Venezuela

Chávez resiste (aún)

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La sociedad venezolana está sometida a la lógica del enfrentamiento. Incluso, puede ya tratarse de una guerra civil solapada, de baja intensidad. Ercilla entrevistó en Caracas a los principales actores de este grave conflicto social y constató la efervescencia social en la tercera semana de la parcial huelga indefinida impulsada por la oposición.

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Por ahora el ensordecedor ruido de los “Bin Laden” y “Mata suegras” saturan las congestionadas calles de Caracas. Pero no se puede descartar que pronto las balas y explosivos reemplacen a esos tradicionales fuegos artificiales navideños.

Mientras al cierre de esta edición avanzaba la tercera semana de una parcial huelga indefinida, convocada por la opositora Coordinadora Democrática, los “buhoneros” (comerciantes callejeros) ya se consolidaban como los dueños de las atestadas avenidas metropolitanas.

El conflicto venezolano ha encendido los ánimos de su población, alcanzando ciertos niveles de odiosidad o intolerancia no acostumbrados. Al parecer, ya dejaron atrás esa costumbre de tocarse mutuamente el vientre cuando dos amigos se saludaban. Y es que para los adherentes al controvertido mandatario Hugo Chávez (ver entrevista) este país ha iniciado un “proceso revolucionario”. Por su parte, la oposición estima que más bien se trata de un proceso “robolucionario”.

 

¿PARO O SABOTAJE?

 

A partir del pasado 2 de diciembre, el comité de conflicto de la Coordinadora Democrática (integrada principalmente por la entidad empresarial Fedecámaras y por la cuestionada Confederación de Trabajadores de Venezuela, CTV) declaró un “paro cívico nacional” para intentar forzar la renuncia del presidente Chávez o la convocatoria para elecciones adelantadas.

La movilización fue efectiva sólo los dos primeros días, observándose luego un acatamiento sólo en la zona este de la capital (de mayoría de clase media y alta). En el centro de la ciudad la mitad de las tiendas comerciales permanecían cerradas y había mayor normalidad en la popular zona oeste, donde el gobierno cuenta con un notorio respaldo.

No obstante, la progresiva obstrucción en la gestión de la estatal petrolera (Pdvsa) se convertía en un factor determinante. Las versiones continuaban siendo contradictorias. Mientras la oposición advertía –al cierre de esta edición– que el stock de crudo no abastecería las necesidades internas; el oficialismo denunciaba el “paro de la élite meritocrática”, compuesta por altos ejecutivos de Pdvsa, quienes habrían establecido un “Estado dentro de otro Estado”. Según el gobierno, la paralización no contaba con la aprobación ni de la mayoría de los trabajadores ni técnicos del quinto productor mundial de este “oro negro”.

Es por eso que el Vicepresidente del país, José Vicente Rangel, prefiere hablar de un “vulgar sabotaje” y no de un legítimo paro por mejoras salariales. El Ejecutivo, a la vez, no se cansa de denunciar el carácter “golpista” de la movilización opositora.

Desde hace varios días que efectivos militares tomaron inclusive el control de algunas instalaciones petroleras y gasolineras, previendo desórdenes o accidentes. El Ejército advirtió, el pasado 16 de diciembre, que la huelga constituye una “agresión contra la supervivencia del Estado y sobrepasa los límites del juego democrático”. Agregó el comunicado oficial de la institución castrense que impedirá que “prospere esa apuesta por el colapso económico y social de la nación (...) Este ataque contra intereses vitales ha sido vendido con el camuflaje de la protesta cívica legalmente válida”.

El pasado 12 de diciembre el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, debió reunirse con los 75 embajadores acreditados en este país para intentar explicarles la situación. En una extensa conversación con Ercilla, recuerda que le decía al embajador estadounidense, Charles Shapiro: “¿qué pasa si la alta gerencia de la NASA sabotea la NASA?”. O respecto a Chile, “¿permitiría el señor Lagos que le saboteen el cobre?”.

En el lado opositor llama fuertemente la atención la extraña alianza conformada por empresarios y dirigentes sindicales. Si el líder gremial Carlos Fernández (ver entrevista) tilda al gobierno de Chávez de “castro–comunista”; el dirigente sindical Carlos Ortega lo califica, por su parte, de “fascista”.

