Muerte de Allende

La historia y el mito se confrontan

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¿Ordenó Fidel Castro matar a Salvador Allende en caso de que éste decidiera rendirse? Según una versión divulgada en Francia, el agente cubano Patricio de la Guardia cumplió el insospechado plan del jerarca cubano. Quienes estuvieron en La Moneda lo descartan categóricamente.

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“Misión cumplida, Moneda tomada, presidente muerto”, anunció ridículamente escueto el general que tuvo a su cargo la evacuación final del Palacio de Gobierno. Pero el comunicado no precisaba las condiciones de la muerte de Salvador Allende, dando paso desde ese mismo 11 de septiembre de 1973 a una seguidilla de versiones encontradas que elevaron esa situación a la categoría de mito.

Según fuentes de la derecha chilena, el presidente Allende fue matado por su guardia personal en momentos en que pedía cinco minutos de cese al fuego para rendirse a los militares quienes estaban a punto de entrar al palacio de La Moneda”, reprodujo al otro día del golpe militar el rotativo francés Le Monde, recogiendo versiones de varias agencias.

Desechando la actual versión oficial del suicidio del mandatario chileno –y luego de que también descartara el relato inicial de Castro de que Allende murió acribillado en combate, luciendo la banda presidencial–, el periodista galo Alain Ammar reflota esa polémica.

En su libro de reciente aparición Cuba Nostra, les secrets d’Etat de Fidel Castro, aún no traducido al español, asegura que el líder cubano fue el autor intelectual e instigador de la muerte de Allende. Basado en declaraciones de dos ex agentes secretos del régimen comunista, Ammar responsabiliza directamente a Patricio de la Guardia, jefe del contingente de seguridad cubano presente en Santiago en 1973, como autor material de la muerte de quien impulsara la revolución “con empanada y vino tinto”.

Según la publicación, el pánico cundió entre quienes se mantenían al interior de la sede presidencial durante el incesante acoso de fuego de artillería, tanques y bombardeo aéreo. Ante esa desesperada situación, Allende –quien según el relato corría despavorido por los pasillos del segundo piso de La Moneda optó por terminar la inútil resistencia. Entonces De la Guardia le habría disparado una ráfaga de ametralladora en la cabeza, colocando luego el cuerpo como finalmente fue encontrado.

Los agentes cubanos entrevistados por Ammar identificados como Juan Vives y Daniel Alarcón Ramírez, uno de los tres sobrevivientes de la guerrilla de Ernesto Guevara en Bolivia (ambos vivirían exiliados en Europa) dijeron que escucharon del propio De la Guardia, en momentos diferentes, que él había matado a Allende. Al menos Vives lo escuchó en noviembre de 1973 en un bar del hotel Habana Libre, donde acostumbraban reunirse los agentes secretos para intercambiar información y rumores.

Pero la versión no explica cómo De la Guardia habría logrado salir de La Moneda, bloqueada por las fuerzas golpistas. Tampoco cuenta con la versión del mismo aludido que, al conocer la polémica, descartó de plano alguna responsabilidad y denunció una conspiración en su contra. Patricio de la Guardia, quien logró ascender al grado de general de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, está bajo libertad vigilada en la isla caribeña, luego de que su gemelo Antonio y el igualmente “heroico revolucionario” Arnaldo Ochoa fueran fusilados en 1989 en un controvertido proceso judicial por narcotráfico.

 

LOS CUBANOS

 

Ese fatídico 11 de septiembre, Juan Seoane era jefe de la escolta presidencial de Investigaciones. Cumplió su deber y se quedó en La Moneda, transformándose junto a sus 16 subordinados en las únicas personas no-partidistas que permanecieron en la sede de gobierno. “La lucha en La Moneda no fue un acto de guerra, fue un acto de dignidad de la gente que se quedó allí acompañando al Presidente. Como un gesto de valor nada más, para estar al lado de él, pero nunca pensando que le iban a ganar a los tanques ni mucho menos”, comenta en entrevista con Ercilla.

Seoane descarta de forma categórica que haya habido cubanos junto a Allende: “El cubano más cerca que estuvo de La Moneda fue la esposa de Jaime Barrios, el (entonces) presidente del Banco Central, de nombre Nancy Julien, y ella se retiró junto con las hijas de Salvador Allende”.

