Colombia

Oda a Tánato

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"Esto no da para más", dijo con vigor el presidente colombiano, Andrés Pastrana, al poner fin a un cuestionado proceso de paz que impulsó junto a la longeva guerrilla de las Farc. La incursión militar, llamada "Operación Tánato", fue celebrada por la población, mientras Estados Unidos se enfrenta a la confusa línea divisoria entre la asistencia antidrogas y la contrainsurgente.

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Paradójicamente, la frontal incursión militar del Gobierno de Andrés Pastrana contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) se conoce como "Operación Tánato". A pesar de que no tuvo templos, Tánato era considerado un dios en la Antigua Grecia. Representa a la muerte y se lo ha caracterizado como un esqueleto con un manto negro, armado de una espada o una hoz, e inclusive como una rosa sobre un féretro.

Y en la actual Colombia, más bien constituye un sangriento y desolador augurio. Desde el pasado 20 de febrero, la suerte ya está echada sobre el país cafetero. Horas después de la cinematográfica acción de las Farc, en la que secuestraron el avión que trasladaba al congresista Jorge Grechen –presidente de la comisión de paz del Senado-, el mandatario colombiano dio por finalizadas las estancadas negociaciones con la guerrilla más longeva del mundo. "Esto no da para más", exclamó ante sus colaboradores.

Atrás quedaron tres años y medio en que el grupo de orientación marxista-bolivariano obtuvo el control de la llamada "zona de despeje", un territorio desmilitarizado en el sur de ese país, cuya área equivale a Suiza y que cuenta con unos 100 mil residentes.

Sin embargo, la movilización de 13 mil soldados no logró impedir que una columna de las Farc diera otro golpe a la cátedra. Tres días después del inicio de la "Operación Tánato", el 23 de febrero, los insurgentes secuestraron a la candidata presidencial Ingrid Betancourt (ver recuadro). Según la prensa local, el plagio puso a prueba la capacidad del gobierno de Pastrana para "brindar seguridad a la clase política y a la población civil", sólo tres meses antes de las próximas elecciones generales.

CONTRAINSURGENCIA

"Los campamentos están abandonados. Hay botas, gorras de visera, pilas, libros, papeles y cuadernos tirados por todas partes. En la biblioteca, al lado de libros de Simón Bolívar, de política económica y novelas de José Saramago, un guerrillero olvidó su cuaderno de apuntes. Los cuadernos hablan de tácticas de ataque, de tareas de información, de emboscadas y de cómo elegir tiempo y forma de ataque", describió Pilar Lozano, enviada especial del diario español El País.

El escenario no es otro que la guerra total. Se teme además que Washington vuelque su polémica ayuda antinarcótico en una clara acción contrainsurgente, al estilo de Centroamérica en la pasada década de los ochenta. Al menos, el "Zar" antidrogas estadounidense, John Walters, ya se pronunció en esa dirección el pasado 26 de febrero ante el Congreso de su país.

En tanto, los militares colombianos no creen que antes de seis meses logren desalojar a la guerrilla de la selvática área de unos 42 mil kilómetros cuadrados. "Ellos tuvieron tiempo para conocer cada arruga de esa topografía y prepararse ante una eventual incursión militar. Tienen túneles y campamentos escondidos en la jungla, trincheras e informantes", declaró a The New York Times un diplomático extranjero cercano a las negociaciones entre las Farc y el Gobierno.

Tánato se instala en Colombia, la esquiva tierra del vallenato y carnavales. Sólo en los últimos diez años, han muerto unas 40 mil personas. Y los de las Farc conocen a la perfección la espiral de violencia. Pablo Catatumbo, jefe guerrillero en el sur de ese país, fue el primero en acercarse a los micrófonos tras el rompimiento de los contactos tendientes a terminar con casi cuarenta años de guerra civil. Y aseguró que "siempre que nos levantamos de la mesa de conversaciones, (las Farc) hemos dicho: nos vemos dentro de 5.000 muertos".

