Cambios climáticos y guerras regionales
“El” problema de seguridad mundial
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Demoledoramente, un filtrado informe del Pentágono advierte de futuras catástrofes mundiales con millones de muertos dejados por desastres naturales y eventuales conflictos nucleares.
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En menos de veinte años más la característica neblina en el invierno de Londres podría dar a paso a un clima “siberiano”. Así ha dado vueltas al mundo parte del informe ventilado a fines de febrero por el semanario londinense The Observer, y que la Casa Blanca intentó silenciar.
El pronóstico no puede ser más desolador: en ese mismo periodo una catástrofe planetaria dejaría un saldo de varios millones de víctimas fatales en guerras –incluyendo nucleares– y desastres naturales. Se advierte, por lo demás, que grandes sequías y un amenazador aumento del nivel del mar forzarían a migrar a unas 400 millones de personas. En ese escenario, tanto Europa como Estados Unidos se convertirían en verdaderas fortalezas blindadas, mientras enfrentan el azote natural.
De acuerdo al documento del Pentágono –realizado por Peter Schwartz, consultor de la CIA y ex director de Planificación de Royal Dutch/Shell Group, y Doug Randall de Global Business Network de California–, el planeta ya está soportando una población mayor de la que puede sustentar. Para 2020, la escasez “catastrófica” en la provisión de agua y energía será cada vez más difícil de superar, llevando al planeta a periódicos conflictos bélicos. Advirtieron, por lo demás, que hace 8.200 años las condiciones climáticas provocaron deficiencias en los cultivos, hambruna, enfermedades y migraciones masivas de poblaciones que podrían repetirse prontamente.
El experto en Defensa estadounidense Daniel Smith comenta a Ercilla que “las guerras siempre se han peleado por recursos escasos, o por la percepción de recursos escasos, y éstas se repetirán en el futuro si ocurre un sostenido cambio de temperatura y precipitaciones a gran escala”.
“Los disturbios y los conflictos serán rasgos endémicos de la vida”, vaticina tenebrosamente ese informe, aventurando que los Estados potenciarán o desarrollarán su capacidad nuclear (Ercilla Nº 3236) para defender y asegurar la provisión de alimentos, agua y energía en disminución. El emergente terrorismo fundamentalista islámico quedaría absolutamente eclipsado. Inclusive, el ex jefe de los inspectores de armas de destrucción masiva en Irak, el sueco Hans Blix, declaró recientemente “estar más preocupado de la capa de ozono, el hambre y la injusticia en el planeta que el terrorismo de Al Qaeda”.
La conclusión de los mencionados autores no pudo ser más clara: “Los cambios climáticos deben dejar de ser un debate científico para convertirse en un problema de seguridad nacional estadounidense”.
ALARMA
A Jeremy Symons, ex integrante de la gubernamental Environmental Protection Agency de Estados Unidos, no le pareció nada de bien que el informe haya sido acallado. A su juicio, eso constituye un ejemplo más de que la Washington trata de enterrar la amenaza de los futuros cambios climáticos.
“Si el Pentágono está enviando ese tipo de mensaje, entonces este documento es realmente muy importante”, comentó por su parte el experto británico John Houghton, quien no ha trepidado en calificar los impactos del calentamiento global de la tierra –en un artículo aparecido en julio del año pasado en el matutino inglés The Guardian– como “armas de destrucción masiva”.
El citado especialista Jeremy Symons cree que los intereses corporativistas estarían en primer lugar para los neoconservadores, entendiendo así los estrechos lazos de la administración Bush con las poderosas empresas petroleras y de electricidad, y su escepticismo frente al cambio climático. Por lo pronto, Osama Bin Laden y otros terroristas se frotan las manos en distintos puntos del mundo.
A.P.G.
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(RECUADRO) ¿Y EN CHILE?
El poco auspicioso informe del Pentágono tuvo inmediata repercusión en Chile. Mientras las autoridades de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (Onemi) restaron dramatismo al candente cambio climático, el coordinador de Greenpeace-Chile, Gonzalo Villarino, auguró que “islas, ciudades y pueblos costeros de Chile podrían verse sumidos bajo el agua si el calentamiento global continúa aumentando al estrepitoso ritmo que lleva, pues la atmósfera y los océanos se calentarán a tal punto que el derretimiento de los hielos en el extremo sur de Chile y la Antártica elevarán el nivel de las aguas peligrosamente”. Razones de sobra para preocuparse.