Este exonerado de Investigaciones que salvó fortuitamente de ser fusilado en Peldehue tras su paso por el regimiento Tacna explica que “hubo cubanos que viajaron sí con el Presidente en algunas ocasiones, como lo fue la visita de Fidel Castro, pero después de esa visita la mayor parte de los que trabajaban en eso se fueron del país y quedó la embajada cubana sólo con su aparato de seguridad (...) Es posible que algún tipo de asesoramiento le hayan dado al GAP (el grupo de seguridad de Allende), aunque no era notorio ni figuraba en ninguna parte”.

Max Marambio, ex jefe del GAP, rechaza también la tesis del periodista galo, ya que estuvo junto a De la Guardia durante el día del golpe en la sede diplomática cubana.

Señor Seoane, ¿vio en algún momento a Salvador Allende desorientado o en pánico?

Nunca vi a nadie histérico. Todo lo contrario, vi mucha serenidad, había gente muy tranquila, muy convencida de lo que estaba haciendo. No se me pasa por la mente pensar que haya sido de otra manera de como fue. Lo que pasa es que se pierde espectacularidad. Entonces, mucha gente trata de buscarle otras explicaciones, como eso de ponerle la banda presidencial, mentiras... La verdad histórica es mucho más simple de lo que la gente quiere que se diga.

En algún momento de la tragedia, Seoane recuerda que Allende lo mandó a llamar para dejarlo en libertad de acción, junto al resto de los detectives. Él le dijo que permanecería en ese lugar, a lo que el gobernante socialista le respondió algo así como que estaba seguro de que se quedaría, porque “los viejos robles mueren de pie”. Esas palabras le han quedado dando vueltas desde entonces.

En noviembre de 1973, este ex detective buscó refugio en Argentina, pasando luego cinco años en Cuba y otro tanto en México hasta regresar a Chile en 1982. Cuenta que en La Habana estuvo en varias ocasiones con quienes fueron los superiores jerárquicos del contingente de seguridad cubano en Santiago, refiriéndose a Ulises Estrada y Luis Fernández de Oña. Ellos no ventilaron nada en la dirección argumentada en Cuba Nostra...

“Yo creo que si Fidel Castro hubiera podido hacer más por la revolución chilena lo hubiera hecho”, aventura Seoane.

De acuerdo a la polémica publicación, Allende no era “el hombre que La Habana quería tener en el poder en Santiago. Los que Castro y Piñeiro (‘Barbarroja’, encargado del Departamento América del régimen cubano, muerto recientemente de un infarto) preparaban para el relevo, a espaldas del mismo presidente Allende, eran Miguel Henríquez, principal dirigente del MIR, y Andrés Pascal Allende, número dos del MIR, lo mismo que Beatriz Allende, la hija mayor del presidente, quien pertenecía también al MIR”.

“Si él debía morir, debía morir como un héroe. Cualquier otra actitud, cobarde y poco valiente, tendría repercusiones graves para la lucha en América latina”, asevera en el libro el ex agente Vives. Inclusive, agrega que Augusto “Perro” Olivares –consejero de prensa del presidente tampoco se suicidó, cayendo igualmente bajo las ráfagas de De la Guardia. Olivares habría sido reclutado por la Dirección General de Inteligencia cubana y “transmitía hasta los pensamientos más mínimos de Allende a Piñeiro, quien, a su vez, informaba a Fidel”.

El autor del mencionado libro, que se desempeña como periodista de investigación en el principal canal de televisión francés (TF1), insiste en su peregrina tesis de que Castro ordenó matar a Allende “simplemente porque consideraba que no estaba a la altura de una revolución. Castro quería una verdadera revolución en Chile. Envió cercanos suyos a Chile, y se dio cuenta de que Allende ante la presión de los norteamericanos podría ceder, pactar con el enemigo, en especial con la Democracia Cristiana”.

Según Seoane, en declaraciones a esta revista, “los cubanos le tenían gran admiración a Allende, aunque haya correspondido a otra vía política que ellos respetaban mucho”. Rechaza nuevamente lo planteado por el periodista francés y confiesa que esa posibilidad “ni siquiera se me pasa por la mente”.

Andrés Pérez González

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