Estados Unidos
Condoleezza, la incondicional
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La próxima secretaria de Estado estadounidense cumple con el perfil de mentora y, a su vez, protegida del reelecto George W. Bush. Su designación viene a instaurar una sola voz en Washington.
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Al intentar decodificar el lenguaje corporal y los movimientos de Condoleezza Rice (50) –más allá de su infancia en el sur conservador y racista de Estados Unidos y su férrea creencia en la individual movilidad social por medio de la educación–, se puede aventurar que la próxima secretaria de Estado para el segundo mandato del siempre controvertido George W. Bush es una mujer fría, distante, calculadora y muy ambiciosa.
La afamada investigadora en
cuestiones de género y comportamiento psicosexual Shere Hite –quien ha enseñado
en las universidades de La Sorbonne, Harvard, Columbia, Cambridge y Oxford,
entre otras– dice que le resulta tentador comentar sobre su “peculiar” peinado:
“No lleva el pelo como lo llevaría una negra, al estilo afro
natural, sino tipo casquete, una versión exagerada del estilo de una
adolescente en la foto de su promoción del colegio en los años 50. No transmite
ni elegancia ni feminidad, ni la más mínima pizca de espontaneidad, por
supuesto, sino la imagen de una persona reprimida y rígida, como su pelo, al
menos en sus expresiones faciales y en sus posturas corporales (...) Sin
embargo, sus amigos insisten en que esa imagen es errónea y que, en realidad,
se trata de una de las personas más alegres y despreocupadas que se puedan
conocer”.
Lo cierto es que ese cuadro corresponde a una de las mujeres más poderosas del planeta, al concentrar influencia política y económica. No hay que olvidar que uno de los buques tanque de la petrolera Chevron lleva su nombre en honor a su anterior desempeño como miembro de su consejo administrativo. Tampoco queda en el olvido su paso como la más joven académica en asumir como rectora de la Universidad de Stanford (a los 38 años), cuando ya era una destacada especialista en la extinta Unión Soviética.
En uno de sus primeras movidas tras la reelección de su cercano amigo-presidente, Rice convocó a los representantes diplomáticos del Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y Holanda para explicitarles los futuros planes del gobierno estadounidense respecto a Oriente Medio. Pero en ese encuentro excluyó deliberadamente a España, presidida ya no por el fiel aliado José María Aznar, sino por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Podría decirse que debutaba el primer roce internacional de la administración Bush II, quedando dando vueltas –con evidente preocupación– aquella frase pronunciada en relación al distanciamiento entre la hiperpotencia y Europa previo a la invasión de Irak: “A Francia hay que castigarla, a Alemania ignorarla, y a Rusia perdonarla”.
MANO DE HIERRO
De acuerdo a observadores internacionales, el segundo mandato del republicano se prevé como una marcada continuación del anterior, interpretando así su triunfo como un plebiscito. “En cuanto a la designación de Condoleezza Rice en el Departamento de Estado –se interroga retóricamente Ignacio Ramonet en un reciente editorial de Le Monde Diplomatique–, ¿cómo no ver en ella una reivindicación del unilateralismo puro y duro preconizado por los republicanos autoritarios que rodean al presidente y que las nuevas amenazas contra Irán no hacen más que confirmar?”.
Así, esas señales de esta alta funcionaria –llamada por su soltería “señorita con mano de hierro”– despejarían la incógnita inicial, confirmando que su nombramiento consolida el imperio de una única voz en Washington. El alejamiento de Colin Powell traerá la uniformidad requerida por el actual gobernante.
“Todo eso está muy bien, pero esperamos que ello no signifique un alto precio de un disenso honesto”, puntualizó el pasado 17 de noviembre un editorial de The Miami Herald, al día siguiente de conocerse su nombramiento. En esa ocasión, Bush la llamó nada menos que “la cara de América hacia el mundo”.
Extrapolando el comentario de Thomas Friedman luego de la aplastante victoria electoral de Bush –publicado el pasado 6 de noviembre en The New York Times–, Rice también cuenta con un mandato (otorgado por el presidente estadounidense y que el Congreso ratificará fácilmente en enero próximo) para su criticada política preventiva: “Sí, tiene un mandato, pero también tiene una cita, una cita con la historia”.
A.P.G.