“Como el gobierno ha generado políticas para paralizar la iniciativa privada y desincentivar el empleo, indudablemente debemos buscar puntos comunes, donde coincidan trabajadores y empresarios para rescatar la confianza en el país, las inversiones extranjeras y privadas, y donde existan además normas claras –puntualiza a esta revista el dirigente de la CTV Pablo Castro, quien coordina el comando de estrategia de la Coordinadora Democrática–. Habrá contradicciones entre capital y trabajo, pero esta es una protesta social que va más allá del sector empresarial y de los trabajadores. Es una alianza táctica contra una política que amenaza la democracia y la libertad”.

Más allá de su antichavismo, la oposición adolece de un programa político, rehuyendo aún de cualquier propuesta gubernamental. “Eso es algo que se tendrá que resolver pronto, porque la sociedad venezolana tampoco quiere regresar a la Cuarta República (regida alternadamente por la socialdemócrata Acción Democrática y el demócrata cristiano Copei), porque precisamente Chávez es producto de esa república. La gente no votó por Chávez, la gente votó en contra de los partidos”, responde a nuestras consultas el general de brigada Angel Sánchez Velasco, de la militarizada Guardia Nacional. A partir del 23 de octubre se declaró en “desobediencia legítima” –según lo permite la misma Constitución– en la Plaza Francia del acomodado barrio de Altamira. Precisamente en ese mismo lugar, el pasado 6 de diciembre, tres personas perdieron la vida al ser alcanzadas por los disparos efectuados por un solitario atacante.

 

“¡ELECCIONES YA!”

 

Una alta fuente de Fedecámaras reconoce a Ercilla la anticipada preparación de la movilización y asevera que en su caso ya “ni siquiera acepto el referéndum consultivo (no vinculante) para febrero, porque he invertido mucho y quiero que Chávez se vaya ya”.

La oposición reclama la realización de una consulta para el próximo 2 de febrero, donde se sondearía la aprobación de Chávez, aunque de acuerdo a la Constitución esa medida carece de efectividad. Por otra parte, el oficialismo continúa firme en su decisión de hacer prevalecer la constitucionalidad, admitiendo la convocatoria a un referéndum revocativo a partir del próximo 19 de agosto, cuando el actual mandatario cumpla administrativamente la mitad de su periodo.

De acuerdo al citado general Sánchez Velasco, “de aquí a agosto es demasiado tiempo. Ya el presidente está a punto de consolidar su proyecto político que pasa por igualar la sociedad venezolana por abajo, no por arriba. Es decir, hacernos a todos más pobres”.

Oscar Yanes, historiador y comentarista de Venevisión, admitió con total franqueza a este reportero que “el referéndum revocatorio sería un error, porque establece que la única forma que el presidente abandone el poder es si votan en su contra una suma de votos mayor que la suma que lo eligió. Entonces, para derrocar a Chávez tendríamos que conseguir más de tres millones de votos y eso es imposible”.

El ministro Istúriz –quien representa al oficialismo en la polémica Mesa de Negociación supervisada por César Gaviria– asegura que “todo el mundo tiene responsabilidad en esta crisis política. Nosotros decimos que parte de la crisis es la carga de violencia e intolerancia existentes. Si decidimos ir a elecciones ya, ¿resuelven de verdad las elecciones la marcada polarización de la población? No la resuelve, pero uno tiene que bajar las tensiones políticas”. Agrega que es necesario crear “un clima de convivencia, de paz, tolerancia y hay que trabajar más coordinados entre gobierno y oposición en función del país, más allá de los intereses propios de cada sector”.

Otros aún dirigen su mirada hacia los militares. Oscar Yanes, el ya mencionado comentarista que fue anfitrión en un apabullante encuentro de miembros de Fedecámaras, estima que “la única solución es que las Fuerzas Armadas le pidan la renuncia, porque si ellos le piden la renuncia, no es necesario que sea un golpe, Chávez se va. Entonces, el presidente provisional tendría la gran tarea de solucionar el problema del chavismo, no de los chavistas”.

Juan Fernández, el destituido alto ejecutivo de Pdvsa y uno de los emergentes rostros visibles de la oposición, cree que las elecciones “sí solucionarían (el actual enfrentamiento social), porque despejarían la incógnita. La mayoría del pueblo venezolano no votó por una revolución, sino por que se eliminara la corrupción, por que hubiera orden, trabajo y justicia social”. Enfatiza además que “en estos casi cuatro años nada de eso se ha logrado y el único discurso que hemos escuchado ha sido el de la ‘revolución’. ¿Y todos nos preguntamos cuál es la revolución? Porque sinceramente no hemos visto ningún progreso, a pesar de los grandes niveles de ingreso que ha tenido últimamente el país”.