Es lo que Antonio Caballero, renombrado columnista de la revista colombiana Semana, no dudó en catalogar en síntesis como "el fortalecimiento de la subversión, abonado por el recrudecimiento de la violencia". Esa es la apuesta de las Farc.

NUEVO ESCENARIO

El mandatario colombiano, por su parte, ya asumió el discurso belicista de moda, abundante en ímpetus de lo "políticamente correcto". El 27 de febrero declaró a la población que "las Farc están atacando a la población civil y no han querido confrontar al Ejército, porque cada vez que lo hace, sufre derrotas. Por ello, estamos enfrentados a la guerra más cobarde: el terrorismo". Desde el ángulo estadounidense, tanto las Farc como el guevarista Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las ultraderechistas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) son bandas terroristas. Las tres fuerzas suman unos 30.000 efectivos.

Sin embargo, la memoria de Pastrana es frágil. En opinión de Juan Mariátegui, experto peruano en Derecho y Política Internacional consultado por Semana, ese tipo de declaraciones han dejado "muy mal parado al gobernante colombiano, pues implicaría que desde 1998 ha estado negociando de igual a igual con delincuentes comunes". Unos 16 mil guerrilleros de las Farc que están dispuestos a trasladar la insurgencia a las ciudades, donde habita el 80% de los 40 millones de la población total.

Y es que el presidente colombiano –quien abandonará el poder el próximo 8 de agosto- se vio acorralado. "El proceso de paz en Colombia ha tenido muchos altos y bajos. Este terminó porque en el fondo las Farc no se mostraron dispuestas a una negociación
seria sobre el tema esencial: un cese de fuego y una solución al problema de los secuestros", aseguró a esta revista Arturo Valenzuela, ex encargado de América Latina para el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca bajo la Administración Clinton.

La maniobra de Pastrana tuvo resultado inmediato. Una encuesta del Centro Nacional de Consultoría -divulgada al día siguiente de iniciada la operación militar- indicó que el 90% de los entrevistados apoyaron la decisión del mandatario, aumentando sorpresivamente su imagen positiva desde un 20% a un 67%. Todo un logro.

Sin embargo, ¿por qué pasó Pastrana precisamente en ese momento a la ofensiva? "La respuesta es que el presidente había sentido, antes del secuestro aéreo del miércoles pasado (20), que se le había agotado el espacio político", concluyó la revista Semana en un reportaje titulado "La historia secreta". Aseguró además que el mandatario había resuelto ya el pasado 18 de enero retomar el control de la zona de distensión, cuando guerrilla y gobierno estuvieron a punto de adelantar el quiebre de las negociaciones. "El Presidente, que desde hace dos años cargaba con la percepción de ser un hombre débil, estaba comenzando a hacer el ridículo", estimó Semana.

PRESIÓN

El término del proceso de paz era inevitable. Tánato se hacía presente. "Aunque se lograron aproximaciones en muchos de los temas sociales y económicos que estaban en la mesa, no podía seguir un proceso de negociación para la paz al mismo tiempo que continuaba la guerra", declaró Valenzuela a Ercilla, quien actualmente se desempeña en el Centro de Estudios para América Latina de la Universidad de Georgetown, en Washington.

De acuerdo al prestigioso Financial Times, "la presión se había instalado crecientemente en el gobierno colombiano y la diplomacia estadounidense". Al nuevo clima político, se agregaba a su juicio en segundo término, "la debilidad evidente del Plan Colombia", refiriéndose al polémico programa de lucha antinarcótico de 7.500 millones de dólares, de los que Washington aportó el 20%.

