Chile-Bolivia
Cumbre borrascosa
------------------------------------------------------
Asumiendo plenamente sus responsabilidades, Ricardo Lagos tomó las riendas de la política exterior ante la fuerte embestida de La Paz. La cuestión de la mediterraneidad de Bolivia encendió la Cumbre de las Américas en Monterrey y terminó irritando a las autoridades chilenas. La tensión es evidente.
------------------------------------------------------
“Si de diálogo se trata, ofrezco relaciones
diplomáticas aquí y ahora”. Con esa contundente oferta reaccionó el mandatario
chileno al emplazamiento de su homólogo boliviano, un arrinconado Carlos Mesa,
respecto al problema de mediterraneidad del país altiplánico. En la última
reunión de trabajo en la Cumbre de Presidentes efectuada recientemente en la
ciudad mexicana de Monterrey, Mesa logró colocar el tema que ha generado más de
un traspié en la Cancillería chilena.
“Lo que no nos parece es que podamos empezar a
discutir temas de soberanía porque no tenemos temas de soberanía pendientes”,
arguyó enfáticamente Lagos, ese martes 13 de enero. A renglón seguido y durante
media hora explicó en
detalle los ofrecimientos que el gobierno chileno ha realizado a su contraparte
en los últimos cuatro años; entre éstos, ceder un puerto en el norte sin
impuestos durante un año y la negociación de un Tratado de Libre Comercio,
desahuciado por el nuevo y tambaleante gobierno boliviano.
Luego un contrariado Mesa volvió al ataque aseverando –tautológicamente– que la reanudación de relaciones diplomáticas bilaterales sólo podía concretarse una vez resuelta la cuestión de la salida soberana al mar.
OFENSIVA BOLIVIANA
Ya el primer domingo de 2004, el mandatario altiplánico adelantó el nuevo giro diplomático dispuesto a su vecino andino. Parafraseando el nombre del Tratado de Paz y Amistad de 1904, que zanjó la pérdida de la cualidad marítima de su país, Mesa declaró temerariamente: “Hay paz pero no amistad (con Chile), y no se puede tener relaciones económicas mientras Chile no dé paso a la reivindicación marítima”.
Esta ofensiva de
declaraciones estuvo sazonada, además, con nuevas intervenciones del siempre
polémico Hugo Chávez, quien luego de su arribo a Monterrey –el pasado 12 de
enero– recalcó que “jamás” renunciará a la causa boliviana. Es más, alardeó
diciendo que “me veo bañando en una
playa de Bolivia, con mucha gente”. El propio presidente venezolano ha dicho,
inclusive, que estudia en detalle los hechos de la Guerra del Pacífico. A su
entender, “Chile invadió en 1879 a un país empobrecido y sin Ejército,
siguiendo intereses imperialistas británicos de la oligarquía y de empresarios
chilenos”.
Lo cierto es que tras ese elocuente intercambio de palabras entre Mesa y Lagos, este último auguró posteriormente que la actitud de su contraparte traerá consecuencias para el diálogo bilateral. El aludido mandatario altiplánico reconoció, en tanto, que la defensa de la multilateralidad, para buscar una solución a este histórico conflicto, no cuenta con el visto bueno del gobernante más poderoso del planeta. George W. Bush lo considera un tema estrictamente bilateral.
Inclusive, cuando el incidente con Mesa recién había concluido, Bush se acercó a Lagos, lo saludó efusivamente y conversó con él durante algunos minutos junto al secretario de Estado estadounidense, Colin Powell.
Por cierto, en la Cancillería dicen estar satisfechos. “Piensa que ningún jefe de Estado, ni siquiera Venezuela, emitió ni la más mínima opinión sobre este tema en aquella última sesión de la Cumbre”, comenta en conversación con Ercilla una alta fuente de esa dependencia.
IRRITACION
Pero este dolor de cabeza de La Moneda había ido en aumento. Ese mismo 4 de enero, el presidente boliviano aseveró además que la mediterraneidad de su país había sido el factor de la desestabilización democrática ocurrida en octubre del año pasado, y que terminó con el fallido gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.
“Las estabilidades institucionales pasan por definiciones internas”, puntualizó rápidamente la canciller Soledad Alvear, quien ha visto mermado su hasta ahora exitoso paso en política exterior.
De acuerdo a fuentes del Ejecutivo chileno, la irritación de Lagos surge de la consabida utilización que hace su homólogo boliviano de este conflicto. “Nosotros teníamos completa claridad que Mesa iba a emplazar a Lagos en la Cumbre de las Américas. Eso no fue ninguna sorpresa, porque entendíamos que él lo necesita internamente”, reconoce a Ercilla la citada alta fuente de Cancillería, que advierte –por lo demás– que “Bolivia vive una situación súper delicada... estamos hablando de una crisis muy profunda”.