Por su parte, la Casa Blanca está confundida. El pasado 16 de diciembre especificó que la sugerencia de organizar comicios adelantados –comunicado difundido tres días antes–, se debe entender en el sentido de que haya “un referéndum que pueda realizarse anticipadamente y sea reflejo de la voluntad popular”, declaró Ari Fleischer, vocero del presidente estadounidense.

Sin embargo, Rodrigo Chaves –coordinador nacional de los satanizados “Círculos Bolivarianos”– cree que la oposición sólo apuesta al “golpismo”. “Si están interesados en ir a elecciones y saben que necesitan tiempo para preparar los equipos, cómo es posible que planteen ir a elecciones en dos o tres meses. Evidentemente no quieren ir a elecciones, no le importan las elecciones. Si el resultado es favorable lo usarán, si el resultado les es desfavorable, lo impugnarán”, comenta en conversación con esta revista.

La misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Caracas, representada por el ex mandatario colombiano César Gaviria, continúa en entredicho. Avanza a pasos de tortuga y se cuestiona reiteradamente la falta de voluntad política de las partes. El ministro Istúriz no critica el papel desempeñado por Gaviria, ya que en su opinión “ni Mandrake ni Súperman” tendrían una tarea fácil.

El pasado 16 de diciembre, el consejo permanente de la OEA –reunido en Washington– acordaron un categórico rechazo a la posibilidad de un golpe de Estado o la alteración del orden constitucional venezolano, lo que se interpretó como un claro espaldarazo a Chávez.

 

CRISIS “PSIQUIATRICA”

 

En todo este torbellino social –que les ha restado a los venezolanos poder disfrutar de unas “hallacas” (comida navideña)–, el columnista Andrés Oppenheimer advierte que este país ni siquiera vive una crisis política ni económica, sino psiquiátrica. Ese comentario causa cierta risa en un chavista duro como Freddy Bernal, el alcalde de la neurálgica zona de Libertadores en Caracas. Para algunas visiones más neutrales, el comentario calza a la perfección. Y es que algunos ya comienzan a preocuparse por las consecuencias que ocasionaría en los niños la cobertura sensacionalista y tendenciosa realizada por los canales de televisión venezolanos.

Algunos se atreven a considerar además a quienes asisten a los cacerolazos de la oposición (que se realizan diariamente a partir de las 20 horas; mientras que los oficialistas, dos horas después) como un heterogéneo grupo de depresivos que “necesitan tener algún sentido de pertenencia”. Para ellos “golpear las cacerolas les sirve de terapia y desahogo ante el angustiante stress de hoy... allí no hay nada de conciencia política ni ideológica”, especula una neutral caraqueña de clase media.

Chávez tampoco se salva de un análisis semejante. De acuerdo al psiquiatra Juvenal Villasmil, en una reciente entrevista aparecida en el semanario venezolano La Razón, “un presidente sano no aguanta esta presión. El lo puede aguantar porque tiene una neurosis patológica (...) En la personalidad de Chávez hay rasgos que van hacia lo patológico, como lo narcisista e histriónico. Generalmente los que llegan al poder desarrollan estos rasgos”.

Cada hora puede ser decisiva en el acontecer político venezolano. La situación es álgida. La oposición dice que esta es “la semana crucial, pero dijeron lo mismo la semana pasada y hace dos semanas. Yo realmente confío en que subsistiremos, porque contamos con la lealtad de la Fuerza Armada Nacional y el pueblo en la calle”, expresa a Ercilla el alcalde Freddy Bernal. La “bestia negra” del oficialismo inclusive vaticina: “los derrotaremos, pero ésta no será la última embestida”.

En Caracas, Andrés Pérez González

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(ENTREVISTA)           HUGO CHAVEZ: “YO NI SIQUIERA SOY EL PROBLEMA”

El acorralado mandatario venezolano es un hombre mediático. Más aún: un ex teniente coronel aficionado a captar la atención de las cámaras de televisión y los flashes, ya desde su intentona por derrocar en 1992 al cuestionado ex presidente Carlos Andrés Pérez. Precisamente, en la última etapa de las casi seis horas de su dominical programa “Alo Presidente” –difundido el pasado 15 de diciembre–, Chávez saludó la presencia de periodistas extranjeros, deteniéndose un instante en el nombre de este reportero para advertir que se trataba de “Andrés Pérez, el bueno”, en contraste con el anterior jefe de gobierno.

Ercilla fue el único medio de comunicación nacional presente en el estudio preparado en el Palacio de Miraflores y logró interrogar al mandatario sobre la inestable situación política:

¿No tuvo el gobierno antecedentes que les sirvieran para prevenir la paralización petrolera?