Fuentes oficiales estadounidenses precisaron que el año pasado se destruyeron 84 mil hectáreas de plantaciones de coca. Sin embargo, de igual modo se utilizaron 132.200 hectáreas para el mismo uso. Naciones Unidas cifra el total en 163.000 hectáreas. El Plan Colombia ha aportado al Ejército colombiano 14 helicópteros Black Hawk, otros 33 UH-1N Huey y decenas de asesores militares estadounidenses, acusados por la prensa de "mercenarios".

La Administración de George W. Bush se sintió golpeada y acorde a su lógica diplomática, solicitó al Congreso un aporte extraordinario para Colombia de 500 millones de dólares a partir del 2003. De esos, unos 98 millones de dólares se destinarán para entrenar soldados colombianos que protegerán el oleoducto Caño Limón Cobeñas, que en el último mes ha enfrentado 117 ataques dinamiteros de las fuerzas lideradas por el mítico Manuel Marulanda, alias "Tirofijo".

La propia embajadora de Estados Unidos en ese país, Anne Patterson, admitió que el abastecimiento petrolero pasó a ser un asunto de primer orden tras los hechos del 11 de septiembre y por la inseguridad en Medio Oriente. No obstante, el mandatario estadounidense prefirió el pasado 27 de febrero celebrar "los esfuerzos (de Pastrana) por llevar el orden a su país, pero nosotros estamos limitados por ley y yo me someteré a lo que ésta dice", diferenciando en el discurso la asistencia antidrogas de la contrainsurgencia.

Colombia se apresta así a una lucha frontal. Al cierre de esta edición, había perecido una veintena de combatientes de ambos bandos. Los enfrentamientos ocurrían inclusive alrededor de la capital Bogotá, quedando unas setenta ciudades sin electricidad. Para restablecer el orden público, el mandatario colombiano implementará medidas especiales que incluirían aumento de recompensas, restricción a la movilización nocturna en vías de acceso a zonas rurales, prohibición de venta y uso de armamento y explosivos, y detenciones en áreas marginales.

Carlos Franco, ex guerrillero y actual analista político, pronosticó el desarrollo de "una guerra económica, urbana, una guerra contra la oligarquía en la ciudad como nunca se ha visto". Lamentablemente, en el país de García Márquez –como en el resto del continente- el realismo mágico no ha perdido vigencia.

Andrés Pérez González

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(RECUADRO) "MONEDA DE CAMBIO"

Con sólo el 2% de la intención de voto, la peculiar candidata presidencial Ingrid Betancourt (40) se catapulta internacionalmente tras caer secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), el pasado 23 de febrero al hacer campaña -a pesar de las advertencias gubernamentales- en la antigua zona desmilitarizada.

Esta senadora es conocida por llevar solitariamente una "cruzada anticorrupción", denunciando los lazos de la clase política y las organizaciones armadas con el narcotráfico. "Hubiera sido (Alvaro) Uribe Vélez o (Horacio) Serpa (los principales postulantes presidenciales) los que hubieran caídos en nuestros retenes de control, pues también estarían en la lista de los canjeables", asegura el jefe guerrillero del Bloque Sur, Fabián Ramírez. Y añade que "ojo, hay un año (de plazo) y ya empezó a correr" para intercambiarla por guerrilleros detenidos. A juicio del experto regional Arturo Valenzuela, consultado por Ercilla, "las FARC están obsesionadas por mostrar su ‘capacidad’ de fuerza en una situación donde la correlación de fuerzas le es más y más adversa".

Desde que ingresó a la pantanosa arena política, Betancourt está bajo amenaza. Sus dos hijos adolescentes no viven con ella. Por su seguridad residen en Nueva Zelanda junto a su padre, diplomático francés y ex exposo de la parlamentaria. A su mimada infancia y educación en París –donde estudió Ciencias Políticas y lanzó el año pasado su best-seller "La rabia en el corazón", una radiografía a Colombia-, esta inquieta mujer enfrenta la rudeza de la selva bajo cautiverio de la guerrilla, sirviendo de valiosa "moneda de cambio".

A.P.G

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