Ya a su llegada a Monterrey, el pasado 12 de enero, el mandatario chileno había insistido en que la agenda bilateral con Bolivia está compuesta por una gran diversidad de temas. “Lo que nosotros hemos tenido siempre con los amigos bolivianos, lo que convine el primer día con el Presidente Banzer, es una agenda amplia en la que se pueden colocar todo tipo de materias. Dentro de esa agenda amplia fue la larga discusión sobre el gas, los acuerdos mineros, los recursos hídricos, la infraestructura y ahora sobre un eventual acuerdo de libre comercio”, detalló.
Varios analistas han interpretado esos dichos como un intento de La Moneda de hacer manifiesto que el distanciamiento en las relaciones ha sido exclusiva responsabilidad de Bolivia.
A su regreso de México, Marcelo Díaz –director de Planificación de la Cancillería– reconoce a Ercilla el actual estado de retroceso en las relaciones chileno-bolivianas, y dice que “obviamente eso plantea una dificultad de cara al futuro. Nosotros entendemos que ahora lo que corresponde es que las cosas tiendan a una normalidad, que haya más tranquilidad y que disminuya la tensión”.
Responsabilizando del posicionamiento político-mediático de la demanda boliviana al dirigente indígena-cocalero Evo Morales, el senador Jaime Orpis (UDI) expresa también a esta revista que no se puede descartar la mano de Chávez en el fortalecimiento del Movimiento al Socialismo (MAS), que puede llegar a regir próximamente el Palacio Quemado: “No tengo por qué hacerme cargo de rumores, pero estos movimientos (étnicos radicales) alguien los financia (...) No sé si Chávez o el tema termina en Cuba, pero eso tendrá que despejarse”.
¿EXITISMO?
Algunos sectores no tardaron en criticar un presunto exitismo reinante en el Ministerio de Relaciones Exteriores, de la mano de la mencionada aspirante presidencial Soledad Alvear (DC). Ya el pasado 5 de enero, los senadores UDI Juan Antonio Coloma, Hernán Larraín y el citado Jaime Orpis instaron a que esa dependencia asuma una actitud “de acción y no de reacción, para sensibilizar a la comunidad latinoamericana de la forma como Chile ha actuado con respecto a la falta de soberanía marítima de Bolivia, asegurándole el acceso al mar en forma real y concreta durante un siglo”.
En declaraciones a Ercilla, Orpis cree que “la Cancillería primero se ha concentrado en los grandes tratados, sin ser capaz de advertir que la política exterior chilena no sólo tiene que mirar hacia las grandes potencias, sino que las relaciones son multifacéticas y con igual énfasis hay que abordar los temas de la vecindad y especialmente en el norte”.
Complementa sus dichos ironizando: “qué sentido tiene que enviemos tropas a ‘Tunbuktún’... ahí viene mi objeción en términos estratégicos, cuando se gastan cantidades de plata importante en circunstancias que tenemos problemas de integración pendiente”.
Este senador por la I Región aboga por un cambio de eje en las relaciones con Bolivia, pasando del bullado bilateralismo al unilateralismo, principalmente en materia de inmigración y créditos financieros a empresarios bolivianos.
También el diputado
nortino Iván Paredes (PS) se sumó a los reparos contra la Cancillería,
asegurando que ésta ha mantenido históricamente una política
“extremadamente conservadora y defensiva en sus relaciones internacionales con
los países vecinos”.
Al respecto, el mencionado funcionario de la Cancillería Marcelo Díaz precisa que “una cosa es que estos avances no se vean públicamente, que no aparezcan en los medios y en consecuencia se tenga la percepción de que no existe, y otra cosa es lo que efectivamente se ha hecho”.
Saliendo al paso de la eventualidad de que, al igual que en 1975, se vuelva a ofrecer a Bolivia un corredor de 10 kms. de costa al norte de Arica, el edil de esa ciudad, Carlos Valcarce, asegura a Ercilla que tanto en esa ciudad como en la vecina Tacna “no queremos una salida al mar (para Bolivia) por una franja que nos divida como ciudades”. Arguye que ambas ciudades se complementan económicamente y que “cualquier cosa que se ponga entremedio es dificultar algo que está funcionando y que va a funcionar cada día mejor”.
Así las cosas, el vocero
de La Moneda, Francisco Vidal, expresó –el pasado 14 de enero, cuando Lagos ya
estaba de regreso en Santiago– que “la política del
gobierno conducida por el jefe de Estado, antes, durante y después de Monterrey
es la misma: respeto al Derecho Internacional y a la intangibilidad de los
tratados”. Lo cierto es que tras la reciente Cumbre todo vuelve a suma cero.
Andrés
Pérez González