- Sí, teníamos antecedentes y veníamos preparándonos, aunque no pudimos prepararnos en un nivel óptimo porque era muy difícil. La empresa petrolera estuvo manejada desde la nacionalización (1976) por una élite, por una tecnocracia, que ha manejado todos los sistemas internos de la industria. Así que la única forma de que nos hubiésemos preparado mejor hubiera sido removiendo gerentes. Pero ellos tuvieron toda libertad para planificar esta inmensa operación de sabotaje. Y fíjate, a pesar de que no hubo una preparación óptima, como te lo estoy reconociendo, llevan dos semanas tratando con la ventaja de que ellos manejaron la empresa, los sistemas informáticos, las claves, los contactos, las refinerías. Todo eso lo tuvieron en sus manos y no pudieron pararlo... ¿Gracias a qué? Al pueblo y los trabajadores que están conscientes de su responsabilidad y a un grupo muy consciente de técnicos y gerentes de la nómina mayor que ha asumido una posición de patriotas.

¿Sospecha de algún plan de magnicidio en su contra?

- Siempre hay algunos planes por allí, sobre todo cuando algunas corrientes fascistas se dan cuenta de que con el golpe militar no pudieron, que con el golpe petrolero tampoco. Entonces guardan en la oscuridad de sus almas (la idea de) que Chávez desaparezca. También estamos pendientes y preparados para eso. Ya hemos desbaratado algunos intentos y preparativos. Pero fíjate que ni siquiera es Chávez el problema. Algunos de ellos no entienden que yo no soy el problema. El problema de ellos es que hay un pueblo decidido a ser libre y a instalar en Venezuela un sistema justo de verdad. Ese es el problema de los injustos. Son los injustos contra los justos. Triunfarán los justos, porque somos mayoría.

¿Cuál es el siguiente paso en esta pugna entre Gobierno y oposición?

- Hay muchos pasos. No creo que haya sólo un camino unidireccional. Hay pasos políticos y económicos. Ahora en cuanto a la oposición, dependerá mucho de ellos. Si ellos, ojalá, deciden distanciarse definitivamente del golpismo, del fascismo, del terrorismo, seguramente podremos dar pasos mucho más firmes hacia la solución de problemas que nos son comunes.

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(ENTREVISTA)            CARLOS FERNANDEZ (FEDECAMARAS): “CHAVEZ HA INCENTIVADO EL ENFRENTAMIENTO SOCIAL”

El salón Arguata del exclusivo Hotel Intercontinental Tamanaco desbordaba y vibraba de fervor antichavista, el pasado 13 de diciembre. Luego de dirigirse a los asociados de Fedecámaras, Carlos Fernández (presidente de la entidad patronal) contesta las consultas de Ercilla:

¿Cuáles son las vías de solución del actual conflicto?

- El gobierno constitucional debería entender el clamor de un pueblo que le está pidiendo una salida a la crisis por la vía pacífica. Hoy quienes estamos en el paro, estamos por convicción, porque creemos que Venezuela necesita una salida democrática.

¿Y no constituye esa salida democrática el referéndum revocatorio fijado por la Constitución para agosto del 2003?

- No, no. Debido a la grave fractura de nuestra sociedad se requiere que en estos momentos de crisis se busque una salida política que pueda bajar la situación de violencia que se puede gestar en cualquier momento. Sobre todo porque ya es sabido que este gobierno, de una u otra forma, trata de llevar al pueblo a la violencia.

¿Existe una posibilidad real de guerra civil?

- Por supuesto, si el Gobierno no acepta ni plantea una solución o algo que se pueda negociar en la Mesa.

Pero las elecciones no parecen ser una solución definitiva debido a la extrema polarización social. Además el chavismo se convertiría, de perder esas elecciones, en una oposición  dura.

- No, el chavismo tiene su espacio, es una parte de la sociedad venezolana. El problema no es el chavismo ni los partidos que apoyan al gobierno, el problema es un presidente cuyo discurso es de enfrentamiento y de fractura de la sociedad, y que tampoco ha podido unir a los venezolanos. Esto se suma a la gran corrupción existente. En estos cuatro años se han despilfarrado más de 40 mil millones de dólares, que no aparecen. Tampoco hay separación de los poderes públicos y al no haberlos, no hay justicia.

¿Cuáles son las bases para calificar al gobierno de Chávez de “castro–comunista”?

- Creo que la relación de Chávez con Fidel Castro es ampliamente de conocimiento público. El acercamiento y la identificación con el régimen de Castro es claro. ¡Qué más le puedo decir si detrás de todos los escritorios de los ministros hay un retrato de Fidel o del Che!

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