Elección en Autoridad Nacional Palestina
Choque de generaciones
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La sucesión de Yasser Arafat ha desatado un enfrentamiento –al menos táctico– entre un sector de “dinosaurios” y otro de jóvenes y ambiciosos dirigentes palestinos.
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Tras la muerte del mítico “raïs”, acontecida el pasado 11 de noviembre en el hospital militar de Percy en París, la clase dirigencial palestina ha querido reducir a su mínima expresión cualquier percepción de orfandad. Por ello no dudó en fijar para el próximo 9 de enero los comicios que designarán al sucesor de Yasser Arafat al mando de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
Pese a los intentos de Mahmoud Abbas (más conocido entre los suyos como Abu Mazen), este bien posicionado jefe de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ha fallado en conseguir un apoyo unánime a su candidatura. Pareciera, inclusive, que ha jugado en su contra contar con fluidos contactos internacionales, especialmente en Washington y Tel Aviv.
De acuerdo al especializado sitio en internet Debka File, Abbas rechazó –a mediados de noviembre– la invitación a posar en una foto junto al moderado Colin Powell, en lo que probablemente fue su último viaje a Medio Oriente antes de abandonar su cargo como secretario de Estado de la reelecta administración Bush.
Igualmente, la carta electoral de la OLP le respondió “firmemente” a Stephen Hadley, el recién designado nuevo consejero de Seguridad Nacional del presidente estadounidense en reemplazo de Condoleezza Rice, que prefería luego de las elecciones palestinas, y no antes, una visita de su parte a Ramallah.
Ciertamente a Abu Mazen tampoco le cae bien el llamado a la abstención anunciado el pasado 1 de diciembre por el grupo islamista Hamas, al cumplirse el plazo para las inscripciones. El dirigente Ismail Hania aclaró que el boicot obedece a la negativa de convocar simultáneamente elecciones legislativas y municipales junto a la designación del próximo presidente de la ANP.
BARGHOUTI
Pero probablemente el mayor dolor de cabeza para Abbas ha significado que el encarcelado a perpetuidad Marwan Barghouti –jefe de las radicalizadas Brigadas de Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Fatah, grupo fundado por el difunto Arafat– desistiera en último momento de retirar su postulación, dejando así en vilo la opción del experimentado líder de la OLP.
“Esto colocará a Fatah en una posición difícil”, reconoció a The Jerusalem Post el ministro palestino para Negociaciones, Saeb Erekat. Inclusive algunos de sus propios colaboradores no han ocultado su sorpresa. “Trataremos de convencerlo de que retire su candidatura para no perjudicar el movimiento”, aseveró Hatem Abdul Kader.
En un golpe considerado “políticamente equivocado” por esos detractores –achacado a la esposa de éste, Fadwa, y a un sector de sus colaboradores movilizados supuestamente por intereses personales–, el carismático y joven Barghouti (45) inscribió su candidatura como independiente, ya que oficialmente su agrupación apoya al poderoso Abbas.
Según versiones recogidas por el citado rotativo israelí, funcionarios de la oficina de Abbas ya han desplegado intensos contactos con los asesores de Barghouti para poner término a lo que catalogan de “crisis”, no ocultando la preocupación por el ascenso de organizaciones izquierdistas y también de Hamas, a pesar de su oficial abstención.
Cercanos a Abbas aseguraron que Barghouti hacía un simple juego táctico, presionando a Fatah –que integra por cierto la OLP– para que la generación joven asuma mayores cuotas de poder. Este dirigente se refiere, evidentemente, a su propia generación que debutó en la primera Intifada (impulsada entre 1987 y 1993), alrededor del grupo Tanzim al interior del mismo Fatah.
Esos jóvenes apuestan, a su modo, por un nuevo impulso a la lucha de “liberación nacional” y limpiar de burocratismo y de “dinosaurios” a la debilitada ANP. Y es que siguiendo a Mariano Aguirre, director del Centro de Investigaciones para la Paz de Madrid, “sin duda la élite de la ANP se enquistó en el autoritarismo y la burocracia, no gestionó los fondos internacionales de forma adecuada y limitó y reprimió a los que se le opusieron. Y mucha responsabilidad recae en Arafat por no haber tenido la visión, inmediatamente después de firmar (los Acuerdos de) Oslo en 1993, de traspasar el poder a nuevas generaciones, porque casi nunca los guerrilleros son buenos gobernantes”.
Andrés
Pérez González