó rompiendo su pasividad sobre este conflicto. Por su parte, Mahli Abdul Hadi, director del Palestinian Academic Society for the Study of International Affairs, declaró desde Jerusalén a Ercilla que "Sharon es el maestro de las tácticas político-militares. Sólo está ocupando su última carta con la ocupación de Ramalá (Cisjordania), antes de la llegada de Anthony Zinni", refiriéndose al enviado estadounidense, quien emprendió su tercer intento in situ de allanar el camino para un cese a las hostilidades. El columnista Munir Shafiq del matutino jordano Al Rai criticó el viaje del emisario por considerarlo "una maniobra de Estados Unidos para calmar la situación palestina, mientras preparan los fundamentos para un ataque contra Irak".
En un vuelco a su discurso diplomático, el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, denunció el pasado 12 de marzo la "ocupación ilegal" del territorio palestino, acordando luego –por iniciativa de Washington- la resolución 1397 que estipula por primera vez la existencia de dos Estados, uno palestino y otro israelí. "La medida del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fue positiva, pero Estados Unidos, por su parte, debe hacer más con la llegada de Zinni a la región", comentó a Ercilla Michele Kjorlien, integrante del Institute for Palestine Studies, en Washington.
David Remnick, en un reciente reportaje aparecido en The New Yorker, recordó al filósofo e historiador francés Ernest Renan (1823-1892), para quien la nación constituye "un grupo de personas unidas por una visión errónea del pasado y una enemistad con sus vecinos". Y el conflicto en Medio Oriente parece que sigue ajustándose a la regla.
Andrés Pérez González